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Romper el hielo
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Guillermo Balbona | 13-03-2015 | 09:02| 0

Red army
2014 85 min.Rusia Director:Gabe Polsky Fotografía: Peter Zeitlinger, Svetlana Cvetko . Género: Documental. Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Hasta el dia 15 de marzo.

 

Geopolítica sobre hielo. Guerra fría y documento muy caliente. Aunque ya se desinfló, la casi moda del documental ha dejado un poso esencial. Pese a la irregularidad se siguen estrenando en salas comerciales, caso de ‘La sal de la tierra’, logran espacios destacados en festivales y programaciones y superan el lugar común de la especialización y los compartimentos estancos. ‘Red army’ es una valiosa y atractiva excepción que ha pasado por todos esos eslabones de la distribución y estos días es objeto de obligada dedicatoria por la Filmoteca cántabra. Michael Moore encabezó la querencia documental, y Werner Herzog y Wim Wenders la han otorgado autoridad y prestigio.

La Unión Soviética y el equipo de hockey sobre hielo, conocido como ‘El ejército rojo’, cruzan significado y destinos en este documento reconvertido en metáfora política, crónica inusual de un estado de la cuestión, utilización y manipulación del deporte y colisión del hombre y el sistema. El testimonio del ex-capitán del equipo, Slava Fetisov, a través de sus roles oficiales de héroe nacional, primero, y enemigo político, después, sirve de cauce por el pasado soviético, la decadencia y los cambios de una nueva Rusia. Es por tanto un grieta en la superficie helada de un fragmento de historia y también una forma de zambullirse en la amistad y en la constancia. Deporte e historia conviven y se enfrentan, dialogan y se repelen en esta mirada atrás muy ingeniosa, tras la que se revela la sombra de Werner Herzog quien aporta a su director, Gabe Polsky, ese tono virtuoso y la originalidad de todo su cine. Esa doble mirada entre épica y analítica, irónica y de retrato de época, aporta un juego que permite superar las reglas del género y las etiquetas.

Identidad nacional y canto comunista frente al capitalismo, material de archivo y giros eficaces se suceden en una selección de imágenes con sabor histórico y con interesante encaje. ‘Red Army’, siempre fruto de la presencia en la ‘producción’ del cineasta de  ‘Aguirre, la cólera de Dios’ o ‘Grizzly Man’, es una vuelta de tuerca a la propaganda, al oportunismo político, a la agudeza en la disección. Verosimilitud, lucidez, arte y deporte se combinan con inteligencia en una historia de análisis que tiene su mayor virtud en mostrarse más seductora cuanto menos documental parece. Las entrevistas aportan una extraña complicidad y convierten la política en una especie de ‘dream team’ del montaje subliminal, de los entresijos, malicias y juegos del poder. Una roja impresión de sensaciones que se sospechan y se daban por sentadas, entre la legitimación y el exhibicionismo deportivo, casi todo excepcionalmente atado.

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Un lugar en el mundo
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Guillermo Balbona | 12-03-2015 | 09:06| 0

Cuentos de tokio
1953 139 min. Japón Director: Yasujiro Ozu. Guión: Yasujiro Ozu & Kôgo Noda
Reparto:Chishu Ryu, Chiyeko Higashiyama, Setsuko Hara, So Yamamura, Haruko Sugimura. Drama. Sala: Náutica. Filmoteca Universitaria. Jueves 12 de marzo, a las 20 horas.

Nostalgia y depuración. Melancolía y belleza. Sencillez y complejidad. El cine de Ozu merece y propicia tantas interpretaciones como ensayos y reflexiones. Pero ante todo es la vida. Una de sus muchas obras maestras, quizás la más popular y significativa, ‘Cuentos de Tokio’, cierra hoy el ciclo que la Filmoteca Universitaria ha dedicado con acierto al cine japonés a través de una serie de obras clave que sintetizan su influencia y su contrastada posición iconográfica respecto a Occidente.

