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Autor: Guillermo Balbona
Romper el hielo
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Guillermo Balbona | 13-03-2015 | 10:02| 0

Red army
2014 85 min.Rusia Director:Gabe Polsky Fotografía: Peter Zeitlinger, Svetlana Cvetko . Género: Documental. Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Hasta el dia 15 de marzo.

 

Geopolítica sobre hielo. Guerra fría y documento muy caliente. Aunque ya se desinfló, la casi moda del documental ha dejado un poso esencial. Pese a la irregularidad se siguen estrenando en salas comerciales, caso de ‘La sal de la tierra’, logran espacios destacados en festivales y programaciones y superan el lugar común de la especialización y los compartimentos estancos. ‘Red army’ es una valiosa y atractiva excepción que ha pasado por todos esos eslabones de la distribución y estos días es objeto de obligada dedicatoria por la Filmoteca cántabra. Michael Moore encabezó la querencia documental, y Werner Herzog y Wim Wenders la han otorgado autoridad y prestigio.

La Unión Soviética y el equipo de hockey sobre hielo, conocido como ‘El ejército rojo’, cruzan significado y destinos en este documento reconvertido en metáfora política, crónica inusual de un estado de la cuestión, utilización y manipulación del deporte y colisión del hombre y el sistema. El testimonio del ex-capitán del equipo, Slava Fetisov, a través de sus roles oficiales de héroe nacional, primero, y enemigo político, después, sirve de cauce por el pasado soviético, la decadencia y los cambios de una nueva Rusia. Es por tanto un grieta en la superficie helada de un fragmento de historia y también una forma de zambullirse en la amistad y en la constancia. Deporte e historia conviven y se enfrentan, dialogan y se repelen en esta mirada atrás muy ingeniosa, tras la que se revela la sombra de Werner Herzog quien aporta a su director, Gabe Polsky, ese tono virtuoso y la originalidad de todo su cine. Esa doble mirada entre épica y analítica, irónica y de retrato de época, aporta un juego que permite superar las reglas del género y las etiquetas.

Identidad nacional y canto comunista frente al capitalismo, material de archivo y giros eficaces se suceden en una selección de imágenes con sabor histórico y con interesante encaje. ‘Red Army’, siempre fruto de la presencia en la ‘producción’ del cineasta de  ‘Aguirre, la cólera de Dios’ o ‘Grizzly Man’, es una vuelta de tuerca a la propaganda, al oportunismo político, a la agudeza en la disección. Verosimilitud, lucidez, arte y deporte se combinan con inteligencia en una historia de análisis que tiene su mayor virtud en mostrarse más seductora cuanto menos documental parece. Las entrevistas aportan una extraña complicidad y convierten la política en una especie de ‘dream team’ del montaje subliminal, de los entresijos, malicias y juegos del poder. Una roja impresión de sensaciones que se sospechan y se daban por sentadas, entre la legitimación y el exhibicionismo deportivo, casi todo excepcionalmente atado.

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Un lugar en el mundo
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Guillermo Balbona | 12-03-2015 | 10:06| 0

Cuentos de tokio
1953 139 min. Japón Director: Yasujiro Ozu. Guión: Yasujiro Ozu & Kôgo Noda
Reparto:Chishu Ryu, Chiyeko Higashiyama, Setsuko Hara, So Yamamura, Haruko Sugimura. Drama. Sala: Náutica. Filmoteca Universitaria. Jueves 12 de marzo, a las 20 horas.

Nostalgia y depuración. Melancolía y belleza. Sencillez y complejidad. El cine de Ozu merece y propicia tantas interpretaciones como ensayos y reflexiones. Pero ante todo es la vida. Una de sus muchas obras maestras, quizás la más popular y significativa, ‘Cuentos de Tokio’, cierra hoy el ciclo que la Filmoteca Universitaria ha dedicado con acierto al cine japonés a través de una serie de obras clave que sintetizan su influencia y su contrastada posición iconográfica respecto a Occidente.

