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Autor: Guillermo Balbona
Los colores del dinero
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Guillermo Balbona | 16-04-2015 | 8:50| 0

Felices 140
España. 2015. 98 m. (12). Drama. Directora: Gracia Querejeta. Intérpretes: Maribel Verdú, Antonio De La Torre, Eduard Fernández, Nora Navas. Salas: Cinesa

La forma es coral pero el espíritu de su epicentro es la declaración de un síntoma y una sensación social. Combina reflexión, mixtura de géneros y una radiografía atinada y lúcida que a veces cae en la hipérbole y otras en el hallazgo azaroso, aunque siempre con una capacidad intensa para desvelar y alumbrar el presente.  Pese a su arranque dubitativo ‘Felices 140’ posee todos los rasgos de una personalidad muy definida en el estilo de su directora, Gracia Querejeta, y su sólida narración. Hay trampas, claro, y algunas piedras en el camino, aunque la historia anda casi sola y a ciegas iluminada por la turbación y la incertidumbre, revelando esa identidad de lo que somos y no creemos ser, y viceversa.

Al inicio parece un cortometraje de excelente idea que busca prolongarse entre el artificio y el manejo sutil de los tiempos, caso de los resortes entre perfiles y personajes y la demora del doble factor sorpresa que desencadena la catarsis. Del mismo modo, el filme arrastra una sombra, tampoco incómoda, la de que esta historia podría haber sido una excelente obra de teatro. Pieza de cámara, en cualquier caso, la historia de estas criaturas fundidas entre la amistad y los lazos familiares, cuyos nexos se agrietan con un escenario inesperado, gana en verdad y en calidad de retrato social en una última media hora enérgica, más convincente, que sortea con inteligencia los excesos y desnuda a cada personaje.

En apariencia no se aparta del esquema habitual de la cineasta, coherente y bastante rígida en sus planteamientos, pero en este caso diluye sus opciones entre lo dramático, la comedia negra y la tragedia. Sin descuidos graves, como un latido constante en su cada vez más visible mecanismo de relojería, ‘Felices 140’ logra desde una idea certera, nada forzosa, retratar los rostros menos evidentes de la crisis, sus conductos y caudales para adentrarse en las entrañas de la sociedad y sus herramientas de defensa. Aunque desigual en tono y logros, la obra de Querejeta recurre de nuevo a colisiones generacionales, caso de su anterior ‘15 años y un día’, y en la superficie traza un filme cómplice del ya casi clásico ‘Reencuentro’ de Kasdan.

Otro acierto, claro pilar de sus efectividad, reside en la elección de actores y actrices, y la magnífica dirección de los intérpretes, casi todos modulados en ritmo y presencia, en protagonismo y en trascendencia. Maribel Verdú y Eduard Fernández, especialmente, pero también Antonio de la Torre y una inmensa Marián Álvarez contribuyen a afilar el bisturí de una película que singulariza la pluralidad y ofrece un retrato despiadado de esa condición, también humana, muy humana, entre la codicia y la cobardía. No dejará con la boca abierta pero dará que hablar.
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Cruce de cables
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Guillermo Balbona | 05-04-2015 | 3:19| 0

Fast & Furious 7 (A todo gas 7)
2015 137 min.Estados Unidos Director: James Wan. Reparto: Vin Diesel, Paul Walker, Dwayne «The Rock» Johnson, Jason Statham, Michelle Rodriguez, Tyrese Gibson, Elsa Pataky. Acción. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Hay más cruces de cables que de carreteras. Uno se sienta en la butaca como podría alojarse en el tambor de la lavadora a esperar el centrifugado. Toretto y los suyos son como una familia de trapecistas que desafían la ley de la gravedad, cada vez están más cerca del cartoon y no tienen tiempo de lamerse las heridas. ‘Fast and furious’ recurre casi más al cielo a que al asfalto porque la tierra se le ha quedado pequeña a este artefacto-franquicia apabullante, ruidoso, arrollador, imparable y desbordante. Hay cuerpos que parecen carrocerías y carrocerías más inteligentes que sus pilotos.

