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Aprieta, pero no ahoga
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Guillermo Balbona | 04-08-2015 | 08:15| 0

La horca
EE UU. 2015. 81 m. Terror. Directores: Travis Cluff y Chris Lofing. Intérpretes: Cassidy Gifford, Pfeifer Brown, Ryan Shoos, Reese Mishler, Alexis Schneider.ca. Salas: Cinesa y Peñacastillo

La soga’, que ahora será llevada a los escenarios españoles, fue un experimento lúcido e imaginativo que llevaba el sello del maestro Alfred Hitchcock. Ahora hay quien se ha puesto el lazo al cuello, como el cascabel al gato, para retorcer uno de esos productos entre el ‘metraje encontrado’, la persecución de adolescentes descerebrados, el ‘sé lo que hicisteis en la última función…’  y la claustrofobia de la situación límite.

‘La horca’ pone el listón muy alto, y no es un chiste, con lo que la caída, el ahogo, la asfixia y el miedo son una ecuación tan arriesgada como casi imposible de descifrar. El juego teatro/cine implicado e imbricado en la historia es, a priori, atractivo, pero carece de ritmo paralelo para enganchar al espectador que busque transformar el thriller en un mecanismo de relojería de azares y causalidades mortales.  Algunos personajes, e incluso los actores que las encarnan, resultan tan repulsivos y cargantes que se despierta el instinto asesino con lo que la sutil atmósfera terrorífica adquiere su ajustado cambio climático.

Los cineastas  abusan del golpe, del susto sonoro, de la cámara en mano buscando agresividad  y claustrofobia pero falta delicada armonía para que la historia resulte algo más que un recurrente juguete de ingenio que desaprovecha el cuestionamiento de la representación, ese juego de límites y fronteras entre realidad y ficción, de diálogos entre la pantalla y la cuarta pared. Predomina el susto gratuito, los clichés y los personajes chicle y se echa de menos la serenidad y el equilibrio entre tanta imagen solapada y apretada. A modo de falso reality o documental, el filme de Travis Cluff y Chris Lofing se adentra en la exprimida parafernalia del ‘Paranormal Activity’ de tal modo que toda suena a deja vu, a cansina dejadez visual, a repetición de fórmulas, a artificio. La cinta, en cambio, juega con cierta capacidad intuitiva con lo oscuro y atávico, tanto desde el punto de vista puramente simbólico como representativo, de las venganzas de la historia y los azarosos actos de justicia poética. La cosa tiene mucho de saldo estival en una cartelera que hace mucho tiempo decidió ahorcarse en verano a la espera de que algún juez taquillero, quizás Cruise en unos días, salve las salas de la quema.

Frente al cuidado y la búsqueda de lo diferente de obras como ‘Expediente Warren’, de James Wan, ‘La horca’ sólo se balancea en su idea pero los personajes son cadáveres, zombies mal definidos que pasaban por allí como podrían haber entrado en otros cuatrocientos argumentos de un terror devaluado e insípido, instalado en la zona de confort de su propia coartada de anormalidad y rareza, pero exento de cualquier gota de vitalista fantasía.
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Ya puede besar al… oso
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Guillermo Balbona | 03-08-2015 | 16:33| 0

Ted 2
EE UU. 2015. 115 m. (16). Comedia. Director: Seth MacFarlane. Intérpretes: Mark Wahlberg, Seth MacFarlane, Amanda Seyfried, Liam Neeson, Morgan Freeman. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Aveces dan ganas de darle un achuchón y otras una patada como hacen los niños cuando desprecian un juguete roto o caducado por su edad. ‘Ted’ comenzó provocador y con ganas de empatizar con el colectivo más cabreado, pero está empezando a caer en esa franquicia humanizada de un oso heterodoxo, tan políticamente incorrecto como perfectamente instalado en lo que el sistema determina como margen y orilla. Hay, no obstante, en esta segunda entrega domesticada un punto de dulzura subversiva que deja un regusto de complicidad y simpatía. A ello contribuyen esas presencias de actores consagrados que parecen bendecir, con algo más que cameos, al cachondo juego de contrastes de esta comedia.

