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Autor: Guillermo Balbona
De roces y arañazos
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Guillermo Balbona | 27-07-2015 | 11:22| 0

Sólo química

España. 2015. 95 m. (7). Comedia. Director: Alfonso Albacete. Intérpretes: Rodrigo Guirao Díaz, Ana Fernández, Alejo Sauras, MaríaEsteve.  Salas: Cinesa y Peñacastillo

La cosa tiene aire de sección de horóscopo en un suplemento dominical. Un cuento de hadas y dragones que ni es lo suficientemente irónico para fragmentar los tópicos ni encantador para romper el hechizo de luna que se pretende. Alfonso Albacete, tras una duradera y prolífica codirección con David Menkes (desde ‘Más que amor, frenesí’ pasando por ‘Atómica’ y hasta llegar a ‘Mentiras y gordas’), dirige en solitario este álbum de cromos sobre las relaciones con mucho roce y escasos arañazos.

‘Sólo química’ es uno de esos productos prefabricados con molde, silueta de serie y etiqueta de comedia juvenil y todo ello cubierto por una pátina de supuesta sofisticación y glamur. Pero el petardo no acaba de explotar y nadie se cree este juguete entre perfumes, patéticos retratos del mundo del cine y de la moda y lúdicos gatillazos sobre el amor y sus vértigos.

Sin salirse casi nunca de los márgenes, la comedia tan solo contiene ramalazos: las apariciones de María Esteve y algún perfil social con gracia. Pero su discurrir por cauces conocidos entre referencias al musical y a un tipo de comedia adolescente nunca asoma la chispa, ni la energía, ni el ritmo. A la película le falta insuflarse un chute de clasicismo y de elegancia y quitarse la caspa de tanto ‘perdona, bonita’ y ‘perdona amor..’

Porque solo química canta a Federico Moccia y a estereotipo entre caras guapas, situaciones banales y romanticismo de corta y pega, solo salvado por el desfile coral de secundarios que se salen del triángulo para imprimir algo de aliento en la composición, que ni es caricatura ni posee verdad. Hay momentos cursi, momentos pegatina y momentos de autoparodia, como si Albacete se dedicara a citar referentes sin cesar acumulando todo lo que el espectador, también estereotipado, cree que busca.

El resultado casi siempre es cursi, amanerado, vulgar y el filme discurre entre guiños a números musicales y coreografías sin coherencia ni ánimo de originalidad. Albacete va a lo seguro, al amiguismo, al cameo, y a mezclar dosis de ingredientes para un guiso muy conocido para que tenga el aroma aunque llegue a la mesa soso y sin sabor.

Ni sus monólogos de comedia televisiva adheridos a la trama ni el aire de culebrón parodiado permiten una fuga hacia adelante. ‘Sólo química’, leve, ridícula a veces, festiva, pero no cachonda, jovial y pop aunque no fresca, se atasca en su seguridad, nunca arriesga y pese a los esfuerzos de Ana Fernández, casi nadie se cree el aliento, la fórmula y todo pasa ligero sin cuajar ni desmelenarse. Un desmayo sin sangre sobre la composición del amor y del sexo que no superaría la prueba de selectividad, o como se llame.

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Paella mixta de estado desatado
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Guillermo Balbona | 21-07-2015 | 8:30| 0

Rey gitano
España. 2015. 116 m. (16). Comedia. Director: Juanma Bajo Ulloa. Intérpretes: Karra Elejalde, Manuel Manquiña, Arturo Valls, María León, Rosa María Sarda. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

K arra Elejalde y Manuel Manquiña, dos por uno. Ponen la química, el fuego, la salsa, el aderezo y el escaso arroz de esta paella mixta autonómica, entre la farsa y el esperpento. Un baile regional de coreografía cañí, trama real, de realeza que no realista, y mucha sal gorda.

Juanma Bajo Ulloa posee mucho talento pero lo vuelve a desperdiciar en este regreso que se pretende cañero y explosivo y se queda en difusa y lúdica ventosidad. El sabor de esta gastronómica road movie de satánicas majestades, fuerzas del desorden, tramas y subtramas delirantes en un enredo enredado, demuestra que el excelente texto a sorbos que supuestamente la sostiene hubiera merecido una historia de verdad.

El cineasta de ‘Airbag’ regresa al cruce de caminos donde dejó su dinamita y detonador (salvo el paréntesis de la fallida ‘Frágil’) y se monta esta bomba de patria y Españas varias entre reunión de colegas y pandilla basura. ‘Rey gitano’, menos provocadora de lo que enuncia y más jocoso divertimento frugal que fina cocina para paladares exquisitos, se marca a fuego rápido, pero sin aliento ni aroma suficientes, una sátira que juega al despropósito. Al cineasta de ‘Alas de mariposa’ le sobra ruido y le falta fuerza, muestra inagotable desmesura pero sus ocurrencias, algunas muy divertidas, están diluidas y carecen de consistencia. Los juegos con las palabras, la parodia del sueño de la bandera en el autobús, la paella sangrienta, el banquete real constituyen magníficas paradas en un camino con muchos obstáculos en ese periplo que comienza en la ‘rioja avilesa’, cita la ‘basílica biliar’, y concluye en la costa cosmopolita de chiringuito políglota. A todos les duele España, así que deciden sanar la historia y lo irreconciliable, lo ibérico y los ocho apellidos españoles.

