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Apenas perturba
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Guillermo Balbona | 05-06-2014 | 08:26| 0

Dos madres perfectas

Francia/Australia. 2014. 111 m.  Director: Anne Fontaine. Intérpretes: Naomi Watts, Robin Wright, Xavier Samuel, James Frecheville, Ben Mendelsohn, Sophie Lowe, Jessica Tovey y Gary Sweet.

Hedonismo, contemplación y pasiones. Amor, amistad y placer. Madres e hijos entrecruzan deseos y enamoramiento en este retablo con pátina de postal y resort de lujo.  Todo es mediterráneo y apetecible pero la colisión y el conflicto no cuajan en verdadero drama. Todo es dualidad en ‘Dos madres perfectas’: las madres y sus respectivos hijos, las relaciones cruzadas, lo adulto y lo adolescente, pero también lo son las interpretaciones. Y ahí el filme se desmaya hasta sacar los colores.

Mientras Robin Wright y Naomi Watts ponen consistencia y serenidad, sus jóvenes oponentes/contrarios no permiten dar credibilidad  al duelo coral. La cineasta francesa Anne Fontaine no consigue aportar solidez ni transmitir fascinación, con lo que el filme se mueve entre la decepción y el ridículo, entre el desencanto y el desequilibrio.

El drama no lubrica y nada adquiere hondura ni persistencia. Solo en escasos momentos la lucidez visual eleva el pulso existencial, sensual y sexual de unas criaturas que se mueven entre la seducción y la redención. Los saltos en el tiempo tampoco ayudan. Aunque posee un valor nada desdeñable: no es un filme moral. No juzga pero precisamente por ello se echa de menos una mayor profundidad en el retrato de la decadencia de unos personajes y los respectivos cadáveres en el armario de esas vidas.

Sombras y represiones, perversiones y miedos, sí, pero con una tendencia a pasearse por la epidermis. Con el soporte literario de fondo de los relatos de Doris Lessing, demasiado lejano en pantalla, el filme impone un cierto realismo deslizante mientras las emociones y la disección sentimental pasan de largo. La complejidad se transmite mejor en algunos planos silenciosos de miradas que en la estructura endeble de lo dramático. Hay más desfile que trastienda. La directora de ‘Limpieza en seco’ y ‘Coco’ opta por pasar de puntillas en un escenario perturbador y convulso.

Y su sordo ruido no daña ni la moqueta. Nada inquieta las pasiones. El desorden emocional resulta demasiado ordenado. El temor a equivocarse y las heridas del amor dañado subyacen y fluyen bajo esa ecuación de sol, playa y paisaje idílico. Lo más humano lo ponen las actrices, al cabo la fugacidad de dos mujeres sumergidas en el fatalismo que se niegan a ser mayores. La belleza tiene estas cosas. En este caso el cine solo las enuncia.

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Marmota bélica
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Guillermo Balbona | 03-06-2014 | 11:16| 0

Al filo del mañana

Estados Unidos. 2014. 113 m.  Director: Doug Liman. Intérpretes: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver, Jonas Armstrong.

