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Autor: Guillermo Balbona
Rotundas, clonadas pisadas sin huella
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Guillermo Balbona | 15-06-2015 | 12:28| 0

Jurassic world
EE UU. 2015. 117 m. (12). Drama. Director: Colin Trevorrow. Intérpretes: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Omar Sy, Jake Johnson, Vincent D’Onofrio. Salas: Peñacastilloy Cinesa y Autocine

La tiranosaga rex ha entrado definitivamente en el parque temático y en el museo de la ciencia de sí misma. A esta dinoaventura de acción desbordante y emoción clonada le sobra la vigilancia intensiva de su padre creador y le falta que la imaginación sea un verso libre. A ‘Jurassic world’ en su intento de mezclar fidelidad, guiños al pasado, en su deseo de contentar a todo tipo de público y, en especial a uno en concreto, diluye su historia y acaba por disolver la identidad, mientras uno trata de llevar la cuenta de la catalogación de dinosaurios, el inventario surgido de una genialidad surgida hace un cuarto de siglo y devorada por su propio afán de marca.

En este cuarto rugido todo es híbrido: su propio protagonista atávico; su héroe hecho de retazos de muchos personajes de Spielberg; su escenario entre el parque de atracciones, el museo interactivo y el zoo Cabárceno de laboratorio; su mezcla de miedos primarios, espectacularidad de sofisticada atracción de feria y cierto intimismo sentimental y humor pequeño de raíces indies que rezuma el filme cuando se detiene el mecanismo de la persecución. ‘Jurassic world’ es redundante, algo retórica, eficaz, pero también algo cansina en sus subrayados de franquicia. Como si fuese incapaz de traicionarse ni de volar independiente frente al peso del pasado. Ni siquiera esa capa de ingenuidad y romanticismo, que se opone a la piel dura de los animales supervivientes, otorga definitiva personalidad a un filme que parece tan planificado como miedoso.

Colin Trevorrow, director de ‘Seguridad no garantizada’, decide someterse y su aventura nunca despega. El excelente gag de la pisada fuerte con la que arranca ‘Jurassic world’ quizá sea premonitorio de una historia que busca apoyarse en los ritos de la iniciación y se fragmenta en las diversas atracciones de la superficie de ocio hasta que llega la hora de cerrarlo. Su puesta en escena es deslumbrante pero también lo es su frialdad. Esta resurrección suma pero no añade. Es loable su constante homenaje a la película fundacional de una saga que revolucionó muchos detalles de los efectos especiales y del propio entretenimiento. En este sentido la hibridación continúa cuando no sabemos si Trevorrow, director, y Spielberg, productor, intercambian sus roles o se funden en un abrazo generacional. En realidad la idea que sostiene la resucitada ficción, esa biotecnología artificial clonada y perfeccionista, en aras de un gran artefacto industrial de negocio es un claro reflejo de la industria del cine del presente. La megalomanía reside en ese encuentro entre el ADN engordado por la pirotecnia y esa domesticada y, a veces, anestesiada infantilización del entretenimiento.

Los rugidos son frecuentes y oportunos, las dentelladas definitivas, el gigantismo es rotundo. Pero la melodía no suena diferente, la película se devora a sí misma y sus patas gigantes asombran tan fugazmente que apenas dejan huella.

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No me chilles que no te veo
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Guillermo Balbona | 15-06-2015 | 9:53| 0

Dale duro
EE UU. 2015. 100 m. (16). Comedia. Director: Etan Cohen. Intérpretes: Will Ferrell, Kevin Hart, Alison Brie, Dan Bakkedahl, Mariana Paola Vicente. Salas: Peñacastillo

Entre el histerismo y la sobredosis cansina de gracietas insípidas esta comedia roza la degradación del género. Se busca el roce químico al oponer a dos comediantes diferentes; se parte de un argumento que tan solo cuenta con una buena idea de base, y se diluye la posible ventosidad cómica en escenas carentes de imaginación. ‘Dale duro’ vuelve al esquema de ‘buddy movies’ tan apegado a los ochenta con cierto aire televisivo y con Will Ferrell y Kevin Hart intentando que el endeble artefacto no se les vaya de la mano, lo cual es prácticamente imposible. La vibración surgida de una anécdota fundamenta su posible estabilidad en el trabajo de ambos actores.

