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Fecha: April 10, 2018
Cómo hackear el corazón
Guillermo Balbona 10-04-2018 | 9:08 | 0

Ready player one
2018 140 min.EE UU Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Ernest Cline, Zak Penn (Novela: Ernest Cline).
Música: Alan Silvestri. Fotografía: Janusz Kaminski.
Reparto: Tye Sheridan,  Olivia Cooke,  Ben Mendelsohn,  Mark Rylance,  Simon Pegg, T.J. Miller,  Hannah John-Kamen,  Win Morisaki,  Philip Zhao,  Julia Nickson, Kae Alexander.
Género: Ciencia ficción. | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Todo en esta película vibrante, elogio del entretenimiento, pulsión lúdico futurista, es un juego. Del acceso al game over, de los lenguajes solapados a la superación de pruebas, del miedo a perder a la locura competitiva. Y en este campo minado el cineasta mezcla, con una planificación extrema, devociones, querencias, guiños, homenajes, lecturas, iconos, gustos, miedos, voces… ‘Ready player one’ es una deuda de infancia y adolescencia del Steven Spielberg que cruza sin pasaporte las fronteras entre el niño y el adulto. Es también un juego distópico con advertencia en sus instrucciones para evitar que realidad y virtualidad no se fundan y confundan en material indefinido y sean ambas equilibradas por la materia de los sueños. Con un arranque deslumbrante y autoridad y contundencia a la hora de describir y narrar dos mundos solapados, engarzados y en permanente colisión, el último Spielberg (que custodia y desnuda el ADN del cineasta de siempre) es un prodigio visual, cazador de subtextos e historias pequeñas que van alimentando la computadora central del espectador/jugador/voyeur/persona real y avatar. El director de ‘Tiburón’ accede al espectador para hackear recuerdos y opera a corazón abierto sin más anestesia que la nostalgia, con la cirugía capaz de generar imágenes hasta la desmesura y con una intensa y permanente invitación a integrarse en lo narrado en una continua imitación a la vida. El preludio ambientado en esa periferia caótica de 2045, no muy diferente de algunas megaurbes de este inicio de milenio; la primera carrera de vehículos; las transiciones y alternativas entre el mundo real y virtual;  el juego de identidades y ese sentido del humor que lima la gravedad pero que no deja huir a la trascendencia, alimentan esta ópera de videojuego que enfatiza la cultura de los ochenta y deja un aria pendiente para que cada uno incluya su propia prueba personal. El mago primerizo de ‘Duel’ y el narrador total de ‘Lincoln’ residen ambos en este aparato nada artificial, lúdico e hiperactivo que se imagina, incluye y sueña a sí mismo y en cuya partida subyace un constante regreso al futuro, fascinante y demoledor en su agigantado pero meticuloso gabinete de curiosidades. Una asombrosa puesta en escena que incluye homenajes geniales como el de ‘El resplandor’ de Kubrick y que somete el filme a una constante agitación de ligereza, de aparente superficialidad, del mensaje obvio al masaje de amor al cine. Cada Alicia de nosotros, fragmentada o no, cruza todos los espejos del amo del calabozo y del mago de la función. Del Delorean al cubo de Rubick, de Alien a Duran Duran, de Freddy Krueger a Fiebre del sábado noche, Spielberg se mira en su propio espejo y nos refleja. Una inteligente fábula infantil que sobrevuela trepidante los márgenes de los epicentros y también lo marginal y periférico de la realidad y la ficción. Un canto real, virtual, vintage, definitivamente incesante, a la imaginación, tan febril y doloroso como sabio y lúcido.

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El robobo perperfecto
Guillermo Balbona 10-04-2018 | 9:05 | 0

Juego de ladrones
Den of Thievesaka . 2018 140 min. EE UU.
Dirección: Christian Gudegast. Guion: Gudegast y Paul Scheuring.
Música: Cliff Martinez. Fotografía: Terry Stacey.
Reparto: Gerard Butler,  Pablo Schreiber,  O’Shea Jackson Jr., Curtis ‘50 Cent’ Jackson, Sonya Balmores,  Maurice Compte,  Evan Jones,  Brian Van Holt, Jordan Bridges.
Género: Acción dia. | Cinesa y Peñacastillo.

