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Guillermo Balbona

Fuera de campo

De gatillazos, polvos y cenizas

Cincuenta sombras liberadas
Wise BlFifty Shades Freedaka  2018 105 min. EE UU. Dirección: James Foley
Guion: Niall Leonard.  Música: Danny Elfman.
Fotografía: John Schwartzman.
Reparto: Dakota Johnson,  Jamie Dornan, Eric Johnson,  Eloise Mumford, Rita Ora, Luke Grimes.
Género: Drama. Salas:Cinesa, Peñacastillo y Autocine

Lo mejor que puede decirse de este telefilme ingenuo, bobalicón y osado por ramplón es que cierra la historieta de esta pareja y nos libera definitivamente. ¿O no? Toda su andadura vulgar y tontorrona ha estado marcada por ver quien la tenía más larga…la cuenta corriente. Y el camino hacia el final no podía ser menos. Cada paso de estas cincuenta sombras se resuelve dramáticamente tirando de la cartera y del cheque. Cada gatillazo…sentimental, muestra de redención y mohín de frustración se compensa y corrige con un avión privado, una mansión señorial y un viaje interminable. La tercera entrega de la pareja parece el catálogo de colorines y papel de brillo de una comunidad de nuevos ricos. La cuestión es que tras esa patina, supuestamente atractiva, de deseo y lujo no hay conflicto ni verdad, ni siquiera un mero engarce dramático que pueda sostener el ejercicio argumental. El factor de thriller e intriga que recorre la trama, es un decir, del universo Anastasia /Grey es irrisorio y sirve para estirar los encuentros afectados de la parejita y para mostrarnos su cuarto de juegos reunidos Geyper y el cajón erótico de la señorita Pepis. A estas alturas, y con poco que defender, el actor Jamie Dorna se pasa toda la película con cara de yogur desnatado y caducado y Dakota Johnson haciendo pucheritos hasta darse cuenta de que esta no es su película. James Foley, que ya se había encargado de la anterior entrega –un veterano con filmes nada desdeñables en su larga trayectoria como ‘Glengarry Glen Ross’ y ‘Confidence’, antes de entregarse a las series de televisión–, evita cualquier amago de profundidad y se desliza por la barandilla que sube y baja las escaleras de esta pareja carente de química y opuesta a cualquier prueba de afinidad. Las dos anécdotas insustanciales que fundamentan la nueva entrega son tan livianas que o se lo toma uno por el lado jocoso, o no sobrevive a tanta superficialidad. Al margen de la premisa de la joven sometida voluntariamente al control afectivo y sexual de su pareja, con toda la violencia moral y social que implica, las fantasías y las connotaciones sadomaso resultan kitsch y apenas pueden eludir la sensación de producto prefabricado. La sensualidad brilla por su ausencia y muchas de las imágenes asociadas a una ilustración de la intimidad no pasarían el examen de un anuncio de perfumes. La conspiración criminal de fondo es simplista y mera excusa. Y la trilogía se funde en una trama ridícula, escapista, que ni siquiera encuentra justificación en el entretenimiento. Falsamente atrevida, su conservadurismo se traduce en unas criaturas domesticadas y domadas por el brillo de la opulencia. Ahora sí de verdad que los polvos, si es que los hubo, son ya ceniza. Una película solo apta para bolsillos con libido y espectadores que nunca se han preguntado qué es un drama romántico. Mientras los protagonistas se embadurnan con helado y conducen fastuosos coches deportivos, el hedonismo y el amor hace tiempo que se ausentaron de este suplemento donde hasta el sexo es una marca.

Temas

cincuenta, sombras, trailer

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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