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Autor: Guillermo Balbona
Gorgoritos de irrealidad
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Guillermo Balbona | 26-09-2016 | 10:13| 0

Florence foster jenkins

Reino Unido. 2016. 110 m. (TP). Comedia.

Director: Stephen Frears.

Intérpretes: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Sólo un combinado de irrealidad e ironía, afrontado por Stephen Frears con la complicidad de Hugh Grant y Meryl Streep, podría sostenerse en pantalla durante dos horas. Esta radiografía de gorgoritos de deseo, entre el cinismo y la persecución de un sueño, se narra con esa mezcla de ligereza y desvelo inherente al cine del director de ‘Mi hermosa lavandería’. El milagro reside en dos hechos: uno logrado con plenitud, y el otro, mero superviviente. El primero es la osadía y entrega, nada nuevo por cierto en este animal interpretativo que es Meryl Streep, que asume con toda la dimensión posible una encarnación patética para hacerla volar hasta el límite humano casi imposible. Lo segundo se refiere a la capacidad del cineasta para dotar de cierto interés una historia muy liviana, con menos sutileza y aristas de las que parece y busca siempre arañar en la anécdota. ‘Florence Foster Jenkins’ es el retrato de un autoengaño, de una impostura vocal y de la falta de talento envuelta en los pliegues sociales de la hipocresía, las apariencias y el juego de voces solapadas por una falacia colectiva. El filme se adentra en el retrato de una mujer que, al heredar la fortuna de su padre, pudo cumplir su sueño de estudiar para ser soprano. Su falta de condiciones se tradujo en una paradoja: la gente acudía a sus recitales para comprobar si de verdad era tan mala cantante como decían los críticos. Una producción francesa, ‘Madame Marguerite’, ya se inspiraba libremente en este personaje real. Frears profundiza en el perfil de Jenkins entre lo pintoresco, la sucesión de anécdotas, la vuelta de tuerca a lo vulgar y lo culto, el diálogo lúdico entre la comicidad y lo patético en un entretenimiento que retuerce lo frívolo y deja asomar los resquicios del melodrama. No hay ‘gallos’ en la narración. El cineasta de ‘Héroe por accidente’ traza un relato ensalzado por el trabajo inconmensurable de Streep, muy bien arropada por Hugh Grant que parece muy cómodo y aporta matices inesperados. Suplantación, juego entre la normalidad y lo convencional y la anomalía asumida con normalidad, la cinta parte de la modestia para mantener una nota aguda de atracción constante, como si invitara a aprender una melodía que nunca acaba de sonar. Entre la sobriedad y la ambigüedad, quizás el filme deja un sentencia simple y sencilla sobre la facilidad con la que se convierte todo en espectáculo y, por ende, las pocas cosas que merecen tal nombre. A medida que Florence Foster Jenkins desafina –cantando en el Carnegie Hall, una especie de ‘Ed Wood’ en femenino y vocal–, el filme ajusta el tempo y el latido de una fragilidad, la de esta criatura que se mueve en terreno agridulce con tanta intensidad como autoengaño.

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Un disfraz trillado y empalagoso
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Guillermo Balbona | 26-09-2016 | 10:11| 0

Bridget jones´baby

Reino Unido/Francia/EE UU. 2016. 122 m. (12). Comedia.

Director: Sharon Maguire.

Intérpretes: Renée Zellweger, Colin Firth, Patrick Dempsey, James Callis, Celia Imrie.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