Auí la marmota es alienígena y bélica. Un Tom Cruise atrapado en su futuro, en un bucle temporal de armas sofisticadas, batallas futuristas y misiones suicidas. Adaptación del manga de Hiroshi Sakurazaka el filme, precisamente por la reiteración, es algo cansino aunque el montaje aplica con eficacia la insistente reiteración de los pasajes clave de la historia. El cineasta Doug Liman, director de ‘El caso Bourner’ y ‘Señor y Señora Smith’, demuestra su facilidad para las situaciones extremas y exprimir los pasajes al límite. Sin embargo el filme padece varios derrames argumentales, algunas zonas cero y un agujero negro que lastra la mezcla de géneros: la ausencia de química entre la guerrera Emily Blunt y la megaestrella Cruise. Liman se engancha a una ciencia ficción turbo mix con notas de humor negro, homenajes y la idea de ‘Atrapado en el tiempo’ de Harold Ramis envuelta en golpes de intrascendencia ligera y entusiasta. Todo es lúdico y, a veces, frenético pero no acaba de superar el ecosistema de videojuego. Como, ya se ha dicho, no funciona el roce en la pareja protagonista y la vista se desvía hacia cierto sentido de la autoparodia que sanea los territorios más insípidos de la historia. A través de un tono impulsivo, más que pasional, y con una entregada interpretación del protagonista de ‘Nacido el 4 de julio’,  el Día de la marmota es aquí una especie de machacón desembarco bélico entre soldados suicidas, patrullas tontorronas y heroínas muy físicas. Si en el clásico de Ramis el objeto era enamorar a una mujer, en esta se trata de salvar al mundo, ambas hazañas de idéntica dificultad y complejidad. Pero aquella, sin descuidar nunca la comedia, destacaba por mantener una trascendente ilusión seductora. Por el contrario ‘Al filo del mañana’ opta por una ironía no siempre reflejada con lucidez aunque Cruise sí deja rastros eficaces en su vuelta de tuerca a los papeles de héroe y salvador que han sembrado su última trayectoria.  A la apuesta le falta soltura, desprenderse algo de la idea original y mostrar una mirada menos confusa. Hay entretenimiento y frivolidad. Y se echa de menos un tiro de gracia sorpresivo que eluda la sensación de agotamiento. El cine hace tiempo que es puro eterno retorno. Esta broma lo ilustra.

Trailer de la película

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Dispersión coral, justa ilustración
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Guillermo Balbona | 28-05-2014 | 08:31| 0

A 20 pasos de la fama 

2013 91 min. EEUU. Documental Dirección y guion: Morgan Neville. Reparto: Darlene Love, Merry Clayton, Lisa Fischer, Judith Hill, Mabel John, Claudia Lennear, Mick Jagger, Bette Midler, Sting....Filmoteca. Sala Bonifaz. Desde el 27 de mayo.

Las voces trabajadoras, no las de las estrellas, constituyen la columna vertebral de esta reserva musical. Un documento interesante en su concepción donde la atractiva música ahoga la dispersión y la superficialidad de la apuesta. La disección de esas voces vocacionales y entregadas, que no acaban de traspasar la frontera hacia el cielo, se queda en un mero homenaje a quienes quedan en un segundo plano frente a los famosos. El filme, en la última semana de programación de la Filmoteca de Cantabria, recorre testimonios de Bruce Springsteen, Stevie Wonder o Mick Jagger frente a los cantantes y artistas ‘secundarios’  que se sitúan a la sombra. Pero el filme de Morgan Neville se muestra tímido, se pierde en el ritmo y la sintonía emocional aparente, en el tono, y apenas araña las vidas ajenas que se ocultan tras las luces y el resplandor del escenario. Su riqueza primordial es más visual que humana.

El rescate de archivos televisivos conjugado con entrevistas contemporáneas, el juego de luces y sombras y, por supuesto, un guión dominado por la música, los ritmos y temas a veces archifamosos que han marcado la música popular del siglo XX.  ‘A 20 pasos de la fama’ es un álbum de biografías desconocidas o truncadas, de voces escuchadas en fondos y acompañamientos pero pertenecientes a vidas ignoradas, invisibles o tapadas. Hay un cierto espíritu reivindicativo, un intento de reescritura.Ya saben, la búsqueda de esa historia no oficial sobre la música pop y rock, especialmente, y la trayectoria de cantantes, en su mayoría mujeres afroamericanas. Pese a la diversidad, lo cierto es que la ficción ha aportado más al acercamiento musical que algunos retratos documentales. ‘Bird’ de Clint Eastwood es un ejemplo de filme que se aparta de la superficialidad de los biopics y el mero uso del material de archivo manoseado.

El testimonio musical, el documento puro y duro, la crónica se alternan con los testimonios en esta oscarizada entrega. Todo es atractivo, refulgente, pero también blando, sin lograr sacar partido de ese lado oscuro en el que se mueven las auténticas protagonistas del filme. De Darlene Love, musa de Phil Spector, a Merry Clayton el trazado entre el talento y la invisibilidad tiene destellos muy bien resueltos y una combinación muy lúcida entre grabaciones, reflexiones y opiniones, aunque con poco poso. Protagonistas y secundarios comparten su pasión musical, pero queda en el aire una falta de concentración. Más ilustración sonora, coherente y equilibrada, que vibración emotiva.

