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Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver
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@TabernaMou | 20-01-2014 | 13:30

¿Con cuántos años debería jubilarse un jugador de élite? ¿Es un viejo prematuro un futbolista de 33 años? ¿Hay lugares intermedios entre jugar en un equipo grande y terminar dando patadas a un balón en ligas para multimillonarios en declive? ¿Qué se debería de hacer ante los primeros síntomas de agotamiento o pérdida de frescura de un jugador de primerísimo nivel? Preguntas con, imaginamos, complicada respuesta dependiendo de cada caso y que vienen a cuenta de la feroz campaña que desde algunos sectores se ha iniciado para cuestionar la presencia de Xavi como titular en el Barça. Como dice un buen amigo, hay quien quiere enterrar al barcelonista, ventilando su impecable y espectacular hoja de servicios con una discreta ceremonia de despedida y una pequeña lápida de mármol de recuerdo. Descanse en paz, Xavi Hernández.

No es algo novedoso en el mundo del fútbol, deporte, negocio o ambas cosas a la vez capaz de lo mejor y de lo peor, como decíamos en la anterior entrada. El fútbol es una máquina trituradora de ídolos con una notable capacidad para el olvido. Algunos privilegiados, muy pocos, logran ingresar en el Olimpo de los Dioses, lugar en el que se recuerda y venera gestas del pasado, en ocasiones más como obligación que como lugar de respeto a la memoria. Sin embargo, la mayoría de los antaño gladiadores de este circo y que disfrutaron de sus momentos de gloria, de idolatría popular, del autógrafo a la salida del estadio o el entrenamiento, la portada en el periódico y la admiración general, desaparecen en cuestión de meses de la faz de la tierra engullidos por el olvido. La máquina es voraz, insaciable y cada día necesita nuevos iconos con los que vender más camisetas, abonos, derechos de televisión, periódicos, horas de radio y de plató de televisión, semanas con siete días de partidos, las botas chulas de 200 euros para el niño o ese champú tan bueno que te deja el pelo aseado u resultón como el del portero de la selección ¿Entienden ahora por qué entre Ribery y Ronaldo, el francés tiene la batalla perdida?

Los Xavi, Puyol e Iniesta (jugadores con más de 700 partidos jugados, campeones del Mundo, de Europa, de Liga y de Copa) pertenecen a una generación irrepetible de jugadores que ciertamente complicado de volver a ver en mucho tiempo. Será porque han ganado todo aquello que se podía ganar, que han encandilado a amigos y rivales durante tantos años de buen juego y trato exquisito a un balón por lo que muchos quieren ya retirarles del mercado por medio de un ERE con jubilaciones anticipadas. De manera zafia, irreverente y con el mínimo respeto a lo logrado por estos jugadores, muy al estilo de lo que sucediera en su día con Raúl, con su triste salida por la puerta de atrás del Madrid y el absurdo conflicto montado con su no presencia en la selección. Y mañana le sucederá lo mismo a los hoy endiosados y adorados Cristiano o Leo Messi. Llegará un partido en el que tardarán un segundo más que el defensa en un balón; ese pase, siempre certero, pero ahora un metro desviado; o fallarán un gol cantado para que se inicie el run run que se convertirá en ruido, se amplificará convenientemente a través de los medios cómplices y la presión hacia entrenadores o presidentes condenen a estos dioses paganos con el mismo vértigo con el que fueron inventados. Ley de vida, dirán algunos. Solo negocios, nada personal, dirán otros. Lo cierto es que quien no honra a sus héroes, pronto dejará de tener héroes a los que honrar.

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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