Lo del atraco perfecto es un subgénero tan trillado como fértil. El debutante Christian Gudegast ha optado por un acercamiento al relato de robo ambicioso con tanta energía como desidia en el guión y con tanta entrega física como dejadez en lo psicológico. ‘Juego de ladrones’ es un filme de excesos y, en este sentido, puede postularse como paradigma del presente, al menos el de la gran industria: un metraje sobredimensionado e injustificado y una narración desbordada de artificios. Como crónica impulsiva y visceral la película funciona con eficacia pero queda traicionada por esa querencia por la desmesura. Por si el espectador es tonto, algo de lo que siempre parten los distribuidores y otros eslabones de la cosa, a la opera prima le han añadido el subtítulo de ‘atraco perfecto’, lo que ya es obvio y transparente tras el primer golpe de efectismo. Ambientada en Los Angeles, con factores y elementos tan llamativos unos, como escasamente creíbles otros, la cinta discurre rimbombante, urbana, callejera e impactante. Pero su empeño en la reiteración, su discurso competitivo feroz pero, en muchas ocasiones, vacío, provoca chirridos constantes. El filme se asemeja a uno de esos tubos de escape de vehículos preparados hasta minuciosamente pero que luego solo exhibe ardor guerrero. En ‘Juego de ladrones’, con un caricaturesco y desaforado Gerald Butler al frente –que aún cree estar viviendo la epopeya de ‘300’ , toda la trama y sus protagonistas parecen inmersos en una empastillada reunión de dos bandos musculosos y armados. Todo el filme es, en definitiva, una acumulación de masa muscular y anabolizantes donde las palabras son sustituidas por armas y el suspense es una estirada prótesis blindada por un toque de astucia (más bien de engaño) que envuelve un tramo final de nuevo envuelto en la hipérbole. Gana enteros el juego cuando se echa mano de situaciones límite en un montaje paralelo, constrastando planificaciones y hechos entre quienes actúan en nombre de la ley y quienes la transgreden. Un western de camuflaje que algunos han querido irrisoriamente comparar con ‘Heat’. Ni las implicaciones familiares y emocionales transmiten verdad ni la tormenta perfecta de tiroteos con envoltura bélica son suficientes para simular un artefacto que provoca cansancio pese a su chute de proteínas. ‘Den of  Thieves’ es un catálogo de cromos de ritmo monótono y machismo militante, hiperviolento, que llega a confundir la acción con la testosterona.

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El océano del amor
Guillermo Balbona 10-04-2018 | 9:02 | 0

Inmersión

Submergence 2017 111 min. Alemania.
Dirección: Wim Wenders. Guion: Erin Dignam.
Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Benoît Debie.
Reparto: James McAvoy,  Alicia Vikander,  Alexander Siddig,  Celyn Jones.
Género: Romance. | Cinesa y Peñacastillo.

Todo es trascendentalmente ligero y profundamente superficial en este trayecto de idas y venidas entre lo liviano y lo hondo. Si no estuviésemos hablando de Wenders, seguramente palabras como ridículo o pretenciosidad saldrían a relucir con naturalidad. Pero en el cineasta alemán hay una tensión y una atmósfera que sostienen, pese a sus contrastes, contradicciones y desequilibrios, la actitud formal y la ambición desmesurada de esta historia rotundamente romántica. Un idilio, enamoramiento y pasión durante una cita azarosa y fugaz frente a la costa atlántica por parte de una pareja que vive la víspera de sendos acontecimientos personales graves, ceremoniosos y fundamentales para sus vidas y las de los demás, es el epicentro de este agitado océano de amor que tiene en el agua a su metáfora y punto de encuentro y desencuentro. Franco Battiato se refería a las estaciones del amor, que van y vienen, pero Wenders como en ‘París Texas’ (aquí el desierto es la profundidad abisal del mar) persigue, pesimista o no, un anclaje, un noray en ese territorio endeble y extremo en el que la intimidad trata de abrirse paso en un ecosistema bajo la amenaza de la destrucción (o el amor). De la ciencia al terrorismo, de la confirmación del futuro de la vida en el planeta, a través de un descubrimiento, a la solución frente al fanatismo, ‘Inmersión’ posee pese a lo fallido de la apuesta una personalidad visual y un arriesgado tour de force estético. Como en toda la filmografía del director de ‘Alicia en las ciudades’ también esta vuelta a la ficción está impregnada de ese perfume de cartografías, tierra y cielo en permanente tensión, paisajes y una mirada existencial envolvente, leve y honda a la vez. Hay momentos de gravedad sutil, tan intensos como cargados de belleza, y otros muchos vacíos e hinchados cuando confluyen en una misma nota disonante las frases metafísicas, y un cierto misticismo doméstico y domesticado, con la música subrayándolo todo, surgida de la hermosa banda sonora del vizcaíno Fernando Velázquez. Wenders, a punto de mostrar su documental sobre el Papa Francisco, ha dado tumbos en la irregular última etapa de su prolífica filmografía, en la que sobresalen sus documentales ‘Pina’ y ‘La sal de la tierra’. El fruto de su regreso parece una obra anacrónica, que hubiera abandonado a su suerte, y que conecta con ‘Más allá de la nubes’, ‘Hasta el fin del mundo’ y ‘Tan lejos, tan cerca’. En este sentido ‘Inmersión’, a la que le falta perspectiva para no ahogarse, es un naufragio de dos criaturas frente a la marejada del mundo. Es un filme tan hermoso en ocasiones como patético cuando se olvida de sus limitaciones. Pero si hay algo que se acerca al desgarro y que provoca islas de autenticidad es la física y química que emergen de la pareja protagonista: James McAvoy y Alicia Vikander. Un fragmento de vida entre el oleaje gracias a la sintonía que surge entre la solidez de uno y la implacable entrega de la otra. A partir de ahí sí se pueden mezclar una teoría biológica matemática sobre el origen de la vida con los versos de John Donne y pensar que las campanas doblan por ti.

