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Autor: Guillermo Balbona
Cruces, azares y colisiones
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Guillermo Balbona | 11-03-2015 | 9:46| 0

En tercera persona
EE UU. 2013. 137 m. (12). Drama. Director: Paul Haggis. Intérpretes: Liam Neeson, Mila Kunis, Adrien Brody, Olivia Wilde, James Franco, Kim Basinger. Salas: Cinesa

En su apariencia, y con un subrayado musical casi permanente y algo molesto, se asemeja a esas películas de historias paralelas, más que cruzadas, que proliferaron en cierto cine europeo de los setenta. En otras ocasiones, ‘En tercera persona’ es una encrucijada azarosa de tres historias de amor que discurren paralelas en otras tantas ciudades, Roma, París y Nueva York, donde las oquedades, ausencias, miedos y, sobre todo, mentiras, se suceden entre similitudes y paralelismos. Si nos detenemos en el primer factor anacrónico el filme resulta cargante y sin frescura. Si valoramos el juego a lo ‘Vidas cruzadas’ el balance simplemente es que estamos ante una obra fallida. Entre cruces, colisiones y azares anda el juego de estas parejas con más motivos de ruptura y  distancia que de comunión y complicidad.

El filme de Paul Haggis posee suficientes atractivos para encauzar un cine maduro, con estilo y con muchas voces en su interior: historias con interés, un reparto casi de lujo y un despliegue de puesta en escena que combina calles, habitaciones y hoteles, en una sucesión de espacios urbanos que implican también una forma de relacionarse. Y, por supuesto, el móvil y las nuevas tecnologías como elementos ya decisivos en los modos y efectos de la comunicación (desde la pérdida de batería que condiciona una cita crucial a un mensaje incómodo descubierto por terceras personas).

El cineasta de ‘En el valle de Elah’ abusa del material, se muestra algo repetitivo y como sucede en las historias solapadas la irregularidad es la norma del tráfico narrativo y del gancho con el espectador.  Un escritor que acaba de separarse; una madre neoyorquina acusada de un accidente; un empresario enredado en una historia mafiosa con una gitana… Son situaciones de todos los colores y matices pero casi nunca se nos desvelan las profundidades, ni los motivos, ni las aristas de un romance a tres bandas en el que lo formal y lo emocional chocan por la solidez de la primera y lo endeble de la segunda. El director recobra el universo de la interesante pero sobrevalorada ‘Crash’ a la hora de trazar un mosaico de las relaciones humanas. En unos casos la falta de credibilidad es manifiesta Y en otras la carga dramática no se corresponde con la superficialidad. Vemos tatuajes, heridas, surcos, cicatrices pero nunca conocemos de verdad ni las causas ni sus verdaderas dimensiones.

Drama coral pero con una levedad pedante tras la cual los personajes deambulan lacerantes, de tal modo que a medida que el tránsito se agranda pierden intensidad y atractivo. Al espectador empieza a importarle poco dejar a estas criaturas y volver más tarde sobre ellas, sabedor de que nada habrá cambiado. Puzle ombliguista sobre desdichas varias, poco verosímiles en algunos casos, retorcidas o monótonas, casi siempre regodeándose en su sufrimiento. Hay momentos muy forzados, truculencia facilona y el combate entre la carne y el deseo resulta demasiado ligero. Misterios, temores, dolor y redención en una partida con más casillas que reglas. La ansiedad y la idea vencen a ese lúcido territorio fieramente humano que aquí casi nunca desgarra

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Entre iconos y discursos
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Guillermo Balbona | 10-03-2015 | 10:22| 0

Selma
Reino Unido. 2014. 123 m. (12). Drama. Directora: Ava DuVernay. Intérpretes: David Oyelowo, Tom Wilkinson, Tim Roth, Giovanni Ribisi, Cuba Gooding Jr. Salas: Cinesa

