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El club de la farsa tontorrona
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Guillermo Balbona | 19-06-2014 | 08:37| 0

No hay dos sin tres
EE UU. 2014. 109 m. (12). Comedia. Director: Nick Cassavetes. Intérpretes: Cameron Diaz, Leslie Mann, Kate Upton, Nikolaj Coster-Waldau, Don Johnson.
Tras enterarse de que su novio está casado, Carly Whitten descubre además que tiene mucho en común con su esposa. Y cuando se enteran de que tiene otra amante más, las tres se alían para vengarse de él. Cinesa y Peñacastillo.

Huérfana de una dirección que hubiese exprimido toda la mala baba que subyace a este encuentro azaroso y coral en femenino plural, ‘No hay dos sin tres’ camina hacia la deriva histérica desde que se plantea el conflicto. Es una lástima que actrices como Leslie Mann, con toda su potencia para medir los tiempos, no luzcan más por culpa de un guión estancado y de un director, Nick Casavettes, que convierte un enredo en una mezcla algo monótona y gritona de terapia de grupo, psicodrama y opereta con mucha verborrea y gestualidad desbordante, a veces incluso molesta. Apoyado en una banda sonora que mezcla algunos temas clásicos con los oportunos estándares comerciales, el cineasta de ‘El diario de Noa’ y ‘John Q’  echa mano de la estética de catálogo de decoración. Un glamour impostado envuelve a unos personajes estereotipados en la fórmula ‘cómo eliminar a…’.

Pero Casavettes, ajeno al género y alejado de su interesante debut, se muestra poco dotado para imprimir ritmo y sutileza a la comicidad innata de algunas de sus actrices y a la venganza de este trío de amantes despechadas. A lo previsible se suma una afectación casi permanente de modo que se unen la sosería, la situación bobalicona y un paródico tono equivocado diluido todo en una masa insulsa, con atmósfera descuidada, entre lo convencional y lo previsible. Incluso la película está contada como si varios episodios de una sitcom hubiesen sido pegados de modo artificial. Todo es liviano y eso no sería molesto si no fuera porque nadie se ocupa de disfrazar tal cúmulo de naderías.

Las sonrisas afloran en alguna situación ocasional pero no fluyen porque el filme sustituye la acidez y la malicia intrínsecas al juego de seducción que sostiene la trama, por un azucarado avispero que mete mucho ruido y enreda, pero no pica ni envuelve. El club de esposas, novias y amantes jubilosamente unidas en la redención, la amistad y el golpe bajo, se convierte en una travesura y rabieta con escaso ingenio y menos originalidad. El desinterés narrativo equivale al desfallecimiento que va desprendiéndose de la comedia a medida que su engranaje se atora en chistes fáciles, anécdotas y banalidades.
El director de ‘La decisión de Anne’ opta por lo políticamente correcto y el lugar común. El gamberrismo bien entendido y la provocación, a lo Apatow, brilla por su ausencia. Farsa tontorrona, incluyendo algún burdo rizo escatológico made in Farrely, y muy poco natural pese a la necesidad primaria a la que apela. Al final la guerra de sexos parece aquí un chiste de campamento scout.

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Las apariencias casi siempre engañan
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Guillermo Balbona | 16-06-2014 | 07:27| 0

Las dos caras de enero
EE UU/RU/Fra. 2014. 96 m. (12). Drama. Director: Hossein Amini. Intérpretes: Viggo Mortensen, Kirsten Dunst, Oscar Isaac. Salas:  Cinesa y Peñacastillo

Confesaba Patricia Highsmith que le interesa la moral, «a condición de que no haya sermones». Su historia de una atractiva pareja americana que se detiene en Atenas durante su viaje europeo, es una de esas resbaladizas, turbulentas, a veces morbosas historias que se deslizan lentamente por la superficie de las cosas. ‘Las dos caras de enero’ revela casi sin querer la condición humana a través de la epidermis de un trío de personajes que juegan a sobrevivir con delicadeza, moviéndose por el filo de la navaja de las apariencias, que casi siempre engañan.