La peripecia parte de un millonario acusado de un delito que no ha cometido, quien contrata un delincuente habitual para que le enseñe cómo ha de comportarse para sobrevivir en la cárcel. La vulgaridad manda y la reiteración, los elementos machacones, las situaciones forzadas solo tienen una traducción: todo es una solemne tontería. Una especie de ‘My fair man’ entre estereotipos y naderías. La farsa pierde gas en su falta de fuerza narrativa. Etan Cohen debuta como director con escaso pulso y menor ingenio.

En realidad con ‘Dale duro’ hay que tener mucha paciencia y tratándose de una comedia eso dice muy poco de ella. Si mezcláramos algunas de las interpretaciones por separado de la pareja de actores podría resultar un híbrido cercano a lo que es esta ópera prima: agítese ‘Hermanos por pelotas’, combínese con ‘Juerga hasta el fin’ y añádase algún pacto con ‘Papá canguro’. A partir de ahí el detonador cómico se desinfla como un souflé. Las comedias de Ozores de la transición no son muy ajenas a este exabrupto con zafias provocaciones sexuales que por bobas ni siquiera resultan ofensivas.

La homosexualidad se presenta en el centro de la diana de esta historia de iniciación en la supervivencia que juega con el chiste anal, retuerce el lubricante del humor y acaba en un cansino correcalles verbal y de situaciones manidas. No puede hablarse de gags exactamente, sino de ocurrencias. El objetivo limitado desemboca en un festival de burradas punzantes psero poco finas como corresponde a una peli en pelota picada que no resiste un chequeo riguroso. Más cerca de ‘Dos tontos, muy tontos’, el filme no logra elevar el absurdo y la astracanada. Carente de regularidad y chispa, lo más molesto es ese sonido monocorde que atraviesa la historia como un moscón que incordia más que distrae. Hart se come a veces a Ferrell como si estuvieran en película distintas y los sentidos, el mayor de ellos el del entretenimiento, pierden la noción y el humor ya no tiene gracia.

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Pura calderilla
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Guillermo Balbona | 11-06-2015 | 9:27| 0

Negocios con resaca
EE UU. 2015. 91 m. (12). Comedia. Director: Ken Scott. Intérpretes: Vince Vaughn, Tom Wilkinson, Dave Franco, Sienna Miller, James Marsden, Nick Frost, June Diane Raphael, Ella Anderson. Salas: Peñacastillo

Buenas intenciones para pésimos logros. Hay un latido en el pálpito fundacional de esta comedia transformado luego en mero ruido. Correctos intérpretes, referencias alocadas al subgénero del desmadre y alguna carga de profundidad con pólvora malgastada en lo escatológico. El resacón de la crisis daba para muchos dolores de cabeza y ataques con muchos decimales. Sin embargo la peripecia de este trío negociador, que viaja a Europa con ínfulas de empresarios innovadores, maltrata el metraje y acaba con los bolsillos cinematográficos absolutamente vacíos.

Ver a Tom Wilkinson fuera de sus casillas, o más bien de las nuestras, es lo poco que da carácter. En el resquicio de los grandes nombres se cuela inocente Nick Frost que acapara el índice bursátil de las reiterativas bromas ‘espontáneas’. Pero salvo esas excepciones puntuales ‘Negocios con resaca’ es una comedia que arrastra el lastre de un pésimo arranque y un lento y poco eficaz desembarco en la transgresión. El aire gamberro, las manidas situaciones provocadoras no resultan eficaces y además esconden una cierta moralina vergonzante. Ken Scott, autor de ‘joyas’ como ¡Menudo fenómeno!  y ‘Starbuck’ decide sustituir Las Vegas por Berlín, mostrar un fondo supuestamente satírico sobre los cadáveres y resurrecciones que abona la crisis y esa patina de incorrección política que en el fondo es una impostura para subrayar el moralismo más superficial, con canto familiar de fondo. Vince Vaughn repite esquemas de sus papeles habituales para encabezar este desfile entre la autosuperación, el desmadre y el emprendimiento cachondo.