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Con Chicote no habría guiso
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Guillermo Balbona | 28-05-2014 | 08:20| 0

Amor en su punto
España/Irlanda/Francia. 2013. 87 m. Director: Teresa de Pelegrí, Dominic Harari. Intérpretes: Richard Coyle, Leonor Watling, Ginés García Millán, Simon Delaney, Lorcan Cranitchs. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Se parece a uno de esos menús degustación que funden lo tradicional con lo deconstruido y cuyo atractivo solo reside en la presentación. Hay quien alimenta con amor y hay pasiones que engordan. Pero esta comedia irlandesa de crisis sentimental, sexo vegetariano y deseo poco carnal, todo vuelta y vuelta, busca su condimento sin éxito desde que exhibe sus ingredientes y nunca alcanza la identidad de su sabor. Con tanto tópico en el plato y en la cama, el guiso sentimental resulta muy poco apetitoso. Lo de la media naranja, aquí sazonado con algo de salsa rosa y una gotas de picante, carece de brío y la digestión emocional es insustancial. Su estructura de carta clásica, diseñada con pretensiones de nueva cocina nunca logra susperar las recetas al uso ni los quiebros donde cuecen los misteriosos mejunjes de la atracción y la repulsión. Leonor Watling es la única que consigue que el paladar cinematográfico note los bordes del cielo de la boca. A la actriz y cantante da igual lo que le pongas en el plato, incluido este sinsorgo aperitivo sobre chico conoce chica. Inmensa como casi siempre va por delante del resto del reparto y aporta el perejil y la textura para dejar un rastro humano y de verdad donde todo rezuma artificio. Cuando la actriz toma el mando, salta el aceite, vibra la freidora y la materia prima, endeble y de baja calidad, encuentra otro gusto y reinventa las situaciones. El resto o se quema antes de llegar a la mesa, o está tan pasado/pesado que pide llamar a las puertas de otro restaurante de género con guión menos masticado. Teresa de Pelegrí y Dominc Harari, autores de  una sosa aunque interesante opera prima, ‘Seres queridos’, buscan ese juego urbano, sentimentalmente a la moda de la cocina como metáfora vital y referente mediático, y añaden una disección de los compromisos de una pareja, incluido un postre que se concibe amargo y que sale dulzón y previsible. Hay un subgénero desde hace casi diez años que mezcla cocina y cine entre fogones y, salvo raras excepciones, apela al cucharón sensible y al menú manido y recalentado. Gastronomía y diferencia cultural constituyen el delantal. La corrección y la puesta en escena sin excesos evita el desastre, pero el gourmet apenas tiene sitio en este banquete tan estudiado como poco dado a la sorpresa. Conscientes de que no habrá festín, ajeno a aquel ‘Bon apetit’ de Pinillos, el filme se deja lo esencial y nutritivo en el mantel como migas de una celebración ausente.

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¡Qué merendilla!
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Guillermo Balbona | 19-05-2014 | 17:06| 0

Godzilla 3D

EE UU 2014. 123 m. Director: Gareth Edwards.Intérpretes: Aaron Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen, Juliette Binoche, David Strathairn, Bryan Cranston, Sally Hawkins. Salas :Cinesa y Peñacastillo.