Y nada mejor que el contraste de la luz mediterránea, el aplomo heleno de la civilización en ruinas para colisionar con lo oscuro interno, con el pasado inquietante y lo oculto que no debe asomar ni siquiera para mostrar la patita de la otra vida. Para ilustrar este paisaje moral y amoral, turbio y también extraño un guionista reconvertido en director pone orden a la sordidez y firma un thriller sólido, sin arriesgadas piruetas, pero equilibrado de tono y con mucha sabiduría y caudal cinéfilo a sus espaldas clásicas.

Exento de aspavientos, mezcla una cierta elegancia sutil y estilo. En ningún momento esta estación termini de sucio dinero, pasión convulsa y suspense de sudor frío –con toques de Mr. Ripley y Anthony Minghella (incluso uno de los productores es el hijo del realizador desaparecido)– se decanta por giros radicales, ni argumentales ni gestuales. ‘Las dos caras de enero’ brilla en su laxitud, se tiende con un naturalismo reposado, nunca impostado, y deja que sus criaturas, entre sombras, fotografías del pasado y cortinas rasgadas muestren sus heridas.

En su apariencia, que el filme también las tiene, la de la corrección, por ejemplo, es un catálogo de intriga pero subyace esa enfermiza y malsana melancolía de unos personajes que buscan o definitivamente se saben lejos de esas otras vidas deseadas. Melodrama con postal de los sesenta como escenario, el debut de Hossein Amini, guionista de la excelente ‘Drive’, refuerza su querencia por un cine de personajes y una sobria caligrafía. Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac, tras pasar por el filtro de los Coen, aportan una generosa entrega y contribuyen a que la historia sin manoseos innecesarios tenga un Hitchcock dentro e inocule recetas freudianas en un juego atractivo que nunca llega a deslumbrar del todo.

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Épica de la diferencia
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Guillermo Balbona | 10-06-2014 | 06:58| 0

X-Men: Días del futuro pasado 

Estados Unidos. 2014. 130 m.  Director: Bryan Singer. Intérpretes: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Ian McKellen, Patrick Stewart, Ellen Page.  Salas: Peñacastillo y Cinesa

Mutatis mutandi los mutantes encuentran otra vida en pantalla a través de una arriesgada pirueta entre el viaje en el tiempo, la  coherencia con el resto de la saga y la sofisticación. Lo cierto es que ‘X-Men: Días del futuro pasado’ roza la excelencia al combinar una narración sólida, un rizo que supera los temores de las forzadas prótesis de las franquicias y una elegancia visual extrema. Además cada personaje, dentro de esa orquestación coral de los personajes de la Marvel, tiene su protagonismo y su deslumbrante sello de identidad.

Cómic, emociones, ironía de fábula política con Vietnam, Nixon y JFK como fondo argumental y un sentido del fantástico que concede mayor personalidad a la apuesta, independizándola de la propia saga. Una secuela con sentido de la grandeza sin caer en ampulosos manierismos, jugando con el tiempo con verdadera elegancia.

Bryan Singer es un mago que lo mismo imprime sentido sinfónico a este reencuentro con atmósfera setentera que se permite jocosas vueltas de tuerca con Lobezno como personaje casi preferente. Aunque el espectador primerizo de la saga se sentirá un poco huérfano, la película utiliza con inteligencia el pasado, presente y futuro de sus criaturas y hace uso de la acción con un tono que mezcla a la perfección lo operístico con lo intimista. Precisamente uno de sus factores más atractivos y arriesgados es su equilibrio a la hora de empapar la acción con lo reflexivo, lo trascendente con lo frívolo, el entretenimiento con una hondura emocional y existencial.

Entre superpoderes y exaltaciones visuales, esta entrega coquetea con sus precedentes y da un paso más en la definición de los personajes. El profesor Singer enseña el camino a sus poderosos discípulos y todo adquiere una mezcla de iniciación y lucidez  muy humanas. El reparo compite en estrellas pero no se deslumbran unas a otras porque el cineasta controla y dosifica la apariciones. Hay un malo con mucha miga, la digital y la otra, y eso garantiza que la función gane peso. El blockbuster tiene piel y sangre y hueso. No es un artefacto. Aquí el filme reinventa la franquicia sin traiciones. Acerca de una manera más revolucionaria el guión y el dibujo originales y se permite un corte de manga a  cualquier ‘decisión final’. La coincidencia en cartelera con ‘Al filo del mañana’ no deja de ser un guiño curioso que siembra y opone el fértil campo minado de los juegos temporales. Déjense llevar: este magnífico laberinto está abierto como un viaje al pasado con mucho futuro.