La planificación, la hermosa puesta en escena, su sutil discurso impregnan la obra de Ozu de un seductor encanto a la hora de abordar el desmoronamiento, el choque y la supervivencia de una serie de tradiciones y formas de vida. Recientemente ‘Una familia de Tokio’ del veterano Yôji Yamada abordaba una relectura de la emblemática pieza clásica de Ozu. Entre 1949 y 1953, dirigió tres películas protagonizadas por una joven llamado Noriko, todas ellas interpretadas por Setsuko Hara. Tres muchachas diferentes vertebran ‘Primavera tardía’ (ya vista en el ciclo), ‘Principios de verano’ y ‘Cuentos de Tokio’.

Antonio Santos, coordinador de esta cita, en sus profundas y constante exégesis del cine de Ozu, ha defendido la variedad formal y temática de su cine frente a la etiqueta familiar que le persigue.  Esa «celebración continua de lo cotidiano» es el diapasón de ‘Cuentos de Tokio’, de su intrínseca caligrafía, pulso y ritmo. «Creó un estilo que empieza y termina en sí mismo. En modo alguno puede ser considerado paradigma de cine japonés: llegado el caso, sólo lo sería de sí mismo. Se ha podido imitar y homenajear con mayor o menor fortuna su forma de hacer cine; pero nadie ha vuelto a hacer nada parecido», ha subrayado Santos en ocasiones. La fugacidad del tiempo, el pensamiento que está adscrito a cada imagen más allá del cuidado formal son elementos que sostienen su arquitectura cinematográfica. La colisión generacional, el vértigo entre la decadencia, tras la segunda guerra mundial, y la memoria, mayores y jóvenes, las tradiciones ancestrales y el progreso dialogan y se oponen en el filme de Ozu con delicada eficacia.

Con exquisita sensibilidad el cineasta disecciona esos enfrentamientos culturales, las pérdidas y las innovaciones, lo próximo y lo trascendente. El punto de fuga, los decorados de cuatro paredes y la renuncia a movimientos de cámara subrayados son inherentes a una mirada inmensa que abarca el detalle, sugiere la atmósfera y hace del encuadre un lugar en el mundo. A la hondura reflexiva humanista suma el peso del legado histórico, el fracaso y la decepción y una tensión temporal, atemperada por una poética casi constante. En Ozu siempre se respira una especie de liturgia lúcida que universaliza lo local.

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Cruces, azares y colisiones
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Guillermo Balbona | 11-03-2015 | 08:46| 0

En tercera persona
EE UU. 2013. 137 m. (12). Drama. Director: Paul Haggis. Intérpretes: Liam Neeson, Mila Kunis, Adrien Brody, Olivia Wilde, James Franco, Kim Basinger. Salas: Cinesa

En su apariencia, y con un subrayado musical casi permanente y algo molesto, se asemeja a esas películas de historias paralelas, más que cruzadas, que proliferaron en cierto cine europeo de los setenta. En otras ocasiones, ‘En tercera persona’ es una encrucijada azarosa de tres historias de amor que discurren paralelas en otras tantas ciudades, Roma, París y Nueva York, donde las oquedades, ausencias, miedos y, sobre todo, mentiras, se suceden entre similitudes y paralelismos. Si nos detenemos en el primer factor anacrónico el filme resulta cargante y sin frescura. Si valoramos el juego a lo ‘Vidas cruzadas’ el balance simplemente es que estamos ante una obra fallida. Entre cruces, colisiones y azares anda el juego de estas parejas con más motivos de ruptura y  distancia que de comunión y complicidad.

El filme de Paul Haggis posee suficientes atractivos para encauzar un cine maduro, con estilo y con muchas voces en su interior: historias con interés, un reparto casi de lujo y un despliegue de puesta en escena que combina calles, habitaciones y hoteles, en una sucesión de espacios urbanos que implican también una forma de relacionarse. Y, por supuesto, el móvil y las nuevas tecnologías como elementos ya decisivos en los modos y efectos de la comunicación (desde la pérdida de batería que condiciona una cita crucial a un mensaje incómodo descubierto por terceras personas).

