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Autor: Guillermo Balbona
Una convulsión de cine mayor
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Guillermo Balbona | 28-03-2018 | 1:28| 0

Thelma

2017 116 min. Noruega.
Dirección: Joachim Trier.
Guion:  Trier y Eskil Vogt.
Música: Ola Fløttum. Fotografía: Jakob Ihre.
Reparto: Eili Harboe,  Ellen Dorrit Petersen,  Okay Kaya,  Henrik Rafaelsen.
Género: Drama. Salas: Groucho.

Discurre entre el dolor de lo iniciático y el trauma sobrenatural. Entre el silencio y los primeros planos bergmanianos y ese frío lacerante de la incomprensión, la soledad y el vértigo de la diferencia expuesto ante los demás (ya saben, la nueva caza de brujas). Posee uno de los arranques más fascinantes que ha dado el cine en la última década y salvo alguna concesión efectista en el último tramo es una gozosa, elegante e inquietante mirada sobre la infancia tendida subliminalmente sobre la vida, como la mantequilla sobre una tostada, muerdas por donde muerdas. Entre tanta herida escondida e interiorizada y tantas revelaciones cercanas a los dolores primarios, ‘Thelma’ es una especie de ‘Déjame entrar’ y ‘Carrie’ envueltas en el Decálogo del maestro Kieslowski, incluso con capas de algunos de sus colores. Joachim Trier, siempre interesante y sutil, se muestra más seductor y envolvente cuando vamos conociendo la personalidad de su personaje femenino entre flashes del pasado, guiños ocultos y una magnífica puesta en escena al hablar del deseo y de la identidad sexual, del placer y la represión, de la vida abriéndose como una fruta y del integrismo religioso, de la necesidad de sentir y de lo reprimido. El hielo resquebrajándose pero intacto es la perfecta metáfora del retrato de esta mujer joven que vive entre convulsiones físicas, lacras morales y descubrimientos de lo extraño. ‘Thelma’ muestra cierta debilidad cuando pugnan lo psicológico, lo sensorial y las señales de lo enigmático, aunque el cineasta de ‘El amor es más fuerte que las bombas’ casi siempre encuentra soluciones esteticistas y hermosas, alejadas del artificio. Entre la epidermis de lo obvio y visible y la hondura de lo oculto asoma una tercera dimensión con su textura ominosa, paranormal, donde conviven el temblor, los secretos, la extrañeza, el sentimiento de culpa y esos temores fundados en lo atávico, es decir la distancia entre el drama íntimo y familiar y el drama fantástico. Quizás ciertas flaquezas se deban a que el director de ‘Oslo, 31 de agosto’ trata de encajar demasiados frentes que no siempre casan: el sexo, la represión, la culpa, lo familiar. Entre el hielo y el fuego, el cuerpo y el deseo, el filme va proponiendo un desmayo y un desvanecimiento, una convulsión y un arrebato. Hay una angustia contenida pero contagiosa que impregna y empapa el filme de perturbación, simbología bíblica, severidad, despertar y conflicto. Una obra que deja abiertas muchas imágenes y cierra otras con la rotundidad de un demiurgo de la imaginería más sobrecogedora. Entre la perplejidad y la intensidad, traza un trayecto, que no desvela del todo lo confuso, pero que quizás por ello transmite una sensación delicada de autenticidad. Como un paseo sobre la superficie helada desafiando su fractura. O acaso no es eso la vida.

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Guillermo Balbona | 27-03-2018 | 8:50| 0