En ocasiones roza el patetismo y lo ridículo, en otras logra abrir un resquicio de comicidad ingeniosa. Pero Bridget Jones parece desprender una pregunta constante. ¿Para qué una secuela? Un cierto halo de simpatía compite con un velo de correcta incorrección, entre lugares comunes, situaciones cómicas muy trilladas y una superficialidad subrayada en la coartada de lo vulgar y gregario. El conservadurismo y lo políticamente correcto envueltos en una impostura. Ente tópicos y gracietas cualquier sombra de hacer crecer al personaje en su singularidad es mero espejismo. Esta tercera entrega recupera a la directora de la obra fundacional, Sharon Maguire, quien apenas se ha prodigado salvo su fallida ‘Incendiary’. El resto, y en ausencia de Hugh Grant, es una prótesis afectada, de enredo facilón –un trío con la paternidad al fondo- y muchas dosis de patetismo. La realidad le ha ganado la mano esta vez al ansia comercial de exprimir las franquicias. Una buena comedia, quizás ya escrita, sería la resultante de adentrarse en ese encuentro azaroso entre Mourinho y la novia de América, otras más, Jennifer Aniston. Ese ‘por qué’ del ahora entrenador del Manchester United daría más juego que todo el guion de esta trilogía gestual de soltera cuarentona que parece mostrarse incorrecta y provocadora para que todo siga siendo conservador y vulgar. Aunque el juego baby de condones caducados y alma pater, que envuelve el filme, presenta una buena excusa para dar una vuelta de tuerca al personaje, todo desprende aire de estirado oportunismo comercial en torno a su protagonista, Renée Zellweger, una actriz que llevaba seis años sin rodar y que ha sido masacrada en las redes sociales. Los elementos y factores más reconocibles mantienen sus constantes vitales y hay una arista poco aprovechada que aporta diferencia a la comedia: la relación entre los dos hombres que rodean a la protagonista, base paradójicamente de esta forzada secuela. La estructura permanece y el encadenado, al borde del videoclip, lo pone su banda sonora salpicada de temas que pretenden ser una especie de álbum sonoro emocional del personaje pero que suenan más a buscar un supuesto enganche generacional para los no adictos a la Jones. Hay situaciones que rozan una abierta falta de credibilidad, pese a los esfuerzos de los intérpretes y algunos diálogos. Lo poco que merece salvarse quizás está en manos de Emma Thompson que intervino el guión y se reserva un papel de ginecóloga, demasiado corto. Zellweger, entre mohines y móviles, acapara la función. Aquí nadie parece haberse enterado de que la comedia romántica ha cambiado. El personaje parece disecado y la búsqueda de libertad o la necesidad de enfrentarse a la soledad son simples dependencias emocionales para generar una inevitable sensación de cinta forzada que se consume con cierta pesadez y se olvida con enorme facilidad.

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Resacón con artillería
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Guillermo Balbona | 23-09-2016 | 8:48| 0

Juego de armas

EE UU.2016. 114 m. (16). Comedia.

Director: Todd Phillips.

Intérpretes: Miles Teller, Jonah Hill, Ana de Armas, Bradley Cooper, Jeff Pierre, Shaun Toub.rty.

