img
Categoría: mas-deporte
Lecciones Olímpicas

Acabaron los Juegos Olímpicos, ese escaparate global en el que conviven, aparentemente sin conflicto, distintos mundos paralelos. El de la favela a oscuras con el del estadio olímpico de luz cegadora; el del deportista olvidado durante cuatro años de duro y sacrificado entrenamiento, con el del político en funciones que se deja caer por la Villa Olímpica para presumir de medalla sin haber sudado una sola gota; el del país empeñado en mostrar al mundo lo mejor de su repertorio, con el del país sumido en una profunda crisis, al que los Juegos importa un rábano y ni siquiera permiten exteriorizar su malestar porque está simplemente reprimido. Quizás por todo ello, se hace más cierta esa manida frase que dice que lo mejor del deporte, sin duda, son los deportistas. La primera gran lección que nos ha dejado Río es que el universo mujer avanza imparable hacia la igualdad y que, de no ser por ellas, el balance de la medallitis con la que nos gusta medir los resultados deportivos, sería bastante mediocre. La segunda, que con inversión, medios, cuidado y paciencia, se logra modelar una generación de deportistas capaz de competir de igual a igual con quien sea. No es casual la existencia de los Gasol, Navarro, Nadal y demás. La buena noticia es que conocemos el camino para alcanzar la excelencia. La mala, que sin dinero ni medios públicos no hay paraíso. Prepárense para regresar a la travesía por el desierto, la de las gestas individuales excepcionales y la decepción. Quien no siembra, no recoge. La tercera, que es una lástima que los Juegos se celebren cada cuatro años. Gracias a Río  se ha conseguido que una parte, todavía pequeña, del espectador de deporte se haya enganchado al bádminton, el piragüismo, la halterofilia o el taekwondo y que, después de los Juegos, lamentablemente perderá el contacto con esa modalidad deportiva con la que ha vibrado durante unas horas a través de la televisión. Nadie volverá a hablar de Lydia Valentín, de Maialen Chourraut, o de Eva Calvo porque volverán a la clandestinidad. Por desgracia, la cultura deportiva de nuestro país se agita cada cuatro años. Cristiano, Messi y compañía, toman el relevo.

Ver Post >
El espíritu olímpico

Los Juegos Olímpicos son un totum revolutum de deportes concentrados en 16 días en plena pausa estival y que cada cuatro años nos hace disfrutar de la visibilidad de numerosas modalidades deportivas que viven en la más absoluta clandestinidad durante el resto del calendario. Hasta aquí, todo razonablemente bien. A partir del encendido del pebetero olímpicos, comienzan los problemas. El primero, la sospecha de que en el COI los criterios empleados para elegir la sede de este acontecimiento global no van más allá del dinero puesto sobre la mesa. Que las infraestructuras sean precarias o terminadas deprisa, corriendo y mal, no importa. Que una parte importante de la población no se identifique con los Juegos, tampoco. Esto mismo se puede aplicar a la elección de sedes de Mudiales de fútbol. Como todos deberíamos saber, el mejor lugar para jugar al fútbol en verano es el desierto. El segundo problema, la cobertura televisiva. Nunca acertará quien decida programar un partido de tenis ya que solapará al ciclismo; quien quiere ver el baloncesto, se tragará una prueba de tiro que ni entiende, ni le gusta. Un caos que obliga a los comentaristas a hacer un curso acelerado CCC sobre un deporte que jamás han visto anteriormente, con el aluvión de críticas despiadadas de los puristas oficiales. Si, además, quien tiene los derechos es la televisión pública, peor aún ya que es con el dinero de todos, que han viajado ciento y la madre, etc, etc, etc. El tercer problemas es la ausencia absoluta del mal llamado ‘espíritu olimpico’. Todo se mide por el criterio resultadista habitual: eres bueno si logras medalla. Si no lo consigues, es un fracaso, una enorme decepción. Solo valen los metales, sin pararse a pensar que esto es deporte, que el mejor ciclista bajando puertos del mundo, pierde el oro y las dos clavículas descendiendo a 18 km de meta o que el número uno del mundo del tenis puede perder en primera ronda y a nadie se le ocurriría decir que tanto Nibali como Djokovic son un par de fracasados. Hagan un experimento: prueben a ver las pruebas de Río con el volumen del televisor muy bajito y sin engancharse a twitter. Seguro que disfrutarán mucho más del deporte, se enfadarán menos y dejarán tranquillo al troll que todos llevamos dentro.

