img
Autor: Guillermo Balbona
El saber ocupa lugar
img
Guillermo Balbona | 29-06-2016 | 8:21| 0

Un hombre de altura

Francia. 2016. 98 m. (7). Comedia.

Director: Laurent Tirard.

Intérpretes: Jean Dujardin, Virginie Efira, Cédric Kahn, César Domboy, Myriam Tekaïa, Eléa Clair.

Salas: Cinesa y Peñacastillo


El saber no ocupa lugar, ¿O sí?. El tamaño importa. ¿O no?. Esta comedia que mengua y crece en la medida en que su idea de base funciona o resulta cansina, es un remake fiel que tiene su punto de corrección en el trabajo de la pareja protagonista. ‘Un hombre de altura’ discurre bajita y a veces pierde la comicidad y el conflicto original que sustenta su razón de ser. La comedia romántica, fruto de una cita a ciegas, busca el encanto en el rechazo y la seducción a través de su elogio y afirmación de la diferencia, aunque al cineasta de ‘Astérix y Obélix , al servicio de su majestad’, Laurent Tirard, le tiemble el pulso y caiga en la reiteración y en la insistencia en los epítetos del amor que vulgarizan y narcotizan la comedia. Como sucedió con el remake honesto pero innecesario que afrontó Hollywood de la maravillosa ‘El secreto de sus ojos’, ahora es el cine francés el que vuelve la mirada sobre otro filme argentino: ‘Corazón de león’, de Marcos Carnevale, para perfumar, sin apartarse demasiado del original, con encanto pero subrayando en exceso la esencia que contiene la relación entre el arquitecto y la abogada. Jean Dujardin y Virginie Efira destilan simpatía y derrochan un achampanado vínculo que ayuda a que el efecto sorpresa y el hechizo no desaparezcan de la pantalla. ‘Un hombre de altura’ posee elegancia y  aveces se sube a las calzas de cierta pose amanerada y afectada como simulando una alta comedia que no necesita. Afrancesada sí, dependiente de algunos tópicos también. Hay gags aislados y el apoyo digital empequeñece al actor pero el estado de gracia y la sutileza siguen estando a salvo: ese canto a la diferencia absolutamente necesario en estos tiempos en los que se busca la uniformidad en la banalidad. En cualquier caso es una comedia blanca, amable, sin desgarros ni dobleces, que da rienda suelta a la química entre actores, también los secundarios (pocos pero resolutivos) y en la que destaca la colosal actriz belga a la que le basta el magnetismo de su presencia para acaparar escenas y salvar situaciones que tiran de estereotipos redundantes como la secuencia del restaurante o la metáfora del avión. Lástima que más allá de la simpatía natural el filme no sea más valiente. Su descripción de la historia de amor reversible entre el hombre de éxito de apenas 1.30 de altura y la guapa abogada está afrontada desde el diseño (digital y publicitario) y no desde la radicalidad que hubiera supuesto apostar por una persona con discapacidad que hubiera supuesto una mayor verdad y una intensidad formal más militantes en su reivindicación social. Pero al director de ‘El pequeño Nicolás’ le interesa más precisamente la apariencia y el esteticismo para mantener la comedia en un plano discreto, sin violentar, y mirando hacia arriba o hacia abajo cuando convenga. El poso crítico y el pálpito del romance sin incómodas miradas.

Ver Post >
Pantomima faraónica
img
Guillermo Balbona | 29-06-2016 | 8:19| 0

Dioses de egipto

EE UU. 2016. 127 m. (7). Fantástica.

Director: Alex Proyas.

Intérpretes: Gerard Butler, Nikolaj Coster-Waldau, Geoffrey Rush, Brenton Thwaites, Courtney Eaton, Chadwick Boseman.

