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Fecha: April, 2018
Paisajes heridos
Guillermo Balbona 23-04-2018 | 8:34 | 0

Heartstone, corazones de piedra
2016 129 min. Islandia. Dirección y Guion: Guðmundur Arnar Guðmundsson.
Música: Kristian Eidnes Andersen. Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen.
Reparto: Baldur Einarsson,  Blær Hinriksson,  Arnar Jónsson,  Søren Malling, Nína Dögg Filippusdóttir,  Sveinn Ólafur Gunnarsson,  Nanna Kristín Magnúsdóttir.
Género: Drama. Salas: Groucho

Llega un momento en este tinerario tan desolado como hermoso en que el paisaje salvaje de Islandia y los retratos interiores, siempre heridos, de los adolescentes protagonistas se funden en sus límites y comparten extremos. Contemplativa y  morosa, quizás en exceso, ‘Heartstone (Corazones de piedra)’ es una ópera prima que brilla por su madurez, por su ritmo a contracorriente y por la sabiduría con que se maneja el tempo y la expresión de sus personajes, gracias a la excelencia de quien los encarnan. Es curiosa la paradoja visual, de culturas, paisajes y caracteres que pueden propiciar el juego comparativo con la reciente ‘Call me by your name’, de Luca Guadagnino, entre su sensualidad, el despertar iniciático y el humanismo culto, y esta desolada, dura y desnuda naturaleza que envuelve a sus criaturas. El debutante Gudmundur Arnar Gudmundsson, uno de los representantes de un nuevo movimiento de cine islandés, no tiene prisa. Crea un estado latente de pulsiones sexuales, ansias de libertad, claustrofobia física y opresión sexual en el que destaca ese contraste entre la naturaleza desnuda, abierta y primigenia, como esos acantilados donde acontece una de las secuencias sutiles de poética y dolor, y el desequilibrio emocional y la distorsión sentimental. Oscura, con momentos de enorme sensibilidad a la hora de describir las fronteras inasibles entre la niñez, la adolescencia y los resquicios de vida adulta, la cinta crece pausada como un magma que parte de la iniciación, se diluye en una comunidad asfixiante y un entorno enquistado en una serie de costumbres, reacciones y mecanismos de defensa y la intolerancia. En ‘Heartstone’ cada personaje debe casi sangrar las emociones para salir victorioso de una geografía de soledad y desamparo. Lo verdaderamente atractivo del filme reside en sus sutilezas, en los detalles, en el juego de miradas y silencios cómplices de sus jóvenes protagonistas. Dolor, compasión y ese clima imperceptible que discurre en las entrañas convulsas y los disturbios que se adentran en un ecosistema de familiar desestructuradas, acoso y confusión. Hay un juego de identificación permanente entre la naturaleza volcánica y la erupción sensual. Un juego translúcido y opaco en el que se debaten caricias redentoras, placeres desvelados y vértigos dramáticos.

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Sobre las cenizas del silencio
Guillermo Balbona 23-04-2018 | 8:33 | 0