En ocasiones apunta a que el documento y el peso de la historia jibarizarán la crónica y la recreación. Pero la emoción y la narración sólidas logran simular los artificios con eficacia. Es un filme de iconos, el de del político y activista Martin Luther King; el de la marcha desde Selma a Montgomery (Alabama), en 1965, que llevó al presidente Lyndon B. Johnson a aprobar la ley sobre el derecho al voto de los ciudadanos negros; el de los tópicos documentales sobre protestas y luchas callejeras.
‘Selma’, sin embargo elude el tópico fácil con un excelente guión, el apoyo en las interpretaciones y un retrato psicológico nada desdeñable. A los testimonios y el lúcido perfil histórico, rigurosamente documentado, el filme subraya su vocación de poderoso álbum. El problema es que en su inventario de unos hechos cruciales habita más ilustración que emoción pura, pese a que ‘Selma’ sustituye la épica del espectáculo superficial, el biopic al uso, por una propuesta íntima. Su valor estriba en su pragmatismo para constituirse y postularse en invitación para futuras profundizaciones en los acontecimientos que narra. La de ‘Selma’ es una crónica de historias pequeñas que configuran el mosaico de la historia con mayúsculas. El atractivo radica en que se inclina más por cierto humanismo y subordina la política.
La directora de ‘The door’, Ava DuVernay, que ha sido este pasado mes la primera realizadora negra nominada para el Oscar, quien se inició precisamente en el campo documental y ha desarrollado su labor como publicista, demuestra sus dotes narrativas. Ella se acerca a la esencia de los personajes, entre contradicciones, intereses y pasiones. Hay un abuso de cámaras lentas y, por ende, demasiados subrayados en lo dramático. ‘Selma’, que obtuvo el premio a la mejor canción en la noche de Hollywood, logra algunos momentos importantes de intimidad reveladora pero se pierde cuando desfilan personalidades clave en los acontecimientos que se presentan como meros cromos sin llegar a apreciarse en carne viva. Precisamente es tanta la fuerza mítica de las crónicas documentalistas en blanco y negro que su utilización en el último tramo acaba por solapar el esfuerzo visual anterior.
Medio siglo después de aquellas marchas muchas ciudades de EEUU han vivido protestas por muertes y abusos policiales contra ciudadanos negros, caso de la muerte de Michael Brown en Ferguson. En este caso la película por oportunidad convierte su vaivén entre discursos e iconos, no siempre equlibrado, en una necesaria construcción sobre derechos humanos. Si su estilo, elección de punto de vista y detalles pueden ser discutibles y objeto de debate, ‘Selma’ en el tiempo cíclico de la historia pasa a ser pura joya educativa y piedra angular de memoria histórica para olvidadizos, ignorantes y practicantes del borrón y cuenta nueva
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Je suis Hal
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Guillermo Balbona | 09-03-2015 | 1:28| 0

Ex machina
Reino Unido. 2015. 107 m. (12). Ciencia-Ficción. Director: Alex Garland. Intérpretes: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Corey Johnson.her.  Salas: Peñacastillo y Cinesa

 

Se asoma a la ventana de la inteligencia artificial con elegancia, estilo y voz que remite al pasado. Y esa falta de prejuicios y su solvencia narrativas hacen de esta opera prima una interesante mirada aliñada por excelentes interpretaciones y una mirada austera sin afectación ni pedanterías sobre el vértigo futurista.

‘Ex machina’ retrata un duelo, a lo pigmalión, entre programador multimillonario e hiperinteligente (lo primero parece aquí obligado y trascendental para demostrar lo segundo) y un joven lúcido pero aún en carne viva esperando que alguien o algo le abra los ojos. El resto lo ponen la máquinas que como suele ser habitual en toda parábola de fantasía científica que se precie, revelan más humanidad que las criaturas racionales que les asisten. Al modo ‘Frankenstein’ y con sombras referenciales e inevitables de HAL, esta especie de rebelión en la granja de lujo en un hermoso paraje, tiene bastante de obra de cámara con una puesta en escena elegante, una sobriedad que se agradece y mucho cuidado formal. Solo un final precipitado provoca fisuras en el filme del debutante Alex Garland, novelista y guionista, por ejemplo, de  ‘28 días después’.

