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La especialidad de la casa
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@TabernaMou | 30-11-2012 | 12:59

El seguidor atlético de la facción optimista normalmente terminaba los partidos ante el Madrid afirmando, con resignación cristiana, el ya manido ‘ jugamos como nunca y palmamos como siempre’. Bueno, muy optimista, porque la mayoría de las veces en la historia reciente de los derbis era más un: ‘jugamos de pena -como siempre- para palmar como es habitual’ que otra cosa. Hay una tercera corriente de opinión, más fatalista, más victimista, que se ha especializado en encontrar un culpable ajeno para justificar las derrotas en territorio comanche. Bien porque llueve, hay un sol deslumbrante, truena, nieva y graniza, siempre se encuentra algo que perjudica especialmente a los que visten de rayas.

Y cuando todo esto no es suficiente, siempre se puede recurrir al árbitro, ese canalla con silbato, sicario del Villarato, versión rojiblanca, empeñado en ofrecer, año tras año, un recital sobre cómo hacer que el Madrid juegue con doce, perjudicando bien con una del todo injusta expulsión (da igual que el rival tenga la tibia en la mano, es injusta), un gol injustamente anulado (aunque haya traspasado el balón un metro), un fuera de juego (nadie es perfecto, oiga) o interrupciones diversas, únicamente cuando atacan los fieros jugadores del Atlético. Algo así como: este partido pudo haber sido perfecto, hasta que llegó el de siempre y lo jorobó, por no decir otra cosa más fea ¿Será igual este año?

Se ignora perfecta de quienes viven cómodamente instalados en la mediocridad conformista, en una especie de ‘si hay que ir, pues se va, pero no esperes mucho de mí’, que ha calado tanto entre el personal. Una especie de seña de identidad: el famoso ‘Pupas’. Afortunadamente, hay gente, como Diego Simeone, que se ha empeñado en revertir esta perversa sensación de fatalidad perdedora y que no admite en su particular club a resignados de carné.

El Cholo es un tipo que tiene sangre ganadora por las venas, un ser competitivo de pura raza, que no admite el fatalismo de las excusas compradas en el ‘todo a cien’ y al que le pone, por encima de todo, el dulce sabor de la victoria (nunca ha ganado como jugador en el Bernabéu), más dulce aún si es en campo del enemigo, ese que siempre le ha mirado por encima del hombro, que le ha tratado con soberbia, que le amargaba las noches postpartido o que te daba un catalejo para ver la distancia entre los dos equipos en la clasificación. Con Simeone, no hay mucho espacio para el fútbol lindo, pero sí para la brega, la pelea por el balón como si te fuese la vida en ello y las ganas de ganar. Luego sale o no sale, que la pelotita es muy caprichosa, pero se lo deja todo en el campo. A veces, con eso, es suficiente. Otras, ya saben, a apelar a la fatalidad. La especialidad de la casa.

Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando

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