Pero precisamente las anécdotas, ciertos juegos visuales y tramas secundarias insuflan vida a este animal más humano en su sinceridad desnuda que las criaturas que le rodean. En este sentido, la secuencia con Liam Neeson en el supermercado, apenas dos minutos de conversación en clave de guiño a los personajes de acción que encarna el actor, ya justifican un sentido de la comicidad. Pero el filme en su conjunto carece de ritmo, y Seth MacFarlane se precipita precisamente en su falta de pegada para endosar un buen golpe bajo en las entrañas de las cosas mientras su historia se desliza por la superficie.

El cineasta de la fallida ‘Mil maneras de morder el polvo’ firma una secuela desigual, quizás forzada, que tiene en los diálogos, en las lecturas dobles y triples de muchos chistes y juegos verbales con la actualidad y lo privado, su ‘osado’ sentido. Televisivo, a veces agresivo y otras melancólico, el divertimento reposa más en el asiento de los acompañantes que en el del conductor. Al director le sobre fácil descaro y le falta ese encanto de quien sabe manejar el mal gusto con la delicadeza de quien trata de acariciar una piedra. Se persigue la provocación pero resulta cansina cuando detrás no hay más sutileza que una mera burla aunque lo grosero se cubra de una pátina de transgresión que es más bien impostura.

‘Ted’, como toda secuela, canta a taquilla veraniega y refrescante y por eso se deja en el camino la inteligencia que se le presupone al humor de estilete que hurga en las heridas tapadas por la hipocresía o gangrenadas por el poder. Con Mark Wahlberg de colega pegajoso del oso, a lo Abbott y Costello, todo mezcla machismo, racismo y agresión facilona. Entre política, semen y sexo, el recital soez busca su corazoncito de luz y de color. Lo dicho: un juguete roto rodeado de adultos niños con muchas ganas de pasárselo bien. O bien le das un chuche o le revientas la gracia.

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Cuadros para una exposición humana
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Guillermo Balbona | 03-08-2015 | 08:09| 0

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

2014 Suecia Director: Roy Andersson. Reparto: Holger Andersson, Nils Westblom, Charlotta Larsson, Viktor Gyllenberg, Lotti Törnros, Jonas Gerholm. Comedia dramática. Sala: Bonifaz. Filmoteca. Ciclo palmarés. Desde el miércoles.

L a película efectivamente se posa sobre la vida. Y en su gesto, falsamente pausado, inquietante, apela a valores o a maneras y lugares en el mundo que ya no se llevan o se desprecian: el silencio, el reconocimiento de que apenas sabemos de nosotros y los demás, el discurso de lo fugaz, la muerte como permanente losa y el absurdo como una forma de mirarse en el entorno cotidiano. ‘Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia’, curioso juego de invitación a surcar un relato, se plantea como un filme que se postula minimalista y falsamente seco, como si hubiese congelado una serie de composiciones figurativas, de criaturas estáticas, para imponer una abstracción profunda.

El sueco Roy Andersson, cineasta de ‘Canciones del segundo piso’, cierra con su filme una trilogía sobre la comedia de la vida, que sirve esta semana a la Filmoteca para abordar su ciclo Palmarés con la UIMP. Las viñetas casi surreales que configuran este paisaje humano requieren de una mirada cómplice, paciente, y si se conecta pueden proporcionar un intenso descenso a la extrañeza de las cosas que se traduce en un placentero escepticismo.

El filme mira desde las distancias cortas pero sin elocuencia ni falsa gravedad. El suyo es un sutil retrato de la condición humana, entre lo banal y lo trascendente, aunque siempre con un martillo invisible que golpea en el centro del disparate, de lo absurdamente coherente que se revela muchas veces en nuestras decisiones. ‘Una paloma…’ tiene mucho de ese Tati visual, casi silente, que desnuda las estancias cotidianas y saca a los estereotipos y los tópicos de sus casillas para denunciar cómo se estruja la vida o como se pasa por encima de ella. Pero su encanto, más allá de la irregularidad de esos cuadros para una exposición humana, reside en la mezcla de quietud y desesperación, humor ácido y contemplación, meditación ligera pero gesto hondo. Entre Bergman y Buñuel cabe este ejercicio que invita a una carcajada sorda y a una reflexión nada ociosa. Precisamente en la sorpresa, en la fascinación es donde Andersson apoya su caligrafía: una cámara casi inmóvil ante una estampa/escena, donde lo patético y grotesco aflora con delicado extrañamiento poético pero también como un mecanismo de defensa compasivo ante las grises vidas propias y ajenas.