Los tres perfiles de estas víctimas del sistema económico, opuestas en situación y en necesidades, exponentes de otras tantas generaciones sometidas por un mismo caos, hubiera proporcionado un juego irónico y una mirada demoledora desde una ficción nada extraña. Pero al cineasta solo le interesa la parábola paródica, limitada en su comicidad, aferrada a ese aire de fiesta estudiantil desaforada, en una mezcla de periplo de pirados y moraleja en el camino hacia el éxito. En realidad la cinta es un viaje de estudios de emprendedores, en plan loca academia empresarial con parada germana, como si fuese la juerga de un partido de casados y solteros con final en la madrugada. No arregla mucho la cosa esa sucesión de tópicos comunitarios, como decorados europeos enumerados por un reportaje de la CNN, enmarcando a los personajes de esta sociedad limitada en busca del contrato de su vida. Y aunque asoma en muchas situaciones una alentadora denuncia del acoso y humillación que recorre buena parte del escenario social de nuestros días, ni el humor ni la energía del filme lo tiene en el centro de su frívola diana

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Educar en la Habana
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Guillermo Balbona | 10-06-2015 | 9:25| 0

Conducta
Cuba. 2014. 108 m. (12). Drama. Director: Ernesto Daranas. Intérpretes: Armando Valdés Freyre, Alina Rodríguez, Silvia Águila, Yuliet Cruz, Amaly Junco. Salas: Peñacastillo

El vuelo de cámara de apertura sobre los tejados de La Habana define la apuesta visual de este retrato entre la iniciación, la educación y el sistema, con sus injusticias y caprichos. Un niño, una veterana maestra y la escuela como ecosistema. Las hermosas imágenes a vista de pájaro del desencanto, de la decadencia, de la identidad de la capital cubana envuelven esta historia. El pulso de un paisaje de ciudad con su singularidad es el pilar que vertebra la ficción en torno a Chala, un niño de once años cuya vida transcurre en un ambiente de violencia.

Las capas melodramáticas son predecibles y lo que de verdad funciona es ese magma emocional que discurre entre los nombres y las vicisitudes de una clase marcada por las leyes del folletín. Pero ‘Conducta’, al margen de etiquetas, resalta por el cuidado interpretativo de niños y adultos y la particularidad intensa del guión, aunque los aspectos técnicos dejen mucho que desear. Ernesto Daranas no se aparta de cierto ejercicio clásico, empuja a los niños actores con pulso y mezcla esa iconografía de La Habana, que rubrica con caligrafía excelente, con el drama cotidiano quizás demasiado lastrado en lo narrativo por lo convencional y lo rutinario.

Una filmografía que apenas se asoma por estos lares deja ahora de pronto esta incursión singular sobre el valor de la educación, de ortodoxias y heterodoxias y de cierta vocación de cine social y comprometido. No es una historia redonda ni un filme de factura acabada pero posee cierta atmósfera popular nada desdeñable. El director de ‘Los dioses rotos’ extrae deslumbramientos inesperados de esa fricción entre el debutante Armando Valdés Freire y la veterana Alina Rodríguez. Sin ser su objetivo prioritario la obra sí muestra algunas estrías y tatuajes sobre los cambios que se viven en la isla.

