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Autor: Guillermo Balbona
El club de la farsa tontorrona
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Guillermo Balbona | 19-06-2014 | 9:37| 0

No hay dos sin tres
EE UU. 2014. 109 m. (12). Comedia. Director: Nick Cassavetes. Intérpretes: Cameron Diaz, Leslie Mann, Kate Upton, Nikolaj Coster-Waldau, Don Johnson.
Tras enterarse de que su novio está casado, Carly Whitten descubre además que tiene mucho en común con su esposa. Y cuando se enteran de que tiene otra amante más, las tres se alían para vengarse de él. Cinesa y Peñacastillo.

Huérfana de una dirección que hubiese exprimido toda la mala baba que subyace a este encuentro azaroso y coral en femenino plural, ‘No hay dos sin tres’ camina hacia la deriva histérica desde que se plantea el conflicto. Es una lástima que actrices como Leslie Mann, con toda su potencia para medir los tiempos, no luzcan más por culpa de un guión estancado y de un director, Nick Casavettes, que convierte un enredo en una mezcla algo monótona y gritona de terapia de grupo, psicodrama y opereta con mucha verborrea y gestualidad desbordante, a veces incluso molesta. Apoyado en una banda sonora que mezcla algunos temas clásicos con los oportunos estándares comerciales, el cineasta de ‘El diario de Noa’ y ‘John Q’  echa mano de la estética de catálogo de decoración. Un glamour impostado envuelve a unos personajes estereotipados en la fórmula ‘cómo eliminar a…’.

Pero Casavettes, ajeno al género y alejado de su interesante debut, se muestra poco dotado para imprimir ritmo y sutileza a la comicidad innata de algunas de sus actrices y a la venganza de este trío de amantes despechadas. A lo previsible se suma una afectación casi permanente de modo que se unen la sosería, la situación bobalicona y un paródico tono equivocado diluido todo en una masa insulsa, con atmósfera descuidada, entre lo convencional y lo previsible. Incluso la película está contada como si varios episodios de una sitcom hubiesen sido pegados de modo artificial. Todo es liviano y eso no sería molesto si no fuera porque nadie se ocupa de disfrazar tal cúmulo de naderías.

Las sonrisas afloran en alguna situación ocasional pero no fluyen porque el filme sustituye la acidez y la malicia intrínsecas al juego de seducción que sostiene la trama, por un azucarado avispero que mete mucho ruido y enreda, pero no pica ni envuelve. El club de esposas, novias y amantes jubilosamente unidas en la redención, la amistad y el golpe bajo, se convierte en una travesura y rabieta con escaso ingenio y menos originalidad. El desinterés narrativo equivale al desfallecimiento que va desprendiéndose de la comedia a medida que su engranaje se atora en chistes fáciles, anécdotas y banalidades.
El director de ‘La decisión de Anne’ opta por lo políticamente correcto y el lugar común. El gamberrismo bien entendido y la provocación, a lo Apatow, brilla por su ausencia. Farsa tontorrona, incluyendo algún burdo rizo escatológico made in Farrely, y muy poco natural pese a la necesidad primaria a la que apela. Al final la guerra de sexos parece aquí un chiste de campamento scout.

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Las apariencias casi siempre engañan
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Guillermo Balbona | 16-06-2014 | 8:27| 0

Las dos caras de enero
EE UU/RU/Fra. 2014. 96 m. (12). Drama. Director: Hossein Amini. Intérpretes: Viggo Mortensen, Kirsten Dunst, Oscar Isaac. Salas:  Cinesa y Peñacastillo

Confesaba Patricia Highsmith que le interesa la moral, «a condición de que no haya sermones». Su historia de una atractiva pareja americana que se detiene en Atenas durante su viaje europeo, es una de esas resbaladizas, turbulentas, a veces morbosas historias que se deslizan lentamente por la superficie de las cosas. ‘Las dos caras de enero’ revela casi sin querer la condición humana a través de la epidermis de un trío de personajes que juegan a sobrevivir con delicadeza, moviéndose por el filo de la navaja de las apariencias, que casi siempre engañan.

Y nada mejor que el contraste de la luz mediterránea, el aplomo heleno de la civilización en ruinas para colisionar con lo oscuro interno, con el pasado inquietante y lo oculto que no debe asomar ni siquiera para mostrar la patita de la otra vida. Para ilustrar este paisaje moral y amoral, turbio y también extraño un guionista reconvertido en director pone orden a la sordidez y firma un thriller sólido, sin arriesgadas piruetas, pero equilibrado de tono y con mucha sabiduría y caudal cinéfilo a sus espaldas clásicas.