Alicia Vikander, Oscar Isaac y Domhnall Gleeson juegan a romper el hielo entre esas fronteras difusas e inasibles que dividen la geografía de lo cotidiano y lo trascendente. Las conversaciones oscuras y tecnificadas se alternan con una lúcida brillantez visual. Este paisaje quizás solo está marcado por una cierta morosidad en el ritmo y una teatralidad de algunas situaciones. pero a cambio subraya con tensa eficacia su lado claustrofóbico y su enigma.

Exenta de efectismos y abuso de giros, ‘Ex machina’ se revela como una pausada incursión en el latido invisible del futuro que a veces provoca extrañeza, otras magnetismo e incluso genera interrogantes. Entre la frialdad perseguida, el ‘gran hermano’ como permanente dictado social y moral, el HAL de ‘2001’ se hubiese sentido cómodo como invitado de esta mansión de ikea futurista en el bosque de atractivas mujeres-robot a la espera de ser conectadas, ellas y ellos, a la vida.

El argumento, que introduce elementos sutiles sobre la sexualidad, reflexiones nada banales sobre dominación y la identidad femenina, curiosamente coincide en el tiempo con ‘The imitation game’, con la que comparte paralelismos como el encuentro entre joven y brillante programador y maestro de lujo; desafíos de futuro y el test de Turing. El debate de fondo, como sucedía en la espléndida y visionaria ‘Her’ es si tras su intachable apariencia cabría esperar un futuro emocional más maduro

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Ácido e implacable crepúsculo
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Guillermo Balbona | 09-03-2015 | 9:45| 0

Maps to the stars
Canadá. 2014. 111 m. (16). Drama. Director: David Cronenberg. Intérpretes: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, Carrie Fisher.  Salas: Peñacastillo

Humillados y ofendidos.  Y en el centro un enorme dragón que todo lo devora. Entre la parábola y el cuento. Entre la metáfora y el espejo deformado, David Cronenberg, ácido y también morboso, traza un sinuoso, a ratos ingenioso, en otras ocasiones tendencioso, casi desagradable, retrato de un Hollywood a modo de microcosmos de una cartografía de estrellas con más sombras que luces. ‘Map to the stars’ tiene más de dioses apagados  y en decadencia que de crepúsculo, pero al cineasta de ‘Promesa del este’ y ‘El almuerzo desnudo’ le sirve para encender todas las luces rojas de lo pérfido, cruel y obsesivo.

Una mujer sobreprotectora, un hijo antigua estrella de la TVen rehabilitación o una hija que acaba de salir del psiquiátrico…el catálogo de criaturas entre el delirio y el absurdo, entre la afectación y la perturbación, es interminable. Todo ello en un universo de estrellas errantes, en un cielo que se cae a pedazos y entre numerosos agujeros negros. Banalidad y desolación, humo de vanidades y presiones se combinan y agitan sobre unos personajes que juegan una ruleta de glorias y aspiraciones erradas, mientras Cronenberg satiriza al personal, crea un planeta imaginario escatológico y todo suena a trastorno  y a material vampírico donde la secta de la industria se deja morder por la vulgaridad.

Más cerca de ‘Crash’, entre la extrañeza, el esperpento y la adicción, el último Cronenberg es un festival de egos revueltos sobre una sartén de comedia negra que llega al plato con más desconcierto que comicidad, aunque no hay que negarle el mérito al cineasta de ‘La mosca’ de su facilidad para fascinar y crear una burbuja de depravación, repulsión y encrucijadas siniestras. A veces cerca del David Lynch de ‘Mullholand Drive’, el filme se regodea en una serie de personajes repulsivos y retorcidos y la disección desasosegante está asegurada.

