img
Los duendes de la Matute
img
Francisco Apaolaza | 04-07-2014 | 07:16

“No tengo nada que decir. Solo soy una vieja arrugada que ya no vale para nada», le dijo cuatro o cinco veces a este reportero cuando todavía estaba echando los dientes periodísticos y la perseguía para una entrevista. Los terrenos de Ana María Matute no eran los de la fama, si no los del vodka con naranja, los amigos y la charleta sencilla y ahí ella embistió a la muleta. Érase una vez un periodista que grababa las entrevistas y para cuando la cinta dio su vuelta, quedaban dos horas de conversación y quién sabe las rondas del camarero en una terracita de la sierra de Madrid. Resultó el escenario perfecto del alegato a lo invisible, de un alarido de todo lo que no se ve, de las terceras partes que no se cuentan, de las magias contra los que lo tienen todo claro, conjuradas en los hielos a los que no les dan tiempo a derretirse en el vaso.
Nos llevábamos más de medio siglo. Yo estaba perdido en la grandeza disimulada de su discurso y ella me subió en su regazo cálido hecho de no cosas que no habían ocurrido solo en apariencia. En esos parajes resultaba del todo lógico que los niños comunicaran apretando en códigos secretos con sus manitas los dedos de sus madres, que los muertos arrojaran libros desde las estanterías para saludar a sus viudas cuando se van a dormir, que en las rodajas de fruta de los combinados consiguiéramos superpoderes y que en los finales de los cuentos, cuando los niños ya han apagado la luz, las suegras devoraran a las princesas.
La anochecida le llegó partiendo realidades como los karatekas parten las maderas y abriendo las puertas de la imaginación como si fuera un inspector de Policía de la Ley Corcuera. Entonces, le dijo algo al oído del reportero, la pregunta de la entrevista que hizo ella: «¿Ya los ves?». «El qué». «Los duendes», respondió. Si no hubiera sido un bobo, le habría mandado unas flores con una nota y no tendría que esperar a esta columna que llega tarde para decirle que sí, que ya los veo, que quien no inventa no vive.

Publicado el 28 de junio de 2014.

Sobre el autor Francisco Apaolaza
Nací en 1977 en San Sebastián. También me llaman Chapu. Soy observador profesional por cuenta ajena en las páginas de los periódicos de Vocento. Como García Márquez, ascendí con esfuerzo por las diferentes áreas de un periódico hasta llegar a lo que soy: reportero raso. Antes, jefe de Área de Cultura y Sociedad en ‘La Voz de Cádiz’, hoy parte del equipo de la sección V de reportajes. Aquí, columnista. @chapuapaolaza

Categorías