Salas:  Peñacastillo y Cinesa

Señores de la guerra y señoritos de las armas. Y por debajo una red de narco artilleros, mercachifles y oportunistas, en un mercado negro y también de todos los colores con su picaresca y su suciedad. En este barro mete los pies Todd Phillips sin que aún se haya limpiado los restos de tanto resacón. En realidad para contar cómo el Pentágono pagó 300 millones de dólares para armar a los aliados americanos en Afganistán utiliza los mismos métodos que en su ‘Escuela de pringaos’, ‘Resacón en las Vegas’ o ‘Salidos de cuentas’. Es decir una farsa y fábula moral con dosis de cachondeo que retrata con eficacia y acidez los entresijos de ese campo minado que es el negocio de la guerra. Más estilizado, en ‘Juego de armas’ el cineasta, con Jonah Hill como escudo y bandera, se marca una pesadilla a ratos jocosa, en otras kafkiana, sobre la compraventa de material bélico por circuitos no oficiales en una especie de monopoly y bolsa armada al mejor postor. Milles Teller (el batería de ‘Whiplash’), y la actriz Ana de Armas (descubierta por Gutiérrez Aragón en su incursión cubana), que inicia su desembarco en Hollywood, completan el reparto de este cosmos de cinismo y patetismo que rodea un conglomerado explosivo de militarismo, ideología y dinero. con apenas tres o cuatro gestos, un constante guiño homenaje a ‘El precio del poder’ y un tono regular cercano a la parodia ‘Juego de armas’ destila una sutil envoltura de comicidad para desentrañar un drama diseccionado desde la caricatura. La base humana, esa historia de interesada amistad que sustenta el vínculo entre dos jóvenes pardillos jugando ala ruleta rusa del éxito y la muerte, permite equilibrar esta mezcla de irrisorio, delirante, azaroso y agitado sueño americano. El resultado es el de una fusión del icono de Tony Montana y una lúdica y retorcida mirada a los mafiosos de David O. Russell en ‘La gran estafa americana’. Pero además de los subterfugios y subliminales recorridos detrás de las armas, países e intermediarios, el filme nunca descuida el perfil de la codicia y la ambición convertidas en el vale todo de un parque temático de traficantes, en un sube y baja surreal en el que también cabe la acción y los guiños de sátira con malicia. Cuando Phillips se pone en modo Scorsese (desde la focalización de la droga al retrato desaforado de dos lobitos dispuestos a comerse el mundo) todo se derrumba. Cuando exprime el humor negro, sin afectaciones ni pretensiones de estilo, el largo flashback que preside el filme y la utilización eficaz de la voz en off, punteando las situaciones, la historia dispara contra todo a través de la mirilla de dos miserables, a modo de pareja de clowns, cuya supervivencia y patetismo llega a resultar entrañable.

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Más ciencia que ficción
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Guillermo Balbona | 23-09-2016 | 8:46| 0

Criminal

2016 113 min. Reino Unido

Director: Ariel Vromen Douglas Cook, David Weisberg

Reparto: Kevin Costner, Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Jordi Molla, Ryan Reynolds, Alice Eve.

Género: Thriller. Salas: Cinesa

Hay dos maneras de enfrentarse a este pseudothriller, pseudoartefacto de ciencia ficción y pseudopelícula. Como si estuviéramos ante un juguete rebosante de guiños, artificios mestizos y prótesis, todo ello envuelto en una capa de deja vu y molde domesticado. O como un capricho comercial al servicio de Kevin Costner, una estrellla estrellada. Lo singular es que ‘Criminal’ sorprende al comprobar cómo el actor y director de ‘Bailando con lobos’ está arropado por una nómina de intérpretes que la cita parece un remake de aquellas películas de catástrofes de los setenta como ‘El coloso en llamas’. A medio camino entre ‘El caso Bourne’ y producciones como  ‘Cara a cara’ une los rostros de Ryan Reynolds, Tommy Lee Jones y Gary Oldman para conformar un thriller de tintes fantacientíficos, hipervigilancia, secretos y espionaje futurista tan poco consistente como en ocasiones ridículo. Ariel Vromen, cineasta de ‘The Iceman (El hombre de hielo)’, pretende con mucho amor propio, o poca vergüenza ajena, dar cierta coherencia a este desaguisado argumental entre conspiraciones, canallas y traidores. A lo John Woo pero sin sofisticación, ‘Criminal’ es un muñeco diabólico manido y, lo que es peor, manoseado para dotar a su protagonista de otra imagen ajena u opuesta a ‘JFK’ o ‘Wyatt Earp’. Entre Frankenstein y Poe, hombre y cuerpo ajeno muestran lados oscuros. La cosa se mueve entre la paranoia, el juego de venganza, la conspiración y la persecución. Pero casi nada tiene la suficiente personalidad para elevar la intención a categoría de sólido relato. Una historia sembrada por caricaturas, actores desmesurados y sucesión de tópicos. Pese a un arranque prometedor, la cinta llega a veces a lo irrisorio. Lugares comunes, un guion repleto de contradicciones y una trama enredadera, que se regodea en el exceso y que pasa por encima de casi todo. Carece de fuerza y de ideas claras con lo que ‘Criminal’ suena anacrónica, y se ve como un entretenimiento superficial que ni siquiera logra un mínimo engarce seductor. Casi dos horas para intentar recobrar la figura de un actor, aquí incluso mutado físicamente, en un trayecto muy movidito pero vacuo. No hay memoria ni alma en la composición y en la ficción de un filme que mezcla pero no agita este particular martini seco en el que se diluyen códigos de misiles nucleares, la amenaza de destrucción del mundo, entre la furia y la violencia, pero sin ingenio. Un filme formato bolsillo para consumo acelerado y trama de usar y tirar.

