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Tras el final, a pensar en el futuro
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Igor Paskual | 19-06-2014 | 12:21

Sólo había dos razones por la que podía soportar que España se quedara fuera del Mundial. Una era por la prima obscena de 720.000 euros por cabeza que recibirían si salían campeones. Hemos de reconocer que esa cifra nos alejó a todos un poco de nuestra selección. El segundo motivo era por los comentaristas de fútbol. Excepto alguna honrada excepción, el resto emplean un lenguaje zafio, vulgar y limitadísimo. Lo peor es que se conducen con un tono falto del mínimo respeto hacia el rival. Como si Chile fuese un país y una selección de quinta división. Y como si nosotros fuésemos el centro del mundo.

Y cuando no juega España, son de un eurocentrismo insoportable y rozan, en demasiados casos, la falta de decoro. Y cuando no se llega al desprecio, tenemos que escuchar frases hiperbólicas, fuera de lugar como, por ejemplo, “En Lisboa, Ramos parecía el mejor central de la Historia”. Son tantísimas las ganas de epatar y hay un desconocimiento tan grande de la Historia de fútbol que muchos comentarios son insolentes. Esta derrota, si espero que sirva para algo, es para moderar las maneras y aniquilar de una vez el “a por ellos, oeeeeé” y demás cánticos tribales que nada tienen que ver con el juego de tiralíneas de este equipo. Cayó la selección española el mismo día que, hace 199 años, Napoleón era derrotado en Waterloo. Y hace 15 años que Red Hot Chile Peppers editaron uno de sus mejores discos, “Californication”.

 

Vi el partido en una sidrería, en la misma en la que sufrí la derrota del Sporting en la lucha por el ascenso. Sidra tras sidra asimilé que como rítmicas gotas, este partido iba a ir calando en nuestros cuerpos y ensopándonos en una derrota húmeda y triste. Y ahora estamos desnudos de nuevo con nuestras miserias, sin nadie que nos libre del fracaso diario. No está Casillas haciendo milagros, ni Ramos portentoso o Costa entregado. Nos duele que no esté la selección para hacernos brillantes. Ahora nos toca a nosotros ser héroes del día a día. Nos tenemos que conformar con las miserias pesadas y tristes de la vida sin los goles de Villa.

Pero, ¿hemos aprendido algo de esta selección triunfadora? o ¿Seguimos siendo los mismos de antes de la Eurocopa del 2008?. ¿Hemos aprendido algo? Una de las razones por las que no quería que fracasase la selección, era porque este equipo era uno de los pocos reductos del trabajo bien hecho en este país. Nuestra selección era lo menos español que teníamos en España. Ordenada, suave y paciente. Tenaz, inteligente y elegante. Pero nadie es inmortal y un equipo de fútbol, mucho menos. Se acabó la función, se apagaron los focos y desciende el telón sobre los restos de una obra jugada para la eternidad.

No deberíamos pedir más a los chicos. Lo hicieron bello y eficaz, una combinación que pocas veces se da en la vida. Ahora toca exigirnos a nosotros mismos. Hacer milagros con nuestros míseros sueldos igual que Casillas los hacía bajo su arco. Tirar los penaltis cotidianos con la frialdad de Cesc. Oler las oportunidades con el instinto de Villa. Mantener la exigencia moral de un Xavi. Animar a los demás y contagiarlos de optimismo como Reina. Y, sobre todo, no rendirse hasta el final como hace el mejor jugador que ha dado el mundo en los últimos diez años: Iniesta. Chile vuelve a ser la Roja. Les arrebatamos el sobrenombre y nos sentó de maravilla durante seis años. Que sigan esta labor ellos. Nosotros vamos a pensar en el futuro. Con ética y estética.

Sobre el autor Igor Paskual
El guitarrista y escritor Igor Paskual desvela su especial visión del fútbol y del Mundial