Los diálogos, es un decir, se enuncian como sentencias pretenciosas dispuestas a cambiar el mundo cada vez que se toman decisiones. Con tal equipaje a uno solo le queda pensar que se encuentra ante una comedia sin recambios y con marcha atrás. Viajera y errante el cambio de escenarios y el más difícil todavía sostienen el armazón entre colisiones mentales. Hay un afán de coches de choque y carrera de autos locos hacia ninguna parte donde triunfa la chapa y pintura.

El largo pero virtuoso pasaje por las montañas del Cáucaso haría las delicias de todos los talleres del mundo. Todo es ampuloso y mayúsculo, grandilocuente y ruidoso. No hay interés en detenerse a pensar. La hipérbole es tunear la realidad, la memoria y la muerte, echarle velocidad a la vida y rubricar una versión de esteroides, anabolizantes, violencia y acción. Un Bond y Misión imposible juntos en su versión/visión poligonera. El espectáculo escapista no está sujeto a radares.

El juguete macarra, rodado con un sofisticado cuidado técnico, incorpora a Jason Statham como hacedor de todos los enemigos y muertes posibles, y sitúa al frente al cineasta de ‘Saw’ y ‘Expediente Warren’ que se encarga de llamar a la grúa de la excentricidad para volar aún más alto. Camino de la despedida de Paul Walker, fallecido durante el rodaje, aquí todo se acelera entre sudor, grasa y subidones de adrenalina. Vehículos como armas de destrucción masiva, saltos y asaltos a rascacielos, precipicios que nunca tienen fin. Vin Diesel reparte estopa y habla como si golpeara a Shakespeare. No hay engaño. Se cruzan las líneas siempre por arriba como si esta saga de acción fuera a levitar al meter esta séptima marcha a través de una sucesión de disparatadas escenas de acción que se solapan y abofetean al personal que termina cansino de un culebrón bélico informático entre cuerpos de gimnasio.

Los protagonistas eligen escenario como un videojuego, de Abu Dabi a Los Ángeles, y se marcan una tras otra ‘set piece’ de acción, en un trayecto agotador envuelto en ritmos latinos, pop y hip-hop. Con las ideas claras y mientras quede gasolina la franquicia se da un homenaje, empatiza consigo misma y se mira el ombligo, perdón el motor, como si no hubiese meta alguna.
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Y entonces… el tiempo
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Guillermo Balbona | 04-04-2015 | 4:16| 0

Quédate conmigo
2012 102 min. Canadá  Director: Michael McGowan Reparto: James Cromwell, Geneviève Bujold, Campbell Scott, Julie Stewart, Rick Roberts, George R. Robertson, Barbara Gordon, Jonathan Potts. Drama. Sala: Los Ángeles. Hasta el domingo.

Es una película de actores. Y además de intérpretes que dejan ese poso adherido que va más allá de la huella humana de sus personajes. Con ello, pese a la demora de su proyección (han discurrido más de dos años desde su realización y los distribuidores la rescatan ahora) ‘Quédate conmigo’ es uno de esos filmes documento/testimonio que perfilan un estado existencial de la sociedad del presente.

Los mayores, el paso del tiempo, la reflexión sobre la vejez, la enfermedad degenerativa y la memoria tienen cabida en ‘Still mine’. Es también un retrato interesante del ciudadano frente al sistema reflejado en esa pareja de ancianos que se enfrenta a las autoridades para que les permitan construir la casa en la que pasarán sus últimos días. En época de desahucios, abusos y desprecios a la esencia de los fundamentos  sociales y a la dignidad esta historia transmite una indudable empatía.