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Apenas perturba
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Guillermo Balbona | 05-06-2014 | 08:26| 0

Dos madres perfectas

Francia/Australia. 2014. 111 m.  Director: Anne Fontaine. Intérpretes: Naomi Watts, Robin Wright, Xavier Samuel, James Frecheville, Ben Mendelsohn, Sophie Lowe, Jessica Tovey y Gary Sweet.

Hedonismo, contemplación y pasiones. Amor, amistad y placer. Madres e hijos entrecruzan deseos y enamoramiento en este retablo con pátina de postal y resort de lujo.  Todo es mediterráneo y apetecible pero la colisión y el conflicto no cuajan en verdadero drama. Todo es dualidad en ‘Dos madres perfectas’: las madres y sus respectivos hijos, las relaciones cruzadas, lo adulto y lo adolescente, pero también lo son las interpretaciones. Y ahí el filme se desmaya hasta sacar los colores.

Mientras Robin Wright y Naomi Watts ponen consistencia y serenidad, sus jóvenes oponentes/contrarios no permiten dar credibilidad  al duelo coral. La cineasta francesa Anne Fontaine no consigue aportar solidez ni transmitir fascinación, con lo que el filme se mueve entre la decepción y el ridículo, entre el desencanto y el desequilibrio.

El drama no lubrica y nada adquiere hondura ni persistencia. Solo en escasos momentos la lucidez visual eleva el pulso existencial, sensual y sexual de unas criaturas que se mueven entre la seducción y la redención. Los saltos en el tiempo tampoco ayudan. Aunque posee un valor nada desdeñable: no es un filme moral. No juzga pero precisamente por ello se echa de menos una mayor profundidad en el retrato de la decadencia de unos personajes y los respectivos cadáveres en el armario de esas vidas.

Sombras y represiones, perversiones y miedos, sí, pero con una tendencia a pasearse por la epidermis. Con el soporte literario de fondo de los relatos de Doris Lessing, demasiado lejano en pantalla, el filme impone un cierto realismo deslizante mientras las emociones y la disección sentimental pasan de largo. La complejidad se transmite mejor en algunos planos silenciosos de miradas que en la estructura endeble de lo dramático. Hay más desfile que trastienda. La directora de ‘Limpieza en seco’ y ‘Coco’ opta por pasar de puntillas en un escenario perturbador y convulso.

Y su sordo ruido no daña ni la moqueta. Nada inquieta las pasiones. El desorden emocional resulta demasiado ordenado. El temor a equivocarse y las heridas del amor dañado subyacen y fluyen bajo esa ecuación de sol, playa y paisaje idílico. Lo más humano lo ponen las actrices, al cabo la fugacidad de dos mujeres sumergidas en el fatalismo que se niegan a ser mayores. La belleza tiene estas cosas. En este caso el cine solo las enuncia.

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Marmota bélica
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Guillermo Balbona | 03-06-2014 | 11:16| 0

Al filo del mañana

Estados Unidos. 2014. 113 m.  Director: Doug Liman. Intérpretes: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver, Jonas Armstrong.