Ver Post >
¿Quién querrá ser la nueva Garbiñe…?

Ya hemos hablado en este foro de la falta de cultura deportiva de este país en el que todo aquello que no sea fútbol, vive encerrado en la amplia jaula de la sección ‘polideportivo’. Por eso es cuasi milagroso la existencia de jugadoras como Garbiñe Muguruza, que la selección de basquet sea considerada como la mejor del mundo no NBA, o que nuestros pilotos, jugadoras de badminton, triatletas, ciclistas o waterpolistas sean toda una referencia mundial. Aquí somos tan originales que nos importan más las apasionantes vacaciones de Cristiano Ronaldo antes de incorporarse a su selección que el contar con la mejor generación de deportistas de todos los tiempos. Y conste que el jugador portugués no tiene culpa alguna del desatino.

Posiblemente, el autor intelectual de este orden de prioridades tendrá argumentos sólidos y bien fundamentados, con incontestables números sobre qué es lo que vende más en los quioscos para soltarnos, con cierta sonrisa irónica, que somos unos ingenuos si pensamos que una joven tenista, por mucho que llegue a la final de Roland Garros, puede competir contra las apasionantes vacaciones de una estrella de fútbol. Desengáñate: sólo alcanzarás la gloria de la portada o de la apertura del informativo en el caso de haber hecho algo muy, pero que muy grande. No solo se trata de incultura deportiva. Es, además, la tiranía de la cultura del éxito.

Vales lo que valen tus triunfos. El segundo, como decíamos la semana pasada sobre el Atlético, no entra en la historia. Si tienes la desgracia de haber elegido practicar un deporte que no sea fútbol, has de saber que tus esfuerzos serán anónimos; tu recompensa económica, mínima; tu presencia en televisión, clandestina; tu repercusión mediática, escasa, salvo que seas un genio y alcances repetidamente la gloria en tu deporte. Entonces, y solo entonces, los grandes medios se ocuparán de ti, los políticos, más si estamos en periodo electoral, se pelearán por hacerse una foto contigo y vivirás en una efímera nube para despertar de nuevo en la soledad absoluta de tus entrenamientos y tus penurias para que no se cierre el grifo de las becas para poder comer. Así que, si quieres ser la nueva Garbiñe, piénsatelo mucho. En España lo tendrás mal…

Ver Post >
La sombra de la sospecha

Acusar a Rafa Nadal de ser un deportista tramposo es cíclico, como las fases lunares. Aparece un ministro o ex ministro de la cosa del deporte francés, deja caer que el tenista español se mete de todo, se monta el lío diplomático en los medios -el político, por ahora, sigue en funciones- hasta que se vuelve a enfriar pasados los días y hasta que vuelva a asomar un ministro, ex ministro, ex tenista o ex lo que sea y repetir el proceso. Aburrido. Como lo es también la, a veces, rancia reacción desde España, apelando a los mismos argumentos pseudo patrióticos para defender a Nadal ¿De verdad los franceses nos tienen tanta envidia? ¿Siguen siendo unos chovinistas sin remedio nuestros vecinos del norte? ¿Tienen razones de peso para sospechar del deporte y de los deportistas españoles? En primer lugar, afirmar que los galos nos tienen manía porque les ganamos en todo es un topicazo que no se sostiene ante la tozuda realidad, las pistas de París puestas en pie ante Nadal y las numerosas portadas de la prensa gala en honor del mejor tenista español de todos los tiempos. Aplíquese lo mismo con la selección española de fútbol, de baloncesto, etc. etc. etc. Las acusaciones de dopaje son siempre aisladas y, curiosamente, con mayor repercusión y alcance entre los medios españoles que entre los medios franceses. Quizá sea porque nadie, jamás, ha ofrecido una sola prueba para sostener la sospecha o porque, como acaba de suceder con el caso de María Sharapova, hay controles en la ATP y funcionan, caiga quien caiga, se llame como se llame el tramposo o tramposa ¿Entonces, por qué se repiten las insidias? Posiblemente el gran culpable de la mala imagen exterior sea el propio deporte español. España, mal que pese, sigue siendo, aunque en menor medida que años atrás, El Dorado del deportista tramposo. El cierre en falso de la Operación Puerto, denuncias que no llegan a ninguna parte, más allá del desprestigio y estigma del propio denunciante; investigaciones chapuceras, legislación laxa, sensación de cierta impunidad según qué deporte, desidia de las autoridades a cargo del deporte…munición más que suficiente para sembrar la sospecha.

