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Aventureros, especuladores y descensos administrativos
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@TabernaMou | 08-08-2014 | 09:33

El fútbol tiene una cara fea, oscura y desagradable y que forma la otra cara de la moneda, esa en la que aparecen los cochazos de lujo con los que las superestrellas acuden a entrenar, los veraneos en exóticas playas o la competición por ver quién lleva el peinado más original. En la cara fea están los futbolistas que no tienen contratos con muchos ceros, por los que no pugna ningún jeque millonario con ganar de reventar el mercado o que no tienen un representante poderoso que se codea, de igual a igual, con los presidentes de los clubes más grandes. Futbolistas que se quedan sin trabajo a mitad de agosto porque el club en el que trabajaban ha sido descendido por la patronal de los clubes al pozo de la Segunda B, dejando un horizonte de incertidumbre terrible.

De aquellos polvos vinieron estos lodos. En el instante en el que se permitió que un club de fútbol se convirtiera en una sociedad anónima, se abrió la veda para que aterrizara cualquier especulador sin escrúpulos, aventurero en busca de gloria, nuevo rico cantamañanas o paracaidista salvador de situaciones imposibles. Cualquier advenedizo con algo de dinero podría hacerse con un club de fútbol a precio casi de saldo. Bastaba con aparecer con un cheque, prometer un ambicioso plan deportivo, con entrenador y jugadores de postín. y lograr encandilar a una deprimida afición, resignada a ver cómo el equipo de su vida estaba condenado a desaparecer comido por las deudas tras años de desastrosa gestión ¿Qué es lo que hacía tan atractivo para un inversor un club en la ruina? Algo tan sencillo como un viejo estadio situado, vaya por Dios, en el mismo centro de la ciudad. En plena borrachera inmobiliaria eso era como un boleto premiado de la Primitiva.

El argumento ha sido repetido, con sus distintas versiones, como réplicas de una mala película. Un rico inversor que salva in extremis al club, un Excelentísimo Ayuntamiento que modifica el Plan General de Urbanismo para recalificar el solar del viejo estadio, un estadio nuevo a las afueras de la ciudad, con su correspondiente zona comercial y de ocio, campos de golf incluidos sin que nadie, absolutamente nadie, investigara la solvencia o la capacidad de gestión del ‘gran salvador’ ¿Para qué, si todo el mundo parecía estar tan feliz? Parafraseando al ex ministro, nadie quería ser el aguafiestas que interrumpiera la huída hacia adelante.

Y todo va bien hasta que empiezan a salir los números rojos, las facturas guardadas en un cajón, los requerimientos de Hacienda y de la Seguridad Social y, claro, los números son tozudos, por mucha imaginación financiera que se le quiera echar. Se masca la tragedia. El descenso deportivo es algo más que una amenaza. Los aficionados se movilizan, salen a la calle, se protesta ante la sede de la Liga, pero la patronal y su patrón mayor son inflexibles y bajan el dedo pulgar: otro equipo histórico condenado. La historia se repite, hasta que vuelva a asomar la cabeza otro salvapatrias y el resto siga mirando hacia otro lado.

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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