Auí la marmota es alienígena y bélica. Un Tom Cruise atrapado en su futuro, en un bucle temporal de armas sofisticadas, batallas futuristas y misiones suicidas. Adaptación del manga de Hiroshi Sakurazaka el filme, precisamente por la reiteración, es algo cansino aunque el montaje aplica con eficacia la insistente reiteración de los pasajes clave de la historia. El cineasta Doug Liman, director de ‘El caso Bourner’ y ‘Señor y Señora Smith’, demuestra su facilidad para las situaciones extremas y exprimir los pasajes al límite. Sin embargo el filme padece varios derrames argumentales, algunas zonas cero y un agujero negro que lastra la mezcla de géneros: la ausencia de química entre la guerrera Emily Blunt y la megaestrella Cruise. Liman se engancha a una ciencia ficción turbo mix con notas de humor negro, homenajes y la idea de ‘Atrapado en el tiempo’ de Harold Ramis envuelta en golpes de intrascendencia ligera y entusiasta. Todo es lúdico y, a veces, frenético pero no acaba de superar el ecosistema de videojuego. Como, ya se ha dicho, no funciona el roce en la pareja protagonista y la vista se desvía hacia cierto sentido de la autoparodia que sanea los territorios más insípidos de la historia. A través de un tono impulsivo, más que pasional, y con una entregada interpretación del protagonista de ‘Nacido el 4 de julio’,  el Día de la marmota es aquí una especie de machacón desembarco bélico entre soldados suicidas, patrullas tontorronas y heroínas muy físicas. Si en el clásico de Ramis el objeto era enamorar a una mujer, en esta se trata de salvar al mundo, ambas hazañas de idéntica dificultad y complejidad. Pero aquella, sin descuidar nunca la comedia, destacaba por mantener una trascendente ilusión seductora. Por el contrario ‘Al filo del mañana’ opta por una ironía no siempre reflejada con lucidez aunque Cruise sí deja rastros eficaces en su vuelta de tuerca a los papeles de héroe y salvador que han sembrado su última trayectoria.  A la apuesta le falta soltura, desprenderse algo de la idea original y mostrar una mirada menos confusa. Hay entretenimiento y frivolidad. Y se echa de menos un tiro de gracia sorpresivo que eluda la sensación de agotamiento. El cine hace tiempo que es puro eterno retorno. Esta broma lo ilustra.

Trailer de la película

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Dispersión coral, justa ilustración
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Guillermo Balbona | 28-05-2014 | 08:31| 0

A 20 pasos de la fama 

2013 91 min. EEUU. Documental Dirección y guion: Morgan Neville. Reparto: Darlene Love, Merry Clayton, Lisa Fischer, Judith Hill, Mabel John, Claudia Lennear, Mick Jagger, Bette Midler, Sting....Filmoteca. Sala Bonifaz. Desde el 27 de mayo.

Las voces trabajadoras, no las de las estrellas, constituyen la columna vertebral de esta reserva musical. Un documento interesante en su concepción donde la atractiva música ahoga la dispersión y la superficialidad de la apuesta. La disección de esas voces vocacionales y entregadas, que no acaban de traspasar la frontera hacia el cielo, se queda en un mero homenaje a quienes quedan en un segundo plano frente a los famosos. El filme, en la última semana de programación de la Filmoteca de Cantabria, recorre testimonios de Bruce Springsteen, Stevie Wonder o Mick Jagger frente a los cantantes y artistas ‘secundarios’  que se sitúan a la sombra. Pero el filme de Morgan Neville se muestra tímido, se pierde en el ritmo y la sintonía emocional aparente, en el tono, y apenas araña las vidas ajenas que se ocultan tras las luces y el resplandor del escenario. Su riqueza primordial es más visual que humana.

El rescate de archivos televisivos conjugado con entrevistas contemporáneas, el juego de luces y sombras y, por supuesto, un guión dominado por la música, los ritmos y temas a veces archifamosos que han marcado la música popular del siglo XX.  ‘A 20 pasos de la fama’ es un álbum de biografías desconocidas o truncadas, de voces escuchadas en fondos y acompañamientos pero pertenecientes a vidas ignoradas, invisibles o tapadas. Hay un cierto espíritu reivindicativo, un intento de reescritura.Ya saben, la búsqueda de esa historia no oficial sobre la música pop y rock, especialmente, y la trayectoria de cantantes, en su mayoría mujeres afroamericanas. Pese a la diversidad, lo cierto es que la ficción ha aportado más al acercamiento musical que algunos retratos documentales. ‘Bird’ de Clint Eastwood es un ejemplo de filme que se aparta de la superficialidad de los biopics y el mero uso del material de archivo manoseado.