Exento de aspavientos, mezcla una cierta elegancia sutil y estilo. En ningún momento esta estación termini de sucio dinero, pasión convulsa y suspense de sudor frío –con toques de Mr. Ripley y Anthony Minghella (incluso uno de los productores es el hijo del realizador desaparecido)– se decanta por giros radicales, ni argumentales ni gestuales. ‘Las dos caras de enero’ brilla en su laxitud, se tiende con un naturalismo reposado, nunca impostado, y deja que sus criaturas, entre sombras, fotografías del pasado y cortinas rasgadas muestren sus heridas.

En su apariencia, que el filme también las tiene, la de la corrección, por ejemplo, es un catálogo de intriga pero subyace esa enfermiza y malsana melancolía de unos personajes que buscan o definitivamente se saben lejos de esas otras vidas deseadas. Melodrama con postal de los sesenta como escenario, el debut de Hossein Amini, guionista de la excelente ‘Drive’, refuerza su querencia por un cine de personajes y una sobria caligrafía. Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac, tras pasar por el filtro de los Coen, aportan una generosa entrega y contribuyen a que la historia sin manoseos innecesarios tenga un Hitchcock dentro e inocule recetas freudianas en un juego atractivo que nunca llega a deslumbrar del todo.

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Épica de la diferencia
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Guillermo Balbona | 10-06-2014 | 7:58| 0

X-Men: Días del futuro pasado 

Estados Unidos. 2014. 130 m.  Director: Bryan Singer. Intérpretes: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Ian McKellen, Patrick Stewart, Ellen Page.  Salas: Peñacastillo y Cinesa

Mutatis mutandi los mutantes encuentran otra vida en pantalla a través de una arriesgada pirueta entre el viaje en el tiempo, la  coherencia con el resto de la saga y la sofisticación. Lo cierto es que ‘X-Men: Días del futuro pasado’ roza la excelencia al combinar una narración sólida, un rizo que supera los temores de las forzadas prótesis de las franquicias y una elegancia visual extrema. Además cada personaje, dentro de esa orquestación coral de los personajes de la Marvel, tiene su protagonismo y su deslumbrante sello de identidad.

Cómic, emociones, ironía de fábula política con Vietnam, Nixon y JFK como fondo argumental y un sentido del fantástico que concede mayor personalidad a la apuesta, independizándola de la propia saga. Una secuela con sentido de la grandeza sin caer en ampulosos manierismos, jugando con el tiempo con verdadera elegancia.

Bryan Singer es un mago que lo mismo imprime sentido sinfónico a este reencuentro con atmósfera setentera que se permite jocosas vueltas de tuerca con Lobezno como personaje casi preferente. Aunque el espectador primerizo de la saga se sentirá un poco huérfano, la película utiliza con inteligencia el pasado, presente y futuro de sus criaturas y hace uso de la acción con un tono que mezcla a la perfección lo operístico con lo intimista. Precisamente uno de sus factores más atractivos y arriesgados es su equilibrio a la hora de empapar la acción con lo reflexivo, lo trascendente con lo frívolo, el entretenimiento con una hondura emocional y existencial.

Entre superpoderes y exaltaciones visuales, esta entrega coquetea con sus precedentes y da un paso más en la definición de los personajes. El profesor Singer enseña el camino a sus poderosos discípulos y todo adquiere una mezcla de iniciación y lucidez  muy humanas. El reparo compite en estrellas pero no se deslumbran unas a otras porque el cineasta controla y dosifica la apariciones. Hay un malo con mucha miga, la digital y la otra, y eso garantiza que la función gane peso. El blockbuster tiene piel y sangre y hueso. No es un artefacto. Aquí el filme reinventa la franquicia sin traiciones. Acerca de una manera más revolucionaria el guión y el dibujo originales y se permite un corte de manga a  cualquier ‘decisión final’. La coincidencia en cartelera con ‘Al filo del mañana’ no deja de ser un guiño curioso que siembra y opone el fértil campo minado de los juegos temporales. Déjense llevar: este magnífico laberinto está abierto como un viaje al pasado con mucho futuro.

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Apenas perturba
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Guillermo Balbona | 05-06-2014 | 9:26| 0

Dos madres perfectas

Francia/Australia. 2014. 111 m.  Director: Anne Fontaine. Intérpretes: Naomi Watts, Robin Wright, Xavier Samuel, James Frecheville, Ben Mendelsohn, Sophie Lowe, Jessica Tovey y Gary Sweet.

Hedonismo, contemplación y pasiones. Amor, amistad y placer. Madres e hijos entrecruzan deseos y enamoramiento en este retablo con pátina de postal y resort de lujo.  Todo es mediterráneo y apetecible pero la colisión y el conflicto no cuajan en verdadero drama. Todo es dualidad en ‘Dos madres perfectas’: las madres y sus respectivos hijos, las relaciones cruzadas, lo adulto y lo adolescente, pero también lo son las interpretaciones. Y ahí el filme se desmaya hasta sacar los colores.