Un lugar tranquilo

A Quiet Place 2018 95 min. EE UU.
Dirección: John Krasinski. Guion: Scott Beck, Bryan Woods, John Krasinski.
Música: Marco Beltrami. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen.
Reparto: Emily Blunt,  John Krasinski,  Millicent Simmonds,  Noah Jupe,  Cade Woodward, Leon Russom, Doris McCarthy.
Género: Terror. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Una película que, en tiempos de ruido constante y superfluo, reivindica el silencio como factor de supervivencia ya es un monumento. Si a ello sumamos su dominio narrativo, su potencia visual y ese pulso tan necesario como eficaz, puede decirse que estamos ante una de las grandes sorpresas de la temporada. ‘Un lugar tranquilo’ no sólo es una historia atractiva sino que impone un sentido de la mirada, explota la intensidad de los sentidos, fluye sin ceder ante los estereotipos y, a excepción de algunos momentos de endeble perfil psicológico, es de esos cada vez más raros casos en los que se trata al espectador con respeto. El artífice de esta burbuja, con tintes de parábola, pero sin pretenciosidad, y atmósfera apocalíptica, es John Krasinski, actor, director y coguionista sobre el que habrá que situar el foco en los próximos años. Tras dos curiosidades nada desdeñables, ‘Entrevistas breves con hombres repulsivos’ y ‘Los Hollar’, llega esta joyita en la que triunfa el desasosiego, los miedos más primarios, la ansiedad y una llamada de solidaridad frente a lo que acecha como una sombra continua de muerte. Krasinski, a excepción de su limitado trabajo como actor, contrarrestado por una magnífica Emily Blunt, planifica con rigor, maneja con destreza las situaciones límite y siempre subordina lo evidente de tal modo que aquello que discurre de manera sumergida, en sombra o entre presagios y elipsis, es lo más importante. El relato evita la grasa de los datos y opta por las pistas y por la especulación entre titulares de viejos periódicos y deducciones que el espectador puede realizar a través del comportamiento de esta familia de supervivientes. El terror es un estado, una geografía en sí mismo, y así lo entiende el cineasta que elude detener la acción para explicar lo obvio, nunca renuncia al suspense y se recrea en el duelo, el dolor y la redención y la culpa sin amarillismos ni gore gratuito. Secuencias como la del parto, la del silo o la de la niña y la criatura entre los maizales y sus caminos de ceniza constituyen una serena y madura caligrafía emocional. Además, estamos ante una partitura en la que se conjugan con sabio equilibrio la banda sonora y el diálogo entre silencios y efectos de sonido. Es un filme que juega con la ansiedad, que estremece y que obliga a mantener la boca cerrada y eso, que es sagrado en un cine, cada vez es más difícil de conseguir en las salas. Claustrofóbica y angustiosa, sin caer en la caricatura o la hipérbole, rebosa talento y mata las dudas callando. Un ejercicio de estilo, sí, pero también uno de los escasos ejemplos respetuosos con el terror como ecosistema de nuestras debilidades y grandezas.

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Más física que química
Guillermo Balbona 23-04-2018 | 8:31 | 0

Las leyes de la termodinámica
2018  País España. Dirección y guion: Mateo Gil.
Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Sergi Vilanova.
Reparto: Vito Sanz,  Berta Vázquez,  Chino Darín,  Vicky Luengo,  Miki Esparbé,  Irene Escolar, Josep Maria Pou,  Andrea Ros,  Juan Betancourt
Género: Comedia romántica.
Salas:Cinesa y Peñacastillo.

Es ingeniosa pero exprime la idea hasta lo cansino. Es arriesgada en sus planateamientos aunque pierde fuelle en su desarrollo, como si la celebración de lo formal tapara en excesos discursivos la vida de sus criaturas. Es valiente pero quizás acabe por mirarse demasiado el ombligo. El eterno juego de las relaciones de pareja es adoptado por Mateo Gil como una elucubración simbólica y metafórica de las formas de  la energía, la acción mecánica del calor y el electromagnetismo. En este sentido estamos ante una comedia romántica con mucha física ‘cuéntica’ (de contar) y química escasa. El director y guionista, de carrera corta pero sólida, siempre singular y cambiante en la elección de géneros y poco amigo de los encasillamientos, convierte ‘Las leyes de la termodinámica’ en un un falso documental vertebrado por  declaraciones y testimonios de especialistas en la materia, mientras discurre en paralelo un intercambio de sentimientos y  sensaciones, entre parejas cruzadas, en las que el azar y el determinismo, la ansiedad y el método conviven y colisionan. El director de ‘Nadie concoce a nadie’ se plantea su documento como si fuese la fiesta de una clase de física bajo la cual asomaran sucesivamente todas las hipótesis posibles sobre el amor y el desamor. Mateo Gil, que incluye un cameo y guiño al cineasta cántabro Daniel Sánchez Arévalo, se postula juguetón y su esquema de película dentro de película es atractivo. Y, sin embargo, la reiteración, los excesos discursivos centrados en una voz en off que, desde el inicio, hace de portavoz de las situaciones, chirría en ocasiones y acaba por mostrarse como una lección engolada sobre armonía, crisis y extinción sentimental. Hay encanto e ingenio en muchos casos, pero el director de ‘Blackthorn’ estruja la invención y el artefacto, siempre estimulante y seductor, se antoja también agotador y plano. Triunfa el hecho de que la comedia  nunca oculta que tras la cara amable reside un poso de amargura, de insatisfacción frente a la plenitud aparente. Se revela tan insistente el factor dominante documental y formal que el creador deja desasistida la comedia afectada también por un reparto desigual. Hay algunos golpes de estilo que de haberse encajado con coherencia hubieran evitado su tono de simple ocurrencia. El atrevimiento y la osadía quedan adheridas a la idea que atraviesa la ficción y se diluyen en su desarrollo. Hay muchos átomos de virtuosismo en esta apuesta, pero también un engranaje mecánico que deja ver su fórmula. Más juego de pizarra que tiza emocional. Más física que química.

