img
Autor: Guillermo Balbona
Pegada y doble salto mortal
img
Guillermo Balbona | 14-09-2016 | 8:48| 0

No respires

2016 88 min. Estados Unidos 

Director: Fede Álvarez.

Reparto: Jane Levy, Dylan Minnette, Stephen Lang, Daniel Zovatto, Sergej Onopko, Jane May Graves Género
Thriller.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Pánico, posesión y cojonudo son palabras adscritas a los epígrafes de sus filmes precedentes. Y lo cierto es que todas ellas pueden ajustarse al horror ciego, al viaje al fin de la noche y la ceguera con mucha vista que desprende su nueva película. El uruguayo Fede Alvarez es savia nueva que sabe a tradición bien entendida, a lección aprendida, a deuda asumida con sus mayores y a ejercicio pragmático. A la sombra de Sam Raimi, tras dedicarle más que un remake y homenaje en ‘Posesión infernal’, el cineasta firma ahora este contundente hachazo, juguetón y violento, retorcido e implacable, que juega al gato y al ratón, al perseguido y perseguidor en una danza que cambia los papales continuamente, entre giros, vueltas de tuerca y rizos. Lo peor es pensar en etiquetas y encasillar la película en el género de terror –que no lo es– o mirarla como un thriller caprichoso, que tampoco lo es. ‘No respires’ es un inteligente híbrido de robo, caza y venganza, de inmersión en la oscuridad más diáfana, esa que convierte al ser humano en un salvaje depredador. Sin anexos incómodos, exenta de subtextos parásitos para ornamentar, el cineasta de ‘Ataque de panico’ elude la sobreinformación, juega con los silencios, distribuye con acierto puntos ciegos y claroscuros e intercambia golpes de ingenio con la complicidad de los actores cuando la acción requiere detenerse a pensar en diferentes opciones. Peca quizás de cierta frialdad esta química de laboratorio y la visceralidad que se le presupone a esta historia de agresores y víctima (Stephen Lang como un gran capitán de las profundidades morales) que intercambian roles como quien caza pokémons a la puerta de un colegio. Con inventiva y  cierta elegancia formal, sin descuidos, la maquinaria precisa le permite al filme dar varias vueltas de campana y saltos mortales sin que nada se resienta. Sobra ese enésimo guiño final, tan de manual, para dejar abierta la posibilidad de una secuela, que ya se antoja gratuita, pero el resto es puro engranaje de tensión nacido del efecto jaula, el factor claustrofóbico y el caminito visual plagado de trampas. Irónica, ‘No respires’ da protagonismo a los jadeos del protagonista, a los sonidos fortuitos y azarosos y a los gritos inevitables y sólo deja ver los entresijos de un suspense aderezado por violentos golpes a ese modelo tan trillado del intruso o intrusos como sujeto de anormalidad.  Turbia pero sin excesos, concisa, simulando lo limitado de los recursos y con vocación de estilo, la obra de Alvarez es un juguete sádico donde el espacio o su falta asumen el máximo protagonismo de tal modo que el espectador llegue a sentirse como en casa, aunque sea el hogar de un infierno inesperado.

Ver Post >
De piel y sangre
img
Guillermo Balbona | 13-09-2016 | 8:18| 0

Tarde para la ira

España. 2016. 92 m. (16). ‘Thriller’.

Director: Raúl Arévalo.

Intérpretes: Antonio De La Torre, Luis Callejo, Alicia Rubio, Manolo Solo, Font García.