Salas: Cinesa y Peñacastillo


Esperpento disparatado  –y perdón a lo ‘valleinclanesco’–, bodrio digitalizado a modo de catálogo de cromos pseudomitológicos y ridiculez faraónica. ‘Dioses de Egipto’ puede aspirar al peor filme de las últimas temporadas, y eso ya es mucho. Su director Alex Proyas dijo recientemente que la crítica está trastornada, un diagnóstico que se ratificará y acrecentará tras visionar esta bacanal de ruido y vacuidad con aire de fanfarria y ceremonia pomposa que no podrá ni competir con el peor partido de la Eurocopa. Proyas vivió de la maldición que rodeó su filme ‘El cuervo’, avanzó con solidez y riesgo en lo oscuro con ‘Dark City’ y apostó por la comercialidad con la distópica ‘Yo, robot’. Su incursión falsamente monumental en ‘Dioses de Egipto’ resulta ridícula. El arranque de esta enésima colisión entre deidades y humanos está más cerca de un concierto de Enrique Iglesias que del cartón-piedra de Cecil B. DeMille. Un pastiche engolado, atiborrado de pastillas digitales y con aire marcial  Los desfiles de algunas fiestas tienen más capacidad dramática que este engendro que discurre envuelto en la exageración más radicalmente falsa. Su ejercicio de ficción a medio camino entre el videojuego y la pantalla de móvil se antoja irrisorio y grotesco. A lo ‘300’, pero con decorado patético e ínfulas de opereta paródica, el filme se prolonga durante más de dos horas plomizas de plagas de épica de pandereta, celestiales cantos y enfrentamientos con cierto guiño al cine camp. Nadie puede tomarse en serio semejante artefacto hortera, pero lo cierto es que la cartelera mientras impide el paso a títulos premiados en festivales o retrasa el desembarco masivo de las versiones originales, deja acomodarse a semejante pomposidad (o es ventosidad?) virtual que arranca como un mitin fanático y se instala en el caos de un guión que parece haberse escrito a golpe de parchís. Todo falazmente ampuloso, engordado, extravagante y carnavalesco, sin un solo momento de cordura dramática en esta reunión festiva. El nuevo péplum pixelado nunca alcanza el grado de exotismo que justifique una incursión jocosa como esta. Nicolas Coster-Waldau y Gerard Butler compiten en nadería y Geoffrey Rush revela que está tan incómodo como ajeno a lo que se intenta contar.  Estamos ante un blockbuster con fecha de caducidad, entre lo inverosímil y la fantasía enlatada y una miscelánea de disparates y desatinos de antología. Como detritus curioso y extravagancia estrafalaria la invitación al cachondeo visual podría tener un pase. Lástima que esa sensación sea pasajera. El resto es un plomizo cajón de sastre  en el que conviven el simulacro y la penosa insistencia en crear una parafernalia absolutamente insípida y vacía donde dioses y monstruos buscan otorgar un sentido a una aventura que nació muerta.

Ver Post >
Loca academia de vecindario
img
Guillermo Balbona | 24-06-2016 | 8:52| 0

Malditos vecinos 2

EE UU. 2016. 92 m. (16).

Comedia.

Director: Nicholas Stoller.

Intérpretes: Seth Rogen, Zac Efron, Rose Byrne, Chloë Grace Moretz, Selena Gomez, Dave Franco, Lisa Kudrow.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

 

