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Autor: Guillermo Balbona
Crisis coral y televisiva
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Guillermo Balbona | 23-03-2015 | 10:49| 0

Perdiendo el norte

España. 2015. 102 m. Policiaca. Director: Nacho G. Velilla. Intérpretes:  Yon González, Julián López, Blanca Suárez, Miki Esparbé, José Sacristán, Úrsula Corberó, Malena Alterio, Javier Cámara, Carmen Machi, Younes Bachir, Arturo Valls.  Salas: Cinesa y Peñacastillo

Podría funcionar como un episodio de cualquier serie con pretensiones de comedia realista. Entre tópicos (no se guarda ninguno) y bien ajustado el protagonismo para que cada actor/personaje tenga su momento, este retrato coral de la crisis es tan elemental como vulgar.

El retrato de dos jóvenes sobradamente preparados convertidos en ‘españoles por el mundo’ ni llega a la categoría de sátira ni va más allá del elemental perfil guasón y chistoso. Nacho García Velilla tiene las ideas claras y no se complica la función. Costumbrismo sostenido por muchos lugares comunes, amparado en la complicidad de las frases hechas, en diálogos primarios que no resisten un examen  de excelencia de ingenio. Se trata tan solo de ser muy práctico. En ‘Perdiendo el Norte’ se busca tan solo la chispa del instante ocurrente y recurrente y en algunas situaciones solo faltan las risas enlatadas de fondo.

El director de ‘Que se mueran los feos’ se queda en la superficie y este viaje al Berlín de Merkel, entre la comunidad turca  y el retrato robot de los alemanes, simplemente parece un esqueje de ‘Aída’. No hay hechizo ni solidez de comedia clásica, salvo el esquema del enredo romántico.

El resto es una constante sucesión de landismo actualizado, una especie de ‘Vente a Alemania, Pepe’ pasado por el humor rancio y sujeto al formato de la pequeña pantalla. Sin riesgo y con el equipo de guionistas de cabecera en series como ‘7 vidas’, el cineasta de la estimable ‘Fuera de carta’ se desentiende de la letra pequeña, de la ironía y del doble sentido y se lanza con red en busca de la risa fácil.

El vodevil solo gana cuerpo en impulsos proporcionados por la inspiración de algunos actores pero no en la consistencia de una historia, o en el andamiaje que toda comedia debe construir, sino en un trasunto de monólogos que otorga protagonismo a cada intérprete. Julián López y Miki Esparbé, en este sentido, se llevan de calle las risas del espectador, mientras que las apariciones de José Sacristán aportan serenidad y dan cierto peso a la amargura social. Lo demás es oficio, mucha labia pero todo exento de refinamiento. Se echa de menos la acidez, ese humor directo a la yugular. Pero el ecosistema televisivo de serie se limita a reproducir de modo conservador el momento guasón, el chiste oportuno y la trama adelgazada. Del minijob a la dureza del idioma no falta nada, pero se pasa por encima de todo a la espera de la risa floja. El músculo coral hace el resto del esfuerzo y los actores se entregan.
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Perverso viaje al fin de la noche
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Guillermo Balbona | 18-03-2015 | 6:10| 0

Nightcrawler
2014 113 min. Estados Unidos Director: Dan Gilroy. Música: James Newton Howard Reparto: Jake Gyllenhaal, Rene Russo, Riz Ahmed, Bill Paxton, Kevin Rahm, Ann Cusack, Eric Lange. Salas: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Esta semana

Testigo de día. Periodista de noche. Hay algo morboso y perverso en este filme que se mueve sinuoso entre la parábola y la metáfora. Puede verse como la historia de un oportunista accidental pero también como una lectura simbólica de un tiempo líquido que adocena imágenes, frivoliza y comercia con el dolor y convierte casi todo en espectáculo de quita y pon con fecha de caducidad. De la fugacidad y de la necesidad de dar carnaza Dan Gilroy saca petróleo en su debut como director.  Su experiencia de guionista se vuelca en esta ‘Nightcrawler’, retorcida y extraña unas veces, manipuladora y repulsiva otras. Una especie de Cronenberg, el de ‘Crash’ por ejemplo, en atmósferas y en situaciones, cruzado por David Lynch y con personaje nocturno, solitario depredador como el Travis de ‘Taxi driver’.

La Filmoteca cántabra dedica gran parte de los espacios de proyección de esta semana a este documento encarnado con  magistral seducción por Jake Gyllenhaal, cuya aportación permite superar los problemas de credibilidad. A modo de pesadilla, de vuelta de tuerca urbana sobre el mal y sus  ramificaciones,  ‘Nightcrawler’ es ‘El gran carnaval’ de nuestros días, un Billy Wilder oscuro, satírico que sustituye la ironía del maestro y su elegancia por un bisturí con el que Gilroy  imprime un catálogo de perversidad nocturna.