Ver Post >
La lenta agonía de la F1

"Esta Fórmula 1 no gusta a nadie". Lo dice Fernando Alonso, no un cualquiera que pasaba por ahí. Normal el enfado del asturiano, compartido por muchos aficionados a un deporte que requiere un cursillo de reciclaje previo al inicio de cada temporada para intentar conocer las nuevas reglas de competición. Es como si un aficionado al fútbol tuviera que empollar cada año el reglamento para saber si han cambiado las dimensiones del campo o de las porterías, si se ha modificado el tamaño y presión del balón o si en lugar de once por equipo, se aumenta a doce o quince el número de jugadores sobre el terreno de juego ¿Ridículo? Pues esto es lo que está pasando en la Fórmula 1. El piloto asturiano, quizá por el privilegio del respeto ganado y los años en activo, se puede permitir decir que en su deporte no hay coches que hagan ruido, que adelanten o sean rápidos; o que los pilotos son sistemáticamente ignorados y marginados por los dueños de este circo. Un negocio en lenta e inexorable caída de audiencia, especialmente en países como el nuestro, que abraza con pasión a un deporte solo cuando alguien destaca y triunfa, como ha sido el caso de Alonso. La tormenta perfecta llega cuando el ídolo inicia su declive y las reglas son un verdadero galimatías. La Fórmula 1 (y otros muchos deportes) tienen al enemigo en casa. Si al espectador le ofreces espectáculo, igualdad, reglas de juego comprensibles y sencillas, no solo para iniciados (no convertir en sectas a los mal llamados deportes minoritarios, despreciando al recién llegado), y visibilidad (¿de qué te sirve tener, por ejemplo, una de las mejores ligas de baloncesto de Europa si no la puede ver apenas nadie por TV?), la pervivencia de cualquier deporte está asegurada ¿Por qué se empeñan algunos en dispararse en el pie?

Ver Post >
La indigestión de la derrota

Dice el dicho que de vivir mal a vivir bien te acostumbras en un segundo. De vivir bien a vivir mal no te acostumbras jamás. Hemos vivido unos años de esplendor en el deporte posiblemente irrepetibles. Una década prodigiosa en la que han coincidido la mejor generación de deportistas de todos los tiempos. Y, lo más asombroso, de muchos disciplinas, porque es muy raro que exploten a la vez los mejores tenistas, baloncestistas, nadadoras, futbolistas, pilotos, motociclistas o balonmanistas y que hayan consiguido resultados extraordinarios. De ser un país de segunda fila en el deporte con discretos resultados, salvo algún detalle individual, hemos pasado a ser una toda una potencia deportiva temida en medio mundo. Hasta que empezaron a llegar las primeras decepciones y se abrió la caja de los truenos de la decepción. La acidez con la que se ha gestionado la eliminatoria de Copa Davis frente a Rusia es un buen ejemplo de lo mal que digerimos la derrota. Torpezas federativas al margen que, flaco favor ha hecho a la imagen del tenis español en el exterior, caer ante los rusos ha despertado a la bestia autodestructiva que tenemos dentro, con críticas feroces a la capitana del equipo, Conchita Martínez y los jugadores elegidos para este papelón. La misma virulencia que se desató hace un año con el baloncesto y el decepcionante Mundial de los de Orenga; los problemas de Fernando Alonso para volver a subir a un podio de Fórmula Uno o los de la selección de fútbol que, para muchos, vive de las rentas del mundial logrado en Sudáfrica ¿Pataleta del nuevo rico acostumbrado a la opulencia? Quizá hayamos olvidado con demasiada facilidad que hace cuatro días nuestro deporte caminaba con unas modestas alpargatas y que el salto de calidad ha sido prodigioso. Eso o toneladas de bicarbonato para la indigestión.

Ver Post >
Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

otros blogs del mundial