Cinesa y Peñacastillo

La ecuación es tan rotunda como sólida. Aspereza y dolor. Venganza y resentimiento. Piel y sangre. Raúl Arévalo sabe lo que se hace. Su ópera prima parece la creación de un cineasta experimentado, eficaz, sin retórica ni manierismos, exento de subrayados de estilo y limpio de excesos. Lo mejor de ‘Tarde para la ira’ reside en su transparencia, en su falta de pretenciosidad, en su rigurosa forma de narrar. Hay quizás alguna arritmia y un retorcido sudor o regocijo en la autosuficiencia al ser muy consciente de que trabaja con un material que sangra verdad. El actor/director sale a la calle, la pisa, es carne de bar y de barrio, habla de lo popular y de lo desgarrador, a veces vasos comunicantes, otras compañeros forzados; y, sobre todo, mima a los personajes, o lo que es lo mismo, sabe que cada perfil debe ser encarnado por determinados rostros. Su cine es una inmersión en la cartografía de las miradas con hondura y silencios elocuentes. Una historia de muertes azarosas, violencia que supura violencia y querencias inesperadas. Una narración donde la ausencia genera presencia, y viceversa. Es cierto que la película huele al rastro de otras cintas, que los personajes, sin ser estereotipos ni mucho menos, exudan empatía de otros tantos tipos con idénticas inquietudes y similares vacíos. Pero Arévalo, con intensidad y contención, al margen de recreaciones dramáticas facilonas, va trenzando una maraña agónica, claustrofóbica, en la que el espectador se ve envuelto. desorientado en ocasiones, errante otras, convencido de lo previsible que nunca llega, o lo hace demorando la tensión, el desgarro, el desmayo. ‘Tarde para la ira’ equilibra el montaje, la paciente mirada sobre los detalles y ese engranaje sin fisuras que deja al testigo adherido a un mapa de heridas abiertas y pesadillas. Hay en el cineasta primerizo aplomo y verdad y eso no se puede decir de muchos. Sabe lo que quiere contar y tienes ganas de contarlo y ese es otro lugar común cada menos frecuentado o, al menos, amenazado por la impostura y la hipocresía. Raúl Arévalo administra y gestiona las anécdotas con idéntica frescura y apego que las cosas aparentemente importantes. Es un filme sin escape, seco como un western árido y sucio porque nunca pretende camuflar ni adornar. La fatalidad es el aroma, la supervivencia el perfume y la sangre, la fragancia. El resto es destino, fragilidad y miedo. Para potenciar esas cargas de profundidad  el director cuenta con unos misiles precisos y contundentes, ese puñado de excelentes intérpretes, medidos y ajustados, desde el silente De la Torre a ese trayecto sufriente de Ruth Díaz. Redención, venganza, estigmas, memoria reconcentrada y esa extraña convivencia entre thriller y bofetada rabiosa. Sin tregua y con mucha bilis. Un rodaje que se antoja apasionado y que se siente físico y brutalmente cercano.

Ver Post >
La elegancia encadenada
img
Guillermo Balbona | 29-08-2016 | 9:02| 0

Café Society

EE UU. 2016. 96 m. (7). Comedia.

Director: Woody Allen.

Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Blake Lively.