El cineasta de ‘En el valle de Elah’ abusa del material, se muestra algo repetitivo y como sucede en las historias solapadas la irregularidad es la norma del tráfico narrativo y del gancho con el espectador.  Un escritor que acaba de separarse; una madre neoyorquina acusada de un accidente; un empresario enredado en una historia mafiosa con una gitana… Son situaciones de todos los colores y matices pero casi nunca se nos desvelan las profundidades, ni los motivos, ni las aristas de un romance a tres bandas en el que lo formal y lo emocional chocan por la solidez de la primera y lo endeble de la segunda. El director recobra el universo de la interesante pero sobrevalorada ‘Crash’ a la hora de trazar un mosaico de las relaciones humanas. En unos casos la falta de credibilidad es manifiesta Y en otras la carga dramática no se corresponde con la superficialidad. Vemos tatuajes, heridas, surcos, cicatrices pero nunca conocemos de verdad ni las causas ni sus verdaderas dimensiones.

Drama coral pero con una levedad pedante tras la cual los personajes deambulan lacerantes, de tal modo que a medida que el tránsito se agranda pierden intensidad y atractivo. Al espectador empieza a importarle poco dejar a estas criaturas y volver más tarde sobre ellas, sabedor de que nada habrá cambiado. Puzle ombliguista sobre desdichas varias, poco verosímiles en algunos casos, retorcidas o monótonas, casi siempre regodeándose en su sufrimiento. Hay momentos muy forzados, truculencia facilona y el combate entre la carne y el deseo resulta demasiado ligero. Misterios, temores, dolor y redención en una partida con más casillas que reglas. La ansiedad y la idea vencen a ese lúcido territorio fieramente humano que aquí casi nunca desgarra

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Entre iconos y discursos
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Guillermo Balbona | 10-03-2015 | 09:22| 0

Selma
Reino Unido. 2014. 123 m. (12). Drama. Directora: Ava DuVernay. Intérpretes: David Oyelowo, Tom Wilkinson, Tim Roth, Giovanni Ribisi, Cuba Gooding Jr. Salas: Cinesa

En ocasiones apunta a que el documento y el peso de la historia jibarizarán la crónica y la recreación. Pero la emoción y la narración sólidas logran simular los artificios con eficacia. Es un filme de iconos, el de del político y activista Martin Luther King; el de la marcha desde Selma a Montgomery (Alabama), en 1965, que llevó al presidente Lyndon B. Johnson a aprobar la ley sobre el derecho al voto de los ciudadanos negros; el de los tópicos documentales sobre protestas y luchas callejeras.
‘Selma’, sin embargo elude el tópico fácil con un excelente guión, el apoyo en las interpretaciones y un retrato psicológico nada desdeñable. A los testimonios y el lúcido perfil histórico, rigurosamente documentado, el filme subraya su vocación de poderoso álbum. El problema es que en su inventario de unos hechos cruciales habita más ilustración que emoción pura, pese a que ‘Selma’ sustituye la épica del espectáculo superficial, el biopic al uso, por una propuesta íntima. Su valor estriba en su pragmatismo para constituirse y postularse en invitación para futuras profundizaciones en los acontecimientos que narra. La de ‘Selma’ es una crónica de historias pequeñas que configuran el mosaico de la historia con mayúsculas. El atractivo radica en que se inclina más por cierto humanismo y subordina la política.
La directora de ‘The door’, Ava DuVernay, que ha sido este pasado mes la primera realizadora negra nominada para el Oscar, quien se inició precisamente en el campo documental y ha desarrollado su labor como publicista, demuestra sus dotes narrativas. Ella se acerca a la esencia de los personajes, entre contradicciones, intereses y pasiones. Hay un abuso de cámaras lentas y, por ende, demasiados subrayados en lo dramático. ‘Selma’, que obtuvo el premio a la mejor canción en la noche de Hollywood, logra algunos momentos importantes de intimidad reveladora pero se pierde cuando desfilan personalidades clave en los acontecimientos que se presentan como meros cromos sin llegar a apreciarse en carne viva. Precisamente es tanta la fuerza mítica de las crónicas documentalistas en blanco y negro que su utilización en el último tramo acaba por solapar el esfuerzo visual anterior.
Medio siglo después de aquellas marchas muchas ciudades de EEUU han vivido protestas por muertes y abusos policiales contra ciudadanos negros, caso de la muerte de Michael Brown en Ferguson. En este caso la película por oportunidad convierte su vaivén entre discursos e iconos, no siempre equlibrado, en una necesaria construcción sobre derechos humanos. Si su estilo, elección de punto de vista y detalles pueden ser discutibles y objeto de debate, ‘Selma’ en el tiempo cíclico de la historia pasa a ser pura joya educativa y piedra angular de memoria histórica para olvidadizos, ignorantes y practicantes del borrón y cuenta nueva
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Je suis Hal
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Guillermo Balbona | 09-03-2015 | 12:28| 0