El eje común son dos personajes, a modo de arlequines rotos o tristes. Pero en realidad el cineasta juega con sus paisajes interiores, teatrales, siempre idénticos en su composición, terriblemente desnudos en su revelación, profundamente ligeros en su necesaria mirada sobre nosotros. También es un bufo, sordo, cruel y lúcido tratado de melancolía siglo XXI que empaqueta todas las vidas Ikea y las tira por el retrete. Seguimos mirando. A Buster Keaton le hubiera encantado.

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Fábula para ladrar y morder
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Guillermo Balbona | 28-07-2015 | 15:06| 0

White God (Dios blanco)
2014  Hungría Director: Kornél Mundruczó. Reparto: Zsófia Psotta, Sándor Zsótér, Lili Horváth, Szabolcs Thuróczy, Lili Monori, Gergely Bánki Drama.Terror  Sala: Bobnifaz. Filmoteca de Cantabria. Esta semana. 

Hablamos de cine húngaro. Una rareza hiperlocal. Si es que existe en el presente un lenguaje más allá de la globalización. ‘White God (Dios blanco)’ es un fragmento de terror encasillado pero también es un drama de perros lobos sobre selecciones antinatura, peligros que acaban en extinción y supervivencia.

Una historia de querencias y búsqueda, que probablemente son sinónimos, en un filme de un cuidado técnico exquisito que pone el punto de mira en Kornel Mundruczo, ya en su sexto título. Entre la fantasía visual y el enigma, la heterodoxia y el misterio, entre la parábola y la alegoría, la historia tiene más que miga aunque curiosamente gana enteros cuando pierde discurso y se centra en la atmósfera de una original cinta de terror. Al menos el filme transparenta una cierta sensación de fascinación, algo que el cine cada vez ha desterrado más para dar prioridad al mainstream y al lenguaje convencional.

Lo último que destila la historia de Mundruczó es vulgaridad o superficialidad y tampoco persigue convertirse en un exponente fabulador y moral facilón. En el híbrido, en lo mixto y en la ambigüedad reside su mejor baza. Una danza de mordedura y ladrido que muerde más cuando se sostiene en el suspense y el suspenso y que cuanto más ladra menos muerde. Rebeliones y opresiones, miedos primarios y raíces de colmillo. Opresores y oprimidos, hombres y animales en un juego que mezcla y agita muchas cosas pero que esconde revelaciones nada desdeñables. Al menos el filme apela a la diferencia y eso en estos tiempos uniformes es un factor decisivo. El cineasta de ‘Semilla de maldad’ se marca una de niña/perro salvaje, en plan planeta de canes y rebeldes con causa, que transpira metáfora obvia pero bien llevada. Imágenes potentes, interesante caligrafía fantástica, la jauría magiar del director de ‘Delta’ y ‘Johanna’ es un desfile de cuento diferente. A veces se retuerce demasiado y otras logra trazar una cabalgata emocionante sobre historias sobrecogedoras con mayor o menor trascendencia. Lo oscuro atraviesa la historia con tacto y todas las similitudes, paralelismos e interpretaciones pueden resultar tan gratuitas como esquemáticas.

El filme se las ingenia para parecer original, jugar con la extrañeza y combinar con destreza géneros y referentes. Es verdad que posee un punto de desconcertante tono lúdico, sentido del humor y música con sentido narrativo, y que arranca y concluye con seducción, rotundidad y muchas ganas de morder. El thriller canino, sin embargo, quiere ser demasiadas cosas y se dispersa en su huida hacia adelante pero su carácter simbólico y la fuerza de algunos iconos funciona con perruna insistencia.
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Ahora vas y lo tuiteas
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Guillermo Balbona | 27-07-2015 | 10:26| 0

Eliminado

 EE UU. 2014. 82 m. (16). Terror. Direc­tor: Levan Gabriadze. Intérpretes: Cal Barnes, Matthew Bohrer, Courtney Hal­verson, Shelley Hennig, Renee Olstead. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Sé lo que hicisteis… con el último tuit. Chateo o choteo. La cosa tiene su miga adolescente y vengativa y va de cuadrilla conectada hasta en el baño. Pantalla sobre pantalla y tiro porque me toca, entre el Skype,  el cyber terror y el ‘viernes 13’ con portátil, ‘Eliminado’ es el enésimo intento de fragmentar la historia de unos juguetes rotos vía ordenador, móvil y todo artilugio viviente que sostenga el siempre taquillero subgénero de adolescentes en peligro, entre muertos que regresan con ansiedad y mucha vitalidad.

