img
Fecha: agosto, 2015
Lo que sí funciona
Javier Menéndez Llamazares 30-08-2015 | 10:17 | 0

Que sí, que lo de quejarse mola y es deporte nacional, pero cuánto nos cuesta reconocer que también hay cosas que funcionan bien, incluso de maravilla; en especial, en lo público, precisamente donde más nos gusta entrar a cuchillo.

En este país nuestro de los recortes, parece molesta todo lo que suene a social molesta, o al menos resulta sospechoso. Y, sin embargo, más tarde o más temprano, al final todos acabamos necesitando ayuda, incluso los que se pasan la vida despotricando contra el despilfarro y las políticas sociales.

En las últimas semanas, una disputa con una compañía telefónica traía a mal traer al que suscribe; que si te vas con otro me tienes que pagar tropecientos euros, decían ellos, que si nanay, decía yo; que si te mando a mis abogados, fanfarroneaban, que si te devuelvo el recibo, contraatacaba yo… Vamos, que al final la cosa pintaba tan fea, que ya debían de estar sacando brillo a mi nombre en uno de esos ficheros donde más vale ni asomar, una lista negra de malos pagadores.

Así que, visto el tamaño del enemigo, lo más cabal parecía buscar refuerzos. Y los encontré al lado de casa, en la oficina de consumo que el ayuntamiento de Camargo tiene casi escondida al final del parque de la Cros. Mi paladín se llamaba Lorena, y casi no hizo falta ni explicarle nada: ya sabía de sobra de qué le hablaba.

En apenas tres días, los dragones telefónicos dejaron de echar fuego por la boca, y todo era vino y rosas, como si nos hubiéramos ido a vivir en un anuncio. Incluso se empeñaron en convencerme de que tenían razón, pero por ‘deferencia comercial’ se avenían a perdonarme la penalización por abandono que llevaban semanas intentando sablearme, por lo civil o por lo criminal. Vamos, que mano de santo. Tuviera quien tuviera razón, con un mindundi se ponen muy gallos, pero contra la oficina de consumo ya no se pinan tanto.

Al final, vivimos en una absoluta indefensión, a merced de lo que convenga en cada momento a las grandes compañías que nos dan trabajo, nos aprovisionan de sus mercancías o deciden lo que tiene que gustarnos y lo que no. Y cuando entramos en conflicto con ellas, no nos atrevemos ni a rechistar siquiera; en muchos casos, porque nos damos por vencidos de antemano –qué va a hacer uno contra una multinacional todopoderosa…–, en otros porque desconocemos que existen recursos para ayudar a los ciudadanos, y en otros porque nos dejamos llevar por el desánimo general que malicia que esos ‘servicios sociales’ no sirven para nada.

Y no podía ser más al contrario: cuando uno topa con trabajadores públicos tan entregados, tan convencidos de su labor y, sobre todo, tan eficaces, se da cuenta de que las cosas sí que funcionan.

Ver Post >
Cumplir con las tradiciones
Javier Menéndez Llamazares 25-08-2015 | 2:32 | 0

Mal que nos pese, lo de empezar con buen pie no es precisamente una costumbre para el Real Racing Club. Más bien al contrario: lo nuestro, más bien, es ir dejándolo todo para el día de mañana, y luego a última hora apostar por la heroica, intentando remontadas que se antojan casi imposibles. Y, sin embargo, es lo que suele funcionarnos; de hecho, así nos hemos pasado más de una década en primera, y probablemente allí seguiríamos de no haber mediado la más nefanda gestión que pueda imaginarse.

Así que, a pesar del chasco, lo del domingo en Vigo no era del todo imprevisible; lo insólito hubiera sido empezar con goleada, con una victoria a domicilio o incluso jugando bien. Ese no es el estilo Racing, no. Pero es que tampoco habría club en el mundo capaz de recomponerse en seis semanas, después de una desbandada como la que ha sufrido la plantilla. Porque del equipo que empezaba a entonarse al finalizar la pasada campaña no queda más que el escudo, porque hasta las medias las han cambiado. Sigue al frente el mismo trío técnico, aunque ya con los papeles en regla y en el orden jerárquico apropiado, pero los mimbres han cambiado sustancialmente.