Peter Rabbit 

2018 95 min.EE UU. Dirección: Will Gluck.
Guion: Will Gluck, Rob Lieber (Libros: Beatrix Potter).
Música: Dominic Lewis. Fotografía: Animation, Peter Menzies Jr.
Reparto: Animation,  Domhnall Gleeson,  Rose Byrne,  Sam Neill,  Sia,  Bernardo Santos, Deborah Rock,  Jill Buchanan,  Vauxhall Jermaine,  Ty Hurley.
Género: Animación. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Cómo husmear en la animación y no caer en el estereotipo. La rebelión conejil en defensa de su territorio, una especie de ‘Rebelión en la granja’ con escasa discusión al liderato de un conejo avispado, enamoradizo y héroe accidental, alcanza en ‘Peter Rabbit’ momentos de perfección técnica tan sublimes como bobalicones y débiles en sus resoluciones sentimentales y blandas. Lo sorprendente de esta adaptación de los libros infantiles de Beatrix Potter está, por supuesto, en el encaje perfecto entre la animación y los personajes reales, pero también en esos arrebatos furibundos de venganza y gamberrismo a lo resacón de zanahorias y sadismo frente al humano. La hilarante intención de introducir una zanahoria en la raja glútea de un humano vecino, el mismo que a continuación va a sufrir un infarto, para dar paso casi sin pausa a una tierna escena de reunión de mamíferos, a modo de ‘Blancanieves y los siete enanitos’,  adorando a su atractiva vecina, resulta verdaderamente chocante. Después habrá descargas eléctricas, trampas y explosivos en un ambiente bélico entre un conejo y un humano recreado con tanta sutilidad técnica y destreza que la película gana en empatía en apenas unas escenas. El problema reside en su guion reiterativo, en su endeble creatividad argumental y en ese sentimentalismo que se desparrama en determinados momentos desequilibrando lo que apuntaba hacia una locura a lo ‘Arizona Baby’ de los Coen. Pero el filme se mantiene en los cánones y márgenes de la corrección y a cada gesto de gamberrismo le sigue una coartada emocional de abrazos y arrepentimientos. En combinación y armonía inevitable con un buen repaso de temas musicales conocidos, ‘Peter Rabbit’ es juguetona y saltarina, como no podía ser menos, y desde luego más atrevida que ‘Paddington’, y mucho más sutil y atractiva que ‘Alvin y sus ardillas’. Will Gluck, responsable de ‘El show de Michael J. Fox’ para televisión y que ya goza de crédito en el plano de las comedias tras rodar cintas como ‘Con derecho a roce’ y ‘Annie’, sustituye aquí cierto encanto e inocencia por golpes impresionantes de efectismo visual. Entre travesuras y una fantástica dialéctica entre humanos y criaturas animadas, el filme se decanta por la fuerza visual de Bugs Bunny y, en ocasiones, el slapstick frente a lo meloso y pastel de los libros originales. La expresividad gestual y facial es imponente y los gags y paradojas con el lenguaje aportan momentos sorprendentes y garantizan el entretenimento. Una especie de ‘Solo en casa’… rural convertido en carne de madriguera ingeniosa.

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De algoritmos y azares
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Guillermo Balbona | 26-03-2018 | 12:39| 0

El aviso 
2018 92 min. España. Dirección: Daniel Calparsoro.
Guion: Chris Sparling, Jorge Guerricaechevarría, Patxi Amezcua.
Música: Julio de la Rosa. Fotografía: Sergi Vilanova.
Reparto: Raúl Arévalo,  Aura Garrido, Hugo Arbués,  Belén Cuesta,  Antonio Dechent, Aitor Luna, Luis Callejo, Sergio Mur, Julieta Serrano,  Juan López-Tagle.
Género: Thriller. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Ya que esta ficción apela a la matemática y a la rotundidad de los números hay que hacer notar que la ecuación entre oficio y emoción, contundencia y credibilidad, narración y sensación es en ‘El aviso’ tan desigual e inexacta como decir dos y dos son cinco sin ninguna fe en lo expuesto. Hay un arranque excelente en doble salto mortal en el tiempo incluido, y una relación de hechos que se mueve entre la crónica sucia, el azar y el destino. Pero el último filme de Daniel Calparsoro empieza debilitarse y resquebrajarse cuando intenta con escasa fuerza casar lo real y lo fantástico, las leyes de lo casual con las invisibles normas de un tiempo cíclico. La película participa de esa coherencia y pulsión que el cine del director de ‘Pasajes’ posee desde que abriera su filmografía con la sorprendente ‘Salto al vacío’ en los noventa, su etapa más visceral, enérgica y arriesgada. Y, sin embargo, carece aquí de la tensión de la extrañeza. En su interior, como un reloj al que le faltara una pieza, el resorte sin engrasar no encuentra su lugar justo y, como las fichas de dominó, a menudo toda la secuencia encadenada de acontecimientos se desmaya sobre el tapete. La repetición de sucesos trágicos en un mismo lugar, entre la historia azarosa y el malditismo, es un recurso nada original. En su arranque el cineasta de ‘Combustión’ vuelve a dar señales de su potencia visual. Lástima que a medida que el protagonista ahonda en lo insólito el filme quede atrapado en el efectismo obsesivo y en un juego de reiteraciones entre ilusiones, fármacos y espejismos. Los intérpretes viven presos asimismo de semejante paradoja que va envolviendo al espectador. Un Raúl Arévalo omnipresente, pese a sus esfuerzos, no termina de generar ese hábitat de extrañeza, complicidad y contagio. Y en algunos casos, como el de la excelente Belén Cuesta, simplemente no hay correspondencia entre su trabajo y la representación de su personaje. Al contrario de la versátil Aura Garrido que aporta equilibrio y da entereza al filme cuando va empapándose de debilidades. Hay intriga y asoman enigmas pero no se puede decir que ‘El aviso’ sea un thriller sobrenatural. Hay también un diálogo constante entre vida y muerte pero no resulta del todo turbadora. Por todo ello nunca concluye la conjugación de la premonición, a lo Sam Raimi, con la sombra expresada, como en esos thrillers policíacos de los noventa tan viscosos como juguetones. Un atractivo planteamiento tan teñido de pigmentos enigmáticos que termina por perder su color original.