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el asesino es el aburrimiento
Guillermo Balbona 17-04-2018 | 11:33 | 0

La casa torcida
Crooked House 2017 115 min. Reino Unido.
Dirección: Gilles Paquet-Brenner. Guion: Julian Fellowes (Novela: Agatha Christie).
Música: Hugo de Chaire. Fotografía: Sebastian Winterø.
Reparto: Glenn Close, Terence Stamp, Christina Hendricks,  Gillian Anderson, Max Irons, Stefanie Martini,  Amanda Abbington,  Julian Sands.
Género: Intriga. | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Su ropaje es atractivo y cuidado pero no puede ocultar la limitada vulgaridad de su  planteamiento. De nuevo el mayor enemigo de Agatha Christie es Agatha Christie. Todo en esta adaptación de ‘La casa torcida’ –la novela preferida de su autora–está despojado de hondura. Ni decadencia aristocrática ni desgarro psicológico ni catarsis. Todo es apariencia de sombra y suspense e intriga de salón. Reina el juego de mesa y la sensación de ‘cluedo’ y se echa de menos la profundidad de un cine destinado a zarandear a sus criaturas. El asesino, se sabe desde el comienzo, es el aburrimiento. Segunda adaptación de una obra de Agatha Christie en un mismo año, tras la versión de ‘Asesinato en el Orient Express’ a cargo de Kenneth Branagh. Aquí el deterioro moral, la diversidad de personajes, el contraste entre un mundo que se va y otro que se anuncia…nada es aprovechado por Gilles Paquet-Brenner, cineasta de ‘Las cosas bellas’ y ‘La llave de Sarah’, quien se muestra tan académico y pulcro como monótono, reiterativo y falto de intensidad. Previsible y mecánica, la cinta tiene el mismo carisma que su protagonista, un Max Irons atorado y prosaico, ambos presos de ese estado plano, exento de gracia y tan desmayado que no se corresponde con el monstruo que se esconde en cada uno de los potenciales asesinos. El filme trata al espectador como si fuese un apasionado concursante al que se le propone averiguar un sodoku criminal en una hora y tres cuartos donde el misterio, la deducción detectivesca y el ambiente malsano están cortados por el mismo patrón: una sensación de desidia y desgana. El cineasta alarga la trama apartándose de ella con aspectos colaterales y tan solo pone un poco de brío el personaje de Glenn Close, aunque alguien debiera decirle que deje de encarnar a Cruella de Vil. Paquet-Brenner nunca saca partido de la veta de la ironía ni de ese juego teatral, dramático, de personajes deseosos de aniquilarse unos a otros verbalmente. Solo una cena en familia, rodada con escaso pulso, es una excepción en este filme de idas y venidas que vuelve a caer en la trampa de depositar toda su fe en la sorpresa final, en el revés y en lo inesperado, después de un metraje tan convencional como insípido. La elegancia y la perversión que solo casan en los grandes son en este caso meros elementos decorativos. Falta atrevimiento para ser rupturista y el ritmo es tan descafeinado que cualquier relámpago de paisaje o detalle costumbrista se postula como deslumbrante. El aire funcionarial y funcional puede venir bien para un juego de mesa pero en esta adaptación solo sirve para subrayar lo impostado y teatral y pensar erróneamente que su escritora es cosa del pasado.