Cinesa y Peñacastillo

Uno se desliza por su pátina de compleja sencillez con una mezcla de extrañeza y elegancia. Aquí lo que parece aparente y deslumbrante suele ser profundo y lo grave, un camino empedrado que, sin embargo, invita a deslizarse sobre él. De igual modo, contiene un brillante y caótico ecosistema de criaturas que supone un cosmos ordenado en el que de pronto todo se vuelve azarosamente caprichoso. Es Woody Allen en estado puro. Un juego de amor elegante, encadenado a la vida, de precisa y madura realización que parece responder a un mecanismo sofisticado pero hecho en un vuelo. ‘Café Society’ es un desfile de opuestos y simetrías, un tratado de melancolía y tristeza vital, entre idas y venidas, saltos en el tiempo y pasadizos, todo encajado con una inquietante mirada y una grácil y estilizada artesanía de maestro observador de la vida. Una comedia de pasiones y apariencias, profundamente amarga, que habla de opciones erradas, encuentros inoportunos en unos tiempos entrelazados donde el pasado y el presente quedan atados por sentimientos y recuerdos. Con el paisaje de un Hollywood dorado desbordado de estrellas, la galaxia del joven octogenario Allen vive su particular noche de las Perseidas y alumbra un cuento de amor y desamor tan sutil como deliberadamente triste. Lúdico y simétrico el cineasta de ‘La rosa púrpura de El Cairo’ se mueve con soltura entre la ligereza y la hondura para retratar  sus criaturas fugaces que habitan en este cóctel agitado donde convive el cineasta de ‘Días de radio’ y el de ‘Interiores’. El paseo rotundo discurre entre generaciones, entre lo joven y lo adulto, lo familiar y lo ajeno, lo convencional y lo pasional, las pinceladas nada superfluas y las miradas nostálgicas. La descripción de ese templo de egos y bellezas inmortales y la del amor intentado abrirse paso deja momentos memorables como ese que transcurre en el vestíbulo de un club donde lo banal y lo trascendente se intercambian golpes bajos. Todo es un baile de altas y bajas pasiones. Una danza sublimada en la fotografía digital de Storaro, que subraya con enorme belleza y eficacia, el juego de la brillantez aparente y la amargura de la pérdida. El rapto de feliz deslumbramiento y la fugacidad y derrota de un amor anclado en el tiempo. Entre Los Ángeles y Nueva York, entre el cómico y el actor, entre el romance  sobrevenido y la pasión frustrada, entre el calor y el frío, entre las mansiones sobradas de vulgaridad y el rayo reflejado en un edificio neoyorquino. ‘Café society’ es un juguete roto, una pequeña gran película, tristemente divertida, y viceversa, romántica e ingeniosa, con Jesse Eisenberg,  a modo de eco de Allen, y una etérea Kristen Stewart. Todo  es como una partitura de jazz trazada con la libertad del buen gusto y la enfermedad nostálgica del amor imposible. Hay, cómo no, una familia impagable que merecía otra película, bromas judías, diálogos certeros y una mezcla funcional de retórica y agudeza. «La vida es una comedia contada por un sádico». Allen, con el fatalismo romántico de Scott Fitzgerald habla «con la autoridad que le da el fracaso» y vuelve a dejar un poema complejamente sencillo que se cierra en un silencio ruidoso, entre irónico y desgarrado, con la elegancia encadenada de un entusiasta de la vida que dice adiós a la pasión.

Ver Post >
Uniformados en el cliché
img
Guillermo Balbona | 29-08-2016 | 8:59| 0

Cuerpo de élite

España. 2016. 97 m. (7). Comedia. Director: Joaquín Mazón.

Intérpretes: Miki Esparbé, María León, Jordi Sánchez, Andoni Agirregomezkorta, Joaquín Reyes, Carlos Areces, Silvia Abril.

Salas: inesa y Peñacastillo

La cosa, entre la metáfora comercial y el monstruo del aquí vale todo, nace de un cruce entre una misión imposible cañí y la loca academia de policía castiza. Más preocupada por explotar hasta el último resorte y aliento un modelo a lo ‘Ocho apellidos vascos’ y las autonosuyas, mediante un combinado de colectivos policiales tan caótico que dan miedo de verdad, que por seguir el rastro de un ingenioso y bien conseguido arranque, ‘Cuerpo de élite’ se diluye como un azucarillo en su taza de humor descafeinado. Este desfile uniformado de clichés y estereotipos, un resacón de autoridad que juega con las diferencias territoriales, las dos Españas, la mediocridad política y los lugares comunes de propia historia reciente del país, nunca muestra soltura ni espontaneidad. Enquistada en el cine fórmula, abotargada por culpa de una sucesión de chistes desmayados, previsibles unos y cansinos otros, el filme salvo su despegue de thriller de acción paródico, no vuelve a levantar la cabeza. Joaquín Mazón, tras sus pasos por series televisivas, firma aquí su opera prima: una comedia prefabricada y envasada al vacío que, en cierto modo, tiene su origen en modelos televisivos de éxito y con talento, caso de ‘Vaya semanita’ de ETB. El juego entre el pelotón torpe que agita las situaciones chistosas, intercambia tópicos y se esfuerza en estirar el guion para morir en la orilla, tiene como fruto un filme atorado, el segundo trabajo de los guionistas Adolfo Valor y Cristóbal Garrido, tras su interesante ‘Promoción fantasma’. El humor dedicado a explotar los contrastes autonómicos o las etiquetas regionalistas, posee pólvora mojada y ‘Cuerpo de élite’ nunca adquiere consistencia. Su única coartada es que pase el tiempo a la espera de si un gag, un hallazgo luminosamente divertido viene a deslumbrar entre tanta vulgaridad y tanto encasillamiento. Desde el inicio eso del madrileño bocazas, el vasco bruto y gay, el catalán con afán de superioridad, el ecuatoriano mas español que nadie y la andaluza susceptible componen el material idóneo para comenzar un chiste que nunca acaba de formularse por lo que la risa asoma siempre entrecortada, forzada o simplemente interrumpida. No hay historia sino uno, dos o tres factores manejados de manera funcional. Y todo ello pese a que los actores, como en la mayor parte de las comedias españolas, son excelentes. La bomba de Palomares, la sombra del golpe de Estado, las ironías sobre la unidad de España, los discursos subliminales sobre la conciliación y el separatismo salpican la trama de buenos y malos con un excelente Carlos Areces que podría haber formado parte de muchos partidos y gobiernos. Pero el filme nunca se toma en serio la risa y el humor parece venir de fábrica, enlatado y con la etiqueta ‘hecho en casa’. Aunque suene a pegatina, más que a marca.