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Corazón, artificio y familia
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Guillermo Balbona | 23-09-2016 | 8:45| 0

Morgan 
EE UU. 2016. 92 m. (16). Ciencia-Ficción

Director: Luke Scott.

Intérpretes: Kate Mara, Anya Taylor-Joy, Toby Jones, Rose Leslie.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Morgan’ suena a muchas cosas y no acaba de fijarse en una. Hay seriedad en el concepto, excelente planificación y un guión con muchas dobleces al que no se saca el jugo suficiente. La película es, sobre todo, un rostro, el de Kate Mara, y un trayecto de ida y vuelta entre una tímida reflexión sobre la inteligencia artificial y otros terrenos de la creación científica, que se auguran más que próximos, y el thriller de fantasía e intriga hipertecnológica. Es un filme que no puede desprenderse de esa sensación familiar de ya visto que, no obstante, parece haberse realizado con el piloto automático de la seguridad pero también con tanta desidia en su ambición como corrección profesional y artesanal. ‘Morgan’, ópera prima de Luke Scott, hijo del cineasta de ‘Los duelistas’, discurre con tanta eficaz soltura como pereza y es demasiado facilón pensar que papá Ridley sujeta detrás las ansias de liberación del debutante a la vez que le proporciona un colchón. ‘Morgan’ huele a mezcla de ‘Alien’ y  ‘ExMachina’, juega –poco- con el espectador y nunca logra equilibrar la acción y la reflexión en torno a este grupo de científicos reunidos en una finca junto a un lago, para seguir el día a día de su nueva criatura. ¿Les suena? Sí, es como si de nuevo Byron, Polidori, Shelley y compañía, sin metas literarias, hubieran convocado sus particulares noches y días para mimar a un nuevo Frankenstein. Entre otras cosas mestizas y gregarias, sin depurar nunca del todo su personalidad visual, ‘Morgan’ presenta cierto aire de serie B hinchada. Lo mejor reside en su intencionalidad, en esa radiografía inquietante sobre la creación sintética y sus credenciales futuristas que ya son presente. Lo peor es que muchos de sus habitantes, personajes  y, por ende intérpretes, asoman desaprovechados como en un desfile sin alma. Luke Scott, con la lección aprendida, perfila una fábula entre la ciencia ficción, el terreno contenido y la amenaza subliminal. Sí parece que la ópera prima destila ese dominio de los espacios que se presupone el director neófito lleva en sus genes. La desazón y el nihilismo se incluyen en la fórmula de esta inmersión en una comuna científica. ‘Lucy’, ‘Her’, todo ello a lo ‘Diez negritos’, y la propia ‘Blade Runner’ salpican un debut interesante al que se le echa de menos cierta soltura para haber ahondado con valentía por las pantanosas tierras de la moral. Entre esas dos aguas sucias, la de construir un Prometeo de atmósfera opresiva y malsana y lo excesivamente previsible, navega Luke Scot con el cinturón puesto. Paul Giamatti y Jennifer Jason Leigh, en breves pero grandes apariciones, hubiesen merecido más protagonismo del mismo modo que se echa de menos un tono más trascendente. Hay ‘lágrimas en la lluvia’ pero después de tanta perturbación anunciada pocas sutilezas empapan al espectador. El estilo incipiente y cierta tensión enfermiza no bastan para insuflar fuego en el corazón, artificial o no, de esta ficción tatuada con muchas marcas.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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