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El Manual de los Desahogados
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@TabernaMou | 17-01-2013 | 16:39

Si no fuera porque el asunto es grave y realmente doloroso, la autoflagelación pública de Lance Armstrong provocaría hasta cierta gracia. Ahora resulta que el tramposo es la víctima. De traca, de aurora boreal…de chiste, mal chiste de mal humorista. Lance Armstrong, el otrora héroe, ahora villano, como muchos de los políticos españoles salpicados por la corrupción, está siguiendo todos los pasos del Manual de los Desahogados.

Primer paso: la negación absoluta con cierta dosis de indignación contenida. Yo no me he metido nada extraño o ilegal al cuerpo, he pasado mil controles y nadie, absolutamente nadie, ha encontrado nada raro. Quien diga lo contrario, miente como un bellaco.

Segundo paso: la mejor defensa es un buen ataque. Este paso se da cuando las investigaciones te empiezan a dejarte en evidencia. Aquí se puede aumentar el grado de indignación, menos contenida, en función del número de pruebas en tu contra que vayan apareciendo. Se puede elegir entre ‘esto es una conspiración’, muy socorrido pero de difícil demostración; o el ‘lo que hay es mucha envidia’, más aplicable si cuentas, como es el caso, de un currículum deportivo espectacular.

Tercer paso: quitarse de en medio. Aquí se llega cuando los dos anteriores pasos no son operativos. Un retiro del mundanal ruido, confiando en que el tiempo borre las huellas del delito, puede ser una buena opción. No siempre funciona, pero hay que intentarlo.

Cuarto y último: la confesión y humillación pública. Es una huida hacia adelante que cuenta con muchas ventajas. Sacas el lado honesto que llevas dentro -rebuscando, siempre queda algo de honestidad, poca, pero queda- confiesas públicamente que sí, que has sido mal chico, que te has metido en vena hasta el agua de los floreros, que has sido un tramposo y que lo sientes en el alma. Mucho, mucho, muchísimo. Es imprescindible vestir la confesión con unas elevadas dosis de victimismo, del tipo ‘todos lo hacían…todos se metían cosas malas al cuerpo…no pude evitarlo’. Tampoco le viene mal a la inmolación pública el soltar una buena dosis de porquería a todo lo que se menea y rodea. Claro que he sido un chico malo pero, ¿ustedes creen que nadie, equipos, la UCI, Agencias y Laboratorios, nadie sabía nada de lo que estaba sucediendo en el pelotón? A poco que seas un poco hábil, puedes redimirte siguiendo, eso sí, estos sencillos cuatro pasos.

Lance Armstrong es un tipo listo, muy listo. Sin embargo, nadie con un mínimo de sensatez puede llegar a pensar que ha llegado donde ha llegado, conseguido lo que ha conseguido y hecho lo que ha hecho completamente solo. Nadie. Ese es su punto fuerte. El ciclista es una pieza importante del enorme engranaje que es el ciclismo profesional. Para ganar siete Tours de Francia consecutivos con la ayuda de sustancias prohibidas, se necesita una infraestructura, una logística y una red corrupta de tal envergadura, que resulta cuando menos extraño que nadie supiera nada.

Entre aquellos que han participado activamente, quienes han tapado las huellas y quienes han mirado hacia otro lado, han conseguido que este invento llamado Lance Armstrong haya sobrevivido tanto tiempo. Solo han podido acabar con este monumental tinglado del dopaje las denuncias de ex compañeros envidiosos, resentidos, arrepentidos o vete a saber la razón por la que se decidieron a cantar. Mientras, el ciclismo sigue bajo sospecha, con Operaciones chapuceras que no llegan a ningún puerto, denuncias que no van a ninguna parte, laboratorios cerrados y redes de venta al por mayor de sustancias prohibidas que surgen como setas en otoño. Hasta el próximo escándalo.

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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