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Fecha: February 13, 2018
Descarrilar tres veces
Guillermo Balbona 13-02-2018 | 9:26 | 0

15:17 Tren a París 

2018 94 min. EE UU Dirección: Clint Eastwood.
Guion: Dorothy Blyskal. Música: Christian Jacob.
Fotografía: Tom Stern. Reparto: Spencer Stone,  Anthony Sadler,  Alek Skarlatos, Judy Greer, Jenna Fischer.
Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Lo mejor que puede decirse de este trayecto a ninguna parte es que el viaje dura poco, aunque se haga pesado. Lo peor, que el maestro Clint Eastwood es invisible, se ha desvanecido o, simplemente no ha comparecido. ‘15:17 Tren a París’ es una película innecesaria, superflua y banal. ¿Qué aporta en una filmografía casi impoluta, colosal en ocasiones y sembrada por varias obras maestras de uno de los constructores del gran cine americano de las últimas décadas? Absolutamente nada. Más allá de un sentido patriótico del deber (lo suyo hubiera sido un documental de encargo) y de reiterar por activa y por pasiva el elogio del héroe anónimo demasiado consciente de ello, la película estructurada en tres partes carece de vigor, se diluye en su falta de fe en sí misma y la intensidad, fuerza, claridad y solidez que integran habitualmente el cine del director de ‘Sin perdón’ no tienen aquí ninguna adherencia. Es evidente que a sus 88 años Eastwood hace y puede hacer el cine que le da la gana, pero a excepción del bache de ‘Jersey Boys’, su última etapa tan prolífica como desigual no había caído en tal tono de desorientación como en este triple descarrilamiento. Situaciones ridículas, diálogos insustanciales y una construcción que provoca extrañeza y distancia salpican este retrato de tres jóvenes americanos, envueltos en un clima religioso y de querencia por el ejército y la guerra, a los que perfila a través de la infancia, su visita a Europa y su intervención heroica frente al ataque terrorista que hace tres años se produjo a bordo de un tren Thalys. Como en su anterior título, ‘Sully’ –aunque  éste sí poesía energía, lenguaje directo e inteligencia en el montaje–, el destino, el azar, los héroes anómimos tras vidas anodinas, atraviesan la esencia de la trama. Pero en este pasaje todo está vacío, carente de sentido, incluso, y sujeto a un traqueteo narrativo como si la catenaria del talento se hubiera quedado sin chispazos y alumbramientos. Un filme fallido, superficial, sin fe ni hondura. En la primera, la más larga, la silueta es una vuelta de tuerca sobre Dios, la bandera y la patria tan aburrida como gris y trivial. Con discutibles saltos en el tiempo y algún flashforward relámpago de lo que sucederá en el tren, la cinta se traslada a Europa en la parte del metraje más ridícula y trivial. Una sucesión de postalistas que provocan sonrojo por paletas. Eastwood contrató a los héroes reales de esta historia para que se interpretaran a sí mismos. Una decisión que parece responder más a un capricho que a un meditado factor narrativo. Si algo se le puede achacar a  ‘15:17 Tren a París’ es precisamente la ausencia de aquello que imana del clasicismo y rigor del director y que se traduce ahora en falta de autenticidad. Ni verosimilitud ni coraje. Eastwood sólo asoma en los escasos minutos del ataque, desaprovechados y enmarcados por un preludio sin estilo. Convencional y simple. Hay desastre, que no fascinación. Y el supuesto realismo riguroso no es más que una obra plana, una mancha que no oculta un mar inmenso de talento. Si el tren pasa de largo, no se preocupen.

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De gatillazos, polvos y cenizas
Guillermo Balbona 13-02-2018 | 8:56 | 0

Cincuenta sombras liberadas
Wise BlFifty Shades Freedaka  2018 105 min. EE UU. Dirección: James Foley
Guion: Niall Leonard.  Música: Danny Elfman.
Fotografía: John Schwartzman.
Reparto: Dakota Johnson,  Jamie Dornan, Eric Johnson,  Eloise Mumford, Rita Ora, Luke Grimes.
Género: Drama. Salas:Cinesa, Peñacastillo y Autocine

Lo mejor que puede decirse de este telefilme ingenuo, bobalicón y osado por ramplón es que cierra la historieta de esta pareja y nos libera definitivamente. ¿O no? Toda su andadura vulgar y tontorrona ha estado marcada por ver quien la tenía más larga…la cuenta corriente. Y el camino hacia el final no podía ser menos. Cada paso de estas cincuenta sombras se resuelve dramáticamente tirando de la cartera y del cheque. Cada gatillazo…sentimental, muestra de redención y mohín de frustración se compensa y corrige con un avión privado, una mansión señorial y un viaje interminable. La tercera entrega de la pareja parece el catálogo de colorines y papel de brillo de una comunidad de nuevos ricos. La cuestión es que tras esa patina, supuestamente atractiva, de deseo y lujo no hay conflicto ni verdad, ni siquiera un mero engarce dramático que pueda sostener el ejercicio argumental. El factor de thriller e intriga que recorre la trama, es un decir, del universo Anastasia /Grey es irrisorio y sirve para estirar los encuentros afectados de la parejita y para mostrarnos su cuarto de juegos reunidos Geyper y el cajón erótico de la señorita Pepis. A estas alturas, y con poco que defender, el actor Jamie Dorna se pasa toda la película con cara de yogur desnatado y caducado y Dakota Johnson haciendo pucheritos hasta darse cuenta de que esta no es su película. James Foley, que ya se había encargado de la anterior entrega –un veterano con filmes nada desdeñables en su larga trayectoria como ‘Glengarry Glen Ross’ y ‘Confidence’, antes de entregarse a las series de televisión–, evita cualquier amago de profundidad y se desliza por la barandilla que sube y baja las escaleras de esta pareja carente de química y opuesta a cualquier prueba de afinidad. Las dos anécdotas insustanciales que fundamentan la nueva entrega son tan livianas que o se lo toma uno por el lado jocoso, o no sobrevive a tanta superficialidad. Al margen de la premisa de la joven sometida voluntariamente al control afectivo y sexual de su pareja, con toda la violencia moral y social que implica, las fantasías y las connotaciones sadomaso resultan kitsch y apenas pueden eludir la sensación de producto prefabricado. La sensualidad brilla por su ausencia y muchas de las imágenes asociadas a una ilustración de la intimidad no pasarían el examen de un anuncio de perfumes. La conspiración criminal de fondo es simplista y mera excusa. Y la trilogía se funde en una trama ridícula, escapista, que ni siquiera encuentra justificación en el entretenimiento. Falsamente atrevida, su conservadurismo se traduce en unas criaturas domesticadas y domadas por el brillo de la opulencia. Ahora sí de verdad que los polvos, si es que los hubo, son ya ceniza. Una película solo apta para bolsillos con libido y espectadores que nunca se han preguntado qué es un drama romántico. Mientras los protagonistas se embadurnan con helado y conducen fastuosos coches deportivos, el hedonismo y el amor hace tiempo que se ausentaron de este suplemento donde hasta el sexo es una marca.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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