Ex machina
Reino Unido. 2015. 107 m. (12). Ciencia-Ficción. Director: Alex Garland. Intérpretes: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Corey Johnson.her.  Salas: Peñacastillo y Cinesa

 

Se asoma a la ventana de la inteligencia artificial con elegancia, estilo y voz que remite al pasado. Y esa falta de prejuicios y su solvencia narrativas hacen de esta opera prima una interesante mirada aliñada por excelentes interpretaciones y una mirada austera sin afectación ni pedanterías sobre el vértigo futurista.

‘Ex machina’ retrata un duelo, a lo pigmalión, entre programador multimillonario e hiperinteligente (lo primero parece aquí obligado y trascendental para demostrar lo segundo) y un joven lúcido pero aún en carne viva esperando que alguien o algo le abra los ojos. El resto lo ponen la máquinas que como suele ser habitual en toda parábola de fantasía científica que se precie, revelan más humanidad que las criaturas racionales que les asisten. Al modo ‘Frankenstein’ y con sombras referenciales e inevitables de HAL, esta especie de rebelión en la granja de lujo en un hermoso paraje, tiene bastante de obra de cámara con una puesta en escena elegante, una sobriedad que se agradece y mucho cuidado formal. Solo un final precipitado provoca fisuras en el filme del debutante Alex Garland, novelista y guionista, por ejemplo, de  ‘28 días después’.

Alicia Vikander, Oscar Isaac y Domhnall Gleeson juegan a romper el hielo entre esas fronteras difusas e inasibles que dividen la geografía de lo cotidiano y lo trascendente. Las conversaciones oscuras y tecnificadas se alternan con una lúcida brillantez visual. Este paisaje quizás solo está marcado por una cierta morosidad en el ritmo y una teatralidad de algunas situaciones. pero a cambio subraya con tensa eficacia su lado claustrofóbico y su enigma.

Exenta de efectismos y abuso de giros, ‘Ex machina’ se revela como una pausada incursión en el latido invisible del futuro que a veces provoca extrañeza, otras magnetismo e incluso genera interrogantes. Entre la frialdad perseguida, el ‘gran hermano’ como permanente dictado social y moral, el HAL de ‘2001’ se hubiese sentido cómodo como invitado de esta mansión de ikea futurista en el bosque de atractivas mujeres-robot a la espera de ser conectadas, ellas y ellos, a la vida.

El argumento, que introduce elementos sutiles sobre la sexualidad, reflexiones nada banales sobre dominación y la identidad femenina, curiosamente coincide en el tiempo con ‘The imitation game’, con la que comparte paralelismos como el encuentro entre joven y brillante programador y maestro de lujo; desafíos de futuro y el test de Turing. El debate de fondo, como sucedía en la espléndida y visionaria ‘Her’ es si tras su intachable apariencia cabría esperar un futuro emocional más maduro

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Ácido e implacable crepúsculo
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Guillermo Balbona | 09-03-2015 | 08:45| 0