Arranca con un vómito en toda regla y juega a mezclar desmadre y extravagancia, lo escatológico con lo incorrecto con tanta simpleza como eficacia. El cineasta de ‘Eternamente comprometidos’ y ‘Todo sobre mi desmadre’, Nicholas Stoller, aborda la secuela con la lección aprendida, contando los mismos chistes en apariencia de otro modo y dando una vuelta de tuerca a los gags. La perspectiva feminista se incorpora al jolgorio de este vecindario con aires de convertirse en franquicia con resacón. Su pragmatismo se fundamenta en parecer que todo encaje, y bien, en esta segunda entrega de ‘Malditos vecinos’. Stoller zarandea con mucho chiste y pataletas el burbujeante y, en ocasiones, disparatado muestrario de torpes, tontos y estereotipos en una jungla de la convivencia. Entre persecuciones, retorcidos juegos florales universitarios, sectas de moda y sobre la moda, y lúdicos enfrentamientos, el toque nuevas generaciones y el sello de una nueva comedia femenina sujetan la desmesura de este modelo de loca comedia bromista. El de Stoller es un humor que no busca tanto el ingenio como el impulso físico, el arrebato de gamberrada medida y la fidelidad a la risa como principal objetivo. Más que caricaturas o perfiles definidos la secuela siegue manteniéndose fiel a una regla: los personajes sólo son importantes para crear  un ecosistema de diversión ligera, algo provocador y en el mejor de los casos con cierto poso inteligente. En la secuela eso se cumple cuando el filme busca exprimir una perspectiva femenina. El resto es envoltura festiva, casi una celebración juerguista aderezada con cierta acidez no siempre bien encauzada. Stoller hace hincapié en el desmadre, en construir un escenario cambiante pero que continuamente es el mismo en el que se subraya la inmadurez como etiqueta cotidiana dominante. Las cuestiones de género, siempre en el filo de la navaja, constituyen el eje de unas relaciones que plantean más interés del que parten gracias a un buen toma y daca de actores con gracia. Su toma de conciencia reside en no aparentar lo que no es de tal modo que el descontrol al que apela, su salvajismo superficial, con alguna sombra moralizante, acaban por convertirse en la mejor coartada y en el más eficaz controlador del ritmo y la diana cómica. Trazo grueso y sal gorda en una especie de artefacto, que propone el reverso de la original, a través de chistes reflejos, el gag invertido y la ambigüedad sobre las identidades y sus reflejos sociales. Mucho ruido para tan corto recorrido.

Ver Post >
Mitología de usar y tirar
img
Guillermo Balbona | 23-06-2016 | 8:06| 0

Warcraft: el origen

2016 123 min. Estados Unidos

Director: Duncan Jones.

Reparto: Travis Fimmel, Robert Kazinsky, Ben Foster, Toby Kebbell, Dominic Cooper, Paula Patton, Daniel Wu, Clancy Brown.

Género: Fantástico.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Con aire festivo la traslación del videojuego a la pantalla posee factores más lúdicos que de traducción visual. ‘Warcraft’, un encuentro a tumba abierta entre orcos, humanos y otras criaturas bajo sospecha, es un desfile de aventuras y magia tan sofisticado como carente de emoción. Es una épica rebosante de planificación y destreza técnica pero que no se diferencia mucho de cualquiera de los trabajos publicitarios de alguna multinacional.

El cineasta Duncan Jones, hijo del recientemente fallecido David Bowie, apuesta por los magos, mucho Merlín en paro y alguno sobreactuado, hadas, encantamientos y pócimas más contagiosas y dañinas que un eslogan electoral, pero este ‘señor de los anillos’ con mazas y mamporros, sobrecargado de acción reiterativa, se queda en mero barroquismo superficial. El director de ‘Moon’ mezcla ingredientes como si fuese un puchero deconstruido por la nueva cocina digital aunque, pese al innegable esfuerzo, el resultado es insípido e inoloro. La apariencia es de conexión wifi con lo medieval, sin peso dramático y con ínfula de gore fantástico. Portales de fuerzas oscuras, reinos enfangados por la pérdida de poder, magia con más colores y variantes que una tienda de chuches, y una vivacidad heroica y efervescente más propia de equipo deportivo y hooligang  que de tragedia desgarrada.

