img
Autor: Guillermo Balbona
lisérgico juguete galáctico
img
Guillermo Balbona | 29-08-2017 | 8:42| 0

Valerian y la ciudad de los mil planetas

2017 137 min. Francia.

Director: Luc Besson. Guión: Luc Besson.

Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Thierry Arbogast

Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne,  Clive Owen,  Ethan Hawke,  Rihanna.

Género: Ciencia ficción. | Salas: Cinesa y Peñacastillo

 

T odo es desbordante, barroco, desmesurado y grandilocuente en esta opereta espacial, tan juguetona siempre como delirante y excesiva a menudo. A Luc Besson no se le puede negar que no sea fiel a sí mismo. Desde su excelente ‘El profesional’ hasta ‘Lucy’, desde la vacua ‘El gran azul’ hasta ‘Arthur y Los minimoys’, su trayectoria de autor se asemeja a uno de esos directores de escena que procuran siempre que su detallito, su incursión y su exploración sean más grandes que el propio Wagner. Es indudable la intensidad visual y el desfile de atractivo pastiche neodigital que desprenden las más de dos horas de ‘Valerian y la ciudad los mil planetas’. Tras solapar varios preludios, homenaje incluido a Bowie, el último filme del también prolífico productor es un insaciable y colorista álbum de cromos, teñido de delirio y recargado por imaginarios reconocibles y apropiaciones lúdicas. Al margen de su origen en el cómic de la serie de Jean Claude Mezieres, este Besson abre su particular caja de Pandora para liberar referentes e ilustraciones propias y ajenas. Es como si una mañana el cineasta francés hubiese agitado ‘El quinto elemento’ y tras apelar a un estado alucinógeno hubiese dejado que la cámara volase libre y sin control. El fruto es un desequilibro inevitable y el filme combina y discurre entre la decepción y el hallazgo, el asombro puntual y la monotonía. Hay soluciones imaginativas, muchas, pero también grafitis digitales que sólo sirven para acumular sin carácter ni coherencia. ‘Valerian’ superpone planos y mundos visuales en una especie de ficción de multipantallas que, en ocasiones, parece olvidar la esencia del cine, su lenguaje y su metabolismo emocional. Todo es ilustración, pasaje de videojuego simpático y febril, pero la superficialidad, la evanescencia y la ligereza atraviesan el corazón de este mecanismo virtuoso y excéntrico sin que el pálpito del entretenimiento y el latido de lo trascendente lleguen a tocar a sus criaturas y muchos menos al espectador. A conmover tampoco ayuda la elección del reparto desigual y epatante con una pareja protagonista, Dane DeHaan y Cara Delevingne, con muy pocas luces, donde la afinidad resulta una droga muy cara. El viaje en apariencia alucinante que propone el cineasta de ‘Subway’ (quizás su mejor película) se queda en mera visita astral por la superficie de las cosas. Un combate entre ‘Guardianes de la galaxia’ y las raíces de ‘Star wars’ pero después de haber tomado burundanga y anfetaminas con leche y galletas. El ingenio es obvio, los excesos son marca de la casa. Los subrayados de ópera galáctica en la banda sonora sólo ayudan a hinchar el globo. Falta pasión y esa es la diferencia entre una supercomputadora propicia para parir incesantes imágenes por segundo y un poema vibrante y sutil que se clava en la glándula emocional. Un paisaje cósmico e interestelar que modela con plastilina digital el universo Lucas, el trazo de ‘Avatar’ y la trepanación lisérgica de un bebedizo torrencial de devociones y referentes

Ver Post >
Más altura que vértigo
img
Guillermo Balbona | 21-08-2017 | 9:35| 0

La torre oscura

The Dark Tower.  2017. 95 min. Estados Unidos.

Director: Nikolaj Arcel.

Guión: Akiva Goldsman, Arcel, Anders Thomas Jensen.

Música: Junkie XL. Fotografía: Rasmus Videbæk.

Reparto: Idris Elba, Matthew McConaughey,  Tom Taylor,  Katheryn Winnick,  Abbey Lee, Jackie Earle Haley.