La planificación, la hermosa puesta en escena, su sutil discurso impregnan la obra de Ozu de un seductor encanto a la hora de abordar el desmoronamiento, el choque y la supervivencia de una serie de tradiciones y formas de vida. Recientemente ‘Una familia de Tokio’ del veterano Yôji Yamada abordaba una relectura de la emblemática pieza clásica de Ozu. Entre 1949 y 1953, dirigió tres películas protagonizadas por una joven llamado Noriko, todas ellas interpretadas por Setsuko Hara. Tres muchachas diferentes vertebran ‘Primavera tardía’ (ya vista en el ciclo), ‘Principios de verano’ y ‘Cuentos de Tokio’.

Antonio Santos, coordinador de esta cita, en sus profundas y constante exégesis del cine de Ozu, ha defendido la variedad formal y temática de su cine frente a la etiqueta familiar que le persigue.  Esa «celebración continua de lo cotidiano» es el diapasón de ‘Cuentos de Tokio’, de su intrínseca caligrafía, pulso y ritmo. «Creó un estilo que empieza y termina en sí mismo. En modo alguno puede ser considerado paradigma de cine japonés: llegado el caso, sólo lo sería de sí mismo. Se ha podido imitar y homenajear con mayor o menor fortuna su forma de hacer cine; pero nadie ha vuelto a hacer nada parecido», ha subrayado Santos en ocasiones. La fugacidad del tiempo, el pensamiento que está adscrito a cada imagen más allá del cuidado formal son elementos que sostienen su arquitectura cinematográfica. La colisión generacional, el vértigo entre la decadencia, tras la segunda guerra mundial, y la memoria, mayores y jóvenes, las tradiciones ancestrales y el progreso dialogan y se oponen en el filme de Ozu con delicada eficacia.

Con exquisita sensibilidad el cineasta disecciona esos enfrentamientos culturales, las pérdidas y las innovaciones, lo próximo y lo trascendente. El punto de fuga, los decorados de cuatro paredes y la renuncia a movimientos de cámara subrayados son inherentes a una mirada inmensa que abarca el detalle, sugiere la atmósfera y hace del encuadre un lugar en el mundo. A la hondura reflexiva humanista suma el peso del legado histórico, el fracaso y la decepción y una tensión temporal, atemperada por una poética casi constante. En Ozu siempre se respira una especie de liturgia lúcida que universaliza lo local.

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Cruces, azares y colisiones
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Guillermo Balbona | 11-03-2015 | 9:46| 0

En tercera persona
EE UU. 2013. 137 m. (12). Drama. Director: Paul Haggis. Intérpretes: Liam Neeson, Mila Kunis, Adrien Brody, Olivia Wilde, James Franco, Kim Basinger. Salas: Cinesa

En su apariencia, y con un subrayado musical casi permanente y algo molesto, se asemeja a esas películas de historias paralelas, más que cruzadas, que proliferaron en cierto cine europeo de los setenta. En otras ocasiones, ‘En tercera persona’ es una encrucijada azarosa de tres historias de amor que discurren paralelas en otras tantas ciudades, Roma, París y Nueva York, donde las oquedades, ausencias, miedos y, sobre todo, mentiras, se suceden entre similitudes y paralelismos. Si nos detenemos en el primer factor anacrónico el filme resulta cargante y sin frescura. Si valoramos el juego a lo ‘Vidas cruzadas’ el balance simplemente es que estamos ante una obra fallida. Entre cruces, colisiones y azares anda el juego de estas parejas con más motivos de ruptura y  distancia que de comunión y complicidad.

El filme de Paul Haggis posee suficientes atractivos para encauzar un cine maduro, con estilo y con muchas voces en su interior: historias con interés, un reparto casi de lujo y un despliegue de puesta en escena que combina calles, habitaciones y hoteles, en una sucesión de espacios urbanos que implican también una forma de relacionarse. Y, por supuesto, el móvil y las nuevas tecnologías como elementos ya decisivos en los modos y efectos de la comunicación (desde la pérdida de batería que condiciona una cita crucial a un mensaje incómodo descubierto por terceras personas).

