img
Fecha: March 20, 2018
La crisis en danza
Guillermo Balbona 20-03-2018 | 9:29 | 0

La tribu
2018 90 min. España. Dirección: Fernando Colomo. Guion: Colomo, Yolanda García Serrano, Joaquín Oristrell.
Música: Vicente Ortiz Gimeno. Fotografía: Ángel Iguacel.
Reparto: Carmen Machi,  Paco León,  Luis Bermejo,  Julián López,  Bárbara Santa-Cruz, Manuel Huedo,  Rebeca Sala,  Manel Fuentes,  Horacio Colomé,  Jorge Asín, Marisol Aznar,  Alfonso Lara. Género: Comedia| Salas: Cinesa y Peñacastillo

Es tan sencilla e ingenua que dan ganas de abrazarla. Parece un aparato lúdico, de club de baile de barrio y catarsis en danza. Musical encubierto, quizás tímido y volatinero, que apela al costumbrismo y lo popular, ‘La tribu’ se basta con el oficio de su director, aquí con más medios, y la solvencia y solidez de sus intérpretes. La exposición pública y el desnudo en las redes, la fuerza social de la reivindicación, el orgullo de la supervivencia subyacen o se revelan tras una historia de mujeres trabajadoras, madres y luchadoras natas que se valen del baile para canalizar su espíritu de complicidad, solidaridad y reconocimiento. Y entre ellas un gag simbólico con la desmemoria como protagonista que ayuda a poner la crisis en danza. Lástima que el guion sea tan endeble, lo que obliga a que la trama avance a trompicones entre cierto aire insustancial y repentinos pasos de talento que dejan entrever la película deseada. Fernando Colomo venía de posar con naturalidad un documento muy personal, ‘Isla bonita’, que tenía mucho de declaración de principios y amor al cine. ‘La tribu’ empapa la realidad con una pareja de actores excelentes, como Carmen Machi y Paco León, y unos buenos secundarios que permiten tapar las fisuras de una historia en la que, entre la danza urbana y el ritmo, se cuelan las caras desajustadas de una sociedad a la intemperie, plena de desperfectos. En este sentido, aunque sin profundizar lo suficiente, el filme se adscribe a esa mezcla de neorrealismo, guiños televisivos, canto social y cinematográficamente, por afinidad, a un espacio construido a lo ‘Full Monty’. Una comedia con algo de neorrealismo estrujado, musical soñado no practicante y pasaje entre lo popular y transparente, y lo oculto, cobarde y anónimo de quienes tiran de la cadena de la crisis. El desempleo, la calle, el paisaje urbano de una Cataluña en la que asoman las esteladas en los balcones contribuyen a que la ficción no solo tenga el maquillaje de género, sino la textura de la actualidad. Pese a ese predominio de lo frívolo, la comedia a veces enseña sus dientes y curiosamente alcanza dos o tres momentos intensos de melodrama que los protagonistas aprovechan para extraer todo el jugo gástrico y ácido de fondo, donde el guion no llega. Hay carisma en la envoltura pero falta cuerpo y densidad a la historia que baila en la superficie, tan pronto en la cuerda floja como en el alféizar de una cinta donde, a veces, la espontaneidad parece descuido y los hallazgos, casualidad. Le sobra simpatía y le falta músculo para levantar las pesas sociales que va dejando en el camino. Una coreografía popular a la que ‘la llamada’ a bailar se le queda corta, pese a su calidez periférica a raudales y su muy buena sintonía.

Ver Post >
Corre, lara, corre
Guillermo Balbona 20-03-2018 | 9:28 | 0

Tomb  Raider  
2018 122 min.EEUU. Dirección: Roar Uthaug. Guion: Geneva Robertson-Dworet, Alastair Siddons.
Música: Junkie XL. Fotografía: George Richmond. Reparto: Alicia Vikander,  Daniel Wu, Dominic West,  Walton Goggins, Kristin Scott Thomas, Alexandre Willaume.
Género: Aventuras | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Apunto de caramelo el  ‘Ready Player One’ de Steven  Spielberg, canto de amor a los videojuegos del cineasta de ‘Tiburón’, que algunos auguran como un antes y un después en la percepción del mundo virtual, se instala en cartelera el regreso de ‘Tom Raider’, una heroína con hechuras y factura que vende su cercanía y una presencia más terrenal. Lo cierto es que Roar Uthaug, cineasta noruego, responsable de ‘La ola’, una incursión en el subgénero de catástrofes, ha realizado un documento nostálgico ochentero con escaso gancho, falto de ritmo y tirando de tópicos. Ante semejante panorama sólo la presencia de Alicia Vikander, excelente actriz que parece dispuesta a dinamitar su carrera interpretando a Lara Croft, aporta un aire de serenidad tanto a la trama como a la definición del personaje. De hecho uno se pregunta qué sentido y justificación tiene, más allá de la lógica apelación a la taquilla, esta vuelta de tuerca al personaje que encarnara en dos ocasiones  Angelina Jolie a principios de la pasada década. No hay furia ni nervio en este continuo viaje adelante y atrás, entre peleas y caídas, zarandeada ella y el resto de criaturas en una acumulación digital con escasa gracia coreográfica. De Londres a una isla de la costa de Japón, el periplo imaginativo y físico se antoja pesado y monótono, muy gris en las soluciones dramáticas a la hora de dotar de calidez y empatía a los perfiles  atrapados en su búsqueda  particular y obsesiva, pero ajenos a transmitir algo de sí mismos. Uthaug se limita a dejar que el rostro de Vikander revele hondura y pausa entre tantas idas y venidas alocadas, de una persecución londinense en bicicleta a unas escenas supuestamente espectaculares en el mar. Además, cuando se trata de reivindicar la esencia de la aventura, el filme se mira demasiado en la saga de Indiana Jones, y en la búsqueda de una tumba misteriosa el vínculo entre Lara Croft y su padre transparenta demasiadas afinidades y deja vu. La actriz es risueña, luminosa y trata de humanizar el personaje despojado de las líneas primarias de su origen audiovisual. Pero el drama familiar parece mera excusa, el motor de la aventura es confuso y el enredo globalizador de fondo apunta a una inevitable continuación de la saga, reinventada aquí con escaso acierto y tono. Si se trataba de cubrir a la joven, heroína a su pesar, de una pátina feminista nada de ello es visible. ‘Wonder Woman’, con menos ruido y el talento de Patty Jenkins y su actriz Gal Gadot, lograba muchos más subrayados y, además, entretenidos. Pero aquí todo es impostura y vacío. Y si es mera pose y etiqueta la película se resiente aún más. Si en el primer tramo se apuntaban maneras de personalidad visual, el filme desemboca en lo convencional y trillado. El humor y la distancia se vuelven carne de género hiperventilado por la grandilocuencia. Mientras, Alicia/Lara corre desesperada hacia ninguna parte.

Ver Post >
Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.