El monstruo eres tú, parece decirle poéticamente la criatura mitológica a la central nuclear con ojos poco cariñosos. Entre guiños a Hiroshima y mutaciones radioactivas, también cinematográficas, la temporada cuando ya desfallecen los apellidos vascos acoge el regreso recurrente del espanto. Entre el blockbuster y la pedagogía militarista, ‘Godzilla’ es un icónico y poco asustadizo bocado de fauces de engendros saurios, que mastican su viagra radiactiva y ya no se detienen en su afán de apareamiento devastador. Esta nueva versión, o quizás simple salida de armario, del monstruo y sus acompañantes es una mera distracción que avanza a velocidad de tópicos y sólo cuida su desfile destructor, de Honolulú a Las Vegas pasando por San Francisco. Mezcla algo más perversa de’ King-Kong’ y guerra de los mundos, el filme desprecia los dos únicos mensajes que podían darle consistencia propia: el debate eterno sobre el progreso, la nueva tecnología y sus usos y límites, y la lucha del individuo frente al sistema. Pero ‘Godzilla’, con gafas o sin ellas, es carne de parque temático y escaparate apocalíptico para recrear en una sucesión de secuencias, la solapada amenaza de tsunamis, edificios destruidos en cadena y miedos atávicos.  Pero ni siquiera en ese festival de pesadilla y muertes masivas la dirección de Gareth Edwards sabe extraer los jugos gástricos del pánico. Se alterna así alguna situación un tanto ridícula con recreaciones fabulosas –caso de las escenas de explosiones en el aeropuerto o las que discurren en el Golden Gate, el puente más cinematográfico del mundo. El filme prima la eclosión, el impacto, la onda expansiva sobre la amenaza, la sutil presencia del monstruo y el muy discutible uso de las situaciones límite, caso de la desaprovechada secuencia en el tren de Hawai. La desmesura radica en arrasar la civilización pero del drama humano apenas hay noticia. Con unos intérpretes mediocres y una psicología de manual, la catarsis así es la merendilla de rascacielos y píldoras radiactivas de Godzilla y su amigos de cuadrilla telúrica. De la explosión al rugido hay dos horas de efectos y muy poco temblor humano. De la pretendida vuelta de tuerca a ese subgénero que es el kaiju-eiga apenas hallamos algún destello en esa recta final tras un metraje cansino donde la épica es digital, la grandeza es ruido y el espectáculo es un despliegue de soldaditos tontorrones a lo 11-S pero con dinosaurios en lugar de aviones. El cineasta de ‘Monsters’ cede talento para priorizar la demolición y dejar en un plano secundario la evolución. Algunos contra más presupuesto manejan, el bicho que llevan dentro se les hace grande y el cerebro pequeñito. Entre salvas y fuegos artificiales y algún fugaz tenue rastro de melancolía disfruten de la merienda estruendosa y aplacen lo monstruoso para miedos más cotidianos. Una historia con más ruido que enigma que busca la gloria entre Fukushima y Cuarto milenio.

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Bucle nostágico
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:34| 0

La vida inesperada

España. 2013. 105 m. (7). Comedia-drama. Director: Jorge Torregrossa. Con Javier Cámara, Raúl Arévalo, Carmen Ruiz, Tammy Blanchard. Peñacastillo

Con toneladas de nostalgia y algún kilo de melancolía construye el dúo Torregrossa /Lindo este álbum de desencanto y transfusión vital. Nueva York es el icono urbano, pero sobre todo un/el lugar en el mundo, aunque el corazón y sus latidos es la verdadera rapsodia in blue, a veces in ‘bluf’, de esta comedia emocional que pese a apelar a tanta intensidad solo encuentra textura y sensibilidad en el trabajo de sus actores. Ningún inquilino más inestable que el amor y nada más extranjero que el desamor. Entre ambas ecuaciones y coordenadas, trópicos y tópicos de cáncer y capricornio , se mueven y oscilan las criaturas entrañables pero también ex/estereotipadas de este filme algo afectado, que se deja ver y también pasar, pero que casi nunca logra instalarse en ese territorio de complicidad que reclama. ‘La vida inesperada’ exhibe el músculo de la escritura de Elvira Lindo, en ocasiones con demasiado descaro literario, y también muestra su textura de ligereza trascendente o, mejor dicho, de sentenciosa banalidad. El bucle nostálgico que propone el cineasta de ‘Fin’ tiene sus chirridos. Nunca hay ruido afortunadamente (como sucede en la mayor parte de comedias corales), ni estridencias superficiales, pero a ‘La vida inesperada’ le vence esa casi constante distorsión entre su voz literaria y su puesta en escena. Posee un encanto intrínseco: desde la fotografía de Kiko de la Rica, a modo de afecto más que de efecto, al juego entre lo reconocible y el escapismo, pero a esta historia sobre aceptaciones y rupturas le falta tacto y le sobra piel. Y, sin embargo, qué fácil desde una visión puramente narrativa es contar una historia cuando Javier Cámara, Carmen Ruiz y Raúl Arévalo (secundados por un fugaz rastro coral bien encajado en el cual aparece el cántabro Luis Carlos de la Lombana) forman parte de tus materiales humanos.