El cineasta de ‘En el valle de Elah’ abusa del material, se muestra algo repetitivo y como sucede en las historias solapadas la irregularidad es la norma del tráfico narrativo y del gancho con el espectador.  Un escritor que acaba de separarse; una madre neoyorquina acusada de un accidente; un empresario enredado en una historia mafiosa con una gitana… Son situaciones de todos los colores y matices pero casi nunca se nos desvelan las profundidades, ni los motivos, ni las aristas de un romance a tres bandas en el que lo formal y lo emocional chocan por la solidez de la primera y lo endeble de la segunda. El director recobra el universo de la interesante pero sobrevalorada ‘Crash’ a la hora de trazar un mosaico de las relaciones humanas. En unos casos la falta de credibilidad es manifiesta Y en otras la carga dramática no se corresponde con la superficialidad. Vemos tatuajes, heridas, surcos, cicatrices pero nunca conocemos de verdad ni las causas ni sus verdaderas dimensiones.

Drama coral pero con una levedad pedante tras la cual los personajes deambulan lacerantes, de tal modo que a medida que el tránsito se agranda pierden intensidad y atractivo. Al espectador empieza a importarle poco dejar a estas criaturas y volver más tarde sobre ellas, sabedor de que nada habrá cambiado. Puzle ombliguista sobre desdichas varias, poco verosímiles en algunos casos, retorcidas o monótonas, casi siempre regodeándose en su sufrimiento. Hay momentos muy forzados, truculencia facilona y el combate entre la carne y el deseo resulta demasiado ligero. Misterios, temores, dolor y redención en una partida con más casillas que reglas. La ansiedad y la idea vencen a ese lúcido territorio fieramente humano que aquí casi nunca desgarra

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Entre iconos y discursos
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Guillermo Balbona | 10-03-2015 | 10:22| 0

Selma
Reino Unido. 2014. 123 m. (12). Drama. Directora: Ava DuVernay. Intérpretes: David Oyelowo, Tom Wilkinson, Tim Roth, Giovanni Ribisi, Cuba Gooding Jr. Salas: Cinesa

En ocasiones apunta a que el documento y el peso de la historia jibarizarán la crónica y la recreación. Pero la emoción y la narración sólidas logran simular los artificios con eficacia. Es un filme de iconos, el de del político y activista Martin Luther King; el de la marcha desde Selma a Montgomery (Alabama), en 1965, que llevó al presidente Lyndon B. Johnson a aprobar la ley sobre el derecho al voto de los ciudadanos negros; el de los tópicos documentales sobre protestas y luchas callejeras.
‘Selma’, sin embargo elude el tópico fácil con un excelente guión, el apoyo en las interpretaciones y un retrato psicológico nada desdeñable. A los testimonios y el lúcido perfil histórico, rigurosamente documentado, el filme subraya su vocación de poderoso álbum. El problema es que en su inventario de unos hechos cruciales habita más ilustración que emoción pura, pese a que ‘Selma’ sustituye la épica del espectáculo superficial, el biopic al uso, por una propuesta íntima. Su valor estriba en su pragmatismo para constituirse y postularse en invitación para futuras profundizaciones en los acontecimientos que narra. La de ‘Selma’ es una crónica de historias pequeñas que configuran el mosaico de la historia con mayúsculas. El atractivo radica en que se inclina más por cierto humanismo y subordina la política.
La directora de ‘The door’, Ava DuVernay, que ha sido este pasado mes la primera realizadora negra nominada para el Oscar, quien se inició precisamente en el campo documental y ha desarrollado su labor como publicista, demuestra sus dotes narrativas. Ella se acerca a la esencia de los personajes, entre contradicciones, intereses y pasiones. Hay un abuso de cámaras lentas y, por ende, demasiados subrayados en lo dramático. ‘Selma’, que obtuvo el premio a la mejor canción en la noche de Hollywood, logra algunos momentos importantes de intimidad reveladora pero se pierde cuando desfilan personalidades clave en los acontecimientos que se presentan como meros cromos sin llegar a apreciarse en carne viva. Precisamente es tanta la fuerza mítica de las crónicas documentalistas en blanco y negro que su utilización en el último tramo acaba por solapar el esfuerzo visual anterior.
Medio siglo después de aquellas marchas muchas ciudades de EEUU han vivido protestas por muertes y abusos policiales contra ciudadanos negros, caso de la muerte de Michael Brown en Ferguson. En este caso la película por oportunidad convierte su vaivén entre discursos e iconos, no siempre equlibrado, en una necesaria construcción sobre derechos humanos. Si su estilo, elección de punto de vista y detalles pueden ser discutibles y objeto de debate, ‘Selma’ en el tiempo cíclico de la historia pasa a ser pura joya educativa y piedra angular de memoria histórica para olvidadizos, ignorantes y practicantes del borrón y cuenta nueva
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Je suis Hal
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Guillermo Balbona | 09-03-2015 | 1:28| 0