Género: Fantástico | Salas: Cinesa y Peñacastillo

La iniciación, la figura del padre, la existencia de planos y dimensiones diferentes y el eterno combate entre la fantasía y la realidad están presentes en esta desordenada, algo caótica, incursión en una saga literaria de Stephen King. El despliegue de mundos, espejos y reflejos de sueños dentro del sueño era lo suficientemente atractivo para crear un estado de júbilo y regocijo en la interminable batalla entre la luz y la oscuridad. Pero siguiendo la metáfora de esa torre que parece encargarse del equilibrio, el filme propone más altura que vértigo. Hay escaso riesgo y emoción en esta mirada de ‘historia interminable’, agitada como western con niño dentro, a lo ‘Raíces profundas’, que poco a poco se postula en clave mainstream como un artefacto de personajes muy planos y escenas de acción encadenadas por la monotonía y cierta desazón. Pese al excelente arranque, que no original, Nikolaj Arcel se ve incapaz de mantener el pulso y la aventura más pura, la que discurre en esa frontera inasible del sueño, se vuelve rutinaria y cansina. El cineasta de ‘La isla de las almas perdidas’ se queda en la superficie y no hay ni rastro de ese mundo retorcido y oscuro que deambula por las entrañas del maestro del terror. ‘Carrie’, ‘El resplandor’, ‘Cujo’, ‘Misery’… son algunas de las adaptaciones que han tenido desembarcos felices en pantalla (muy pronto recalará la sinuosa e inquietante pesadilla de ‘It’) pero ‘La torre oscura’, presunta saga con muchas entregas, no cuaja en este paso fundacional de las ingentes ocho novelas y miles de páginas a un supuesto esquematismo primario. La influencia de Tolkien es notoria y no debería estorbar. Pero Arcel carece de tono y los actores no ayudan demasiado a superar cierto aire de desgana y mirada televisiva. Solo el excelente Tom Taylor, que encarna la mirada del niño en su paso traumático hacia la adolescencia pone algo de verdad en esta piel tatuada por los tópicos. Una vez que el filme abandona esa parte de la criatura primaria y primitiva, y su elogio de la diferencia, la trama se torna insulsa y convencional, es decir, la antítesis de lo fantástico. No hay ni rastro de la supuesta mitología y el esquematismo moral en el duelo entre el bien y el mal, ese maniqueísmo sin hondura, asoma envuelto y transformado en una confusa y mediocre mezcla de géneros y situaciones que demuestran a cada paso que el director de ‘Un asunto real’ no sabe qué hacer con ella. El imaginario, limitado pese a su apariencia de desbordamiento, lo apocalíptico vestido de gesticulación anodina convierten a este niño y su vaquero- pistolero- salvador en una mediocre, escasamente ambiciosa y lánguida explosión de lugares comunes. Ni rastro de ese lado oscuro que nos hace mirar abajo y arriba en busca de nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo.

Ver Post >
De ogros, hadas y setas
img
Guillermo Balbona | 21-08-2017 | 9:33| 0

La seducción

The Hum The Beguiled 2017 91 min.

Estados Unidos.

Directora: Sofia Coppola.

Guion: Sofia Coppola (Novela: Thomas Cullinan).

Música: Phoenix. Fotografía: Philippe Le Sourd.

Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman,  Kirsten Dunst,  Elle Fanning, Oona Laurence.