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La crisis en danza
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Guillermo Balbona | 20-03-2018 | 9:29| 0

La tribu
2018 90 min. España. Dirección: Fernando Colomo. Guion: Colomo, Yolanda García Serrano, Joaquín Oristrell.
Música: Vicente Ortiz Gimeno. Fotografía: Ángel Iguacel.
Reparto: Carmen Machi,  Paco León,  Luis Bermejo,  Julián López,  Bárbara Santa-Cruz, Manuel Huedo,  Rebeca Sala,  Manel Fuentes,  Horacio Colomé,  Jorge Asín, Marisol Aznar,  Alfonso Lara. Género: Comedia| Salas: Cinesa y Peñacastillo

Es tan sencilla e ingenua que dan ganas de abrazarla. Parece un aparato lúdico, de club de baile de barrio y catarsis en danza. Musical encubierto, quizás tímido y volatinero, que apela al costumbrismo y lo popular, ‘La tribu’ se basta con el oficio de su director, aquí con más medios, y la solvencia y solidez de sus intérpretes. La exposición pública y el desnudo en las redes, la fuerza social de la reivindicación, el orgullo de la supervivencia subyacen o se revelan tras una historia de mujeres trabajadoras, madres y luchadoras natas que se valen del baile para canalizar su espíritu de complicidad, solidaridad y reconocimiento. Y entre ellas un gag simbólico con la desmemoria como protagonista que ayuda a poner la crisis en danza. Lástima que el guion sea tan endeble, lo que obliga a que la trama avance a trompicones entre cierto aire insustancial y repentinos pasos de talento que dejan entrever la película deseada. Fernando Colomo venía de posar con naturalidad un documento muy personal, ‘Isla bonita’, que tenía mucho de declaración de principios y amor al cine. ‘La tribu’ empapa la realidad con una pareja de actores excelentes, como Carmen Machi y Paco León, y unos buenos secundarios que permiten tapar las fisuras de una historia en la que, entre la danza urbana y el ritmo, se cuelan las caras desajustadas de una sociedad a la intemperie, plena de desperfectos. En este sentido, aunque sin profundizar lo suficiente, el filme se adscribe a esa mezcla de neorrealismo, guiños televisivos, canto social y cinematográficamente, por afinidad, a un espacio construido a lo ‘Full Monty’. Una comedia con algo de neorrealismo estrujado, musical soñado no practicante y pasaje entre lo popular y transparente, y lo oculto, cobarde y anónimo de quienes tiran de la cadena de la crisis. El desempleo, la calle, el paisaje urbano de una Cataluña en la que asoman las esteladas en los balcones contribuyen a que la ficción no solo tenga el maquillaje de género, sino la textura de la actualidad. Pese a ese predominio de lo frívolo, la comedia a veces enseña sus dientes y curiosamente alcanza dos o tres momentos intensos de melodrama que los protagonistas aprovechan para extraer todo el jugo gástrico y ácido de fondo, donde el guion no llega. Hay carisma en la envoltura pero falta cuerpo y densidad a la historia que baila en la superficie, tan pronto en la cuerda floja como en el alféizar de una cinta donde, a veces, la espontaneidad parece descuido y los hallazgos, casualidad. Le sobra simpatía y le falta músculo para levantar las pesas sociales que va dejando en el camino. Una coreografía popular a la que ‘la llamada’ a bailar se le queda corta, pese a su calidez periférica a raudales y su muy buena sintonía.