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Una canasta de diferencia
Guillermo Balbona 10-04-2018 | 8:42 | 0

Campeones

2018 124 min. España. Dirección: Javier Fesser.
Guion: David Marqués y Fesser. Música: Rafael Arnau.
Fotografía: Chechu Graf. Reparto: Javier Gutiérrez,  Juan Margallo,  Luisa Gavasa, Jesús Vidal,Athenea Mata.
Comedia. | Cinesa y Peñacastillo.

A pesar del realismo obvio y desnudo que preside esta historia, en ningún momento abandona el tono de cuento, la coartada casi surreal y ese lado lúdico de viñeta y tebeo. Javier Fesser juega en serio y mete muchas canastas en ‘Campeones’: la del elogio de la diferencia, la de la solidaridad, la de llamar las cosas por su nombre. Se agradece que el cineasta de ‘Camino’ eluda el ternurismo, dé un corte de mangas a lo políticamente correcto y combine con destreza y acierto lo ácido con lo contundente, alejado de la mirada compasiva, la hipocresía y el deporte patrio de poner etiquetas, simular ante el personal y mirar para otro lado. Antes que nada cabe destacar que sea con tintes de comedia negra, surreal, paródica o simplemente juguetona, lo cierto es que ‘Campeones’ es una película divertida y eso entre tanta comedia estereotipada y gripada ya dice mucho del responsable de llevar a la pantalla a Ibáñez  y su Mortadelo y Filemón. De hecho, Fesser no se aparta demasiado de ese mundo que tan bien conoce para retratar a un grupo de discapacitados intelectuales empeñados, pese a las apariencias, en convertirse en un equipo de baloncesto. La presentación de los personajes propicia momentos hilarantes al fundamentar su descripción y mirada de complicidad en los contrastes de códigos y lenguajes entre el variopinto grupo protagonista (que bien podría protagonizar una serie) y su entrenador, un inmenso Javier Gutiérrez, que si no se deja quemar, lleva camino sin duda de ser el José Luis López Vázquez de nuestro tiempo por el peso de sus presencias en cada aparición. ‘Campeones’ es ácida y risueña, golpea bajo donde duele socialmente y es valiente y arriesgada en algunos momentos. Lástima que caiga en la hipérbole de un tramo final en el que reitera y prolonga algunas situaciones innecesariamente, cayendo en el exceso y regodeándose en varias subtramas cuando ya tenía la ficción atrapada por el cuello. Fesser, que domina las distancias cortas, saca partido del uno contra uno entre su protagonista y el mundo intransferible y diferente dé cada entusiasta deportistas de verbo limitado pero transparente, consciente de su lugar en el mundo. Reserva el cineasta para momentos oportunos, casi siempre sin subrayados, el minuto de mensaje: la pregunta sobre la normalidad y lo que no lo es subyace en esta opereta bufa que nunca baja la guardia. Más que los gag, que los hay y muy buenos, y que el conjunto destile verdad, lo importante es que la mirada de Fesser es respetuosa y la reivindicación de los derechos de la diferencia está siempre presente. El descenso melodramático en busca de la lágrima final emborrona un partido vital, de estrategia y moral, sí, pero que carga de personales a muchos colectivos sociales y redes, y logra canastas festivas. Frente a los chistes de la comedia gamberra, ‘Campeones’, con más o menos comicidad, y su gran dirección de actores, desprende un sentido humanista que para sí quisieran muchas campañas hipócritas que basan su gancho en el artificio.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.