Género: Drama | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Es como una de esas bolas de cristal con paisajes ensoñadores dentro. Al agitarse o ponerse del revés reproducen el fenómeno de la nieve, o un efecto de luz o de colores, aunque todo permanezca inalterable. Sofia Coppola realiza una apuesta esteticista, a veces hermosa, otras vacía, casi siempre indefinida pero interesante. Su historia es rosa sureña, vaporosa, de atmósfera sutil e irreal, como tamizada por una gasa que protegiera la extrañeza. La cineasta de ‘Lost in traslation’ muta al seductor de Don Siegel y Clint Eastwood en ‘La seducción’. Es decir, convierte al macho y el punto de vista masculino en un estado de las cosas en femenino plural. Son sus particulares ‘vírgenes suicidas’ (su mejor película) sureñas, cuya tensión sexual y despertares viven su particular iniciación al recibir la inesperada llegada de un apuesto soldado yanqui a su particular ecosistema de disciplina y complicidad. Hay muchas películas en una y quizá sea este el lastre que arrastra un filme de excelentes interpretaciones, tan desmayado como denso. En ‘La seducción’ hay sombras de cuentos góticos, lecturas políticas, relatos de terror e incluso una mezcla de huella del mundo de Jane Austen escorado hacia el D H Lawrence de ‘El amante de Lady Chatterley’. Coppola, que rueda con delicado pulso, recrea sobre todo un hábitat de mujeres solas, acaso un simbólico bucle representativo de lo que ha sido la historia y, a su vez, narra un cuento con ogros dentro (también la guerra) hadas y setas. La manifestación del deseo enciende los límites, las transgresiones y las formas. Un baile de acción-represión, de territorios más acá o más allá de la verja que delimita el escenario del filme, hasta un hermoso e inquietante plano final. ‘La seducción’ es irregular pero supera el ejercicio de estilo y se tiende por la superficie de la pantalla como si su Maria Antonieta fuesen ahora muchas otras. La elegante morbosidad del filme, las interpretaciones de Nicole Kidman y Kirsten Dunst, especialmente, destacan en una obra, sin embargo, cruzada por una inclinación melancólica, meliflua y fría que domina y controla y, en ocasiones, apaga el volcán de las pasiones. La intensidad visual, la irónica y gaseosa envoltura estrangula en buena manera el epicentro pasional de este melodrama masticado por la intriga, entre los ecos bélicos que discurren a escasos metros de la trama y el estallido de los cuerpos. Estilizada y sobria, juega irónicamente con las imágenes de postal de atardeceres y amaneceres brumosos donde el reinado femenino se preserva de la violencia exterior y construye un círculo cerrado de tonos marfiles, habitaciones abiertas al deseo y detalles de libertad reprimida. Sofia Coppola firma un cuento hermoso pero los revoltosos instintos primarios, la lujuria y el desgarro demandaban más furia y fulgor. A cambio, tenemos destellos y una violencia desparramada y caprichosa como los copos de falsa nieve de las bolas de cristal.

Ver Post >
Una espada chulesca
img
Guillermo Balbona | 14-08-2017 | 9:29| 0

‘Rey Arturo: la leyenda de excálibur’ (2017)

Duración: 120 min.

País: EEUU

Director: Guy Ritchie.

Guion: Joby Harold, Ritchie, Lionel Wigram.

Música: Daniel Pemberton.

Fotografía: John Mathieson.

Reparto: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey,  Jude Law,  Djimon Hounsou,  Eric Bana.

Género:  Fantástico.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Posee la prepotencia del despliegue digital y la pretenciosidad de creer que se está realizando algo decididamente transgresor. Pero esta enésima vuelta de tuerca a los reinos míticos de la leyenda y el ciclo artúrico no pasa de ser una amanerada acumulación de vicios de estilo, que componen el exponente del artefacto mainstream del cine del presente.

Sin duda que Guy Ritchie puede hacer lo que se le antoje pero su visión de Merlín, el rey Arturo, Excálibur y Camelot tiene más de grotesco retrato y mezcla caprichosa, que de juego de libertad. El cineasta de ‘Snatch. Cerdos y diamantes’ echa mano de toda su parafernalia conocida incluyendo las ya cansinas ralentizaciones en los duelos de espada que, en ocasiones, parece que vayan a terminar con el rótulo de un anuncio de desodorante.

No hay poso atávico ni sufriente y carece de desgarro este Rey Arturo chulesco, macarra, indolente, no muy diferente de los líderes de opinión motorizados que protagonizan las franquicias del cine de acción actual. Sobrado de grasa digital, no encuentra nunca el tono de esa nobleza de la aventura intemporal, del relato fundacional que discurre entre personajes y situaciones. Mecánico en espacio y forma, fuera de algunos hermosos paisajes, el director de ‘Lock&Stock’ se mueve como pez en el agua en su labor de dj de club de moda. Pincha las imágenes cual demiurgo del montaje acelerado, las frases sincopadas y ese recurso ya manido del ‘alguien cuenta algo a alguien’ mediante una autocita de imágenes que se suceden casi solapadas en breves videoclips, a modo de fugaces flash back.

Es un cine barrocamente superficial. Una cosa es trazar una visión libre, incluso epatante, y otra, saber mostrar el ADN libertario de una atmósfera que empape las creaciones con complicidad. En unos pocos minutos del ‘Robin’ de Curtiz hay más júbilo y vitalidad que en este juguete efectista que sobrevuela géneros y mundos como una flecha rota. Ritchie ha transplantado su ‘Sherlock Holmes’ a la geografía de Tristán e Isolda, el Santo Grial y los caballeros de la mesa redonda, y todo es ampuloso, desmesurado, recargado, falsamente irónico y muy afectado.

