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Demasiados ingredientes, escaso sabor
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Guillermo Balbona | 02-01-2018 | 10:33

La Cena
2017 120 min. Estados Unidos. Dirección: Oren Moverman.
Guion:Oren Moverman (Novela: Herman Koch). Música: Elijah Brueggemann.
Fotografía: Bobby Bukowski. Reparto: Steve Coogan,  Laura Linney,  Richard Gere,  Rebecca Hall, Chloë Sevigny.
Género: Drama. Salas: Peñacasatillo

Ese menú de lujo con platos de interminables términos sirve precisamente de simbolismo para definir las sensaciones del filme. Demasiados ingredientes en juego, mala digestión y tropezones varios. ‘La cena’ funde a dos matrimonios emparentados por cuestiones familiares y morales que se citan en una velada convulsa y de final incierto. Pero el cineasta de ‘Invisibles’, Oren Moverman, pese a los dilemas sociales inquietantes que plantea su cenáculo, a modo de drama de cámara, se muestra un restaurador varado a la hora de dar fluidez al ejercicio de alta cocina moral que plantea su adaptación de ‘La cena’ del novelista holandés, residente en España, Herman Koch. La disolución de la familia, el precio político, la hipocresía y los mimbres de la construcción social se entrelazan en este encuentro salpicado por algunos flash backs y subtextos paralelos, sostenido básicamente por las actuaciones eficaces del reparto. El director de ‘Rampart’, que ya adaptaba una historia dura de James Ellroy, agita en su particular fogón una serie de factores como la ambición política, la violencia física y verbal, el clasismo, la reputación, las apariencias, las miserias, las mentiras íntimas y las oficiales… ‘La cena’ es una cinta interesante pero débil en sus discursos cruzados. El desequilibrio, el exceso, cierto tono solemne y artificial, además de teatral, perjudican esa mezcla de relatos, incluyendo ese eje sobre la historia de Estados Unidos que envuelve de forma bastante afectada y desmesurada la encrucijada de afectos y decisiones que se expone sobre el mantel de esta cita a cuatro bandas. Es uno de esos filmes-catarsis de reunión de amigos o parientes, convertidos en casi un subgénero, en el que asoman las heridas del pasado, los sentimientos de culpa y los secretos mal guardados. Hay sobreactuación en ocasiones y pequeñas representaciones dramáticas mal engarzadas en ese irregular descenso a los inviernos de dos hermanos y sus familias que no logran zafarse de tanto relato solapado: el de los jóvenes que atacan a un mendigo (basado en el caso real que se vivió en un cajero en Barcelona); el de la carrera política; el del profesor pasado de vueltas de tuerca en su visión de la historia y de la enseñanza; el de las colisiones generacionales; o, en fin, el conflicto entre padres e hijos. Falta esa salsa sorpresa que sirva de argamasa con sabor, frente a tanta batalla y enfrentamiento particular y plural que ensordece y no deja discernir las esencias. Que los platos y el servicio del restaurante sean la columna vertebral narrativa ni es novedad ni aporta nada al pulso dramático. Al contrario, el filme va perdiendo su fortaleza argumental, esa enjundia bélica de emboscadas y guerrillas emocionales, para parapetarse en una barricada superficial, falsamente esteticista e impostada. Después de tanta puesta en escena uno se da cuenta que el poso es tan liviano que los bocados de trascendencia se han quedado atorados en la garganta profunda de un drama mayor con muchas huérfanas tragedias menores.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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