Entre adicciones, limusinas, terapeutas de salón, el ‘juego de Hollywood’ que propone Cronenberg es una parada de monstruos con una Julianne Moore inmensa (mucho más intensa que en ‘Siempre Alice’ que le ha proporcionado el Oscar) al frente del desfile. La fama y su precio, la popularidad, el éxito y el miedo al fracaso o a reconocerse en el espejo asoman en esta dura galería de humor negro y pesadilla. Una mirada implacable, sin resquicios ni tregua que provoca una extraña empatía. En su apariencia un retorcido drama familiar con ansias de melodrama furioso. Neuras, taras, juegos de apariencias, reflejos esperpénticos, dentro de un círculo concéntrico, de un bucle interminable de desolación, entre el ridículo, el miedo y el vértigo en el que se zumbullen unos zombies que persisten en su vanidad.

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La pesada mochila de la redención
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Guillermo Balbona | 06-03-2015 | 10:38| 0

Alma salvaje
2014 115 min.EEUU Director: Jean-Marc Vallée. Guión: Nick Hornby (Autobiografía: Cheryl Strayed) Reparto: Reese Witherspoon, Laura Dern, Gaby Hoffmann, Michiel Huisman, Thomas Sadoski. Sala: Los Ángeles. Estreno. Hasta el domingo 8 de marzo.

En la mochila cabe un peso mayor, el de la expiación y la redención. El trayecto es metáfora. ‘Alma salvaje’ lleva intrínseco el peligro de rozar el ‘readers dijes’, el manual de autoayuda o la ilustración de una guía de rutas con anexo psicológico y letra pequeña para afrontar una celérica regeneración. Sin evitarlo, aunque sin estridencias, el filme de Jean-Marc Vallée logra que la interminable excursión de Reese Witherspoon tenga algo de alumbramiento natural y disipe las dudas sobre la autocomplacencia, la textura televisiva y el exceso convencional. En este sentido, el filme busca un equilibrio entre lo elemental y primario y cierta sutileza estética en torno a la posibilidad de reencontrarse con la vida.

El cineasta de ‘Dallas Buyers Club’, vuelca de nuevo en la interpretación de su protagonista el peso de una historia de retazos, de pinceladas y fragmentos que le confieren una abstracción y clima especiales. No obstante el filme decae por ciertas concesiones al sentimentalismo más fácil y una mirada algo plana sobre algunas situaciones, pese al esfuerzo de la actriz.

Con el escritor y guionista Nick Hornby, y Witherspoon y Dern en duelo dramático, el periplo y el tránsito resultan más intensos, tanto el físico como el simbólico, tanto el exterior y directo y visual como el viaje interior que es el más trascendente. Del riesgo de la mera contemplación el filme salta a menudo sin red al vacío existencial, siempre también en un vaivén entre la superficialidad, la grandilocuencia y la afectación pero sin que uno pierda cierta empatía con el personaje en su punto de fuga. La naturaleza salvaje y la adicción, la huida y la búsqueda de uno mismo, el pasado y el futuro, tienen su habitación propia en este retrato a veces demasiado egocéntrico.

Periplo individual de superación basado en el libro autobiográfico de Cheryl Strayed, ‘Alma salvaje’ traza un mapa de la redención que se mueve sinuosos en la geografía del Sendero de la Cresta del Pacífico, pero que en realidad transcurre en el latido de unos flashbacks, no siempre bien encajados, a modo de álbum de una conversión. Un filme del que uno se puede quedar prendado como un itinerario cómodo, o caer antipático por esa voz en off, a modo de de conciencia permanente, y el aire de equipaje omnipresente de citas, canciones y referencias que nunca reducen su debilidad de tono y su fragilidad de fondo. ‘Alma salvaje’ tiene tanto de sencillo e ilustrativo camino para reinventarse como de senderismo purificador. Director y actriz a veces se abrazan y otras colisionan a la hora de tomar una decisión y el itinerario queda en un ambiguo y endeble cruce. Itaca deberá esperar más profundas incursiones frente a errantes excursiones contemplativas.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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