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Corre, lara, corre
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Guillermo Balbona | 20-03-2018 | 9:28| 0

Tomb  Raider  
2018 122 min.EEUU. Dirección: Roar Uthaug. Guion: Geneva Robertson-Dworet, Alastair Siddons.
Música: Junkie XL. Fotografía: George Richmond. Reparto: Alicia Vikander,  Daniel Wu, Dominic West,  Walton Goggins, Kristin Scott Thomas, Alexandre Willaume.
Género: Aventuras | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Apunto de caramelo el  ‘Ready Player One’ de Steven  Spielberg, canto de amor a los videojuegos del cineasta de ‘Tiburón’, que algunos auguran como un antes y un después en la percepción del mundo virtual, se instala en cartelera el regreso de ‘Tom Raider’, una heroína con hechuras y factura que vende su cercanía y una presencia más terrenal. Lo cierto es que Roar Uthaug, cineasta noruego, responsable de ‘La ola’, una incursión en el subgénero de catástrofes, ha realizado un documento nostálgico ochentero con escaso gancho, falto de ritmo y tirando de tópicos. Ante semejante panorama sólo la presencia de Alicia Vikander, excelente actriz que parece dispuesta a dinamitar su carrera interpretando a Lara Croft, aporta un aire de serenidad tanto a la trama como a la definición del personaje. De hecho uno se pregunta qué sentido y justificación tiene, más allá de la lógica apelación a la taquilla, esta vuelta de tuerca al personaje que encarnara en dos ocasiones  Angelina Jolie a principios de la pasada década. No hay furia ni nervio en este continuo viaje adelante y atrás, entre peleas y caídas, zarandeada ella y el resto de criaturas en una acumulación digital con escasa gracia coreográfica. De Londres a una isla de la costa de Japón, el periplo imaginativo y físico se antoja pesado y monótono, muy gris en las soluciones dramáticas a la hora de dotar de calidez y empatía a los perfiles  atrapados en su búsqueda  particular y obsesiva, pero ajenos a transmitir algo de sí mismos. Uthaug se limita a dejar que el rostro de Vikander revele hondura y pausa entre tantas idas y venidas alocadas, de una persecución londinense en bicicleta a unas escenas supuestamente espectaculares en el mar. Además, cuando se trata de reivindicar la esencia de la aventura, el filme se mira demasiado en la saga de Indiana Jones, y en la búsqueda de una tumba misteriosa el vínculo entre Lara Croft y su padre transparenta demasiadas afinidades y deja vu. La actriz es risueña, luminosa y trata de humanizar el personaje despojado de las líneas primarias de su origen audiovisual. Pero el drama familiar parece mera excusa, el motor de la aventura es confuso y el enredo globalizador de fondo apunta a una inevitable continuación de la saga, reinventada aquí con escaso acierto y tono. Si se trataba de cubrir a la joven, heroína a su pesar, de una pátina feminista nada de ello es visible. ‘Wonder Woman’, con menos ruido y el talento de Patty Jenkins y su actriz Gal Gadot, lograba muchos más subrayados y, además, entretenidos. Pero aquí todo es impostura y vacío. Y si es mera pose y etiqueta la película se resiente aún más. Si en el primer tramo se apuntaban maneras de personalidad visual, el filme desemboca en lo convencional y trillado. El humor y la distancia se vuelven carne de género hiperventilado por la grandilocuencia. Mientras, Alicia/Lara corre desesperada hacia ninguna parte.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.