Entre la espesura de monótonas e insulsas producciones esta película crece por su ansiedad paródica, su disección social y su desembarco sin tregua en los medios de comunicación y su papel de espejo de detritus, de la falta de reflexión subordinada al vale todo de un espectador que consume sin pararse a pensar. ‘Nightcrawler’ tiene mucho de implacable radiografía y aunque en ocasiones cae en cierta reiteración obsesiva, que no siempre funciona como mecanismo narrativo, consigue un ambiente fascinante. Esa imagen reproducida hasta la saciedad en miles de pantallas, la proliferación del soporte audiovisual crea un ecosistema entre lo pornográfico y lo cruel.  Hay cine negro, sátira, clima despiadado, caricatura, una itinerante soledad sin sentimiento que pulula entre la carroña como un buitre inteligente a la espera del último horror y la sangre en la que meter el pico. Una cinta inquietante, que casi denuncia sin querer, en un viaje al fin de la noche de periodismo ciudadano que puede llegar asustar por su impasible falta de ética.  Entre lo diabólico y lo grotesco, todo repta en esta historia de extraña amoralidad. Peligrosamente amarga, esta ronda sin más sereno que un vigilante de fábula nos pone ante el espejo para ver el deformado rostro de tanta miseria.
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Robocop hip hop
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Guillermo Balbona | 17-03-2015 | 9:59| 0

Chappie

EE UU. 2015. 120 m. (16). Ciencia-Ficción. Director: Neill Blomkamp. Intérpretes: Sharlto Copley, Dev Patel, Sigourney Weaver, Jose Pablo Cantillo.  Salas: Cinesa y Peñacastillo.

La inteligencia artificial se ha convertido en el último territorio de moda para el vale todo visual. Entre autocitas e intentos de llegar a más públicos el cineasta sudafricano Neill Blomkamp firma en ‘Chappie’ una fallida combinación de fantasía futurista pretenciosa, comedia robótica y aventura de acción urbana que tan pronto se pone demasiado seria como roza el sonrojo. El guion de esta especie de Robocop hip hop, un robot con  sentimientos, parece tener secuestrada la inteligencia. Pese a su sentido del humor y su alegato sobre las comunidades y familias disfuncionales, el filme se enreda en una confusa red de géneros, historias cruzadas y estereotipos que va disolviendo la buena idea inicial.

El director de la interesante ‘District 9’ ahonda en un universo y estética particular que ha recorrido su escasa pero atractiva filmografía: androides, artefactos, sociedades donde hombres y máquinas mantienen relaciones cuyo supuesto orden está sujeto a un clima de incertidumbre e inquietud, y algunas reflexiones presudofilosóficas. Pero ‘Chappie’ insiste en las reiteraciones, deja la historia en manos del mayor o menor encanto y capacidad de seducción del personaje, y la apuesta se detiene en mero envase de divertimento. El golpe inicial de inventiva se queda atorado y nada ni nadie engrasa las vicisitudes del niño robot en su etapa de aprendizaje rodeado de algunos humanos patéticos. Hay más titanio y chapa y pintura de diseño que verdadera personalidad de ciencia y de ficción.

El cineasta de ‘Elysium’ se desgasta en un exceso de confianza. Es cierto que su filme resulta inconfundible y enlaza con coherencia con su anterior cine pero desaprovecha el material, practica el ombliguismo con su pirotécnica puesta en escena y la originalidad se pierde en escenas cargantes, ruidosas, horteras, zafias a veces, arropadas en interpretaciones lamentables de Hugh Jackman y Sigourney Weaver. Blomkamp da una vuelta de tuerca (más bien de tornillo) equivocada y lo que su Distrito tenía de modestia e imaginación se torna aquí pretenciosidad y rutina. Este ‘Cortocircuito’ un tanto macarra pierde energía en la indefinición: tan pronto oscila hacia el blockbuster espectacular, que lo es, como pretende soltar guiños de autor y especialista en diseñar un nuevo campo minado para la ciencia ficción. Más allá de que el filme pueda ser una gran plataforma publicitaria para una multinacional de móviles ‘Chappie’ es  incapaz de traspasar la superficie de sus planteamientos al sacrificar el juego de verdades y mentiras, hombres y robots, cuerpo y conciencia, por unas batallitas callejeras y poligoneras que dan grima.

La mortalidad, la trascendencia, el amor, incluso la ternura, se enuncian pero la ecuación es imperfecta. El futuro director de la nueva entrega de la saga ‘Alien’ juega a Asimov y se queda en un Disney rapero.

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La zona cero de Nicolas Cage
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Guillermo Balbona | 16-03-2015 | 9:27| 0

Desterrado  
China. 2014. 94 m. Aventuras. Director: Nick Powell. Intérpretes: Hayden Christensen, Nicolas Cage, Liu Yifei, Andy On, Fernando Chien, Jawed El Berni. Salas: Peñacastillo.

Entre la grandilocuencia hueca y un barroquismo retórico y monótono esta leyenda con vocación de aventura total es un pastiche anodino. Montaje confuso y efectista, acumulación de clichés y la emoción olvidada entre los trastos milenarios. De la cruzada a los imperios orientales, queda claro que las superproducciones chinas van a proliferar en las carteleras al margen de su calidad.