El testimonio musical, el documento puro y duro, la crónica se alternan con los testimonios en esta oscarizada entrega. Todo es atractivo, refulgente, pero también blando, sin lograr sacar partido de ese lado oscuro en el que se mueven las auténticas protagonistas del filme. De Darlene Love, musa de Phil Spector, a Merry Clayton el trazado entre el talento y la invisibilidad tiene destellos muy bien resueltos y una combinación muy lúcida entre grabaciones, reflexiones y opiniones, aunque con poco poso. Protagonistas y secundarios comparten su pasión musical, pero queda en el aire una falta de concentración. Más ilustración sonora, coherente y equilibrada, que vibración emotiva.

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Con Chicote no habría guiso
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Guillermo Balbona | 28-05-2014 | 08:20| 0

Amor en su punto
España/Irlanda/Francia. 2013. 87 m. Director: Teresa de Pelegrí, Dominic Harari. Intérpretes: Richard Coyle, Leonor Watling, Ginés García Millán, Simon Delaney, Lorcan Cranitchs. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Se parece a uno de esos menús degustación que funden lo tradicional con lo deconstruido y cuyo atractivo solo reside en la presentación. Hay quien alimenta con amor y hay pasiones que engordan. Pero esta comedia irlandesa de crisis sentimental, sexo vegetariano y deseo poco carnal, todo vuelta y vuelta, busca su condimento sin éxito desde que exhibe sus ingredientes y nunca alcanza la identidad de su sabor. Con tanto tópico en el plato y en la cama, el guiso sentimental resulta muy poco apetitoso. Lo de la media naranja, aquí sazonado con algo de salsa rosa y una gotas de picante, carece de brío y la digestión emocional es insustancial. Su estructura de carta clásica, diseñada con pretensiones de nueva cocina nunca logra susperar las recetas al uso ni los quiebros donde cuecen los misteriosos mejunjes de la atracción y la repulsión. Leonor Watling es la única que consigue que el paladar cinematográfico note los bordes del cielo de la boca. A la actriz y cantante da igual lo que le pongas en el plato, incluido este sinsorgo aperitivo sobre chico conoce chica. Inmensa como casi siempre va por delante del resto del reparto y aporta el perejil y la textura para dejar un rastro humano y de verdad donde todo rezuma artificio. Cuando la actriz toma el mando, salta el aceite, vibra la freidora y la materia prima, endeble y de baja calidad, encuentra otro gusto y reinventa las situaciones. El resto o se quema antes de llegar a la mesa, o está tan pasado/pesado que pide llamar a las puertas de otro restaurante de género con guión menos masticado. Teresa de Pelegrí y Dominc Harari, autores de  una sosa aunque interesante opera prima, ‘Seres queridos’, buscan ese juego urbano, sentimentalmente a la moda de la cocina como metáfora vital y referente mediático, y añaden una disección de los compromisos de una pareja, incluido un postre que se concibe amargo y que sale dulzón y previsible. Hay un subgénero desde hace casi diez años que mezcla cocina y cine entre fogones y, salvo raras excepciones, apela al cucharón sensible y al menú manido y recalentado. Gastronomía y diferencia cultural constituyen el delantal. La corrección y la puesta en escena sin excesos evita el desastre, pero el gourmet apenas tiene sitio en este banquete tan estudiado como poco dado a la sorpresa. Conscientes de que no habrá festín, ajeno a aquel ‘Bon apetit’ de Pinillos, el filme se deja lo esencial y nutritivo en el mantel como migas de una celebración ausente.

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¡Qué merendilla!
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Guillermo Balbona | 19-05-2014 | 17:06| 0

Godzilla 3D

EE UU 2014. 123 m. Director: Gareth Edwards.Intérpretes: Aaron Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen, Juliette Binoche, David Strathairn, Bryan Cranston, Sally Hawkins. Salas :Cinesa y Peñacastillo.