Ya no contamos con aquel equipo de segunda B diseñado por un ‘perro viejo’ de la categoría, cuya filosofía parecía sacada de uno de esos anuncios de ‘la seguridad ante todo’, y que se encontró con un Koné en estado de gracia que era capaz de hacer bueno cualquier sistema. Qué va; por lo visto frente al Celta B, y en realidad en toda la pretemporada, Munitis y Colsa piensan en otra cosa; lo suyo es una combinación de intensidad física e inteligencia táctica, basada en reacciones casi automáticas y en movimientos sincronizados casi al nivel de Gema Mengual y sus nadadoras. Las basculaciones en las bandas, la búsqueda de superioridad en parcelas concretas del campo y el empeño en sacar el balón jugado son señas de identidad de una propuesta valiente que, sin embargo, promete resultar de lo más controvertida, a poco que los resultados les den la espalda. Y es que, más que ‘jogo bonito’, el nuestro siempre ha sido un club de urgencias: el año que no urge salvarse, urge recuperar la categoría. Hay poco margen para florituras y, desde luego, casi ninguno para probaturas. Y si, además, delanteros como Coulibaly y Dioni demuestran tener la pólvora mojada, de poco sirve el gran esfuerzo colectivo, ese ‘aprieta’ que a Munitis tanto le gusta gritar a sus jugadores desde la banda.

Claro que los aficionados tenemos tendencia a ponernos nerviosos antes de tiempo, y después del precedente de hace dos años todo lo que no sea un paseo triunfal por la segunda B nos va a parecer la travesía del desierto. Así que dramatismos los justos; el Racing no consiguió la victoria en Barreiro –qué tiempos aquellos en que visitábamos Balaídos…– pero no olvidemos que el equipo aún está en plena construcción, que los hombres clave están en la enfermería y que, después del salvavidas que ha de llegar en forma de créditos y renegociaciones con el fisco, los expertos del club –que por fin contamos con ellos– tienen la caña lista para pescar lo mejor que quede en el mercado en las próximas semanas. Aparte de que, como siempre, todo esto se soluciona con una victoria clara este domingo frente al Astorga, y seguramente ya miraremos el futuro con un nuevo optimismo. Que de comernos las uñas ya tendremos tiempo de sobra.

 

 

 

Ver Post >
Comentarios envenenados
Javier Menéndez Llamazares 23-08-2015 | 2:09 | 0

En plena era de la interactividad entre autores y lectores, cada vez son más los espacios digitales que han decidido limitar los comentarios a sus entradas, cuando no directamente suprimirlos. Apenas un lustro después de que se pusiera de moda, desde los más profesionales medios de comunicación hasta simples blogs han acabado por tirar la toalla, tras comprobar que la doble dirección, la ida y vuelta entre redactor y visitante no produce los resultados deseados, precisamente.

Tal vez fuera la euforia del momento –baste con recordar las ansias colectivas de expresión que desembocaron en el fenómeno 15-M–, o simplemente que al fin estaba disponible la tecnología necesaria, pero lo cierto es que, cuando se impusieron los comentarios en cualquier publicación de internet, se plantearon con la mayor de la libertades, como si restringir de alguna manera la capacidad de expresión de los internautas fuera un gravísimo atentado contra los derechos ciudadanos.

Claro que no siempre la buena voluntad da los mejores resultados; así, un sistema que pretende garantizar la libre expresión de los lectores, y que nadie se sienta perseguido por sus opiniones, casi desde el primer momento supuso un terreno abonado para los excesos de aquellos que, sin remilgos, se saben seguros en el anonimato.