Un artificio de pirotecnia musculosa en el que la magia de los proscritos ha sido sustituida por un lúdico ejercicio de pandilleros traviesos envueltos en fantasías estiradas y forzadas, con elefantes gigantes y magia negra confusa y alborotada. Pese a que pisamos terrenos muy conocidos Ritchie hace todo lo posible por enredar y confundir, en una demostración ruidosa y crispada, nerviosa y reiterativa. Una fantasía medieval encerrada en una fiesta de discoteca.

El cineasta retrata un hooligan prepotente que se ha buscado unos amigotes para recrear un historia de venganza en el centrifugado de un cine que se mastica, tritura y devora a sí mismo. Alguien debiera decirle que la transgresión se terminó cuando Olivier le dice a Fontaine: «el tiempo de poder ser felices se nos ha acabado. Rebeca ha ganado».

Ver Post >
Festival escatológico
img
Guillermo Balbona | 14-08-2017 | 9:12| 0

Descontroladas

Título original: ‘Snatched’ (2017)

Duración: 91 min.

País: Estados Unidos.

Director: Jonathan Levine.

Guion: Kim Caramele, Katie Dippold, Amy Schumer.

Música: Chris Bacon, Theodore Shapiro

Fotografía: Florian Ballhaus.

Reparto: Amy Schumer, Goldie Hawn, Christopher Meloni,  Ike Barinholtz, Randall Park.

Género: Comedia

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Infame producto de comicidad gruesa y vulgaridad sin límites, ‘Descontroladas’ no se detiene en su nadería zafia. Aparente comedia de aventuras con dos cómicas dentro y un guión nulo, el filme es un carrete sin hilo que mezcla la mirada estereotipada del turista accidental/norteamericano sobre los países latinos.

El narcotráfico, el secuestro, lo salvaje e inesperado, más allá del terreno acotado por el resort y la piscina, aparecen en el horizonte de este artefacto muy vulgar, incapaz de generar un rastro de humor inteligente. El cineasta de ‘Memorias de un zombie adolescente’,  Jonathan Levine, se limita a que las dos actrices protagonistas, Goldie Hawn y Amy Schumer, desplieguen sus armas por acumulación, que no por calidad selectiva, y conviertan el filme en un insoportable discurso verborreico en el que se mezcla el desfile escatológico, los tópicos racistas y los gags de tocamientos más manidos de la historia.

Es cine de segunda, manoseado, envuelto en una aseada combinación de personajes sin matices, música de radiofórmula y algunos, pocos, paisajes ecuatorianos y colombianos de fondo por donde asoma la prepotencia imperial del viajero estadounidense. Antipatía, perfiles vagos, griterío y aburrimiento acompañan el itinerario limitado de estas dos mujeres que, a ratos, muestran sus frustraciones.

Una mirada opuesta de contrastes que el cineasta de ‘Los tres reyes malos’ ni sabe ni quiere aprovechar. El discurrir monótono de la comedia, salpicado con alguna mirada feminista muy tímida, se ve envuelto en una capa de sentimentalismo. Schumer encarna el liderazgo de ese aire de provocación tontuna y de salón, ajeno a lo verdaderamente irreverente. Y Hawn, que regresa al cine quince años después, está muy lejos de aquella eficaz actriz de ‘La recluta Benjamin’. No hay juego generacional y sus respectivos papeles no poseen matices como para que la película construya su atractivo en el duelo madre e hija que propone supuestamente la trama de ‘Descontroladas’. Salvo dos o tres gracietas que, por supuesto, ya había desvelado el tráiler (siempre en estos casos, mucho mejor que la película), el resto es un desmayado viaje que no simula su inconsistencia.

Schumer, que ha triunfado en televisión y, con espectáculos muy provocadores, en salas teatrales, pierde aquí su personalidad y, aunque ha intervenido en el guion, se diluye la mala leche y todo se torna una bobalicona comedia. Como curiosidades, nuevo papel de Óscar Jaenada (aunque el tópico satírico del narcosecuestrador ya casi no aporta nada) y la siempre magnífica Joan Cusak, casi invisible, en un papel que da vergüenza ajena.

Ver Post >
Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

Otros Blogs de Autor