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Pagar o sufrir
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 12:05

Pensábamos que eso de ‘pagar por protección’ era cosa de películas, del cine negro en que la mafia o incluso los matones del barrio ofrecían a los negocios sus servicios, para protegerles, en concreto, de ellos mismos. Pero esta semana hemos podido comprobar que lo de la extorsión, el ‘dame para que no te pegue’, no sólo pasaba en ‘El Equipo A’, sino que exactamente así se plantean nuestros gobernantes las políticas sociales.

Y el desliz lo tuvo nada menos que el mandamás local, un Miguel Ángel Revilla que, visto desde lejos, podría parecer cabeza de ratón, pero queramos o no, aquí en la tierruca todos le tenemos que mirar desde abajo . Al final, él tiene las llaves de la caja de caudales del dinero público, de modo que todo lo piense, o exprese en voz alta, nos acaba importando a todos. Aunque a veces se le caliente la boca y diga aquello que nunca se debería decir; como esta semana, por ejemplo.

Hablando sobre la renta social básica, al presidente de Cantabria sólo se le ocurrió decir que ese dinero que se da a personas sin ingresos sirve para evitar que se conviertan en «potenciales delincuentes». Una tremenda falta de tacto que sorprende en un político con sus espolones, y que ha levantado ampollas en los sectores más sensibles de la sociedad. Porque los primeros en sentirse aludidos han sido los partidos de izquierda, que todavía no se han enterado de que los ‘obreros’, en paro o no, hace ya muchos años que pasan de ellos.

En política, como en todos los órdenes de la vida, hay cosas que no se dicen, por mucho que se piensen. Y es que, en ese juego de dobles lenguajes y de no llamar a las cosas por su nombre, acabamos hablando cada uno de cosas distintas, sin posibilidad de llegar a entendernos.

Desde luego, la renta social básica no es, no debería ser jamás el pago de un chantaje. Para empezar, es una aspiración para muchos ciudadanos cargados de idealismo, que busca una justicia universal que no existe en ese sistema económico que ya no nos gusta llamar capitalismo. Sin embargo, esos sistemas de garantías sociales no sirven en realidad para ayudar a aquellas personas desfavorecidas, que por uno u otro motivo no consiguen salir de la pobreza. Permítanme un ejemplo: cuando mi amiga María José se presentó en los servicios sociales para pedir una vivienda protegida, le hicieron varias preguntas: «¿Pertenece a una etnia minoritaria? ¿Es drogodependiente? ¿Le ha maltratado su pareja?». «No», respondió ella. «Simplemente, con mi sueldo no me alcanza para un piso». «Entonces, olvídese de ayudas. ¡Si encima tiene usted trabajo!» le respondieron.

Así que ya no vamos a escandalizarnos: no se trata de romper los círculos de pobreza, sólo se trata de evitar que molesten. Aunque para ello haya que comprar la paz.

 

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria.