img
Estaban hasta las cejas
img
Francisco Apaolaza | 31-10-2014 | 17:43

La primera vez que vi a José Tomás torear, barrunté que entraba en un mundo distinto, descomunal y al tiempo terrible del que no saldría jamás y que me haría bien y mal. Acerté. También intuí que aquella mujer no sería la última, que por la acera izquierda de la Cuesta de Santo Domingo subía un toro con la cabeza adornada de cuerpos, que la última copa me caería como un tiro y que el pájaro con ojos de espanto que se posó en el alféizar y aleteó contra el cristal de la ventana traía la muerte en las alas. Y acerté.

Un giro del aire en un vórtice calmado, el vacío o el repeluzno pasajero detrás del cuello definieron impresiones que después confirmó la realidad. Albert Einstein dijo que lo único verdaderamente valioso era la intuición y en un momento u otro, todo puede parecer una buena idea. Escribió el historiador británico John Rigby Hale que en el mar y en el amor es mejor seguir una corazonada que una biblioteca. Con sus límites: un tipo que conocí se casó con una ‘stripper’ en Las Vegas a las 3:40 de la madrugada. Estaba borracho, sí, pero también convencido. Tardó años en poder divorciarse y gastó una fortuna en abogados. Él les dirá que conviene no echarse sin pensar en brazos de las emociones, ni de las rubias y, en rigor, tiene razón: ambas han dejado montañas de cadáveres en la historia del hombre.

Quizás exista un séptimo sentido para embridar al sexto. Creo que hay gente que tiene dieciséis o diecisiete sentidos. En ocasiones, el pueblo, que no es tonto, adivina en masa. Cuando tomamos conciencia de los primeros grandes casos de corrupción en esta última avalancha de Gúrteles, Eres y Púnicas, antes de que pasara por el calabozo del Tribunal de Cuentas hasta el de la música y que los partidos trasladaran su sede a la Audiencia Nacional, cuando notamos bajo las suelas de los zapatos ese primer polvillo corrupto que ahora es barro que llena las bocas, mi primera impresión, la nuestra, fue que la droga del poder que atornillaba los culos de miles de tipos a escaños y sillones de alcaldes estaba sobrevalorada. Pensamos que en realidad se lo estaban llevando crudo. Que estaban todos hasta las cejas. Todos. Y acertamos.

Publicado en Sur de Málaga el 30/10/2014

Sobre el autor Francisco Apaolaza
Nací en 1977 en San Sebastián. También me llaman Chapu. Soy observador profesional por cuenta ajena en las páginas de los periódicos de Vocento. Como García Márquez, ascendí con esfuerzo por las diferentes áreas de un periódico hasta llegar a lo que soy: reportero raso. Antes, jefe de Área de Cultura y Sociedad en ‘La Voz de Cádiz’, hoy parte del equipo de la sección V de reportajes. Aquí, columnista. @chapuapaolaza

Categorías