Los personajes dudan, vacilan, muestran sus indecisiones y miedos. Hay homenajes a Woody Allen y una huella de ese cine inmensamente cercano, sobre todo en lo que a actores se refiere, que firmara Fernando Fernán Gómez. Y, sin embargo, este relato que siempre acaba por dar un regate previsible para dulcificar la amargura no logra calar en hondura y veracidad. Quién sabe. Podría haber sido un musical latino para dar la vuelta al calcetín del sueño americano. O una comedia muy cinéfila con cierta atmósfera indie. El cuento de desesperanzas y supervivencia se revela insuficiente para convertir lo accidental en un fugaz pero perdurable temblor sobre las segundas oportunidades y las indecisas decisiones que trazan la vida, la propia y la ajena. Una de perdedores ‘españoles en el mundo’ con toque de gente corriente y marca soledad en la camiseta de barrio. Más necesaria que lograda.

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Padre Cantinflas con niña
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:30| 0

No se aceptan  devoluciones  

México. 2013. 115 m. (TP). Comedia. Director: Eugenio Derbez. Intérpretes: Eugenio Derbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont. Sala Cinesa.

Recorre todos los tramos más vomitivos de una impostada comedia familiar: falsa, superficial, amparada en una moralidad fundamentada en la apariencia, y vulgar, zafia y con muchas prótesis emocionales. La película apela al cariño pero no merece ni una caricia. ‘No se aceptan devoluciones’, convertida en un fenómeno taquillero mexicano tan interiorizado en su bandera como la ranchera, el picante y el terremoto, ha logrado ya la etiqueta de cinta latina más taquillera de Estados Unidos. Que todo posea un aire a lo Cantinflas rebautizado, con maquillaje de comedia familiar made in Hollywood, no es bueno ni malo en su esencia pero el filme se regodea en su manida propuesta, se justifica emocionalmente en sus referentes y ejercita el músculo de la superficialidad con sus coartadas más facilonas y su humor de posado. El humorista, actor y ahora director Eugenio Derbez, deja que el argumento del ligón y seductor hipotecado repentinamente por la aparición de un bebé a su cargo, discurra entre lo familiar con todas sus trampas, el trampantojo de un cierto humor crítico muy facilón y el intercambio de cromos repes tuneados como originales. El filme, de metraje tan estirado como exprimido y manipulado, es uno de esos juguetes donde parecen haberse divertido más sus creadores que sus destinatarios potenciales. Con libro de instrucciones ya sabido y todo el catálogo de sentimentalismo y guiños cómplices expuesto hasta el sensacionalismo más rancio, no cabe más medida visual que la que uno como espectador pueda aceptar, antes de las devoluciones, ante el trabajo de la pareja protagonista: Derbez y la niña Loreto Peralta. El universo  de la paternidad, de ‘Kramer contra Kramer’ a la maravillosa ‘Luna de papel’, es un vínculo adherido a la piel del cine pero solo enunciado en este viaje a Los Ángeles que revela toda su obscena simpleza. Lecciones sobre los golpes de la vida, entre un Disney cantinflero y un Benigni de guacamole, el filme se convierte en sí mismo en un cameo, apela a chistes y guiños de comedia televisiva. El ácido despunte inicial, el descaro de su punto de partida, los simulados giros a lo comedia gamberra, y la diversión ocasional, no son sino salsas picantes para decorar y acomodar lo que será un petardo amarillista de emociones prefabricadas que instalan el relato en una boba y simplista sucesión de tópicos. Más cursi y amanerada que naturalista, su salto lacrimógeno al vacío es tan solo esa caja de bombones que en lugar de sabor incluye como envoltorio un simpático manual de autoayuda. Todo por la taquilla.

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Una mirada fundacional
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:28| 0

Te querré siempre (Viaggio in Italia) 

1954 Director: Roberto Rossellini  Italia-Francia. Reparto: Ingrid Bergman,  George Sanders, Maria Mauban, Paul Muller, Anna Proclemer, Leslie Daniels. Sala Bonifaz. Fimoteca de Cantabria. Cine Club. A las 17 horas.

