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Autor: Guillermo Balbona
De enredos y estilos enredados
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Guillermo Balbona | 28-04-2014 | 9:24| 0

Nueva vida en Nueva York
Francia. 2013. 117 m. Director: Cédric Klapisch. Intérpretes: Romain Duris, Audrey Tautou, Cécile De France, Kelly Reilly, Sandrine Holt, Flore Bonaventura, Jochen Hägele. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Como Hannah, Romain Duris tiene a sus mujeres. También pasea por Nueva York, aunque sea con rumbo incierto. Agitada a través de ese roce continuo entre la comedia romántica y dramática, la fricción y el tocamiento de géneros, ‘Nueva vida en Nueva York’ asoma como un agradable aunque algo superficial recorrido de un hombre y sus mujeres, tan forastero en la ciudad que elige en su itinerario como extranjero en lo sentimental. Con ligereza, sin el perfume pegadizo, el filme es una danza entre el optimismo vital, cierto excentricismo y un simpático pero insuficiente retrato de las relaciones. Duris, que esta temporada estaba también en ‘La espuma de los días’, acapara el trono, y las situaciones, anécdotas y diálogos giran a su alrededor como un travelling circular sobre el personaje y el actor. En realidad Cédric Klapisch firma una entrega más de una supuesta trilogía configurada por  ‘L’auberge spagnole’ y ‘Las muñecas rusas’. El mosaico está cuidado y combina con destreza lo delicado con la vuelta de tuerca aunque falta ese último aliento enérgico que imprime huella en hechos y criaturas. Los nuevos núcleos familiares, las distancias cortas y los kilómetros que a veces separan a los afectos, lo convencional y lo informal, y esa confusa red de emociones sobre la inmadurez tejen el territorio de un filme que acaba enredado en la aproximación de géneros. La ficción mantiene su coherencia, ese toque Erasmus entre el viaje entusiasta, el afán por descubrir y la alegría de vivir con la que nació este periplo de un joven estudiante, ahora escritor separado, que mira el mundo a través de sus mujeres. Quizás excesiva en su metraje, esta ‘nueva vida’ deambula no siempre con éxito por ese cubo Rubick particular o «rompecabezas chino», término del título original. El toque y la textura que más se incrustan en la piel responde a las excelentes interpretaciones y a ese aire de complicidad que reina en los pasajes y vicisitudes, como si constituyera una gran familia reconocible y cercana para el espectador. Klapisch, desde ‘Una casa de locos’, ha construido en doce años esta red vital que recuerda las coordenadas de la saga ‘Antes de…’, de Richard Linklater, aunque con resultados menores y menguantes. ‘Como en la española ‘La vida inesperada’,  con la que comparte un mapa físico, geográfico y sentimental similar, hay más intención que emoción. Como aquella, todo discurre con alturas y desfallecimientos, con secuencias que se asemejan a despojos de una serie televisiva y hallazgos de enredo con su particular personalidad. Entre tanto vaivén la sensación cansina se apodera, poco a poco, del vínculo con los personajes. Hay encanto pero uno se pierde en este laberinto del corazón porque deja de escuchar los latidos.

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Nostalgia de western
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Guillermo Balbona | 28-04-2014 | 9:21| 0

Una noche en el viejo México
EE.UU. 2013. 103 m. Director: Emilio Aragón. Intérpretes: Robert Duvall, Jeremy Irvine, Angie Cepeda, Luis Tosar, Joaquín Cosio.

Tras unos versos de Dylan Thomas, el filme arranca con una joya tan deslumbrante que ya no volverá a recuperarse: un monólogo en clave Shakespeare sobre la derrota, el fracaso y un enconado pulso sobre vivir o dejar de hacerlo, en el que Robert Duvall compone un inmenso fragmento dramático. Desde ese punto de partida esta pretendida balada, entre la nostalgia de western y la road movie crepuscular, ya no logrará recobrar esa visceral narrativa melancólica. Emilio Aragón opta por adentrarse en lo fronterizo, tanto en la ficción –en lo que no se cuenta como en los propios géneros que aborda,– pero el guión que maneja es endeble. La rendición a la veterana estrella, un actor de raza que deja momentos memorables, es tal que el filme se desangra y poco interesa de ese encuentro inesperado de un viejo y un joven en una encrucijada de pérdidas, fronteras y sueños rotos.  Con las huellas y tatuajes recientes de ‘Nebraska’ en la piel es difícil asumir un viaje de Cadillac con abuelo alcohólico y vaquero resistente en compañía de nieto dispuesto a empaparse de una veloz sucesión de experiencias con ansiedad iniciática. ‘Una  noche en el viejo México’ se deja mecer entre la interpretación de Duvall y esa atmósfera lírica pero demasiado hermética sobre las cosas perecederas y el destino. Las relaciones paternofiliales, sin duda el territorio que más ha pisado el cine en los últimos tiempos, es el trasfondo de este camino sentimental aderezado con una trama criminal de quita y pon y algunos perfiles secundarios muy debilitados. Emilio Aragón mantiene, no obstante, las constantes vitales de un cine de género, con la lección muy aprendida. El cineasta de la nada desdeñable ‘Pájaros de papel’ se apoya en el guionista William Wittliff para recrear ese ambiente de frontera, carretera, polvo, con melodía tarareada, con sombrero y al volante, por el gran Duvall. Hay más poses que estética, más escritura correcta que arrebatos de liberación y disidencia. La querencia y la devoción por su protagonista hace el resto. Aragón presenta un campo árido y minado, con una mirada demasiado blanda y meliflua. La épica amenazada del vaquero al que la especulación y la ambición inmobiliaria le condenan a la reserva, pedía desgarro y violencia contenida. Una mirada agradable que nunca provoca emoción ni estremecimiento. Solo un paseo por las entrañas de lo fronterizo.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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