Maps to the stars
Canadá. 2014. 111 m. (16). Drama. Director: David Cronenberg. Intérpretes: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, Carrie Fisher.  Salas: Peñacastillo

Humillados y ofendidos.  Y en el centro un enorme dragón que todo lo devora. Entre la parábola y el cuento. Entre la metáfora y el espejo deformado, David Cronenberg, ácido y también morboso, traza un sinuoso, a ratos ingenioso, en otras ocasiones tendencioso, casi desagradable, retrato de un Hollywood a modo de microcosmos de una cartografía de estrellas con más sombras que luces. ‘Map to the stars’ tiene más de dioses apagados  y en decadencia que de crepúsculo, pero al cineasta de ‘Promesa del este’ y ‘El almuerzo desnudo’ le sirve para encender todas las luces rojas de lo pérfido, cruel y obsesivo.

Una mujer sobreprotectora, un hijo antigua estrella de la TVen rehabilitación o una hija que acaba de salir del psiquiátrico…el catálogo de criaturas entre el delirio y el absurdo, entre la afectación y la perturbación, es interminable. Todo ello en un universo de estrellas errantes, en un cielo que se cae a pedazos y entre numerosos agujeros negros. Banalidad y desolación, humo de vanidades y presiones se combinan y agitan sobre unos personajes que juegan una ruleta de glorias y aspiraciones erradas, mientras Cronenberg satiriza al personal, crea un planeta imaginario escatológico y todo suena a trastorno  y a material vampírico donde la secta de la industria se deja morder por la vulgaridad.

Más cerca de ‘Crash’, entre la extrañeza, el esperpento y la adicción, el último Cronenberg es un festival de egos revueltos sobre una sartén de comedia negra que llega al plato con más desconcierto que comicidad, aunque no hay que negarle el mérito al cineasta de ‘La mosca’ de su facilidad para fascinar y crear una burbuja de depravación, repulsión y encrucijadas siniestras. A veces cerca del David Lynch de ‘Mullholand Drive’, el filme se regodea en una serie de personajes repulsivos y retorcidos y la disección desasosegante está asegurada.

Entre adicciones, limusinas, terapeutas de salón, el ‘juego de Hollywood’ que propone Cronenberg es una parada de monstruos con una Julianne Moore inmensa (mucho más intensa que en ‘Siempre Alice’ que le ha proporcionado el Oscar) al frente del desfile. La fama y su precio, la popularidad, el éxito y el miedo al fracaso o a reconocerse en el espejo asoman en esta dura galería de humor negro y pesadilla. Una mirada implacable, sin resquicios ni tregua que provoca una extraña empatía. En su apariencia un retorcido drama familiar con ansias de melodrama furioso. Neuras, taras, juegos de apariencias, reflejos esperpénticos, dentro de un círculo concéntrico, de un bucle interminable de desolación, entre el ridículo, el miedo y el vértigo en el que se zumbullen unos zombies que persisten en su vanidad.

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La pesada mochila de la redención
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Guillermo Balbona | 06-03-2015 | 09:38| 0

Alma salvaje
2014 115 min.EEUU Director: Jean-Marc Vallée. Guión: Nick Hornby (Autobiografía: Cheryl Strayed) Reparto: Reese Witherspoon, Laura Dern, Gaby Hoffmann, Michiel Huisman, Thomas Sadoski. Sala: Los Ángeles. Estreno. Hasta el domingo 8 de marzo.

En la mochila cabe un peso mayor, el de la expiación y la redención. El trayecto es metáfora. ‘Alma salvaje’ lleva intrínseco el peligro de rozar el ‘readers dijes’, el manual de autoayuda o la ilustración de una guía de rutas con anexo psicológico y letra pequeña para afrontar una celérica regeneración. Sin evitarlo, aunque sin estridencias, el filme de Jean-Marc Vallée logra que la interminable excursión de Reese Witherspoon tenga algo de alumbramiento natural y disipe las dudas sobre la autocomplacencia, la textura televisiva y el exceso convencional. En este sentido, el filme busca un equilibrio entre lo elemental y primario y cierta sutileza estética en torno a la posibilidad de reencontrarse con la vida.

