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La lenta agonía de la clase media
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@TabernaMou | 05-08-2013 | 08:55

La liga española es aburrida, previsible y con cada día menos emoción. Al menos para determinar al campeón. O gana el Madrid o gana el Barça. No hay otra alternativa posible, salvo catástrofe de los dos grandes. La última vez que un equipo ajeno a esta sociedad de dos ganaba el título fue hace 10 años, cuando el Valencia de Benítez conseguía lo impensable: romper el bipartidismo liguero. El rodillo que ejercen por aquí los dos pesos pesados es aplastante: 54 ligas suman entre los dos, 32 para los blancos por 22 de los blaugranas ¿Es esto lo que se entiende por competición? A esta modesta Taberna más bien le parece un solemnísimo coñazo.

Hace 38 años que la mejor liga de baloncesto del planeta, la NBA, decidió imponer el Tope Salarial entre sus asociados, un sistema que, a pesar de sus defectos y resquicios, pretende, e incluso consigue, que los clubes puedan mantener a sus jugadores franquicia e igualar la competición. También el baloncesto, un avanzado en muchos aspectos, estableció el Draft para beneficiar a los peor clasificados en la Liga con las mejores posiciones a la hora de elegir a los nuevos talentos que cada año luchan por entrar en la NBA y evitar que terminen jugando, por norma, en los equipos más poderosos. La prueba de que este sistema, insisto, con sus numerosos defectos y subterfugios, funciona es que en los últimos 18 años han logrado el anillo 6 equipos diferentes. En las 4 últimas temporadas, ninguna franquicia ha conseguido repetir título.
La clase media del fútbol español está lentamente agonizando. El Atlético de Madrid, por ejemplo, fichó al Kun Agüero a buen precio, rentabilizó con notable éxito la inversión, ganó mucho dinero con su venta al City y con la plusvalía reinició el procedimiento, esta vez con el colombiano Falcao. Salió de nuevo bien la operación. Rentable jugador en el campo y una venta al Mónaco que proporcionó pingues beneficios. Y vuelta a empezar para fichar a… David Villa, desechado por el Barça, por un precio oficial de risa. El Valencia se ha desprendido de Roberto Soldado, quedándose sin un ‘nueve’ de referencia. El Málaga ha vendido de Isco, Joaquín o Toulalan, siguiendo con el goteo de salidas que se iniciara un año antes con Pellegrini al mando. El Depor, campeón de liga con el cambio de milenio, bordea peligrosamente la desaparición física, mientras que el Sevilla, eterna alternativa que siempre se queda a un paso de lograr el premio grande, ha perdido a Navas y a Negredo, emigrantes cualificados de la movilidad territorial de la que presume la ministra del ramo ¿Y los dos grandes, qué? La vida sigue igual y la crisis pasa sin rozarles.
Real Madrid y Barcelona viven su existencia al margen del resto de mortales. Mantienen sus millonarias inversiones en fichajes -solo con lo que se pretende pagar por Bale, se confecciona el presupuesto del Valencia-, porque pueden ya que disfrutan de un trato preferente por parte de las televisiones (el doble de lo que cobra cualquier otro club) y de las instituciones públicas, con televisiones autonómicas en quiebra, pero patrocinando directa o indirectamente a estos dos trasatlánticos, por no hablar de recalificaciones urbanísticas como la de los terrenos de la vieja Ciudad Deportiva madridista. Tenemos una Competición en la que sólo con lo que ganan Cristiano, Messi o Neymar, se pueden poner en marcha varios clubes modestos de la Primera División. La consecuencia es evidente: una Liga descafeinada, muchas veces resuelta semanas antes de su conclusión y solo pendiente de los dos partidos en los que se enfrentan entre sí. El resto, salvo accidente, tiene el resultado marcado como el de una mala partida de póker ¿La Liga de las Estrellas?

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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