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Fecha: diciembre, 2016
Eduardo Mendoza, un escritor a contracorriente
Javier Menéndez Llamazares 01-12-2016 | 6:51 | 0

El problema de Mendoza siempre ha sido que le gusta ir a la contra. Que se le entendiera, cuando estaba de moda oscurecer el discurso y perderse en alardes estilísticos y otros fuegos de artificio. Recurrir al humor cuando todo el mundo quiere ponerse trascendente. Recuperar el realismo mientras los demás se pierden en experimentos vamos. Hablar de la realidad política en un momento en que ya nadie se atrevía a hacerlo. Inventar la novela negra histórica y ser capaz de rescatar dos géneros entonces marginales. Escribir en castellano pese a la presión asfixiante de las instituciones de su ciudad. O aguar la fiesta de una ciudad olímpica removiendo un pasado no tan luminoso.

A los manuales de literatura pasaría por una de sus primeras novelas, ‘La verdad sobre el caso Savolta’, de 1975, que inaugura la narrativa actual española y cierra el ciclo de la posguerra. Y el gran público se rendiría a sus encantos en 1983 con ‘La ciudad de los prodigios’, la gran novela de la Barcelona modernista. Una ciudad que, junto a Juan Marsé y Manuel Vázquez Montalbán, convirtió en todo un tema literario.

Para los lectores de mi generación, sin embargo, el libro iniciático sería ‘Sin noticias de Gurb’. Hasta en sus obras más serias, Mendoza no reprime guiños cómplices e ironía de alto voltaje, pero con Gurb dio rienda suelta a su espíritu lúdico y a una visión crítica con la que radiografía toda una sociedad a punto de sufrir su particular metamorfosis hacia la modernidad. Si Madrid había tenido su ‘movida’, Barcelona iba a ser el centro del mundo con sus juegos olímpicos, y allí estaba para contarlo su extraterrestre con propensión a la disidencia.

El Cervantes de Eduardo Mendoza premia también a una forma de entender la literatura como un espacio de libertad creativa, en la que la accesibilidad no está reñido con el largo alcance y la capacidad de análisis.

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La fe del racinguista
Javier Menéndez Llamazares 01-12-2016 | 7:31 | 0

Aseguraba Ramiro Pinilla en su magistral novela ‘Aquella edad inolvidable’, que el Athletic, más que un equipo de fútbol, es una religión. De hecho, hasta pusieron su estadio bajo la advocación divina de San Mamés, y si se le conoce como ‘La Catedral’ no es precisamente por los pináculos y arbotantes de su arquitectura.

Y está muy bien eso de la libertad de culto, sí, pero todo el mundo sabe que religión verdadera sólo hay una: y en este caso no puede ser otra que la racinguista. Creer, lo que se dice creer en un equipo, es algo que no está al alcance de los grandes clubes, sino de aquellos condenados a sufrir hasta en los momentos más dulces.

Lo del Racing sí que es realmente una profesión de fe, una forma de trascendencia más allá de la lógica, de la historia y hasta de las leyes de la naturaleza. Poco importan las decepciones, esa insistencia en la adversidad de un club que ha hecho de la ‘paparda’ su santo y seña; si se hiciera una encuesta a las puertas del Sardinero con los pronósticos para la eliminatoria comprobaríamos que la afición aún cree en aquel Racing matagigantes, capaz de las mayores gestas, en el momento más inesperado.

Esta noche, los ‘leones’ afrontarán el partido con confianza, lo que tampoco es que tenga demasiado mérito; son el pez grande y confían en ganar aunque sólo sea por la diferencia de categoría. Los verdiblancos, en cambio, lo que tenemos es un fe absoluta en un hombre, nuestro Aquino, que en el pasado no habrá sido un santo pero desde que pisó suelo cántabro parece que está bendito.

Puede que algunos sólo crean en lo que ven, pero esta noche, para el partido del año en los Campos de Sport lo que se espera es una auténtica comunión. Un equipo en trance y una grada en éxtasis, que tras cinco años de travesía por el desierto vuelve a tocar el cielo de este deporte. Luego ya pasará lo que tenga que pasar, pero la fe en los milagros no nos la va a quitar nadie.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es