El filme crispa y exaspera, apenas abandona un segundo el formato de pantalla y utiliza la técnica de la insistencia como método más terrorífico pero también más cansino.

En realidad ‘Eliminado’ propone lo que ya afrontó el pasado año el cineasta cántabro Nacho Vigalondo, junto a Elijah Wood en ‘Open Windows’, pero sin la ambición visual del cineasta de ‘Los cronocrímenes’.  Aquí la mirada es frontal, no trasversal y no hay lecturas posibles ni juegos.

El encadenamiento de situaciones, todas muy previsibles, se concentra en mezclar el ciberacoso con el terror y en retorcer la idea de ‘Paranormal Activity’ hasta convertir la ansiedad emocional en un punto sin retorno on line. La claustrofobia 2.0 que propone el cineasta georgiano Levan Gabriadze en su primera incursión en Hollywood es utilizar la pantalla del ordenador, de Facebook a Youtube, que a su vez es la única posible del espectador, como la ventana definitiva al mundo.

El lenguaje del filme, lo único verdaderamente atractivo, reside en ese diálogo de encuadres, músicas fugaces y sonidos familiares que resultan de los movimientos de los seis amigos protagonistas en su comunicación en red, un paisaje de códigos y mecanismos de actuación que plantean precisamente el montaje de la historia.

No hay más fuera de campo que la imaginación ni más profundidad  que el paisaje que alcanza a captar la cámara web. Ahí empieza y acaba el mundo aunque el relato se define en un ‘slasher’, la estructura del psicópata vengador y castigador. Un videochat de inevitables descerebrados para despertar el pánico, más bien la risa, que sin embargo esconde el retrato de algún síntoma elocuente de nuestros días. Una apisonadora cibernética que transparenta algunas heridas y esa epidermis exenta de reflexión y emoción.

En tiempo real se suceden los miedos primarios y se revelan los estados y sensaciones de un tiempo en el que prima la superficialidad, la intimidad y la privacidad están en peligro y reinan las apariencias.

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De roces y arañazos
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Guillermo Balbona | 27-07-2015 | 10:22| 0

Sólo química

España. 2015. 95 m. (7). Comedia. Director: Alfonso Albacete. Intérpretes: Rodrigo Guirao Díaz, Ana Fernández, Alejo Sauras, MaríaEsteve.  Salas: Cinesa y Peñacastillo

La cosa tiene aire de sección de horóscopo en un suplemento dominical. Un cuento de hadas y dragones que ni es lo suficientemente irónico para fragmentar los tópicos ni encantador para romper el hechizo de luna que se pretende. Alfonso Albacete, tras una duradera y prolífica codirección con David Menkes (desde ‘Más que amor, frenesí’ pasando por ‘Atómica’ y hasta llegar a ‘Mentiras y gordas’), dirige en solitario este álbum de cromos sobre las relaciones con mucho roce y escasos arañazos.

‘Sólo química’ es uno de esos productos prefabricados con molde, silueta de serie y etiqueta de comedia juvenil y todo ello cubierto por una pátina de supuesta sofisticación y glamur. Pero el petardo no acaba de explotar y nadie se cree este juguete entre perfumes, patéticos retratos del mundo del cine y de la moda y lúdicos gatillazos sobre el amor y sus vértigos.

Sin salirse casi nunca de los márgenes, la comedia tan solo contiene ramalazos: las apariciones de María Esteve y algún perfil social con gracia. Pero su discurrir por cauces conocidos entre referencias al musical y a un tipo de comedia adolescente nunca asoma la chispa, ni la energía, ni el ritmo. A la película le falta insuflarse un chute de clasicismo y de elegancia y quitarse la caspa de tanto ‘perdona, bonita’ y ‘perdona amor..’

Porque solo química canta a Federico Moccia y a estereotipo entre caras guapas, situaciones banales y romanticismo de corta y pega, solo salvado por el desfile coral de secundarios que se salen del triángulo para imprimir algo de aliento en la composición, que ni es caricatura ni posee verdad. Hay momentos cursi, momentos pegatina y momentos de autoparodia, como si Albacete se dedicara a citar referentes sin cesar acumulando todo lo que el espectador, también estereotipado, cree que busca.