El monstruo eres tú, parece decirle poéticamente la criatura mitológica a la central nuclear con ojos poco cariñosos. Entre guiños a Hiroshima y mutaciones radioactivas, también cinematográficas, la temporada cuando ya desfallecen los apellidos vascos acoge el regreso recurrente del espanto. Entre el blockbuster y la pedagogía militarista, ‘Godzilla’ es un icónico y poco asustadizo bocado de fauces de engendros saurios, que mastican su viagra radiactiva y ya no se detienen en su afán de apareamiento devastador. Esta nueva versión, o quizás simple salida de armario, del monstruo y sus acompañantes es una mera distracción que avanza a velocidad de tópicos y sólo cuida su desfile destructor, de Honolulú a Las Vegas pasando por San Francisco. Mezcla algo más perversa de’ King-Kong’ y guerra de los mundos, el filme desprecia los dos únicos mensajes que podían darle consistencia propia: el debate eterno sobre el progreso, la nueva tecnología y sus usos y límites, y la lucha del individuo frente al sistema. Pero ‘Godzilla’, con gafas o sin ellas, es carne de parque temático y escaparate apocalíptico para recrear en una sucesión de secuencias, la solapada amenaza de tsunamis, edificios destruidos en cadena y miedos atávicos.  Pero ni siquiera en ese festival de pesadilla y muertes masivas la dirección de Gareth Edwards sabe extraer los jugos gástricos del pánico. Se alterna así alguna situación un tanto ridícula con recreaciones fabulosas –caso de las escenas de explosiones en el aeropuerto o las que discurren en el Golden Gate, el puente más cinematográfico del mundo. El filme prima la eclosión, el impacto, la onda expansiva sobre la amenaza, la sutil presencia del monstruo y el muy discutible uso de las situaciones límite, caso de la desaprovechada secuencia en el tren de Hawai. La desmesura radica en arrasar la civilización pero del drama humano apenas hay noticia. Con unos intérpretes mediocres y una psicología de manual, la catarsis así es la merendilla de rascacielos y píldoras radiactivas de Godzilla y su amigos de cuadrilla telúrica. De la explosión al rugido hay dos horas de efectos y muy poco temblor humano. De la pretendida vuelta de tuerca a ese subgénero que es el kaiju-eiga apenas hallamos algún destello en esa recta final tras un metraje cansino donde la épica es digital, la grandeza es ruido y el espectáculo es un despliegue de soldaditos tontorrones a lo 11-S pero con dinosaurios en lugar de aviones. El cineasta de ‘Monsters’ cede talento para priorizar la demolición y dejar en un plano secundario la evolución. Algunos contra más presupuesto manejan, el bicho que llevan dentro se les hace grande y el cerebro pequeñito. Entre salvas y fuegos artificiales y algún fugaz tenue rastro de melancolía disfruten de la merienda estruendosa y aplacen lo monstruoso para miedos más cotidianos. Una historia con más ruido que enigma que busca la gloria entre Fukushima y Cuarto milenio.

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Bucle nostágico
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:34| 0

La vida inesperada

España. 2013. 105 m. (7). Comedia-drama. Director: Jorge Torregrossa. Con Javier Cámara, Raúl Arévalo, Carmen Ruiz, Tammy Blanchard. Peñacastillo

Con toneladas de nostalgia y algún kilo de melancolía construye el dúo Torregrossa /Lindo este álbum de desencanto y transfusión vital. Nueva York es el icono urbano, pero sobre todo un/el lugar en el mundo, aunque el corazón y sus latidos es la verdadera rapsodia in blue, a veces in ‘bluf’, de esta comedia emocional que pese a apelar a tanta intensidad solo encuentra textura y sensibilidad en el trabajo de sus actores. Ningún inquilino más inestable que el amor y nada más extranjero que el desamor. Entre ambas ecuaciones y coordenadas, trópicos y tópicos de cáncer y capricornio , se mueven y oscilan las criaturas entrañables pero también ex/estereotipadas de este filme algo afectado, que se deja ver y también pasar, pero que casi nunca logra instalarse en ese territorio de complicidad que reclama. ‘La vida inesperada’ exhibe el músculo de la escritura de Elvira Lindo, en ocasiones con demasiado descaro literario, y también muestra su textura de ligereza trascendente o, mejor dicho, de sentenciosa banalidad. El bucle nostálgico que propone el cineasta de ‘Fin’ tiene sus chirridos. Nunca hay ruido afortunadamente (como sucede en la mayor parte de comedias corales), ni estridencias superficiales, pero a ‘La vida inesperada’ le vence esa casi constante distorsión entre su voz literaria y su puesta en escena. Posee un encanto intrínseco: desde la fotografía de Kiko de la Rica, a modo de afecto más que de efecto, al juego entre lo reconocible y el escapismo, pero a esta historia sobre aceptaciones y rupturas le falta tacto y le sobra piel. Y, sin embargo, qué fácil desde una visión puramente narrativa es contar una historia cuando Javier Cámara, Carmen Ruiz y Raúl Arévalo (secundados por un fugaz rastro coral bien encajado en el cual aparece el cántabro Luis Carlos de la Lombana) forman parte de tus materiales humanos.

