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Los nuevos amos del fútbol
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@TabernaMou | 23-05-2013 | 09:11

¿Qué tienen en común el hijo de un pescadero, un jeque de país del golfo, un empresario indio o un mafioso del este europeo? Respuesta fácil: el fútbol. Y el dinero, por supuesto. Mucho dinero. Los nuevos amos del deporte de masas más importante del planeta y cabeza de lanza de la poderosa, aunque ruinosa, industria del entretenimiento. Estos curiosos personajes llegan al fútbol por diversos caminos. Unos, por el prestigio que supone ser el dueño de un histórico club. Imagino que alguien que está cansado de volar en jet privado, navegar en yates-portaaviones, vivir en increíbles mansiones o de tener las más atractivas mujeres, por muy machista que suene, que suena, lo reconozco, esto último, busca en distintos lugares dónde saciar su vanidad, poder y capacidad de distinción. Un día, alguien debió de decir a estos ricos que un club de fútbol es un juguete muy exclusivo y allá que se lanzaron con sus cheques en blanco para adquirir centenarias historias del balompié europeo.

Otros llegan a este negocio por invitación, casi ruego, de los máximos accionistas de clubes en ruina inminente, que hacen largos viajes al otro lado del mundo para vender a estos empresarios de éxito las bondades de invertir en una empresa que ellos mismos han conducido a la quiebra. Se presentan como si se tratase de vendedores de seguros, pero con las acciones de un club en la cartera. Un buen negocio, el mejor destino para su dinero. Imagino que el rico de turno no será tan ingenuo como para tragarse el anzuelo y no preguntarse que, si el negocio es tan bueno, por qué tienen ustedes tantos números rojos. Lo saben aquí y en Singapur aunque, como de todo hay en la viña del señor, alguno cae.
Hay también una tercera vía de acceso. Es la de aquellos que tienen tanto dinero como dudosa reputación. Millonarios de la lejana India o la más cercana antigua Unión Soviética que aterrizan en los clubes como salvadores de una camiseta, prometiendo cuentas saneadas, inversiones en fichajes desmesuradas y títulos, muchos títulos para los nuevos buenos tiempos. Los aficionados se ilusionan, los alcaldes se entusiasman y todos tan contentos… hasta que los euros no llegan, las deudas se acumulan, la UEFA te sanciona y se firma el concurso de acreedores. El presunto rey Midas desaparece del mapa con mil querellas en los juzgados. Nunca más vuelve a pisar el palco de honor, que sí sigue frecuentando el frustrado cazafortunas y posterior vendedor de burras.
El verdadero drama de todas estas cada vez más frecuentes historias es la cada vez menor presencia de los socios, abonados o simpatizantes en la gestión y futuro de los clubes. Es terrible comprobar en manos de quién están estas históricas sociedades, que en una huida irresponsable hacia adelante, no se les tuerce la cara al vender, a precio de saldo, las acciones y todo el patrimonio sentimental de muchas generaciones a gente que ni siquiera sabría ubicar en un mapa la ciudad a la que pertenece el club que adquieren.

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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