El cine de las calles y el que sube al tejado es el más aferrado a un humanismo que desvela la miseria. En el fondo ‘Conducta’ habla de coherencia, de sentido poco común, de eso tan grave y que ha sido tan manipulado, llamado autoridad moral, y de supervivencia de la educación como un fundamento de dignidad. La mirada plural e intergeneracional concede intensidad cuando se debilita la historia. La emoción hace el resto. Yaoni Sánchez la conocida bloguera cubana, ha asegurado que ‘Conducta’ «va más allá de un simple retrato realista, para convertirse en una radiografía que llega hasta los huesos del asunto. Una Cuba donde apenas quedan asideros morales para un niño y que se ubica a años luz de ese entorno ideal para la infancia que narran los medios oficiales». Lo cierto es que la radiografía social cruzada por momentos emocionales eleva su realismo más allá de la lectura política.

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Sean penn entra a matar
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Guillermo Balbona | 09-06-2015 | 3:57| 0

Caza al asesino
2015 115 min. Reino Unido Director: Pierre Morel.Reparto: Sean Penn, Idris Elba, Javier Bardem, Ray Winstone, Mark Rylance, Jasmine Trinca. Salas: Cinesa

El periplo argumental mezcla lo humanitario y lo criminal con extrema dureza pero también ligereza. El itinerario geográfico comienza en Kinsasa y acaba en Barcelona, con puente en Londres, como si se tratase de una agencia de viajes multiusos.  Y en lo que al género se refiere el thriller se reviste de denuncia política, pasa a la acción violenta y la cosa gira hasta hacer el paseíllo en una plaza de toros, en un tour de force que ni El Juli mejoraría. Sean Penn se pone el mundo desordenado por montera, se hace acompañar de un sobreactuado Javier Bardem, cual picador, y entra a matar para resolver un problema de cuernos.

La buena factura del filme y la solvencia del director no impiden que todo sea previsible, manido y aferrado a la vulgaridad. La cuestión central se mueve entre organizaciones tapaderas, hipocresías estatales y juegos de diplomacia contaminados de mensajes superficiales. ‘Caza al asesino’ ya hubo varias, aunque esta vez se ha decidido de manera caprichosa que no existía otro título para una historia trillada que se zarandea sin gancho ni garra. Pierre Morel es un cineasta que se ha movido con soltura en este terreno con filmes tan eficaces como la ‘Venganza’ que impulsó a Liam Neeson como héroe de acción maduro, y ‘Desde París con amor’, con John Travolta mutando en John Travolta. Pero en esta ocasión se le ve rendido a exigencias y, probablemente, encorsetado por la producción europea que parece obligar a pisar determinados escenarios y a forzar los territorios argumentales hasta llegar a lo patético. Sean Penn, un excelente actor que no encuentra su sitio desde hace años, hace lo posible para dotar de carácter diferenciador a lo que no es más que estereotipo. Y en su esfuerzo se le notan todas las máscaras.

Uno pasa del hastío a la indiferencia con tanta facilidad como su personaje se ve envuelto en traviesas matanzas cosmopolitas de Africa a Europa. Todo parece grave y trascendental –al menos así lo refleja la intensidad  de la cara del actor– aunque la frivolidad general lo desmiente hasta llegar a un tramo final casi ridículo y caricaturesco. Busca un guiño a aquellas espectaculares tramas de espionaje de los setenta con enredos resueltos en ensalada de tiros urbanos, pero ‘Caza al asesino’ se mueve confusa, encadenando tópicos, insípida y con el chip de conciencia social puesto. Adaptación de una novela de Jean-Patrick Manchette, que ya protagonizara en pantalla Alain Delon, uno de los desastres de la nueva visión es que se ha perdido el encanto noir para dar paso a ese thriller de aroma multinacional tan de moda que recurre a moldes y convencionalismos. Entre sicarios y espías, mercenarios y asesinos con conciencia de culpabilidad a los adalides de la cosa no les ocurre otra cosa que cerrar el clímax con decorado torero. La Monumental de Barcelona resucita, atiborrada de banderas de España y alguna que otra de Madrid, de tal modo que monosabios, callejones y toros se cruzan para alegría de la tauromaquia, que no del cine, con estrellas de la interpretación sin estoque, ni traje de luces, ni capote. El espectador o se ríe o acaba pidiendo la oreja de Penn
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.