Viaje espídico de Estado desatado, bomba fétida, corrupción y desastre, con frases hechas retorcidas hasta parecer nuevas en una menestra de verduleras y salvapatrias. Un Berlanga sin lo berlanguiano, que dispara mucho y en todas las direcciones, pero cuya escopeta nacional de cartuchos delirantes pocas veces encuentra el objetivo ideal. Atrevimiento e insolencia pero menos. Sal gorda, caricaturas grotescas y probable indigestión. Para el verano y con algo de sangría puede colar, siempre con aire acondionado, si funciona, y una cierta brisa entre tanto olor a quemado.

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Melancolía en Cineccità
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Guillermo Balbona | 20-07-2015 | 6:37| 0

Qué extraño llamarse Federico
2013 Italia Director: Ettore Scola.Reparto:Federico Fellini, Vittorio Viviani,Sergio Rubini, Antonella Attili, Tommaso Lazotti. Documental. Sala Bonifaz. Filomoteca de Cantabria.Desde el miércoles. Toda la semana

A medio camino entre la nostalgia, la devoción y la reivindicación de una mirada sobre el cine que es, al cabo, una mirada sobre la vida, el gran Ettore Scola se refleja en el universo Fellini. En realidad, este documental devocionario, cómplice y habitado por querencias es un pequeño trayecto hacia el hombre a través de territorios hoy olvidados: la conversación, el valor de la amistad, los mundos compartidos sin competencia y  las pasiones, en una mezcla de homenaje y retrato de cercanía.

Al cumplirse el veinte aniversario de la muerte del autor de ‘Amarcord’, Scola decide bucear en recuerdos y traza un trayecto mágico de archivo, documento y testimonios, siempre con Cineccità al fondo. No es un simple perfil entregado al otro, sino una indagación deliciosa, que descubre detalles, siluetea nuevas aristas del cineasta y revela matices del hombre, su pensamiento y su lugar en el mundo. Hay, por supuesto, cierto deje de hermano entregado pero sin llegar a la hagiografía porque tampoco está interesado el director de la maravillosa ‘El baile’ en lo meramente biográfico. Hay algo sensorial que busca la entraña del cine y es en ese punto donde ‘Qué extraño llamarse Federico’ se eleva y supera el encuadre de cualquier documental.

Scola persigue a Fellini porque en ese gesto aflora el propio cine, su identidad y su sentido. Frente a los tópicos que rodean la mitología de lo felliniano, el cineasta de ‘Macarrones’ agita generosidad y afecto para generar otro estado cinematográfico que permite el reencuentro y la revelación. Los primeros pasos de ambos cineastas en una revista satírica sirven de catalizador. Y a partir de ahí, entre recuerdos, imágenes rescatadas y otras recreadas surge el cine de verdad que se sublima si uno era ya un consumado drogadicto de lo felliniano. Rodajes como el de ‘La dolce vita’, los entresijos del casting para Casanova, las reflexiones del maestro se suceden en un filme fluido, diferente, en el que tan pronto aparecen los nietos del homenajeado como una estética devocionaria y una permanente nostalgia con atmósfera de ‘Roma’.

Frente a la complejidad del mundo de Fellini, asoma la caricatura, el hallazgo de una imagen documental, las raíces satíricas, las aportaciones dramatizadas, el genio y el ingenio. Caricatura y nostalgia. Probablemente todo no muy diferente de si el maestro hubiese estado vivo. Y como no podía ser menos un guiño onírico, de plano secuencia y danza, en el que se recorre Cinecittà de igual modo que se reconstruye el paisaje de un paraíso perdido. Y en esa pérdida también está el propio cine italiano y una manera de mirar a la vida.

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Prodigio de lo esencial
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Guillermo Balbona | 20-07-2015 | 8:38| 0

Del revés (inside out)
EE UU. 2015. 94 m. (TP). Animación. Director: Pete Docter. Cinesa y Peñacastillo

Tomen asiento y esperen el milagro. Por fin cine mayor. De animación, sí, pero gracias al género se están salvando algunas temporadas. Emociones y experiencia en colisión y en abrazo. Dentro y fuera. Lo que pasa por la cabeza. Este prodigioso juguete Pixar es una lección de saber contar, de inteligencia emocional, de lucidez y capacidad de síntesis. No se pretende deslumbrar aunque se logra muchas veces casi sin querer, que es como llega el asombro. Y tampoco hace una fría demostración de destreza.

En ‘Del revés’ todo es lenguaje: el de los colores y las metáforas, el del abecedario emocional, el de una coreografía de personajes que habitan en nuestra conducta y en nuestros ecosistemas sentimentales. ‘Del revés’ es lo esencial. Esta niña, en el umbral de la adolescencia que vive su primeras frustraciones, el sentimiento del fracaso, la soledad, el vértigo de la incomprensión, protagoniza un magistral manual de psicología que desde el próximo curso debería estar presente en las aulas.

