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El océano del amor
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Guillermo Balbona | 10-04-2018 | 08:02

Inmersión

Submergence 2017 111 min. Alemania.
Dirección: Wim Wenders. Guion: Erin Dignam.
Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Benoît Debie.
Reparto: James McAvoy,  Alicia Vikander,  Alexander Siddig,  Celyn Jones.
Género: Romance. | Cinesa y Peñacastillo.

Todo es trascendentalmente ligero y profundamente superficial en este trayecto de idas y venidas entre lo liviano y lo hondo. Si no estuviésemos hablando de Wenders, seguramente palabras como ridículo o pretenciosidad saldrían a relucir con naturalidad. Pero en el cineasta alemán hay una tensión y una atmósfera que sostienen, pese a sus contrastes, contradicciones y desequilibrios, la actitud formal y la ambición desmesurada de esta historia rotundamente romántica. Un idilio, enamoramiento y pasión durante una cita azarosa y fugaz frente a la costa atlántica por parte de una pareja que vive la víspera de sendos acontecimientos personales graves, ceremoniosos y fundamentales para sus vidas y las de los demás, es el epicentro de este agitado océano de amor que tiene en el agua a su metáfora y punto de encuentro y desencuentro. Franco Battiato se refería a las estaciones del amor, que van y vienen, pero Wenders como en ‘París Texas’ (aquí el desierto es la profundidad abisal del mar) persigue, pesimista o no, un anclaje, un noray en ese territorio endeble y extremo en el que la intimidad trata de abrirse paso en un ecosistema bajo la amenaza de la destrucción (o el amor). De la ciencia al terrorismo, de la confirmación del futuro de la vida en el planeta, a través de un descubrimiento, a la solución frente al fanatismo, ‘Inmersión’ posee pese a lo fallido de la apuesta una personalidad visual y un arriesgado tour de force estético. Como en toda la filmografía del director de ‘Alicia en las ciudades’ también esta vuelta a la ficción está impregnada de ese perfume de cartografías, tierra y cielo en permanente tensión, paisajes y una mirada existencial envolvente, leve y honda a la vez. Hay momentos de gravedad sutil, tan intensos como cargados de belleza, y otros muchos vacíos e hinchados cuando confluyen en una misma nota disonante las frases metafísicas, y un cierto misticismo doméstico y domesticado, con la música subrayándolo todo, surgida de la hermosa banda sonora del vizcaíno Fernando Velázquez. Wenders, a punto de mostrar su documental sobre el Papa Francisco, ha dado tumbos en la irregular última etapa de su prolífica filmografía, en la que sobresalen sus documentales ‘Pina’ y ‘La sal de la tierra’. El fruto de su regreso parece una obra anacrónica, que hubiera abandonado a su suerte, y que conecta con ‘Más allá de la nubes’, ‘Hasta el fin del mundo’ y ‘Tan lejos, tan cerca’. En este sentido ‘Inmersión’, a la que le falta perspectiva para no ahogarse, es un naufragio de dos criaturas frente a la marejada del mundo. Es un filme tan hermoso en ocasiones como patético cuando se olvida de sus limitaciones. Pero si hay algo que se acerca al desgarro y que provoca islas de autenticidad es la física y química que emergen de la pareja protagonista: James McAvoy y Alicia Vikander. Un fragmento de vida entre el oleaje gracias a la sintonía que surge entre la solidez de uno y la implacable entrega de la otra. A partir de ahí sí se pueden mezclar una teoría biológica matemática sobre el origen de la vida con los versos de John Donne y pensar que las campanas doblan por ti.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.