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Fecha: enero, 2016
Dormirse en los laureles
Javier Menéndez Llamazares 28-01-2016 | 2:28 | 0

Decía Karl Liebknecht que «hay victorias que son fracasos», y aunque el revolucionario alemán probablemente no se refiriese al Racing, lo cierto es que desde que venció y convenció frente a su homónimo ferrolano, no ha vuelto a levantar cabeza.

En cierto sentido, la fabulosa victoria frente al entonces líder, que además culminó una racha espectacular de triunfos, parece haberle sentado fatal al equipo, que desde entonces no ha vuelto a lograr no ya los mismos resultados –salvo el abultado marcador frente a un Celta B lastrado por una expulsión tempranera–, sino ni siquiera esa superioridad manifiesta que hacía que acabaran imponiéndose en todos los encuentros, aunque no fuera su día más acertado.

El fútbol es como la bolsa: la cotización es diaria. Y si el valor depende de la posición en la tabla y de lo que hayas hecho en las jornadas inmediatas, poco importa que hace un mes fueras a comerte el mundo, si resulta que hoy día se te atraganta uno de los peces más chicos de la categoría.

Y es que, desde que ya no meten los goles hasta sin quererlo, hasta Coulibaly parece menos letal, y Dioni ya no ratonea de la misma manera. ¿Qué le pasa a este Racing?

Después de pasarnos toda la semana discutiendo sobre si habría que reservar o no a Álvaro Peña para el partido contra el Logroñés, no fuera a ser que le sacaran la quinta amarilla, resulta que todo eran castillos en el aire, porque lo de ir ‘partido a partido’ no sólo es un eslogan de Simeone sino una práctica que hay que tomarse en serio. Parece que aún no nos hemos dado cuenta de que para ser grandes hay que jugar a grandes, porque aunque estemos en segunda B somos el Racing. Y las ligas los grandes las ganan –o, más bien, las pierden– en los campos de los pequeños. Pero es que además hay que tener en cuenta que, aunque seamos pez grande, para eso también estamos en segunda B, y para que la diferencia cualitativa nos sirva de algo hay por lo menos que igualar la entrega del rival.

De nada sirve ser netamente superiores, ni dominar el partido si al final no hay ningún acierto de cara a gol. Como en tantos partidos, contra la Arandina el domingo volvió a fallar la capacidad goleadora, y poco importa que durante muchos minutos pareciera que sólo era cuestión de tiempo. Las sensaciones no se reflejan en ningún marcador.

En cualquier caso, lo de la Arandina es volver a tropezar con la misma piedra. Si ya en tierras burgalesas, en la primera vuelta, el técnico Javier Bermúdez consiguió neutralizar al Racing, que durante setenta minutos pareció un equipo romo y que sólo en los últimos minutos consiguió salvar los muebles con un empate, y gracias, el domingo el técnico visitante volvió a dar con el talón de Aquiles de Munitis, y si bien el partido comenzó con varios errores en defensa de los burgaleses, los nuestros no sólo no supieron aprovecharlo sino que el tempo de la segunda parte lo marcó Bermúdez, primero sacando otro delantero y poniendo en aprietos al Racing y luego cerrando el partido a falta de diez minutos con la salida de Ruba.

Nuestro entrenador, en cambio, parece perderse en guerras incomprensibles, con jugadores como Borja Docal que pasan de la grada al equipo titular y viceversa sin que nadie pueda entender la lógica de esas decisiones. Y luego, nos extrañará que el jugador esté nervioso.

A pesar de la euforia, la racha de fin de año no era suficiente: si nos seguimos durmiendo en los laureles, acabaremos como el Oviedo.

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Cuando los galones no sirven
Javier Menéndez Llamazares 19-01-2016 | 2:18 | 0

Que el gran racinguista Agustín Ibáñez me perdone, pero parece que ya es momento de que su admirado Francis de un paso atrás y ceda el brazalete y hasta la banda derecha a quien corresponda. Todo tiene tu tiempo y el del lateral ha vencido ya con creces; seguramente, su experiencia y su bonhomía serán mucho más útiles al Racing apoyándole desde el área técnica.

Es lo que tiene fallar en tierras leonesas: hace tres temporadas, los errores en Ponferrada nos condenaron a segunda B; hace tres meses, un globo sonda en el Reino de León fue el principio del fin de Sotres, y el reciente fallo de Francis –todo un pase de gol a David Bandera que en baloncesto se computaría como asistencia– no sólo supone la pérdida de dos valiosos puntos ya ganados, sino una merma notable en la credibilidad de nuestras posibilidades de acabar la liga en primera posición.