El cineasta de ‘Dallas Buyers Club’, vuelca de nuevo en la interpretación de su protagonista el peso de una historia de retazos, de pinceladas y fragmentos que le confieren una abstracción y clima especiales. No obstante el filme decae por ciertas concesiones al sentimentalismo más fácil y una mirada algo plana sobre algunas situaciones, pese al esfuerzo de la actriz.

Con el escritor y guionista Nick Hornby, y Witherspoon y Dern en duelo dramático, el periplo y el tránsito resultan más intensos, tanto el físico como el simbólico, tanto el exterior y directo y visual como el viaje interior que es el más trascendente. Del riesgo de la mera contemplación el filme salta a menudo sin red al vacío existencial, siempre también en un vaivén entre la superficialidad, la grandilocuencia y la afectación pero sin que uno pierda cierta empatía con el personaje en su punto de fuga. La naturaleza salvaje y la adicción, la huida y la búsqueda de uno mismo, el pasado y el futuro, tienen su habitación propia en este retrato a veces demasiado egocéntrico.

Periplo individual de superación basado en el libro autobiográfico de Cheryl Strayed, ‘Alma salvaje’ traza un mapa de la redención que se mueve sinuosos en la geografía del Sendero de la Cresta del Pacífico, pero que en realidad transcurre en el latido de unos flashbacks, no siempre bien encajados, a modo de álbum de una conversión. Un filme del que uno se puede quedar prendado como un itinerario cómodo, o caer antipático por esa voz en off, a modo de de conciencia permanente, y el aire de equipaje omnipresente de citas, canciones y referencias que nunca reducen su debilidad de tono y su fragilidad de fondo. ‘Alma salvaje’ tiene tanto de sencillo e ilustrativo camino para reinventarse como de senderismo purificador. Director y actriz a veces se abrazan y otras colisionan a la hora de tomar una decisión y el itinerario queda en un ambiguo y endeble cruce. Itaca deberá esperar más profundas incursiones frente a errantes excursiones contemplativas.

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El tiempo, la mirada, la vida
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Guillermo Balbona | 05-03-2015 | 09:21| 0

Primavera tardía
1949 108 min. Japón Director: Yasujiro Ozu. Reparto: Setsuko Hara, Chishu Ryu, Hohi Aoki, Masao Mishima, Kuniko Miyake, Haruko Sugimura. Drama  Sala: Náutica, Filmoteca UC. Jueves 5 de marzo, a las 20 horas.

Como los grandes, de Tarkovski a Erice, en el cine de Yasujiro Ozu subyace toda una poética del tiempo, una inasible conjura, también invisible, que atrapa el discurrir de la vida entre los fotogramas. El excelente ciclo de cine japonés de la Filmoteca Universitaria recobra la mirada esencial del autor de ‘Primavera tardía’ plasmada en esta historia de Noriko y su padre viudo, este relato de soledades y esperanzas, de una poética cotidiana que se instala en el corazón con la melancolía de quien sale herido por la vida. Esta obra maestra de Ozu –casi todo lo que hizo rozó el asombro y se fundamentó en la coherencia de un poeta visual– revela la perfección de un cineasta cuidadoso en lo formal, más que ambicioso.

Como muchos maestros del neorrealismo, Rossellini a la cabeza, la vida asoma entre las veladuras y la textura de esta historia de una sencillez y, a su vez, profundidad intensas. Sin aspavientos ni efectismos, el cineasta exprime cada fragmento, cada episodio, breve, leve y extrae el zumo de la vida.