El resultado casi siempre es cursi, amanerado, vulgar y el filme discurre entre guiños a números musicales y coreografías sin coherencia ni ánimo de originalidad. Albacete va a lo seguro, al amiguismo, al cameo, y a mezclar dosis de ingredientes para un guiso muy conocido para que tenga el aroma aunque llegue a la mesa soso y sin sabor.

Ni sus monólogos de comedia televisiva adheridos a la trama ni el aire de culebrón parodiado permiten una fuga hacia adelante. ‘Sólo química’, leve, ridícula a veces, festiva, pero no cachonda, jovial y pop aunque no fresca, se atasca en su seguridad, nunca arriesga y pese a los esfuerzos de Ana Fernández, casi nadie se cree el aliento, la fórmula y todo pasa ligero sin cuajar ni desmelenarse. Un desmayo sin sangre sobre la composición del amor y del sexo que no superaría la prueba de selectividad, o como se llame.

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Paella mixta de estado desatado
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Guillermo Balbona | 21-07-2015 | 07:30| 0

Rey gitano
España. 2015. 116 m. (16). Comedia. Director: Juanma Bajo Ulloa. Intérpretes: Karra Elejalde, Manuel Manquiña, Arturo Valls, María León, Rosa María Sarda. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

K arra Elejalde y Manuel Manquiña, dos por uno. Ponen la química, el fuego, la salsa, el aderezo y el escaso arroz de esta paella mixta autonómica, entre la farsa y el esperpento. Un baile regional de coreografía cañí, trama real, de realeza que no realista, y mucha sal gorda.

Juanma Bajo Ulloa posee mucho talento pero lo vuelve a desperdiciar en este regreso que se pretende cañero y explosivo y se queda en difusa y lúdica ventosidad. El sabor de esta gastronómica road movie de satánicas majestades, fuerzas del desorden, tramas y subtramas delirantes en un enredo enredado, demuestra que el excelente texto a sorbos que supuestamente la sostiene hubiera merecido una historia de verdad.

El cineasta de ‘Airbag’ regresa al cruce de caminos donde dejó su dinamita y detonador (salvo el paréntesis de la fallida ‘Frágil’) y se monta esta bomba de patria y Españas varias entre reunión de colegas y pandilla basura. ‘Rey gitano’, menos provocadora de lo que enuncia y más jocoso divertimento frugal que fina cocina para paladares exquisitos, se marca a fuego rápido, pero sin aliento ni aroma suficientes, una sátira que juega al despropósito. Al cineasta de ‘Alas de mariposa’ le sobra ruido y le falta fuerza, muestra inagotable desmesura pero sus ocurrencias, algunas muy divertidas, están diluidas y carecen de consistencia. Los juegos con las palabras, la parodia del sueño de la bandera en el autobús, la paella sangrienta, el banquete real constituyen magníficas paradas en un camino con muchos obstáculos en ese periplo que comienza en la ‘rioja avilesa’, cita la ‘basílica biliar’, y concluye en la costa cosmopolita de chiringuito políglota. A todos les duele España, así que deciden sanar la historia y lo irreconciliable, lo ibérico y los ocho apellidos españoles.

Viaje espídico de Estado desatado, bomba fétida, corrupción y desastre, con frases hechas retorcidas hasta parecer nuevas en una menestra de verduleras y salvapatrias. Un Berlanga sin lo berlanguiano, que dispara mucho y en todas las direcciones, pero cuya escopeta nacional de cartuchos delirantes pocas veces encuentra el objetivo ideal. Atrevimiento e insolencia pero menos. Sal gorda, caricaturas grotescas y probable indigestión. Para el verano y con algo de sangría puede colar, siempre con aire acondionado, si funciona, y una cierta brisa entre tanto olor a quemado.

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Melancolía en Cineccità
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Guillermo Balbona | 20-07-2015 | 17:37| 0

Qué extraño llamarse Federico
2013 Italia Director: Ettore Scola.Reparto:Federico Fellini, Vittorio Viviani,Sergio Rubini, Antonella Attili, Tommaso Lazotti. Documental. Sala Bonifaz. Filomoteca de Cantabria.Desde el miércoles. Toda la semana

A medio camino entre la nostalgia, la devoción y la reivindicación de una mirada sobre el cine que es, al cabo, una mirada sobre la vida, el gran Ettore Scola se refleja en el universo Fellini. En realidad, este documental devocionario, cómplice y habitado por querencias es un pequeño trayecto hacia el hombre a través de territorios hoy olvidados: la conversación, el valor de la amistad, los mundos compartidos sin competencia y  las pasiones, en una mezcla de homenaje y retrato de cercanía.