En su mirada límpida pero extraña reside su seducción casi hipnótica. Es un Rossellini que parece un Bergman despojado del sentimiento trágico. Su magia consiste en declararse casi documental, algo intrínseco a la materia y la sustancia creativa del genio italiano y, sin embargo, el filme simula desdecirse, traicionarse para buscar disonancias visuales, rupturas, un alejamiento libertario de cualquier encasillamiento y etiquetado. ‘Viaggio in Italia’ (Te querré siempre) es un paseo existencial, una mirada sostenida que recorre las entrañas del paso del tiempo vertebrado por el errático pasaje/paisaje emocional de un matrimonio. Quizás trasunto psicológico de la relación apasionada que vivieron el cineasta italiano y la actriz Ingrid Bergman, el filme contiene una atmósfera especial, de contrastes y colisiones en ese viaje también interior de un matrimonio inglés para vender una villa que ha heredado cerca de Nápoles. Disección y radiografía sentimental, ni fue una ruptura con el neorrealismo que armó el maestro ni un canto por la ficción más desgarrada. Como ya sucediera con ‘Alemania año cero’ –aquí desde otro extremo– Rossellini parece buscar una mirada fundacional del cine. En su apariencia, todo resulta racional, pero tras los contrastes culturales y sociales desde esa primera ventanilla/ventana de la pareja protagonista en su automóvil, subyace un enigma, un misterioso recorrido que habita en los pasajes y vicisitudes de estas criaturas. ¿Por qué amar, por qué la necesidad de amar?, parece preguntarse Rossellini, si el tiempo es perecedero, si muta las conductas y los gestos, si estamos hipotecados. ‘Viaggio in Italia’ es un documento de experiencia que busca situarse en los márgenes de la pureza y la inocencia. Miramos y no sabemos nada. Aprendemos pero el mundo desmiente nuestra naturaleza. El filme es un fragmento de vida por el que discurren instantes, contemplación y observación, pero las pérdidas van mostrando las capas solapadas de una insensible rendición. Todo es fugaz, banal quizás, insustancial, aunque profundamente complejo. Rossellini mira el entorno desde la madurez y la hondura de un humanismo a través un riguroso periplo visual. La Filmoteca incluye un excelente texto, como todos los suyos, de José Luis Guarner en el que subrayaba: «bastará decir que si Paisà instaura en el cine una nueva forma de realismo, Viaggio in Italia ‘sólo’ siete añsos después impone otra que, por su exigencia ética y estética, anuncia el camino más importante quizás del cine moderno. (…) Todavía hoy aparece como una película de vanguardia».

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Exorcizar el cine
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:18| 0

El heredero del diablo

Estados Unidos. 2014. 89 min. Terror. Directores: Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Intérpretes: Zach Gilford, Allison Miller, Robert Belushi, Kurt Krause. Salas: Peñacastillo

Sin semilla no hay diablo. y aquí el anticristo se anuncia mucho pero no llega ni sobre ruedas ni con demora abisal ni recado celestial. Pretender hacer una película – más bien fabricar en este caso– sin aportar una brizna de originalidad es tan absurdo como fatuo y comercialmente pretencioso. ‘El heredero del diablo’ ni siquiera busca la vuelta de tuerca efectista al manido planteamiento de la concepción del mal, al subgénero del malditismo y a la multirecreada llegada del apocalipsis.  Aquí tras este embarazo sorprendente tras una luna del miel olvidadiza, una trama fundacional y un ejercicio gimnástico y desgastado de cámara en mano, el terror viene de la indiferencia, vacío y caligrafía plana que envuelve a la historia de esta pareja con hijo indeseable dentro. Para afrontar el parto literal del filme, como engendro y como creación, es un decir, se necesita una dirección compartida, la de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, empeñados en que todo resulte desangelado. Ni con fórceps la criatura cinematográfica puede llegar a emitir un gemido. Su atmósfera pesada, carente de ideas, convierte lo inesperado y extraordinario, pilares sobrenaturales de todo relato instalado en lo fantástico, en un catálogo de previsible vulgaridad visual. El diablo no se hace visible ni en el susto, tradicional recurso para marcar el terreno acotado del mal y sus sombras. Es tan inocuo su sentido del miedo que el verdadero pánico no aflora de la pantalla sino de la distracción: uno se pone a pensar en gestores austericidas y  gobiernos del recortable y te entra  un temblor absoluto. Visualmente hay vídeos virales en la red de redes sociales y antisociales que dejan a este juguete diabólico en el libreto provisional de su falaz nadería. El denominado docu-terror, término solo apto para totémicos tomos enciclopédicos de cinefilia, es aquí una mera fachada esteticista para practicar el ritual de género y el aire de modernidad que huele a naftalina. Una fórmula tan agotada como el propio aliento del filme. Una maternidad paranormal con marido cabezón y ginecólogo díscolo que no pasaría el examen de oposición de enfermería. Si la función, o disfunción, llega a dar pataditas para que las sienta el espectador se debe a la pareja de protagonistas que hace serios esfuerzos por dar credibilidad a la representación de Lucifer. Una invocación de manual para exorcizar el cine un poco, muy poco, con este plato maligno con ajitos de vieja cocina.

