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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Sustos de repetición

Winchester: La casa que construyeron los espíritus
2018 99 min. Australia. Dirección: Michael y Peter Spierig. Guion: Spierig Brothers y Tom Vaughan.
Música: Peter Spierig. Fotografía: Ben Nott. Reparto: Helen Mirren, Jason Clarke,  Sarah Snook,  Angus Sampson,  Emily Wiseman, Laura Brent,  Tyler Coppin,  Dawayne Jordan.
Género: Terror. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Fantasmada con muchas puertas de guardar y pocas llamadas de atención. Lo mejor, que está Helen Mirren y eso espanta hasta el aburrimiento, aunque aquí no la han dejado mucho margen para que vuelta a conmovernos. Lo peor, ese estupidizante empeño en convertir el sublime género de terror, que forma parte de nuestro ADN humano, en un campo minado de sustos como si cada entrega fuese una visita guiada a Hacienda. El punto de partida de ‘Winchester’ –esa casa en permanente construcción para ahuyentar y limitar el acceso de los espíritus (muchos lo practicarían con gusto con algunos parientes e invitados inesperados) prometía momentos de ilusión. Pero los hermanos Spiering, autores de tan delicados productos de serie como la octava entrega de ‘Saw’, deciden tras un arranque expectante convertir el relato de tintes victorianos y góticos en un mero documento notarial. Sustos en serie de repetición como el rifle que da nombre al filme; reiteraciones en la puesta en escena y escasa capacidad para generar una atmósfera en una casa con más de 160 habitaciones a la que los directores tratan como si rodaran en un único salón. El laberinto, la amenaza, la claustrofobia, la leyenda, la posesión, el espiritismo como lenguaje se pasean por la casa sin que la película logre administrar ese temor a lo desconocido que discurre invisible pero cargado de texturas sutiles. Los itinerarios intrincados posibles entre habitaciones y dimensiones son tratados como si fuese un folleto de venta de una inmobiliaria. Todo el sentido, los recursos y el dominio del espacio que la historia demandaba son despachados con decisiones funcionariales. Enmarcada en el subgénero de casas encantadas, la cinta no obstante pudiera haberse adscrito con personalidad visual a ese álbum de la arquitectura del terror donde habitan la poética de la memoria de Manderley, la descomposición moral de Usher, el Overlook de ‘El resplandor’, o incluso la mera mención del motel de ‘Psicosis’. Pero Winchester, que solo aterra su epígrafe añadido, ‘la casa que construyeron los espíritus’, nunca exprime la identidad de aquella construcción de 1884 que la viuda del empresario de las armas William Wirt Winchester, ordenó construir  en un continuo proceso de crecimiento. Lo orgánico, los espacios como personajes, el juego de estancias, la circulación de la atmósfera mórbida y corrupta del pasado, la gramática de los no muertos apenas merecen una simple mención de guion. Mirren encorsetada por una pobre dirección hubiera sido nuestra médium letal. Aquí es una anfitriona más de ese cine de manual que visualiza con caligrafía burócrata las voces inquietantes que acechan en las sombras. Uno de esos hotel asépticos donde sólo asusta el precio.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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