Al cumplirse el veinte aniversario de la muerte del autor de ‘Amarcord’, Scola decide bucear en recuerdos y traza un trayecto mágico de archivo, documento y testimonios, siempre con Cineccità al fondo. No es un simple perfil entregado al otro, sino una indagación deliciosa, que descubre detalles, siluetea nuevas aristas del cineasta y revela matices del hombre, su pensamiento y su lugar en el mundo. Hay, por supuesto, cierto deje de hermano entregado pero sin llegar a la hagiografía porque tampoco está interesado el director de la maravillosa ‘El baile’ en lo meramente biográfico. Hay algo sensorial que busca la entraña del cine y es en ese punto donde ‘Qué extraño llamarse Federico’ se eleva y supera el encuadre de cualquier documental.

Scola persigue a Fellini porque en ese gesto aflora el propio cine, su identidad y su sentido. Frente a los tópicos que rodean la mitología de lo felliniano, el cineasta de ‘Macarrones’ agita generosidad y afecto para generar otro estado cinematográfico que permite el reencuentro y la revelación. Los primeros pasos de ambos cineastas en una revista satírica sirven de catalizador. Y a partir de ahí, entre recuerdos, imágenes rescatadas y otras recreadas surge el cine de verdad que se sublima si uno era ya un consumado drogadicto de lo felliniano. Rodajes como el de ‘La dolce vita’, los entresijos del casting para Casanova, las reflexiones del maestro se suceden en un filme fluido, diferente, en el que tan pronto aparecen los nietos del homenajeado como una estética devocionaria y una permanente nostalgia con atmósfera de ‘Roma’.

Frente a la complejidad del mundo de Fellini, asoma la caricatura, el hallazgo de una imagen documental, las raíces satíricas, las aportaciones dramatizadas, el genio y el ingenio. Caricatura y nostalgia. Probablemente todo no muy diferente de si el maestro hubiese estado vivo. Y como no podía ser menos un guiño onírico, de plano secuencia y danza, en el que se recorre Cinecittà de igual modo que se reconstruye el paisaje de un paraíso perdido. Y en esa pérdida también está el propio cine italiano y una manera de mirar a la vida.

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Prodigio de lo esencial
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Guillermo Balbona | 20-07-2015 | 07:38| 0

Del revés (inside out)
EE UU. 2015. 94 m. (TP). Animación. Director: Pete Docter. Cinesa y Peñacastillo

Tomen asiento y esperen el milagro. Por fin cine mayor. De animación, sí, pero gracias al género se están salvando algunas temporadas. Emociones y experiencia en colisión y en abrazo. Dentro y fuera. Lo que pasa por la cabeza. Este prodigioso juguete Pixar es una lección de saber contar, de inteligencia emocional, de lucidez y capacidad de síntesis. No se pretende deslumbrar aunque se logra muchas veces casi sin querer, que es como llega el asombro. Y tampoco hace una fría demostración de destreza.

En ‘Del revés’ todo es lenguaje: el de los colores y las metáforas, el del abecedario emocional, el de una coreografía de personajes que habitan en nuestra conducta y en nuestros ecosistemas sentimentales. ‘Del revés’ es lo esencial. Esta niña, en el umbral de la adolescencia que vive su primeras frustraciones, el sentimiento del fracaso, la soledad, el vértigo de la incomprensión, protagoniza un magistral manual de psicología que desde el próximo curso debería estar presente en las aulas.

Esta lúdica lección emocional, nunca moral, exenta de fáciles sentimentalismos, es un trazo jubiloso sobre la condición humana, los territorios de la iniciación y el descubrimiento, desde la extrañeza y siempre insuficiente, de quiénes somos. Dentro, en el centro de operaciones, en la sala de máquinas, alegría, tristeza, miedo, ira…buscan el equilibrio. Fuera, los acontecimientos, el azar, el libre albedrío, juega sus cartas. Entre ambos Pixar acude al talento y resurge con este cuento sobre nosotros mismos, sin criaturas ni robótica. Elogio de la excelencia, el filme combina ritmo y narración con un pulso constante entre emociones primarias y hallazgos.