El canadiense Michael McGowan otorga luz a la madurez y a la vejez y lo hace sin sentimentalismo a través de un cuento, nada amable, que respira y deja entrever las heridas, los sueños rotos y reclama un espacio digno. El cineasta de ‘One Week’ y ‘Saint Ralph’ crea un drama sólido que, a diferencia de otros retratos recientes, huye del telefilme y se apoya en una excelente banda sonora y en el trabajo de James Cromwell y Geneviève Bujold. La grandeza, incluso cierta compasión, que pueden desprender las criaturas necesitadas, despierta sensación de afecto tras los reflejos de ejemplaridad.

‘Quédate conmigo’, en cualquier caso, no es un hecho aislado en el cine actual. Junto a las relaciones paternofiliales, el segundo gran territorio visualizado por cierto cine de autor se detiene en la tercera edad, la sombra de la muerte, siempre tema tabú, y la decadencia física o la pérdida de la memoria. Lo de ‘basado en hechos reales’, como este caso, se queda en la anécdota. La piel dura de esta historia discurre por debajo de unos personajes que ven oponer al alzheimer y su deseo de construcción de un lugar en el mundo, antes de la despedida, los obstáculos y barreras materiales de una sociedad «moderna» que se desentiende y margina. Actores desmayados en su inmensidad elevan los detalles y aportan matices donde no llega la dirección. Un ejercicio de supervivencia y ternura, que quizás sea lo mismo, ilustrado por un filme pequeño pero que exuda respeto. Etica y serenidad, dos factores humanos casi en extinción, recorren el tono y la  entraña de esta obra de héroes pequeños, cotidianos y por eso más necesarios. Un susurro y una pausa para aprender de la vida a través de una película sin pretenciosas excusas ni envolturas. Como escuchar a dos personas que ya saben que la vida pasa, sigue pasando.

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Épica, química y lírica
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Guillermo Balbona | 31-03-2015 | 1:22| 0

Duelo en la alta sierra
1962 94 min. Estados Unidos Director: Sam Peckinpah Reparto: Randolph Scott, Joel McCrea, Mariette Hartley, Ron Starr, Edgar Buchanan, R.G. Armstrong Warren Oates.
Western. Salas: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Desde el miércoles día 1
Hay westerns mestizos, crepusculares, incluso reinventados hasta no reconocerse como tal. Este, ‘Duelo en Alta Sierra’, posee toda las señas de identidad de un monumento del género. Su rotundidad, exenta además de esa visceralidad y arrebato del Pekinpah de ‘Grupo salvaje’ acerca el filme a un clásico moderno antes de que el western empezara a agonizar. En realidad el filme tiene mucho de autohomenaje, de mirada hacia dentro de la esencia de una película del Oeste con toda su carga fundacional y sus viajes interiores y exteriores. Es una obra de cicatrices en el paisaje físico, geográfico y humano.

Dos actores y otros tantos estereotipos, una pareja de viejos lobos de aventura y cine, un cargamento de oro y toda la fotografía y el imaginario que se le presupone a la épica: Joel McCrea y Randolph Scott hacen de médium de una liturgia que convoca a los espíritus de una interpretación del género, la cual inaugura su camino hacia la caligrafía del ocaso. De otro modo el propio Pekinpah lo remató con esa inolvidable ‘balada de Cable Hogue’.

Entre la nostalgia fordiana, la mirada histórica y el retrato de admiración y melancolía sobre un tiempo mítico, este ‘Duelo’ rebosa carácter y lucidez, y es un innato catálogo de prueba de vida, de supervivencia y de estilo.

El filme rezuma esa piel cinematográfica inconfundible que retrata la amistad, las pasiones, la mirada sobre una forma de estar en el mundo. Vidas crepusculares y actores secundarios de lujo en la serieB se funden en el álbum del cineasta de ‘Quiero la cabeza de Alfredo García’ que tras sus incursiones en series televisivas, siempre a la sombra del western, empezaba una carrera que le llevaría a la cumbre por su estilo apasionado y contundente. Epica y paisaje se convierten en factores humanos de un argumento que vibra en un filme que el propio Peckinpah consideró como su obra más acabada. Esa atmósfera de decadencia y la nostalgia de otros tiempos conviven y contribuyen a dotar a la obra de un magnetismo especial. ‘Duelo en la Alta Sierra’ es  el relato de una odisea, como todo buen western, una tragedia de pistoleros que vuelven sobre sí mismos antes de una despedida definitiva, el simple adiós con la muerte al fondo.