Mientras Robin Wright y Naomi Watts ponen consistencia y serenidad, sus jóvenes oponentes/contrarios no permiten dar credibilidad  al duelo coral. La cineasta francesa Anne Fontaine no consigue aportar solidez ni transmitir fascinación, con lo que el filme se mueve entre la decepción y el ridículo, entre el desencanto y el desequilibrio.

El drama no lubrica y nada adquiere hondura ni persistencia. Solo en escasos momentos la lucidez visual eleva el pulso existencial, sensual y sexual de unas criaturas que se mueven entre la seducción y la redención. Los saltos en el tiempo tampoco ayudan. Aunque posee un valor nada desdeñable: no es un filme moral. No juzga pero precisamente por ello se echa de menos una mayor profundidad en el retrato de la decadencia de unos personajes y los respectivos cadáveres en el armario de esas vidas.

Sombras y represiones, perversiones y miedos, sí, pero con una tendencia a pasearse por la epidermis. Con el soporte literario de fondo de los relatos de Doris Lessing, demasiado lejano en pantalla, el filme impone un cierto realismo deslizante mientras las emociones y la disección sentimental pasan de largo. La complejidad se transmite mejor en algunos planos silenciosos de miradas que en la estructura endeble de lo dramático. Hay más desfile que trastienda. La directora de ‘Limpieza en seco’ y ‘Coco’ opta por pasar de puntillas en un escenario perturbador y convulso.

Y su sordo ruido no daña ni la moqueta. Nada inquieta las pasiones. El desorden emocional resulta demasiado ordenado. El temor a equivocarse y las heridas del amor dañado subyacen y fluyen bajo esa ecuación de sol, playa y paisaje idílico. Lo más humano lo ponen las actrices, al cabo la fugacidad de dos mujeres sumergidas en el fatalismo que se niegan a ser mayores. La belleza tiene estas cosas. En este caso el cine solo las enuncia.

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Marmota bélica
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Guillermo Balbona | 03-06-2014 | 12:16| 0

Al filo del mañana

Estados Unidos. 2014. 113 m.  Director: Doug Liman. Intérpretes: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver, Jonas Armstrong.

Auí la marmota es alienígena y bélica. Un Tom Cruise atrapado en su futuro, en un bucle temporal de armas sofisticadas, batallas futuristas y misiones suicidas. Adaptación del manga de Hiroshi Sakurazaka el filme, precisamente por la reiteración, es algo cansino aunque el montaje aplica con eficacia la insistente reiteración de los pasajes clave de la historia. El cineasta Doug Liman, director de ‘El caso Bourner’ y ‘Señor y Señora Smith’, demuestra su facilidad para las situaciones extremas y exprimir los pasajes al límite. Sin embargo el filme padece varios derrames argumentales, algunas zonas cero y un agujero negro que lastra la mezcla de géneros: la ausencia de química entre la guerrera Emily Blunt y la megaestrella Cruise. Liman se engancha a una ciencia ficción turbo mix con notas de humor negro, homenajes y la idea de ‘Atrapado en el tiempo’ de Harold Ramis envuelta en golpes de intrascendencia ligera y entusiasta. Todo es lúdico y, a veces, frenético pero no acaba de superar el ecosistema de videojuego. Como, ya se ha dicho, no funciona el roce en la pareja protagonista y la vista se desvía hacia cierto sentido de la autoparodia que sanea los territorios más insípidos de la historia. A través de un tono impulsivo, más que pasional, y con una entregada interpretación del protagonista de ‘Nacido el 4 de julio’,  el Día de la marmota es aquí una especie de machacón desembarco bélico entre soldados suicidas, patrullas tontorronas y heroínas muy físicas. Si en el clásico de Ramis el objeto era enamorar a una mujer, en esta se trata de salvar al mundo, ambas hazañas de idéntica dificultad y complejidad. Pero aquella, sin descuidar nunca la comedia, destacaba por mantener una trascendente ilusión seductora. Por el contrario ‘Al filo del mañana’ opta por una ironía no siempre reflejada con lucidez aunque Cruise sí deja rastros eficaces en su vuelta de tuerca a los papeles de héroe y salvador que han sembrado su última trayectoria.  A la apuesta le falta soltura, desprenderse algo de la idea original y mostrar una mirada menos confusa. Hay entretenimiento y frivolidad. Y se echa de menos un tiro de gracia sorpresivo que eluda la sensación de agotamiento. El cine hace tiempo que es puro eterno retorno. Esta broma lo ilustra.

Trailer de la película

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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