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El Mundial es para los niños
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Igor Paskual | 08-07-2014 | 14:13

Los niños de mi generación aprendimos nuestra escala de valores con el catecismo y Barrio Sésamo. Ahí comprendimos que había cosas buenas y malas, otras que estaban arriba y abajo, y también distinguimos lo que estaba dentro y fuera. Sin embargo, ahora es el fútbol el que se encarga de la educación de los niños. Su presencia descomunal en todos los ámbitos de la vida cotidiana hace que los futbolistas, locutores y entrenadores sean los nuevos profesores. De hecho, cada vez que un futbolista comete un acto reprobable, es una multitud la que exclama al unísono: “Cuidado, que esto lo están viendo los niños”. Es decir, se sabe que el fútbol, más allá del mero deporte y negocio, ofrece unas pautas de comportamiento que serán imitadas. Da igual lo que diga un profesor en la escuela si, después, un imbécil en pantalón corto le pega un codazo a otro, le parte la tibia, la vértebra o simula un penalti. O si se arbitra como Mark Geiger o Velasco Carballo.

De hecho, el fútbol, la FIFA y los comentaristas sacan a los niños a colación cada vez que quieren lavar un poco su imagen. Hasta entonces los niños son lo de menos. Me recuerda a un antiguo compañero de grupo. El tipo en cuestión era un animal de las fiestas que volaba de francachela en francachela. Un día estábamos en una reunión negociando el dinero de una nueva grabación y la gira que venía después. Para hacer frente común decidimos negociar colectivamente. El caso es que sus malos modales y su falta de diplomacia nos estaban haciendo perder lo que, sin duda, hubiéramos conseguido sin esfuerzo. Cuando vio que se escapaban sus peticiones, hizo como la FIFA, los locutores y los columnistas: sacó a los niños a escena. Dijo: “Mis hijos, esto lo hago por los niños, mis niños tienen que comer, ¡es el sueldo de mis niños!”. Nos quedamos de piedra. No sabíamos ni que tenía hijos. Nunca hablaba de ellos, nunca le vimos llamarlos, aunque pasábamos con él todo el rato. Como el fútbol, cuando se quiere justificar algo, se mete a un niño por el medio. Pero, quizá sea mejor que los niños aprendan valores con el fútbol y la FIFA. Así se ahorrarán disgustos y desencantos posteriores. También pueden prepararse mejor para el futuro. A través del fútbol vemos el mundo tal y como es y no como nos gustaría que fuese. Sabrán que puedes salir impune de muchas atrocidades si estás en el bando correcto. Y que todo vale si ganas. Que no siempre vence el mejor. Que el esfuerzo no siempre tiene recompensa. Y así podremos explicar la razón de que se haya pasado del fútbol esperanzador y vibrante de la fase de grupos y los octavos de final a los partidos plomizos y áridos de los cuartos de final.

En las semifinales ya están los de siempre, haciendo lo de siempre, dejando en la cuneta a los equipos nuevos con ganas de ofrecer al fútbol lo que las selecciones con más solera hace décadas que no dan. Los equipos de la semifinal son viejos políticos de profesión asustados ante una nueva hornada de gente que piensa. Las selecciones que han quedado son los directivos de toda la vida dando codazos a los nuevos empleados con ganas de hacer las cosas de forma distinta para que no les quiten su puesto. Quizá la próxima vez ganen Suiza, Argelia, Chile o Méjico y el mundo amanezca distinto. Si la FIFA no lo impide. Y, si no, siempre pueden hacerse una foto más con los niños. Es por ellos.

Sobre el autor Igor Paskual
El guitarrista y escritor Igor Paskual desvela su especial visión del fútbol y del Mundial