Ver Post >
La actriz autoayuda
img
Guillermo Balbona | 24-08-2016 | 9:06| 0

Hello, My Name Is Doris

2015 95 min. Estados Unidos

Director: Michael Showalter.

Reparto: Sally Field, Max Greenfield, Beth Behrs, Wendi McLendon-Covey, Stephen Root, Elizabeth Reaser, Isabella Acres.

Género: Comedia romántica 

Sala: Los Ángeles. Desde hoy y hasta el domingo.

Sin asideros es casi imposible que una apuesta, por muy conservadora que sea, resista una mirada rigurosa y aguda. Con la coartada de la comedia romántica amable, esa que persigue el contento generalizado y se olvida de profundizar, discurre con tono llevadero ‘Hello, My Name is Doris’. Una leve ironía y la gran actriz que habita dentro, dinamitan toda apropiación indebida por parte de las convenciones que amenazan la estabilidad del filme. La historia, que confronta tópicos y lugares comunes con un insólito panorama emocional, resultaría del todo anodina y sin riesgo, si no es por la presencia de una intérprete colosal, Sally Field, que supera todos los retos, el primero de ellos ese tan inexplicable que delata a un público que casi nunca la cita cuando se acuerda de otras actrices con menor capacidad para abordar retratos sólidos y con un mínimo de seducción. Este es uno de esos filmes que juegan con la etiqueta de lo simpático para pervertir lo que llevan dentro. Por eso la cinta tan pronto se pone en modo encantador como inevitablemente cargante. Su sentido del humor, entre vulgar y zafio, busca el equívoco y nunca supera esa capa de superficialidad basada en el ‘debo gustar a todo el mundo’. La relación entre una sexagenaria oficinista y un joven persigue ese tono de experiencia que elude la hondura aunque precisamente su misión primordial sea la de abordar sin denuncia explícita lo superficial de las relaciones humanas actuales. Michael Showalter, creador de la serie ‘Wet Hot American Summer’, confronta lo afectivo con el escaparate inmediato, con las redes sociales, en una obra de herencia indie que se estanca en el tópico pese a arremeter contra la moda de la autoayuda. El conflicto generacional, el concepto de madurez, la marginación social de los mayores son cuestiones solapadas y subliminales que la película acaricia, más que toca. A veces el filme gana enteros sin querer. Sucede cuando retrata cómo bajo la capa de las etiquetas y lo ridículo asoma el amor saltándose todas las falacias. En esta comedia dramática, entre el recurso ternurista y el psicoanálisis de salón, subyacen las frustraciones y los deseos más lógicos. La protagonista de la olvidada ‘Norma Rae’ pone en marcha el motor de la empatía y ya no se detiene. Los matices son ocasionales y lo patético también tiene su sitio. Entre lo estrafalario y lo burocrático triunfa siempre la demostración de una actriz con todas las ganas de hacer de la interpretación una cruzada vital.

Ver Post >
Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

Otros Blogs de Autor