Con Francis se da la curiosa coincidencia de haber sido siempre un jugador tan imprescindible para sus entrenadores como cuestionado por la grada; dejando a un lado los entresijos de vestuario, que también tendrán lo suyo, hay que agradecerle su férrea lealtad al Racing, manteniéndose en el equipo contra viento y marea, sin importarle los descensos y como abanderado de la rebelión por la dignidad que acabó liberando al club de Pernía y Harry. Pero contra lo que es imposible luchar es contra el calendario, y la llegada imparable de los hermanos San Emeterio le habían relegado a un papel secundario que, por ley de vida, no le queda más remedio que acatar. La capitanía es ya todo un premio a una carrera que tal vez sea mejor cerrar a lo grande; si puede ser, levantando la copa de campeón de segunda B.

Sin embargo, la prolongada ausencia de Borja San Emeterio supone un constante quebradero de cabeza para Munitis, que parece preferir los parches en espera del regreso del dueño natural de la banda. Y, por el momento, cuando opta por reciclar a su gemelo, le ha salido bien el cambio de cromo, aunque sacrificando las virtudes en banda de Borja, con más proyección ofensiva; Fede, por su parte, sufre su particular proceso de adaptación y se emplea con una dureza excesiva que, además de pagarlo con demasiadas amarillas, se traduce en más probabilidades de ceder golpes francos mucho más cerca del área.

Aún así, las últimas alineaciones demuestran que Munitis es consciente de que es preferible el apaño de Fede que jugar con Francis. ¿Por qué, entonces, ese empeño en utilizarlo de jugador número doce? La sustitución, en la que reincide el técnico, no sólo propició el lamentable fallo defensivo, sino que también supuso renunciar a nuestra mejor opción ofensiva. Quitar a Coulibaly por sistema, cuando está siendo el hombre más acertado de cara a puerta –sobre todo, en el día en que el goleador Dioni parece gafado– fue un claro error de Munitis, al que hay que atribuir la pérdida de los dos puntos.

¿Tanto cuesta mirar hacia abajo? El sábado, los que no pudimos ir a Astorga sí que tuvimos la suerte de disfrutar de un gran partido del Racing B, en el que destacó especialmente el lateral derecho, Axel. Con mucha llegada –se diría que es un extremo reconvertido–, serio por alto y con mucha disciplina táctica, además de desborde demostró tener remate, marcando el primer gol de una trabajadísima victoria.

Ya va siendo hora de dejar de reverenciar los galones, y fijarse en quiénes están llamando con insistencia y merecimiento a las puertas del primer equipo.

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Gato por liebre
Javier Menéndez Llamazares 17-01-2016 | 2:41 | 0

Lo curioso de este mundo global y adicto a las nuevas tecnologías que nos ha tocado vivir es que lo mismo es posible vampirizar el trabajo ajeno que quedar en evidencia a las primeras de cambio. Vamos, que tan fácil es copiar como que te pillen. Y que suceda a diario en tantos órdenes de la vida, desde los trabajos estudiantiles hasta las novelas y canciones pop, no quiere decir que el plagio sea admisible, por mucho que parezca estar de moda.

Lo vivido estos días con el famoso concurso para la imagen gráfica de Santander nos deja muchas lecturas, y básicamente deprimentes.

¿Pasado o robado?, piensa uno contemplando los diseños puestos a votación popular, en un plebiscito además consultivo. Y es que las tres propuestas tenían un aire rancio, viejuno, como de hace dos décadas; y mal vamos a modernizar la imagen de la ciudad con un diseño tan pasado de moda.

Pero no sólo se trataba de la imprecisa sensación de ‘déjà-vu’ –los colorines ya los habíamos visto en el logo de Andalucía que diseñara la agencia DEC–, sino que ha faltado tiempo para que se descubriese que uno de ellos era un simple ‘tuneado’ de una plantilla de veinte dólares. Vamos, que con el escándalo del cartel de la Semana Grande no se aprendió nada de nada.

El problema es que lo que aceptamos con total naturalidad en nuestra vida cotidiana no siempre se ajusta a lo ético, a lo lógico y mucho menos a lo legal. Que no respetemos los derechos de autor en las redes sociales, y que los muros de Facebook sirvan para fusilar sin recato –y sin cita– todo lo que nos apetezca, no significa que los derechos de autor no existan. Aunque nos los pasemos, directamente, por el arco del Banco.

Es un hecho que el esfuerzo creativo no se valora y que, en plena barra libre cultural, pensamos que todo es gratis. Como plagiar, que es tan impune y sencillo como dar dos golpes de ratón. Ahora, pasar luego la factura es de un descaro inimaginable; y abonarla, de un candor que conmovería de no ser porque estamos hablando de dinero público.

E igual de preocupante es comprobar qué entienden nuestros representantes por participación ciudadana. Porque ofrecer una propuesta cerrada, esa ‘final a tres’ –pero con el misterio uno y trino de que todos los logos sean de la misma empresa–, no es precisamente el súmmum de la democracia. Y la fórmula ya está inventada: se llama ‘concurso público’, con luz y taquígrafos. Y luego ya se puede votar de la manera más ‘smart’ que se les ocurra.

Abran de verdad el concurso, y verán como los diseñadores cántabros son capaces de dar ciento y raya a la rácana propuesta de los madrileños. Y sin plagiar a nadie.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es