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Fecha: January 22, 2018
La piel dura
Guillermo Balbona 22-01-2018 | 9:25 | 0

120 pulsaciones  por minuto

120 battements par minute 2017. 143 min. Francia.
Dirección: Robin Campillo
Guion: Campillo y Philippe Mangeot.
Fotografía: Jeanne Lapoirie. Reparto:
Nahuel Pérez Biscayart,  Adèle Haenel,  Yves Heck,  Arnaud Valois, Emmanuel Ménard,  Antoine Reinartz,  François Rabette.
Género: Drama. Salas: Groucho. 

Hay dos pulsaciones en los más de 140 minutos de este filme excitado, nervioso, enervante, a veces documental, otras militante, casi siempre poseído por unas ganas enormes de postularse como un retrato de solidaridad y denuncia. Por un lado se escucha la piel, la mancha social, el desgarro de un colectivo y, por otro, se visualiza el latido del dolor, el miedo, la pérdida, la crueldad de la enfermedad. Y si quizás hay exceso verbal en la tensión de esa demostración y expresión exterior y pública, su incursión intimista, en media hora final magistral, roza la perfección y una sinceridad insólita en pantalla. Robin Campillo, cineasta de ‘Chicos del Este’ pero sobre todo conocido como guionista (La clase) hurga en el movimiento activista que en los noventa buscó generar conciencia sobre el sida. El ‘oficio de ser seropositivo’, como confiesa uno de los protagonistas, la condición de la enfermedad, su asunción y rechazo, se verbalizan y visualizan en cada fotograma de una obra realista, didáctica, activista pero también emocional y vibrante. Conversaciones, debates, dudas, debilidades, colisiones, mensajes, voces abrazadas y confrontadas se suceden en un filme que muestra el combate sin manipulación ni falsas posturas. Hay una visión más superficial que es pensar que estamos solo ante un manifiesto (los entresijos de una asociación, Act Up, dedicada a organizar actividades que concienciaran a los ciudadanos sobre los peligros de la pandemia) en torno a la enfermedad letal en un tiempo histórico que pedía la implicación social y la conciencia científica. Pero no, ‘120 pulsaciones por minuto’ es sobre todo arrebato, visceralidad vital y alegato contra la muerte inevitable. Retrato colectivo de dignidad e inmersión intimista en el dolor, el filme posee una contagiosa fuerza surgida de su intensidad, empatía y fuerza. Pasa del susurro y la confesión a la arenga, al debate, y viceversa, con facilidad y extraña naturalidad. Cólera, resignación y fatalismo discurren en un flujo que se comparte de manera constante entre lo público y lo privado. Hay crónica, mirada política y perfil social en su indagación del París de los noventa. Pero, sobre todo contiene inteligencia y conmoción en esa mirada que pasa de las calles a la habitación del dolor, de la acción militante al cuerpo tembloroso. El filme sitúa en la cama de un hospital una de las secuencias de amor más conmovedoras del último cine. La ansiedad y la urgencia, normalmente malas compañeras, resultan aquí poderosas aliadas de una mirada agitadora, vital y radical. Un canto de supervivencia, también de amor, frente al virus de la ignorancia y la indiferencia.

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Tinta de libertad
Guillermo Balbona 22-01-2018 | 9:23 | 0

Los archivos del pentágono 
The Post 2017 116 min.EE UU. Dirección: Steven Spielberg. Guion: Liz Hannah
Música; John Williams. Fotografía: Janusz Kaminski.
Reparto: Tom Hanks,  Meryl Streep,  Sarah Paulson, Jesse Plemons,  Bob Odenkirk, Matthew Rhys,  Michael Stuhlbarg.
Género: Crónica. Salas: Cinesa y Peñacastillo. 

Enérgica, abanderada, vibrante. La sangre sabia de su director se derrama por los fotogramas de esta película que ennoblece la esencia del periodismo y ensalza la capacidad inherente al cine de ser nuestro espejo contemporáneo. Y funde ambos en la necesidad de contar una historia y contarla bien. ‘Los archivos del Pentágono’ es ante todo una crónica con alas que sobrevuela el cielo quebradizo de la verdad, se asoma a los infiernos del poder y agita los cimientos donde se edifican las historias. Se ha hablado de encargo, celeridad y milagro. Lo cierto es que mientras maneja en perspectiva hasta cuatro filmes –estrena en verano ‘Ready player one’ y esperan otros tres, entre ellos el regreso de Indiana Jones– Steven Spielberg ha sumado este contundente retrato que a veces como un western de palabras y, en otras ocasiones, como un thriller político sin pausa, supone una lección de potencia narrativa, de eficacia visual y una declaración nada panfletaria, sino pasional, de la libertad de expresión en tiempos de amenazas, vendas, mordazas e interrogantes en torno a la propia identidad de la comunicación. El cineasta, muy cerca de la nada desdeñable ‘El puente de los espías’ y tras el bache de ‘mi amigo el gigante’, se acerca a las orillas del Watergate, convierte el conflicto de Vietnam y sus consecuencias en un vehemente y furibundo documento y muta el pulso de una editora y su director (Washington Post) con los poderes fácticos en una ventana de aire fresco antiTrump. A modo de tríptico no explícito, el filme se estructura en un preludio bélico breve pero necesario; una fase de desvelos y secretos, donde se convierte en una pista en sí misma, entre el suspense y la inquietud (los homenajes aquí a ‘Todos los hombres del presidente’, de Pakula, son obvios); y una tercera y vital entrega en la que la película se eleva entusiasta y potente (con Meryl Streep de hada madrina) y se entrega hasta el botón que pone en marcha la rotativa que muestra que la vida es un titular. Spielberg, inteligente y sin dejar nada al azar, visualiza el campo minado de reportajes, documentales y necesariamente manido, y lo devuelve carne de metamorfosis de su propio cine. Así cuando se detiene en la imagen de un fichero de documentos secretos estamos viendo la boca de su ‘Tiburón’; cuando ilumina una fotocopiadora es el mismo alumbramiento de ‘Encuentros en la tercera fase’; cuando el personaje de Tom Hanks abraza la exclusiva vemos en realidad a Indiana Jones sumergirse en la aventura; y, en fin, cuando recorre las entrañas de la redacción del Post, regresa el cineasta fundacional de ‘El diablo sobre ruedas’. Sin atropellos ni ansiedad, sin filigranas ni sorpresas, pero sí fogoso y expeditivo, el cineasta lanza sus golpes bajos con caligrafía de drama clásico, emocionante también, entre ritos y rizos narrativos. El director de ‘La lista de Schindler’ se recrea en la nostalgia y en lo heroico y en su fe en los valores de la democracia. Pero más que pomposo el filme se postula necesario, entre el canto y la reivindicación. En tiempos de noticas falsas, fakes y posverdades, bienvenida sea esta dinámica y emotiva celebración del periodismo. Una ‘Primera plana’, iluminada por la ‘Luna nueva’ del oficio de contar.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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