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Un acto de fe
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Guillermo Balbona | 11-01-2018 | 08:25

The Disaster Artist
2017 106 min. EE UU. Dirección: James Franco.
Guion: Scott Neustadter, Michael H. Weber (Libro: Greg Sestero, Tom Bissell).
Música: Dave Porter. Fotografía: Brandon Trost.
Reparto: James Franco,  Dave Franco,  Seth Rogen,  Ari Graynor,  Alison Brie, Josh Hutcherson,  Zac Efron,  Jacki Weaver,  Sharon Stone,  Bryan Cranston.
Género. Comedia . Sala: Cinesa

 Al margen del culto al culto que exuda este ceremonioso, respetuoso, exaltado, divertido y entregado retrato de amor al cine,  ‘The Disaster Artist’ constituye una de las mejores  invitaciones a descubrir los entresijos de este lenguaje sí, pero sobre todo de esta manera de mirar y reflejarnos. Los espejos cinéfilos superpuestos y solapados que propone James Franco son una entusiasta singladura de cine dentro del cine, un acto de fe que discurre desde la comedia con una amargura honda e implacable. El éxito y el fracaso, la realidad y la ficción, los límites de la ambición, la honestidad, el talento y la propia capacidad para fabricar o crear son factores sembrados por este retrato en estado salvaje que el actor y director (hace mucho  tiempo que la desmesurada egolatría de James Franco se refleja en decenas de puntos de mira creativos) traza entre la celebración y sexto sentido crítico. Este ‘Ed Wood’ del siglo XXI – su incursión en el perfil de Tommy Wiseau, autor de un título ya de culto (la cual desde 2003 llena las salas estadounidenses como un ritual de reverencias )y que pasa por ser la peor película de la historia, ‘The Room’– muestra una gran diferencia con la mirada de Tim Burton. A este le interesaba sobre todo, como le corresponde, la rareza y la diferencia desde cierta poética, mientras que Franco se fija en el triunfo de la voluntad, en esa locura de amistad y canto al cine donde lo ridículo y lo encantador, lo sublime y lo amargo conviven con extraña naturalidad. En un determinado momento del caótico rodaje de Wiseau, reproducido por ‘The disaster artist’ (no se pierdan las maravillosas tomas paralelas finales) el grupo de personas, actores y técnicos, que se dan cita en el set durante un descanso, coinciden en vaticinar que el filme será un pésimo proyecto pero, a su vez, revelan su convencimiento de que solo dentro de él su vida tiene sentido. El cine como lugar en el mundo está muy presente en este desquiciado personaje, recreado con enorme lucidez por el actor/director, jugando con lo que transparenta y oculta, como resorte catártico de lo que ha sido y es Hollywood y como caricatura de un entrañable cantamañanas al que se le retrata no con compasión, sino con rotunda precisión. La otra gran arista que exprime Franco es que, más allá del cine, estamos ante el ecosistema de unos inadaptados. Sarcástica e inteligente, la cinta reflexiona sobre la representación, la copia, la demencia, la desesperación, lo falso y nuestra capacidad para asumir, rechazar o participar de todo ello. El delirio, como en esa toma repetida inútilmente 50 veces, y lo ridículo se aúnan en un homenaje a lo mal hecho y cutre desde la fascinación del asombro. Una declaración de amor apasionada sobre la pasión de un disparate. Sueños truncados, pero sueños.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.