Esta lúdica lección emocional, nunca moral, exenta de fáciles sentimentalismos, es un trazo jubiloso sobre la condición humana, los territorios de la iniciación y el descubrimiento, desde la extrañeza y siempre insuficiente, de quiénes somos. Dentro, en el centro de operaciones, en la sala de máquinas, alegría, tristeza, miedo, ira…buscan el equilibrio. Fuera, los acontecimientos, el azar, el libre albedrío, juega sus cartas. Entre ambos Pixar acude al talento y resurge con este cuento sobre nosotros mismos, sin criaturas ni robótica. Elogio de la excelencia, el filme combina ritmo y narración con un pulso constante entre emociones primarias y hallazgos.

La batalla interior y el devenir exterior son dos historias enfrentadas de un mismo duelo pasional. Peter Docter, cineasta de ‘Monstruos’ y ‘Up’, dirige un filme ágil y entretenido, divertido y cruzado por un canon vital y un estado revelador que rezuma el signo del presente: la melancolía. Una reivindicación de que la tristeza es también un estado esencial de la supervivencia. Como en ‘Up’ o en ‘Wall-E’ se combinan en estado de gracia la elegancia y el ritmo, los efectos visuales, lo conmovedor y la aventura. Y en esta cabalgata de imaginación el humor engalana y dirige el desfile. Nada es adorno ni secundario. Se encarna la pérdida de la inocencia y el final de la infancia. Un pálpito inteligente, nunca sofisticado ni enrevesado. Desde la creatividad, apelando a la sencillez, describe los conflictos y muestra la carne y la sangre emocional. Sensibilidad e ingenio. Un viaje trepidante desde los archivos de la memoria a las emociones esenciales, pasando por la fábrica de sueños. Del reino de la imaginación al pensamiento abstracto.

No se puede dar más en un trayecto tan corto. Desbordante y apabullante. Pues eso. Lo que nos pasa por la cabeza…pero también por el corazón. Antes de que no entendamos nada y de que nos revelemos y rebelemos como criaturas deliciosamente desconcertadas.

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No es una velada cualquiera
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Guillermo Balbona | 16-07-2015 | 11:03| 0

La cena de los idiotas
1998 77 min. Francia Director: Francis Veber Reparto: Thierry Lhermitte, Jacques Villeret, Francis Huster, Daniel Prévost, Alexandra Vandernoot, Catherine. Comedia  Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Jueves 16 y viernes 17

Su teatralidad original no resta frescura a este enredo fundamentado en una receta directa pero nada simple, reivindicar y provocar la risa y conseguirlo. Ahora que la comedia está colonizada por replicantes dosis de escatología y vulgaridad y por  continuas ceremonias festivas donde solo parecen habérselo pasado bien los protagonistas, bienvenida sea la revisión de una comedia fina, inteligente y equilibrada en su coreografía de palabra, gesto y argumento. Una comedia de actores, excelentes por otra parte, y una imaginación lúcida que hace hincapié en la crueldad, entre la sátira y la velada ingeniosa.

La obra teatral de Francis Veber, ‘Le diner de cons’, estrenada con mucho éxito en 1993, vivió su traslación a la pantalla a través del propio autor. El engranaje casi perfecto del boca/oído permitió engrasar la expectación creciente en torno a una historia que tenía el espejo de ‘La jaula de las locas’ en el que mirarse, también llevada dos veces al cine, y que se prolongaría con menos fuerza en ‘Salir del armario’. Frente a insípidas naderías basada en ocurrencias fugaces, ‘La cena de los idiotas’ apuesta por la dignidad de la comicidad, el humor cómplice como retrato de nuestras miserias y grandezas y un diálogo fructífero entre el gag y los perfiles de los personajes.

El cineasta de ‘¡Que te calles!’ apela a la tradición, se ciñe al texto original sin aplicar subtramas ni hacer crecer artificialmente la película, y pese a ese lado chillón, de elogio de la hipérbole tan adherido a la comedia francesa, se revela rotunda en su caligrafía. Entre el cinismo, cierto humor negro y la burla bien entendida, el filme combina con eficacia la gestualidad, lo físico con la verborrea. Una historia dinámica, a veces vivaz, pero lastrada por un tramo final que busca el sentimentalismo y pierde energía y capacidad de sorpresa. Los gags telefónicos, la aportación de las interpretaciones, la entrega de todos los elementos que componen esta pieza de cámara contribuyen a potenciar la mezcla de locura, desinhibición, brillantez e irreverencia, salvo la moraleja añadida. Las meteduras de pata como eje de una acción cómica que no desciende a la broma cruda.

Las actuaciones impiden que la comedia se derrame. Lo ameno como rizo para enredar y enredarse. No hay la sutileza de la comedia clásica americana ni la desmesura coral latina, pero se agradece ese terri

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.