En este caso, con dos supuestas estrellas al frente, ‘Desterrado’ presenta un combinado de excesos y leyenda todo a cien con caballeros, traiciones, aprendices, príncipes marginados (sin emperador que cobije tal afrenta), viajes y códigos y un cierto cosmopolitismo cultural de tarjeta postal y guía de turista accidental.

El opio que recorre las mentes y visiones de algunos personajes parece haber impuesto su ley sobre la escritura de un filme cuyo cuento avergüenza a algunas series B. Plano en su realización, sin capacidad de sorpresa, su director Nick Powell filma escenas de acción sobrecargadas, confusas en una mezcla sonrojante de artes marciales y hipervitamínica y sofisticada versión de la capa y espada que ahuyenta al más conformista. Hayden Christensen y Nicolas Cage se arrastran por el filme como estrellas apagadas y errantes en un ejercicio de vulgaridad y decadencia. Entre ciertas reflexiones pretenciosas de tono pacifista metidas con calzador, la muerte marca el ritmo de este cuento vulgar de mercenarios, luchas por el poder y samuráis que se deshace como un azucarillo  en cuanto uno intenta exigir un mínimo de personalidad visual. Cage, que hace mucho deambula entre interpretaciones patéticas y la asunción de un particular exilio comercial en su estatus de estrella, entra aquí en su particular zona cero. Un peluquín ridículo, un doblaje que agranda la debilidad de su presencia, el sobrino de Coppola se arrastra por las pantallas. Decir que su participación (ni siquiera como protagonista) en este debut como director del especialista Nick Powell es su peor trabajo, puede ser un dato muy significativo teniendo en cuenta sus profusos y descendentes pasos por producciones de nula consistencia. Al espectador se le abandona en este desastre épico, rodado con desgana, donde los personajes vagan entre la sombras de un guión que es puro camelo.

Cage, en su afán alimenticio, mientras sigue buscando financiación a costa de caer en el más absoluto de los ridículos, echa mano de la peluca y lanza un discurso de resonancias graves en un último intento por disfrazar un irrisorio catálogo de iconos previsibles. Un tosco, rutinario y desalentador  documento que certifica no ya la falta de rigurosidad sino el patético tono insultante de este aburrido periplo de un cine que es puro humo.

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Romper el hielo
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Guillermo Balbona | 13-03-2015 | 10:02| 0

Red army
2014 85 min.Rusia Director:Gabe Polsky Fotografía: Peter Zeitlinger, Svetlana Cvetko . Género: Documental. Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Hasta el dia 15 de marzo.

 

Geopolítica sobre hielo. Guerra fría y documento muy caliente. Aunque ya se desinfló, la casi moda del documental ha dejado un poso esencial. Pese a la irregularidad se siguen estrenando en salas comerciales, caso de ‘La sal de la tierra’, logran espacios destacados en festivales y programaciones y superan el lugar común de la especialización y los compartimentos estancos. ‘Red army’ es una valiosa y atractiva excepción que ha pasado por todos esos eslabones de la distribución y estos días es objeto de obligada dedicatoria por la Filmoteca cántabra. Michael Moore encabezó la querencia documental, y Werner Herzog y Wim Wenders la han otorgado autoridad y prestigio.

La Unión Soviética y el equipo de hockey sobre hielo, conocido como ‘El ejército rojo’, cruzan significado y destinos en este documento reconvertido en metáfora política, crónica inusual de un estado de la cuestión, utilización y manipulación del deporte y colisión del hombre y el sistema. El testimonio del ex-capitán del equipo, Slava Fetisov, a través de sus roles oficiales de héroe nacional, primero, y enemigo político, después, sirve de cauce por el pasado soviético, la decadencia y los cambios de una nueva Rusia. Es por tanto un grieta en la superficie helada de un fragmento de historia y también una forma de zambullirse en la amistad y en la constancia. Deporte e historia conviven y se enfrentan, dialogan y se repelen en esta mirada atrás muy ingeniosa, tras la que se revela la sombra de Werner Herzog quien aporta a su director, Gabe Polsky, ese tono virtuoso y la originalidad de todo su cine. Esa doble mirada entre épica y analítica, irónica y de retrato de época, aporta un juego que permite superar las reglas del género y las etiquetas.

Identidad nacional y canto comunista frente al capitalismo, material de archivo y giros eficaces se suceden en una selección de imágenes con sabor histórico y con interesante encaje. ‘Red Army’, siempre fruto de la presencia en la ‘producción’ del cineasta de  ‘Aguirre, la cólera de Dios’ o ‘Grizzly Man’, es una vuelta de tuerca a la propaganda, al oportunismo político, a la agudeza en la disección. Verosimilitud, lucidez, arte y deporte se combinan con inteligencia en una historia de análisis que tiene su mayor virtud en mostrarse más seductora cuanto menos documental parece. Las entrevistas aportan una extraña complicidad y convierten la política en una especie de ‘dream team’ del montaje subliminal, de los entresijos, malicias y juegos del poder. Una roja impresión de sensaciones que se sospechan y se daban por sentadas, entre la legitimación y el exhibicionismo deportivo, casi todo excepcionalmente atado.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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