El paso entre instantes, la idea del trayecto, el simbolismo de los puntos de fuga, la decadencia,  el tránsito, el vacío, el juego de presencias y ausencias son los  verdaderos planos argumentales de un filme que traza una cartografía de esa vida que a veces parece real, que se escapa o que, simplemente, se pierde entre fisuras incomprensibles. Tradición y resignación, obstinación y rebelión se filtran con una cadencia especial, como solo el ritmo de Ozu sabe impregnar a sus imágenes, pero no hay más voluntad que la de mostrar y acariciar. Todo es ajeno completamente a ese afán de exhibición casi obscena de buena parte del cine de nuestros días. Con una extraña complejidad, bajo la pátina de la tranquila gestualidad, Ozu va salpicando de detalles su lugar en el mundo. Antonio Santos, uno de los máximos especialistas de Ozu, verdadero intérprete de su cine, asegura que «es una celebración continua de lo cotidiano».

El director «invita a contemplar la imagen, a pensarla; y por esto a disfrutarla». Y de su estilo resume: «La simplificación del estilo coincide con la renuncia a lo excepcional para centrarse únicamente en lo cotidiano».  Su cine se asemeja a la respiración. Todo es tenue, dispuesto para captar pero en ese acto, también moral, hay una narración intrínseca, más allá de la propia ficción y sus códigos. Un flujo delicado, con una depuración formal exquisita. Despojado, exento de artificios, cercano a la caligrafía del cine silente, Ozu firma otro poema que es un estado de imágenes, una vida que mira a la otra a través de una cámara que solo vive en la transición y en la poesía. Tras el retrato de la familia japonesa de posguerra se muestra y palpa la esencia de un recoveco, de un rincón donde aflora un rastro de vida entre lo caduco y fugado. Entre el desmayo y la fugacidad Ozu rescata la existencia, sus sucesos, hechos y su extraña sucesión.

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Contundente y tensa
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Guillermo Balbona | 04-03-2015 | 09:27| 0

’71’
2014 100 min. Reino Unido Director: Yann Demange Reparto: Jack O’Connell, Sam Reid, Sean Harris, Charlie Murphy, Sam Hazeldine, Paul Anderso. Drama. Sala: Los Ángeles, desde el miercoles 4 de marzo  hasta el domingo

Contundente y claustrofóbica, ‘71’ adopta envase y formato de thriller, se viste de tenso drama y muestra una textura de cine bélico enclaustrado entre calles, patios y puertas enmarcadas por el ladrillo rojo de un Belfast volcánico. A veces este intenso e irregular filme con algunas fisuras de tono narrativo pero siempre con gancho, parece mostrarse pura crónica. En realidad es pura envoltura, pues el debutante Yann Demange cuenta el corazón de la violencia de la Irlanda del Norte de los setenta desde un fragmento que es radiografía y disección.

La supervivencia, el dolor de las víctimas, falsos culpables y falaces inocentes, y la ultraviolencia ciega asoman en pequeñas dosis que van inoculando una atmósfera cargada de una dureza insoportable no tanto por lo que muestra y visualiza como por lo que sugiere. Y en ese grafiti sordo sobre un barrio en el que confluyen combates, supervivientes, venganzas, duelos, incluso traiciones y ambiguas o confusas situaciones, el filme hace explotar toda su carga emocional. Es precisamente en su recreación, en la puesta en escena de la angustiosa zona cero de una barriada, exponente de uno de los conflictos más largos y enquistados del siglo XX, donde la película revela todas sus virtudes.

El cineasta que procede del mundo televisivo baja a pie de calle y deja que el espectador sienta empatía con ese soldado que, en realidad, pase a ser un náufrago entre tiburones, tempestades y marejadas. Un mosaico de claroscuros, sin salida, con olor a muerte, pleno de sombras y confusión. Unionistas y nacionalistas, militares y pistoleros, comandos terroristas y terrorismo de Estado y, en especial, víctimas componen este pasadizo al horror entre bombas y un caótico paisaje donde la hostilidad y el enemigo a las puertas es la constante vital. Uno evoca casi de modo inevitable el ‘Domingo Sangriento’ de Paul Greengrass, pero ‘71’ no busca tanto el documento histórico, el retrato puntual de una geografía histórica desoladora, el fracaso político, la anécdota cronológica como la persistencia de una peripecia humana dentro de una pesadilla. Cuando el infierno no se encuentra ni en la lógica ni en la colisión del conflicto particular, el filme gana en oscuridad y todo señala hacia un agobiante punto final.

