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La moralita multiusos
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Francisco Apaolaza | 05-09-2014 | 10:36

La curiosidad es una mano resbaladiza que nos llevó a descubrir América, la ley de la gravedad o lo rico que saben los percebes, unos bichos que son a priori la definición de la repelencia. Ahora ese deseo de navegar por lo desconocido que llevó a los balleneros a Nantucket y a los fenicios hasta Cádiz tiene para el humano tareas más mundanas. Mirar por el ojo de la cerradura de cerebros ajenos en eso que se llaman redes sociales. Y visto esto, estaban muy guapos callados. Si se da una vuelta por las redes le toca lidiar con un número infinitos de esas gentes que según decía mi padre -era dandi hasta en el insulto-, lo tenían todo para llegar a ministro, porque eran «tontos y ‘pesaos’». A estos nadie les hizo caso hasta encontraron las redes, donde como se dice en Cádiz, siempre hay una mierda para un tiesto, así que tipos realmente obtusos encuentran su pequeña o gran clá que aplaude, por ejemplo, sus chistes sobre el ‘curita’, un tipo que en ese momento se está muriendo de ébola por no dejar a sus enfermos colgados en el culo de un mundo del que esa gentona tuitera no sabe ni dónde está, ni a qué huele, pero del que tienen que decir algo, a poder ser en hora punta.

La vida les cogió en jueves colgando ‘selfies’, diciendo lo que está mal y lo que está bien, pensando bromillas forzadas de ‘trending topic’ que dichas a la cara se llevarían una ‘guantá’, construyendo su murito de ego hecho de adobe que elevan a base de tirar el de los demás. Twitter es para ellos lo que la madrugada para un adolescente que se ha pasado con el licor de melocotón: siempre termina metiendo la pata. Y son omniopinantes, pues les sirve para decir bobadas el ébola, los bombardeos en Gaza, o el yijadismo en Siria lo mismo que el culo de Elsa Pataki. Tampoco dudan. Nunca se plantean si no se estarán tomando a la ligera la extrema complejidad del mundo porque siempre lo tienen claro. Toda selva es poca para ellos y su moralita multiuso.

 

Publicado el 23 de agosto de 2014.

Sobre el autor Francisco Apaolaza
Nací en 1977 en San Sebastián. También me llaman Chapu. Soy observador profesional por cuenta ajena en las páginas de los periódicos de Vocento. Como García Márquez, ascendí con esfuerzo por las diferentes áreas de un periódico hasta llegar a lo que soy: reportero raso. Antes, jefe de Área de Cultura y Sociedad en ‘La Voz de Cádiz’, hoy parte del equipo de la sección V de reportajes. Aquí, columnista. @chapuapaolaza

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