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Schopenhauer de suburbio
Guillermo Balbona 16-04-2018 | 8:29 | 0

Una razón brillante
Le brio. 2017. 95 min. Francia.
Dirección: Yvan Attal. Música: Michael Brook.
Fotografía: Rémy Chevrin.Reparto: Daniel Auteuil,  Camélia Jordana,  Jacques Brel,  Serge Gainsbourg,  Romain Gary, Yvonne Gradelet, Yasin Houicha.
Género: Comedia | Salas. Peñacastillo

Las palabras mecen, estremecen, hieren, extrañan, queman. También gobiernan, provocan, disponen, manejan…En un tiempo de imágenes, desde los memes invasivos y grotescos a la superposición apresurada de iconos, el último guiño taquillero del cine francés es una caricaturesca, eficaz y pegadiza reivindicación del uso de la palabra, la oratoria y el arte de convencer. En la tradición de las relaciones imposibles, los contrastes educativos y los trayectos iniciáticos y de aprendizaje, ‘Una razón brillante’, sostenida sobre todo por la química de la pareja protagonista, es un agitado encuentro profesor alumna entre citas de clásicos y retratos superficiales de barrio de la periferia. Entre Schopenhauer y los suburbios. Entre latinajos y la banlieue parisina. En tiempos en los que la ultraderecha francesa ha tomado posiciones inquietantes en el devenir del país vecino quizás este filme, juguetón, aparentemente sencillo, se postule como necesario. Una defensa de la palabra, del sentido crítico como camino de libertad y ejercicio dramedia impulsiva con dos excelentes intérpretes al frente. Un perfil que también reclama atención sobre la necesidad del maestro y guía en tiempos gregarios, de redes y enredaderas de manipulación y policías del pensamiento. Yvan Atta, cineasta de ‘Están por todas partes’, opta por una realización que escapa de la comedia francesa al uso pero se muestra limitado a la hora de aportar originalidad y fuerza a ese paisaje de contrarios en el que basa la trama: entre lo oficial y lo marginal, lo académico y la calle, el profesor machista y racista y la alumna que se muestra distante y escéptica con la integración social. No hay tiempos muertos en ‘Una razón brillante’. Desde la llegada al aula de la joven en su primera incursión universitaria el filme evita lo superfluo y abre el combate cara a cara de la pareja, tan obvio y eficaz como instalado e integrado en la cultura de masas. La película se abre con imágenes de archivo y significativas declaraciones de Serge Gainsbourg y Jacques Brel, por ejemplo. Una determinada militancia en lo corrosivo que se vuelve luego mainstream de cabecera, aunque la cinta nunca deje de ser interesante. El juego con ‘My fair lady’ y el mito de Pigmalión, de ‘Rebelión en las aulas’ a ‘Educando a Rita’, funciona pero no deja de ser un resorte que frena lo esencial. Ese perfume de ataque a lo políticamente correcto y de batalla dialéctica a medida que avanza la trama se va domesticando. Daniel Auteuil y Camélia Jordana encarnan con convicción y serena seducción el equilibrio entre la inteligencia y lo emocional. A la espera de ‘El buen maestro’, otra incursión del cine francés en la educación, vale la pena detenerse en este duelo por dominar el verbo en un mundo de imágenes. Al cabo, lo mejor del filme es escuchar al protagonista recitar, como una isla mágica, los versos de Baudelaire en ‘Las flores del mal’. Eso sí que es resistencia, rebelión e incorrección.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.