Los personajes dudan, vacilan, muestran sus indecisiones y miedos. Hay homenajes a Woody Allen y una huella de ese cine inmensamente cercano, sobre todo en lo que a actores se refiere, que firmara Fernando Fernán Gómez. Y, sin embargo, este relato que siempre acaba por dar un regate previsible para dulcificar la amargura no logra calar en hondura y veracidad. Quién sabe. Podría haber sido un musical latino para dar la vuelta al calcetín del sueño americano. O una comedia muy cinéfila con cierta atmósfera indie. El cuento de desesperanzas y supervivencia se revela insuficiente para convertir lo accidental en un fugaz pero perdurable temblor sobre las segundas oportunidades y las indecisas decisiones que trazan la vida, la propia y la ajena. Una de perdedores ‘españoles en el mundo’ con toque de gente corriente y marca soledad en la camiseta de barrio. Más necesaria que lograda.

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Padre Cantinflas con niña
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Guillermo Balbona | 06-05-2014 | 11:30| 0

No se aceptan  devoluciones  

México. 2013. 115 m. (TP). Comedia. Director: Eugenio Derbez. Intérpretes: Eugenio Derbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont. Sala Cinesa.

Recorre todos los tramos más vomitivos de una impostada comedia familiar: falsa, superficial, amparada en una moralidad fundamentada en la apariencia, y vulgar, zafia y con muchas prótesis emocionales. La película apela al cariño pero no merece ni una caricia. ‘No se aceptan devoluciones’, convertida en un fenómeno taquillero mexicano tan interiorizado en su bandera como la ranchera, el picante y el terremoto, ha logrado ya la etiqueta de cinta latina más taquillera de Estados Unidos. Que todo posea un aire a lo Cantinflas rebautizado, con maquillaje de comedia familiar made in Hollywood, no es bueno ni malo en su esencia pero el filme se regodea en su manida propuesta, se justifica emocionalmente en sus referentes y ejercita el músculo de la superficialidad con sus coartadas más facilonas y su humor de posado. El humorista, actor y ahora director Eugenio Derbez, deja que el argumento del ligón y seductor hipotecado repentinamente por la aparición de un bebé a su cargo, discurra entre lo familiar con todas sus trampas, el trampantojo de un cierto humor crítico muy facilón y el intercambio de cromos repes tuneados como originales. El filme, de metraje tan estirado como exprimido y manipulado, es uno de esos juguetes donde parecen haberse divertido más sus creadores que sus destinatarios potenciales. Con libro de instrucciones ya sabido y todo el catálogo de sentimentalismo y guiños cómplices expuesto hasta el sensacionalismo más rancio, no cabe más medida visual que la que uno como espectador pueda aceptar, antes de las devoluciones, ante el trabajo de la pareja protagonista: Derbez y la niña Loreto Peralta. El universo  de la paternidad, de ‘Kramer contra Kramer’ a la maravillosa ‘Luna de papel’, es un vínculo adherido a la piel del cine pero solo enunciado en este viaje a Los Ángeles que revela toda su obscena simpleza. Lecciones sobre los golpes de la vida, entre un Disney cantinflero y un Benigni de guacamole, el filme se convierte en sí mismo en un cameo, apela a chistes y guiños de comedia televisiva. El ácido despunte inicial, el descaro de su punto de partida, los simulados giros a lo comedia gamberra, y la diversión ocasional, no son sino salsas picantes para decorar y acomodar lo que será un petardo amarillista de emociones prefabricadas que instalan el relato en una boba y simplista sucesión de tópicos. Más cursi y amanerada que naturalista, su salto lacrimógeno al vacío es tan solo esa caja de bombones que en lugar de sabor incluye como envoltorio un simpático manual de autoayuda. Todo por la taquilla.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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