La batalla interior y el devenir exterior son dos historias enfrentadas de un mismo duelo pasional. Peter Docter, cineasta de ‘Monstruos’ y ‘Up’, dirige un filme ágil y entretenido, divertido y cruzado por un canon vital y un estado revelador que rezuma el signo del presente: la melancolía. Una reivindicación de que la tristeza es también un estado esencial de la supervivencia. Como en ‘Up’ o en ‘Wall-E’ se combinan en estado de gracia la elegancia y el ritmo, los efectos visuales, lo conmovedor y la aventura. Y en esta cabalgata de imaginación el humor engalana y dirige el desfile. Nada es adorno ni secundario. Se encarna la pérdida de la inocencia y el final de la infancia. Un pálpito inteligente, nunca sofisticado ni enrevesado. Desde la creatividad, apelando a la sencillez, describe los conflictos y muestra la carne y la sangre emocional. Sensibilidad e ingenio. Un viaje trepidante desde los archivos de la memoria a las emociones esenciales, pasando por la fábrica de sueños. Del reino de la imaginación al pensamiento abstracto.

No se puede dar más en un trayecto tan corto. Desbordante y apabullante. Pues eso. Lo que nos pasa por la cabeza…pero también por el corazón. Antes de que no entendamos nada y de que nos revelemos y rebelemos como criaturas deliciosamente desconcertadas.

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No es una velada cualquiera
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Guillermo Balbona | 16-07-2015 | 10:03| 0

La cena de los idiotas
1998 77 min. Francia Director: Francis Veber Reparto: Thierry Lhermitte, Jacques Villeret, Francis Huster, Daniel Prévost, Alexandra Vandernoot, Catherine. Comedia  Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Jueves 16 y viernes 17

Su teatralidad original no resta frescura a este enredo fundamentado en una receta directa pero nada simple, reivindicar y provocar la risa y conseguirlo. Ahora que la comedia está colonizada por replicantes dosis de escatología y vulgaridad y por  continuas ceremonias festivas donde solo parecen habérselo pasado bien los protagonistas, bienvenida sea la revisión de una comedia fina, inteligente y equilibrada en su coreografía de palabra, gesto y argumento. Una comedia de actores, excelentes por otra parte, y una imaginación lúcida que hace hincapié en la crueldad, entre la sátira y la velada ingeniosa.

La obra teatral de Francis Veber, ‘Le diner de cons’, estrenada con mucho éxito en 1993, vivió su traslación a la pantalla a través del propio autor. El engranaje casi perfecto del boca/oído permitió engrasar la expectación creciente en torno a una historia que tenía el espejo de ‘La jaula de las locas’ en el que mirarse, también llevada dos veces al cine, y que se prolongaría con menos fuerza en ‘Salir del armario’. Frente a insípidas naderías basada en ocurrencias fugaces, ‘La cena de los idiotas’ apuesta por la dignidad de la comicidad, el humor cómplice como retrato de nuestras miserias y grandezas y un diálogo fructífero entre el gag y los perfiles de los personajes.

El cineasta de ‘¡Que te calles!’ apela a la tradición, se ciñe al texto original sin aplicar subtramas ni hacer crecer artificialmente la película, y pese a ese lado chillón, de elogio de la hipérbole tan adherido a la comedia francesa, se revela rotunda en su caligrafía. Entre el cinismo, cierto humor negro y la burla bien entendida, el filme combina con eficacia la gestualidad, lo físico con la verborrea. Una historia dinámica, a veces vivaz, pero lastrada por un tramo final que busca el sentimentalismo y pierde energía y capacidad de sorpresa. Los gags telefónicos, la aportación de las interpretaciones, la entrega de todos los elementos que componen esta pieza de cámara contribuyen a potenciar la mezcla de locura, desinhibición, brillantez e irreverencia, salvo la moraleja añadida. Las meteduras de pata como eje de una acción cómica que no desciende a la broma cruda.

Las actuaciones impiden que la comedia se derrame. Lo ameno como rizo para enredar y enredarse. No hay la sutileza de la comedia clásica americana ni la desmesura coral latina, pero se agradece ese terri

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.