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La insoportable crueldad del Mundial
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Igor Paskual | 03-07-2014 | 13:37

Todas las emociones del ser humano se han condensado este este Mundial enloquecido entre cuyos extremos queda resumida la vida. Hemos visto dosis de esperanza, lucha y recompensa, pero también han salido a la palestra cantidades ingentes de crueldad, dolor y cierta injusticia… aunque en el fútbol no existe lo justo o lo injusto, sino tan sólo la realidad empírica del gol. No se asciende por los méritos, sino por el acierto. El fútbol está causando dolor, mucho dolor, a algunas selecciones que jugaron bien, que hicieron todo posible por ganar, que acumularon un buen puñado de ocasiones y ahora están fuera del Campeonato. La crueldad se cebó con Chile, como si fuese un país condenado a sufrir cuando la esperanza empieza a saludarles desde el cielo. También fue dolorosa la maldición de los últimos minutos llovidos sobre México. O sobre Suiza. Por no hablar de Argelia. O, en un momento dado, incluso Nigeria. Obviamente, ni Brasil, Holanda, Argentina o Francia sentirán que la vida ha sido injusta. Ellos representan la otra cara de la vida, la del indulto llegado en el último minuto. Ellos, además, cuentan con un elemento inmaterial que juega a su favor: la Historia.

Es como si el aire del paso soplase y les llevase en volandas hacia una victoria improbable en los peores momentos. Las selecciones más novatas aún han de llevar el machete en la mano y abrirse paso entre el retorcido y limitado camino del destino. Las selecciones que han ganado algún Mundial (excepto Inglaterra) o que han sido finalistas, avanzan por un sendero que ya ha sido pisado por sus antepasados. Klose sabe que puede ganar porque ya lo hizo Beckenbauer. Igual que Benzema cuenta con el precedente de Zidane. Por no hablar de Messi, que tiene a Kempes o Maradona llemándole desde el Olimpo para que se sume al club. No es casualidad que a Italia e Inglaterra les eliminara Uruguay, una doble campeona. Ese peso cuenta y, no en vano, se han clasificado todas las campeonas de grupo. Es algo más que suerte. Pero tampoco se puede negar que hay cierta condena sobre estos vencedores. Argentina es un país que vive, siente y respira de forma absolutamente extrema y tiene el peso de recuperar su pedazo de cielo. Dios es argentino y el solio papal está teñido de albiceleste. Sería inexplicable para ellos no volver con el título, por romo que sea su fútbol. Además, es un país en perpetuo conflicto consigo mismo y han de buscar dioses en casa y enemigos fuera. Si en el 86 los malos fueron los ingleses, ahora es el FMI. Por otro lado, los anfitriones tienen la enorme responsabilidad de hacerse con el triunfo para que se esfume el olor de los muertos, las protestas y los favores arbitrales. Tienen todo a favor para que la FIFA sonría con la bolsa llena y sigan impunes sus flamantes casos de soborno. La presión es exagerada. De todos modos, las dos máximas estrellas del Mundial, Messi y Neymar, están en plena forma. Se han paseado todo el año por el césped del club que tan generosamente les paga, reservando fuerzas para el Campeonato. Cristiano Ronaldo, en cambio, llegó fundido tras una temporada extenuante con su club. Una actitud profesional que le honra. Robben jugó en su club y en su selección, consciente de que el fútbol le debe a Holanda un título Mundial por su aportación al arte. Aunque ahora mismo, junto con Brasil, son el calvinismo, el nulo disfrute y goce en el campo y la efectividad máxima. Juegan como el Madrid de la Décima.

Sobre el autor Igor Paskual
El guitarrista y escritor Igor Paskual desvela su especial visión del fútbol y del Mundial