Ex machina
Reino Unido. 2015. 107 m. (12). Ciencia-Ficción. Director: Alex Garland. Intérpretes: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Corey Johnson.her.  Salas: Peñacastillo y Cinesa

 

Se asoma a la ventana de la inteligencia artificial con elegancia, estilo y voz que remite al pasado. Y esa falta de prejuicios y su solvencia narrativas hacen de esta opera prima una interesante mirada aliñada por excelentes interpretaciones y una mirada austera sin afectación ni pedanterías sobre el vértigo futurista.

‘Ex machina’ retrata un duelo, a lo pigmalión, entre programador multimillonario e hiperinteligente (lo primero parece aquí obligado y trascendental para demostrar lo segundo) y un joven lúcido pero aún en carne viva esperando que alguien o algo le abra los ojos. El resto lo ponen la máquinas que como suele ser habitual en toda parábola de fantasía científica que se precie, revelan más humanidad que las criaturas racionales que les asisten. Al modo ‘Frankenstein’ y con sombras referenciales e inevitables de HAL, esta especie de rebelión en la granja de lujo en un hermoso paraje, tiene bastante de obra de cámara con una puesta en escena elegante, una sobriedad que se agradece y mucho cuidado formal. Solo un final precipitado provoca fisuras en el filme del debutante Alex Garland, novelista y guionista, por ejemplo, de  ‘28 días después’.

Alicia Vikander, Oscar Isaac y Domhnall Gleeson juegan a romper el hielo entre esas fronteras difusas e inasibles que dividen la geografía de lo cotidiano y lo trascendente. Las conversaciones oscuras y tecnificadas se alternan con una lúcida brillantez visual. Este paisaje quizás solo está marcado por una cierta morosidad en el ritmo y una teatralidad de algunas situaciones. pero a cambio subraya con tensa eficacia su lado claustrofóbico y su enigma.

Exenta de efectismos y abuso de giros, ‘Ex machina’ se revela como una pausada incursión en el latido invisible del futuro que a veces provoca extrañeza, otras magnetismo e incluso genera interrogantes. Entre la frialdad perseguida, el ‘gran hermano’ como permanente dictado social y moral, el HAL de ‘2001’ se hubiese sentido cómodo como invitado de esta mansión de ikea futurista en el bosque de atractivas mujeres-robot a la espera de ser conectadas, ellas y ellos, a la vida.

El argumento, que introduce elementos sutiles sobre la sexualidad, reflexiones nada banales sobre dominación y la identidad femenina, curiosamente coincide en el tiempo con ‘The imitation game’, con la que comparte paralelismos como el encuentro entre joven y brillante programador y maestro de lujo; desafíos de futuro y el test de Turing. El debate de fondo, como sucedía en la espléndida y visionaria ‘Her’ es si tras su intachable apariencia cabría esperar un futuro emocional más maduro

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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