Lo curioso es que el filme, sin tregua ni aliento, gana en claridad y se subraya más diáfano cuanto más oscuro se enseña. No trata de explicar los hechos, ni siquiera de desmenuzarlos con vocación analítica. Por el contrario se postula con ánimo de ambigüedad, con obcecada obsesión por hurgar en las heridas sin fundamentar los orígenes de cada una de ellas. Hacia el tramo final la ficción fuerza las encrucijadas argumentales, recurre al montaje paralelo y todo parece circundar al protagonista. Es un espejismo. No hay nada razonable. La agenda sigue oculta. Solo la muerte de fondo triunfa con desagradable inevitabilidad.
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Parodia fina y desmadre tosco
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Guillermo Balbona | 03-03-2015 | 11:20| 0

Kingsman: servicio secreto
Reino Unido. 2015. 129 m. (16). ‘Thriller’. Director: Matthew Vaughn. Intérpretes: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Michael Caine. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Un ‘my fair gentleman’ de traje y puntualidad británica, tan pulcro y eficaz como divertimento como fallido en sus ambiciones de estilo. Una de espías entre la mentalidad cachonda y la parodia fina que desemboca en un torbellino de media hora final tan desbordante como excesivo. Adaptación del cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, ‘Kingsman’ es un diálogo lúdico entre maestro y pupilo con un caudal de ironía en su primera hora que sube la adrenalina de la elegancia y del humor paródico más sutil con fondo pigmalion.

Los encuentros entre Colin Firth y Michael Caine poseen esa fricción magistral de los intérpretes con clase. Diálogos que dejan huella y subrayados sobre las clases sociales y la marginalidad que echan chispas.

Divertida y juguetona, la cinta de Matthew Vaughn, cineasta de ‘Stardust’ y ‘X-men primera generación’, entre otras, es una miscelánea entre un joven y zarandeado James Bond pasado por el filtro de ‘Kick-Ass, listo para machacar’ y el homenaje a ‘Los vengadores’. Cuando hay equilibrio entre la parodia y el gamberrismo en torno a la seriedad y lo opaco de algunas tramas de espionaje, el filme gana en personalidad y lucidez y es fácil dejarse llevar. Precisamente pierde energía en su tramo final por su desmesura y su obsesiva mirada de captación de los espectadores juveniles. Dos secuencias fracturan el filme en esos otros tantos frutos y emociones: la desenfadada, fresca y sutil parodia de la entrada en acción del personaje de Colin Firth en el pub y, en contraste, su interminable combate sangriento durante la ceremonia de fanatismo religioso. Ambas marcan las distintas atmósferas y pretensiones de una historia que primero busca la excelencia y cierta originalidad y frescura, y después se decanta por contentar a todos desvirtuando la médula espinal de una obra que empezaba a asentarse en la diferencia.

Vaughn evita el infantilismo, se marca incluso algunos guiños referenciales nada banales sobre la cultura popular al hacer hincapié en las virtudes que debe tener un caballero, más allá de la apariencia, pero tira de manual a la hora de las resoluciones, entre Tarantino y el efectismo de película juvenil combinada con un Austin Powers satírico, a veces hasta cruel. Precisamente lo que logra su interesante guión de película comercial arriesgada, con diálogos despiadados y ultraviolencia, lo niegan unas imágenes irritantes y con tendencia a la pirotecnia facilona.

Un Casino Royale a modo de superhéroe a su pesar. Gags divertidos y ocurrentes y, en general, una obra simpática que busca vueltas de tuerca entre los lugares comunes, construyen la ilustración en su trasvase del cómic a la pantalla. Ahora la mirada juzgará ante esta doble visión: la de una comedia ‘british’ de ingenio y paraguazos; o la de una comedia de caballeros de mesa redonda callejera y sastrería, entre la acción y la nobleza, haciendo concesiones al cada vez más superpoblado ecosistema de superhéroes.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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