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Hijos de Byron
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Guillermo Balbona | 28-04-2014 | 08:28| 0

Remando al viento
1988 96 min. España Director y guión: Gonzalo Suárez. Reparto: Hugh Grant, Lizzy McInnerny, Valentine Pelka, Elizabeth Hurley, José Luis Gómez, Virginia Mataix, Bibí Andersen. Náutica. Filmoteca Universitaria. A las 20 horas. Jueves 29

Byron, el poeta romántico por excelencia, le dice a Clara: «En el fondo del lago hay líquenes viscosos, pero si miras a la superficie solo ves tu propia mirada». Ese espejo entre lo diáfano y lo sombrío, lo superficial y lo profundo, es una de las esencias que late en un filme hermoso, que supuso un salto cualitativo en el engarce con el público para la carrera de Gonzalo Suárez. La Filmoteca Universitaria, ya en sus últimas citas del curso, revisa esta obra de reparto internacional con intérpretes españoles de hondo perfil teatral, caso de José Luis Gómez y  Josep María Pou. El cineasta asturiano recrea el encuentro nocturno, con toda su mitología y seducción, de Shelley, Mary, Clara, Polidori y el autor de Childe Harold en su mansión suiza, que alumbrara en noviembre de 1816 la creación literaria de Frankenstein. Gonzalo Suárez apuesta por el elogio de la imaginación, reconstruye la línea difusa e inasible entre ficción y realidad, y, sobre todo, logra con energía que lo exquisito, la estética y la atmósfera conformen un paisaje especial. Un cine con personalidad, quizás algo relamido, que se atreve con una producción plenamente europea y con un sentido artístico rotundo. Con el moderno Prometeo de fondo, ‘Remando al viento’ propone una travesía existencial, una vuelta de tuerca a lo trágico, y solo un cierto prurito de esteticismo y pretenciosidad evitan que el vuelo sea más alto y prolongado. El filme a veces parece estar demasiado perplejo, enredado en la grandeza de lo que cuenta y en la seguridad de su elegancia y olvida exprimir el jugo gástrico de unas personalidades y de unas situaciones que propiciaban una marejada de emociones e inquietudes. Late y vive la literatura en su seno y la corriente subterránea de lo romántico permite que la navegación sea más llevadera. Quizás sea esta la ocasión en que mejor confluyeron y se conjugaron la querencia del Suárez escritor y cronista con el creador de imágenes. Lo sensible adopta formas muy diversas entre las sombras de un mundo que se derrumba: palabras, juegos y amores cruzan de una orilla a otra con extraña fluidez. Quizás falta arrebato, cierto sentido de la locura. Además el filme se vio perjudicado por la cercanía en el tiempo y la coincidencia en el retrato de ‘Gothic’ de Ken Russell, desmesurada e histérica propuesta como casi todas las suyas. No obstante, el espíritu romántico, la complejidad de las pasiones discurren entre los fotogramas. «El objeto de nuestra existencia está en la sensación». dijo Lord Byron. Y la escritura del filme de Suárez no lo desdice y lo abraza cómplice.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.