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Tiempo perdido
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Javier Menéndez Llamazares | 10-11-2017 | 10:45

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Mira que hay ingenio desperdiciado por ahí, pero el chiste más salado que esta semana nos ha saturado el móvil ha sido el del cambio horario: «Atención, en la madrugada del sábado al domingo, a las 3:00 horas serán las 2:00. Menos en Cataluña, que será la 1:55». Cinco minutos arriba o abajo, la gran duda es: ¿qué sucede con esa hora, con todas las horas que se pierden año tras año?

Para los que tenemos la mala costumbre de malgastar la noche durmiendo la diferencia no será muy importante: con suerte, descansaremos un buen rato más, y el lunes nuestras ojeras lo agradecerán. Para los que trabajen en horario nocturno, ya no será tan divertido: eso de pasarte una hora currando, y cuando por fin acaba, tener que volver a empezar tiene que ser desesperante. Estilo Sísifo y esa piedra que siempre se caía justo antes de llegar a la cima de la montaña. Y, además, está la gran duda: ¿les pagarán esa hora?

Pero lo que realmente uno se pregunta es si, en estos tiempos en que todo se puede anular, cancelar, declarar inválido y sin efecto, ¿qué pasará con todo lo que ocurra durante esa hora que nunca existirá? Porque si a las tres volverán a ser las dos, todo lo que haya ocurrido entre los dos toques de reloj, ¿vale o no vale? Es decir, si uno, por ejemplo, ha ligado, ¿cuenta? ¿O lo va a anular después el Senado?

Pongamos que, por cualquier motivo, uno discute con su mejor amigo a las dos y media. Cuando poco más tarde den las tres, la bronca debería quedar en agua de borrajas, ¿no?

O vayamos por las malas: si uno está haciendo botellón en Cañadío, aparecen los municipales y le multan a las dos y veinticinco, lo único que uno tiene que hacer es buscarse testigos una hora más tarde para demostrar que justo a esa hora estaba haciendo una ofrenda floral en Santa Lucía, por no irse demasiado lejos. A ver luego cómo demuestran luego que uno a esa hora andaba por ahí delinquiendo, y no rezando en la adoración nocturna, como un hombre de bien.

Y es que, en un caso así, ¿cuál es la hora válida? ¿La primera o la segunda vez que son las dos? Si el mundo estuviera bien hecho, esta manía de repetir las horas habría que aprovecharla para concedernos el milagro de las segundas oportunidades. Es decir, que si la primera vez que son las dos y pico has aparcado mal, en la segunda vuelta la grúa te devuelva el coche. Que la chica que te dijo que no a las tres menos cuarto, en el segundo intento se lo piense mejor y te diga que sí.

Aunque sería mucho mejor si el reloj pudiera volver atrás unos meses, antes de la locura nacionalista, y devolvernos aquel tiempo en que vivíamos en un país feliz. Cargado de problemas, sí, pero feliz.

 

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria.