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Rajoy no hace footing, su ritmo es otro

2013 August 19
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El escándalo Bárcenas marchita la flor de Rajoy mucho más rápido de lo que sus gurús se atrevieron a vaticinar. Una de las medidas que se atojan inevitables para intentar recuperar la iniciativa política es una doble crisis: en el Gobierno y en la dirección del PP. A la sombra de esta evidencia, el runrún quinielas sobre sustitutos y sustituidos comienza a vagar por las mermadas redacciones de los medios de comunicación en este nada tedioso agosto.

“Si quieres que algo no se sepa, ni lo pienses”. La frase es de Mariano Rajoy, que suele repetirla en esas raras ocasiones en las que conversa en tono distendido con los periodistas que habitualmente le acompañan por el mundo. Todo un manual de intenciones que deja en evidencia las predicciones sobre cualquiera de sus movimientos: de entrada, no los comparte con nadie. Llegado el momento, lo transmite a su círculo de confianza en el que, pese a toda la tormenta judicial, siguen reinando Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal.

Rajoy, además, predicó a los cuatro vientos que sería un presidente previsible. Una letanía que quedó herida con sus incumplimientos electorales, en especial en el área impositiva. Si partimos de la base de que al líder del PP no le gustan ni los saltos al vacío ni las sobreactuaciones, todo hace indicar que sus cambios en el Gobierno e, incluso en el partido, gravitarán en torno a las elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarán el año próximo.

Hace cinco años, Rajoy anunció la candidatura europea el 6 de enero. Repetir plazos, con los chuzos de punta que han caído, caen y caerán en los próximos meses sobre los endebles tejados de Génova y Moncloa, puede tornarse en una eternidad con inciertas consecuencias electorales. Otra fecha a subrayar en rojo será la de la Convención Nacional, que el PP tenía previsto celebrar en octubre. Un cónclave que aún está por cerrarse, tal evz oprque el PSOE tampoco acaba de anclar el suyo.

Si Rajoy se mantiene fiel a sí mismo, los cambios serán mínimos. Si hace caso a las encuestas y riega con savia nueva algunos ministerios quemados como Educación, Sanidad, Defensa, Asuntos Exteriores o Hacienda, o simplemente si acaba con el muro de acero que ahora separa al Gobierno del PP, el presidente tendrá que iniciar una revolución interna de gran calado. Quién sabe, tal vez esta vez denosté la marcha nórdica y se convierta en un velocista.  

Hay nombres que pitan más que otros. A Miguel Arias Cañete, el ministro mejor más valorado dentro del suspenso general de este Gobierno, ya le han colocado como candidato a tres presuntos destinos: Vicepresidente del Ejecutivo, para evitar la sobreexposición de Soraya Sáenz de Santamaría al desgaste semanal de las ruedas de prensa posterior al Consejo de Ministros; como Comisario Europeo, un puesto al que aspira desde hace años e, incluso, como candidato a la presidencia del PP a la Junta de Andalucía, un terreno cenagoso que no quiere pisar bajo ningún concepto.

En boca de muchos, pero por motivos muy distintos, está Javier Arenas, último baluarte -junto a Mariano Rajoy-  de la vieja guarda del PP. Muchos le dan por amortizado a raíz del caso Bárcenas, pero su caía de la cúpula del partido puede tener lecturas inquietantes. Hasta hora, el armazón de la tesis de Rajoy (y del PP) es que el partido no ha cometido ninguna irregularidad y que tanto las cuentas en suiza como los apuntes opacos en la contabilidad del partido son responsabilidad únicamente del extesorero. Pero su echan a Arenas, la interpretación será otra bien distinta.

Una tercera vía, nada disparatada a tenor de los antecedentes, será la de remodelar la dirección nacional del PP por adición, es decir, sumando nombres que en el día a día asuman el verdadero poder interno.