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Más catenaria que alta velocidad
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Guillermo Balbona | 07-12-2017 | 09:48

Asesinato en el Orient Express
Murder on the Orient Express 2017 116 min. EE UU.
Dirección: Kenneth Branagh. Guion: Michael Green (Novela: Agatha Christie).
Música: Patrick Doyle. Fotografía: Haris Zambarloukos.
Reparto: Kenneth Branagh,  Penélope Cruz,  Willem Dafoe,  Judi Dench,  Johnny Depp, Michelle Pfeiffer,  Daisy Ridley.
Género: Intriga.Salas: Cinesa y Peñacastillo.

El traqueteo comercial ha puesto de nuevo sobre la vía una de esas adaptaciones tan prescindibles como insulsas. ¿Alguien esperaba en la estación de la cartelera al Orient Express? Es cierto que no pasa el tiempo por la historia de Agatha Christie y que posee cierto encanto y magnetismo ese halo coral de intriga, enigma y empatía. Pero la apuesta se antoja innecesaria. Incluso los posibles valores de este renovado trayecto se vuelven insuficientes para justificar el viaje: los subrayados de paisaje (incluyendo lo virtual), lo escrupuloso y respetuoso del tono y el equilibrio entre lo escénico, teatral y claustrofóbico de la inmersión en el juego aseado de inocentes y culpables. Kenneth Branagh, que en los últimos tiempos ha pasado de Shakespeare a ‘Jack Ryan’, de ‘Thor’ a ‘La flauta mágica’, echa mano de la vía clásica más que la estrecha pero ello no garantiza ningún itinerario emocional. Todo suena aséptico, de postal y coche cama, resbaladizo, y junto con la acumulación de intérpretes estrellas asemeja la cinta a una lujosa revista de viajes. La intención del actor y director es de tren de Alta Velocidad pero las decisiones del jefe de estación se muestran endebles y caprichosas. No sólo es el protagonismo megalómano y algo irónico de Hercules Poirot, sino que la inclusión de unas gotas de acción se revela incapaz de otorgar personalidad a esta especie de remake, regreso y pasaje ocioso. Hay espectacularidad, sombras de disturbio y mucha pretenciosidad con la cámara. Pero la catenaria de lo inane detiene el ferrocarril del ingenio en demasiadas ocasiones. Preludios, distracciones, mucho material impostado, elegancia afectada y excesos ególatras que no aportan lucidez ni ritmo a ese latido de sospechas, razones e intenciones que componen la cuenta atrás de un viaje con cadáver dentro. Del Orient Express de Sidney Lumet en 1974 al Branagh mas tecnológico, se gana en apariencia pero se pierde en sutilezas. Los retratos e interpretaciones de esta versión resultan desiguales, fríos y distanciados (salvo Michelle Pfeiffer) y cierta atmósfera visual epatante alejan definitivamente el destino exótico y diluye ese vagón señorial que pierde por el camino el equipaje negro de sus pasajeros. Pese a la pátina de trascendencia y al despliegue de medios, el whodunnit (‘¿Quién lo ha hecho?’) el filme no puede evitar el tedio como si todos esperáramos llegar a la estación central y un constante cambio de vía obligara a desviar la atención. No hay descarrilamiento porque la aventura carece de riesgo. Antes de romper el billete uno tiene la sensación de que hace mucho que había llegado a su destino.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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