Frente al idealismo de los personajes pioneros se revela una violencia y una falta de definición de una sociedad joven pero confusa. De la inmensidad a la claustrofobia, del trayecto sin meta a la intimidad del final inevitable. Destino y respeto. La mirada del héroe revela y rubrica la redención tras la pérdida. Al fondo, el paisaje, la vida.
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Estafa como puedas
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Guillermo Balbona | 31-03-2015 | 8:50| 0

Focus
EE UU. 2015. 104 m. (16). Comedia. Directores: Glenn Ficarra y John Requa. Intérpretes: Will Smith, Margot Robbie, Rodrigo Santoro, Stephanie Honore. Salas: Peñacastillo y Cinesa.

Todo desprende un aire entre afectado y sofisticado. Se impone un lenguaje de anglicismos posmodernos y la transparencia de las imágenes revela las costuras de un guión de gente que pasaba por allí. ‘Focus’ es puro look, pero no mirada sino apariencia, engaño, superficialidad, catálogo soft, batallita cool de gente guapa enredada en dinero. Si fuese metáfora el conflicto de chico/chica entre engaños y mentiras daría para un culebrón moderno de estafadores y timadores en busca de un último recurso ingenioso. Pero el filme con sobredosis de pareja protagonista no funciona ni como comedia y romance prolongado en el tiempo –en el que el amor parece otra mercancía más, codiciada por carteristas de lujo– ni como juguete a lo ‘Oceans’ o casino urbano sometido a un constante juego sobre lo falso y lo verdadero.

Precisamente la verosimilitud es lo más débil de ‘Focus’ que, además, fractura el argumento en dos claras partes, tan diferenciadas y poco justificadas (del supuesto aprendizaje al reencuentro maestro) que parecen dos películas distintas. Will Smith y Margot Robbie juegan a una especie de Sinatra y Ava Gardner y la cosa se deshace por mucho que los subrayados musicales de night club y paradise artificial y el contraste entre ciudades, Nueva Orleans, primero, y Buenos Aires, después, aporten un cierto microclima de cine con personalidad visual. Pero Glenn Ficarra y John Requa, responsables de la interesante ‘Crazy, Stupid, Love’ y antes de Phillip Morris ¡Te quiero!’, firman un globo hinchado que pierde aire a medida que busca altura. La elegancia, que la hay, se acaba confundiendo con la ligereza. Todo es alado y el endeble perfil de personajes y situaciones se muestra contrario al supuesto encanto de las criaturas que pululan por un terreno resbalizado, y en cada tramo, más publicitario.

Se busca la vuelta de tuerca, el truco invisible, el as en la manga. Pero uno vuelve del juego de mesa cansado de tanto mostrar y no ver nada. Todo es efervescente pero hay más agua con gas que hechizo mágico. Smith gira y gira. La actriz australiana, que siempre gana la partida, se empeña sin embargo en subrayar su belleza, aunque no lo necesite. Y los duelos estafadores huelen a trampa. El guante blanco está en la dirección. Nos engaña pero no duele. ‘Focus’ estira su idea traviesa, entre el atraco imperfecto y el romance aplazado, entre el simulacro y la mentira. El entretenimiento, no obstante, entra y sale de escena como un invitado inesperado o  equivocado de fiesta. Personas y escenarios son carne de diseño. Solo es piel, superficie, toque, lucimiento. Debajo nada parece de verdad. Si uno no araña la pantalla hasta puede que  caiga en la trampa.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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