Que toda actividad o personaje público tiene detractores era hasta la revolución digital una fundada sospecha, que en los últimos tiempos se ha convertido en toda una evidencia, de lo más molesta. De hecho, hasta los odiadores profesionales han dado pie a la figura del ‘hater’, ese crítico tan demoledor como caprichoso que todo famoso que se precie necesita; antes, bastaba con un club de fans, ahora en cambio si no tienes dos o tres energúmenos segándote la hierba bajo los pies, más vale que te los inventes, como parece que ha hecho el músico Francisco Nixon.

Y es que lo de poner a parir al prójimo siempre ha sido deporte nacional, pero antes lo practicábamos, por así decirlo, ‘indoor’, en los bares, y ahora ya lo hacemos en el cielo abierto de internet. Sobre todo, a través de foros y, cómo no, de comentarios en los medios. Que, sí, que tampoco pasa nada porque cada cual suelte un poco del veneno que lleva dentro, y que quien salta a la palestra debe de tener asumido que puede llevarse más de un palo, pero lo que no parece de recibo es que toda esa bilis se vierta desde el más impune anonimato. Y es que, en pleno siglo XXI, sigue vigente el ‘calumnia, que algo queda’, y cada día, hablemos de política, del Racing o hasta de literatura, todavía seguimos dando pábulo a gente que no se atreve a respaldar sus ‘opiniones’ con su nombre y apellidos. Y es que tecnológicamente seremos los primeros de la clase, pero en respeto suspendemos sin remedio.

 

Ver Post >
Crueles despedidas
Javier Menéndez Llamazares 17-08-2015 | 2:30 | 0

Quisiéramos verlo o no, estaba cantado: se acabaron las galopadas de Koné por los Campos de Sport. Al menos, vestido de verdiblanco, porque esperemos que no quiera el caprichoso diablillo de la Copa del Rey que nos toque cruzarnos con el Oviedo esta temporada.

Que Koné quería irse era mucho más que un secreto a voces; tras los tonteos con el Betis vino la espantada hacia Pamplona, y a pesar de su regreso –‘el hijo pródigo’, le renombró el periodista Raúl Gómez Samperio– y de contribuir al último ascenso, era evidente que sólo la lesión que sufriera a mitad de la pasada campaña había impedido su marcha.

Como aficionados, como racinguistas, obviamente nos disgusta que tu gran estrella, tu mejor hombre, beba los vientos por encontrar mejor destino, sobre todo si la fuga le lleva, precisamente, al cuartel de uno de tus rivales más enconados. Porque toda ruptura tiene que ser, por definición, traumática, pero las hay tremendamente dolorosas.

A nadie se le escapa que Koné tiene sus motivos para la ‘espantada’, cómo no… La carrera de un deportista no sólo es breve, sino tremendamente incierta, por lo que no se puede desperdiciar ninguna oportunidad. Para un jugador como él, después de haber brillado en la copa y demostrar su valía en las ligas profesionales, sumirse en el abismo de segunda B podría significar no sólo congelar su futuro, sino quien sabe si incluso renunciar a él. Una mala racha, una nueva lesión o un desencuentro profesional podrían dar al traste con cualquier esperanza de éxito, así es resulta difícil criticar que alguien aproveche una oportunidad cuando la vida se la ofrece.

Más cuestionable es, eso sí, la idoneidad del momento y el destino elegidos. Con todos los respetos para los vecinos, fichar por los carballones tampoco es como para tirar cohetes. Por mucho Slim del que quieran presumir. Y largarse a la francesa después de seis meses lesionado –es decir, cobrando– no es precisamente la cima de la elegancia, sobre todo porque si en algún momento el Racing necesita a Koné es ahora.

Y por mucho que maquillemos las formas, haciendo una cesión y no una venta, si hay una forma de mitigar el drama de la separación sería precisamente endulzándolo con un traspaso jugoso, por aquello de que las penas, con pan…

En fin, que ya no oiremos más aquello de «¡Oh, Mammadou, oh, Mammadou, todos queremos tenerla como tú!».