Duncan Jones, cineasta de ‘Código fuente’, no engaña y mantiene una apuesta coherente y de fan rendido al videojuego. El problema reside en el exceso de entusiasmo y en equivocar el punto de vista al convertir a ‘Warcraft: el origen’ en una mitología de pantallas virtuales solapadas. Entre peleas, desafíos, estrategias de salón y batallas de magos que se han comprado el ‘juegos reunidos’ (sólo falta el Copperfield haciendo desaparecer montañas y reinos) se sucede este batiburrillo hecho con mucho cariño pero marcado por la ausencia de espacios de emoción y seducción. Un divertimento en el que canta la querencia por el espectáculo prefabricado y el conflicto generado por ordenador, ajeno a esa textura cercana más sensible. La cosa puede oscilar entre los integristas del soporte original y la frivolidad de esa narración de manual que domina la musculosa nadería. El héroe desdoblado, el juego eterno del bien y de mal y, ante todo, una sucesión de mamporros con tintes de drama trascendente envasado al vacío.

Ver Post >
Madre no hay más que una: Susan Sarandon
img
Guillermo Balbona | 21-06-2016 | 7:52| 0

Una madre imperfecta

2015 100 min. Estados Unidos

Director: Lorene Scafaria.

Reparto:Susan Sarandon, Rose Byrne, J.K. Simmons, Lucy Punch, Jason Ritter, Michael McKean, Casey Wilson, Sarah Baker.

Género: Comedia dramática

Salas: Cinesa

Su encarnación de una madre imperfecta refleja una interpretación perfecta. El exceso de protección y posesión –el ‘defecto’ del personaje– es precisamente el abrazo de actriz que practica y transmite Susan Sarandon en esta comedia, muchas veces pesada, que sólo toma vuelo gracias a esa solidez de la estrella de ‘Atlantic City’. La guionista y directora, Lorena Scafaria, opta por la comedia amable con leves sombras de amargura y ternura colisionando y sin rumbo, pero, finalmente, a salvo del precipicio cada vez que la sutil ligereza de Sarandon va dejando sus huellas. Ella, omnipresente aunque no lo parezca, acapara, se apropia y se convierte en la madre de todas las zonas ingratas de esta cinta a la deriva, controlada por cada rasgo emocional impreso en su personaje. Si asoma el encanto y se revela cierta calidez es gracias a la materia prima de una actriz que acerca, se aleja, abraza y rechaza a su personaje cómo y cuando quiere. Pero lo que en otras sería un ejercicio desmedido de egolatría y sobreactuación, es en ‘Una madre imperfecta’ una lección de vibración e inteligencia. Es verdad que se destila cariño y aire de sinceridad autobiográfica en la historia que retrata la directora pero las oscilaciones de ritmo, registros y esos vaivenes entre la comicidad discutible y un sentido sentimental equivocado de los afectos quedan corregidos en cada gesto, detalle y dominio del espacio que muestra Susan Sarandon. Sencillez y simpleza compitiendo para no descender a la banalidad, ambas sostenidas en un retrato coherente que tan pronto se vuelve dramático como entrañable, distanciado sólo por el chasquido luminoso de la actriz. La falta de hondura del filme es obvia. Falta talento para superar las anécdotas y consistencia para alumbrar imaginación en estas criaturas, madre e hija, marcadas por una ausencia y perseguidoras de un territorio cómplice. La cineasta de ‘Buscando un amigo para el fin del mundo’, quizás consciente de sus limitaciones, deja al menos el camino expedito para que Sarandon y Rose Byrne (no menos brillante) conviertan una mera radiografía femenina sobre carencias afectivas y necesidades de amar en una pequeña demostración de encanto. El título original, ‘The Meddler’ (La entrometida) más ajustado al perfil de la madre y al espíritu sociológico que subyace en la historia –la privacidad y la intimidad amenazadas– revela de manera más claras las intenciones de una obra que, sin embargo, nunca supera lo rutinario. En la periferia de los estereotipos triunfa el matiz para elevar la complejidad de una personalidad que se antoja deslumbrante cuando quiere la inmensa intérprete haciendo de lo mínimo una isla de grandeza. Madre no hay más que una y se llama Susan.

Ver Post >
Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

Otros Blogs de Autor