 

Mucho más triste, duro de verdad, ha sido la verdadera despedida del fin de semana para el racinguismo, una de esas noticias que no salen en primera plana pero que a todos nos dejan tocados.

Se nos ha ido el alma de la curva: Juan Solana ya no podrá seguir más a su adorado Racing. Con apenas treinta y cuatro años nos ha dicho adiós, despertando un sentimiento unánime de consternación. Con una sonrisa como carta de presentación, nunca fallaba en ninguna cita verdiblanca, fuera un partido, una conferencia o una acto reivindicativo. Constantemente acompañado por su padre, su tremenda vitalidad trascendía a la silla de ruedas a la que le había unido el destino, desprendiendo un entusiasmo tremendamente contagioso, que lo mismo le llevó a promover una reunión de chefs cántabros en pro de la ampliación de capital que a participar en la marcha racinguista.

La próxima vez que pisemos Los Campos, seguro que muchas miradas se dirigirán a esa pequeña plataforma, en la curva de gol norte, desde la que Juan sufría con su Racing. Se echará en falta su figura y sus ánimos pero, sobre todo, su impagable humanidad. Hasta siempre, Juan.

Ver Post >
Hablar claro
Javier Menéndez Llamazares 16-08-2015 | 2:09 | 0

Si existe un pecado imperdonable en el arte de la comunicación, y en especial, en el de la escritura, es el de la oscuridad. Hablar sin que nadie te entienda es privilegio exclusivo de especialistas en física cuántica y de los trileros de la política; el resto, nos guste o no, estamos obligados a expresarnos de la forma más comprensible que podamos. Y, si no, habría que hacer una ley nos forzase a ello.

Al menos, eso me cuenta Sofía Hernández, una amiga de Maliaño que en ocasiones sufre demasiado con mis columnas: «Lo leo entero y, cuando llego al final, me digo: igual es que se me ha pasado algo. Así que lo releo todo, y otra vez me quedo con cara de tonta: ¿Será posible que no me haya enterado de nada?». Y entonces a quien se le queda cara de póquer es a mí, porque cuando no te comprenden, lo que suele pasar es que tú te has expresado mal.

En el fondo de todo esto está latente cierta concepción colectiva, que nos lleva a pensar que lo complicado siempre es más inteligente que lo simple, y que quien habla con sencillez es porque en realidad su mente es más bien simplona. Claro que defender esta postura más o menos viene a ser como creer que tenga más razón quién más alto grite en una discusión.

Por algún extraño motivo, tendemos a pensar que cuanto más complejo sea un discurso más inteligente debe de ser quien lo pronuncia. Así, nos deslumbramos ante las perífrasis innecesarias y las redundancias de quienes se le llena la boca al hablar de ‘personas humanas’ en vez de decir ‘gente’. Pero no sólo: también podemos sentirnos como verdaderos analfabetos funcionales tratando de descifrar cualquier manual de instrucciones, que eso sí que suele ser literatura de misterio. O en una aula de cualquier facultad, donde parece que paguen complementos por utilizar el léxico más complicado posible. Aunque la palma se la llevan los textos jurídicos: ¿cómo es posible que a un ciudadano medio, por muchos estudios que pueda tener, la constitución le suene a chino? ¿No será que falla algo en la redacción?

En fin, que bastantes complicaciones tiene ya la vida, como para que además cuando escribimos nos empeñemos en añadir más dificultades, y todo por sacar pecho e ir fardando de dominio del lenguaje y talento literario. Cierto que hay algunas cuestiones que cuesta más explicar, y que, en ocasiones, es mejor insinuar las cosas y recurrir a la ironía –no vean lo mal que se toman las críticas los políticos, por ejemplo–, pero por muy poéticos que nos sintamos, escribir del modo más enrevesado no nos convertirá en genios incomprendidos, como Antonio Gamoneda. Qué va, más bien hará que, al final, no quiera leernos nadie.

Ver Post >
Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es