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Un mirón creativo
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Guillermo Balbona | 05-12-2017 | 09:44

El autor

2017 112 min. España. Dirección: Manuel Martín Cuenca.
Guion: Martín Cuenca, Alejandro Hernández (Novela: Javier Cercas).
Fotografía: Pau Esteve Birba.
Reparto: Javier Gutiérrez,  Antonio de la Torre,  Adelfa Calvo,  María León,  Adriana Paz, Tenoch Huerta,  Rafael Téllez,  Craig Stevenson.
Salas: Cinesa y Peñacastillo

Sobria, que no austera. Sutilmente ácida. Y químicamente encendida por una metáfora de página en blanco y existencia vacía. En la fusión paralela o solapada del escritor atormentado y del hombre que colisiona con su nihilismo aflora ‘El autor’, la historia de un voyeur que construye su particular 13 rúe del Percebe como un ejercicio de sintaxis sobre la condición humana. Curiosa disección social, parábola amarga con cierto regusto negro, hay algo del cine de Losey en este cuento urbano de patio de vecinos y mirón creativo en busca de personas mutadas en personajes. Puede verse como el retorcido proceso de un manipulador, o como la enfermiza obsesión de un buscador de historias al que ni el sueño ni la realidad le satisfacen. Un acierto visual que escucha conversaciones, genera sombras chinescas y acota un juego de mesa y tablero humano con más deseos que reglas. Manuel Martín Cuenca, como ya dejara claro en ‘El caníbal’,  vuelve a revelar su estilizada mirada y elegancia reflexiva a través de un protagonista, Javier Gutiérrez, que da una lección una vez más de interpretación lúcida pese a su profusa aparición ahora en películas y series. Todo se presenta desnudo, abierto y aparentemente superficial. Pero el filme siembra su argumento con capas de contrastes, contradicciones, miradas introspectivas y una hondura delicada que saca los colores sociales, recorre las heridas y depura las entrañas existenciales. Es cine inteligente, que se mastica, rotundo, sin fisuras. Adaptación de una obra de Javier Cercas, ‘El autor’ despieza la realidad y ofrece una visión poliédrica, un arcoíris sincero y brutal que provoca incomodidad, sospechas, veladuras y cierto estremecimiento. El filme es una pared blanca con fondo negrísimo donde cada criatura es carne de escritura. En escasas semanas hemos pasado de ese sutil extrañamiento sobre la lectura que es ‘La librería’ a este relato desconstruido sobre el oficio de escribir que, al cabo en ambos casos, resulta ecuación de la propia vida. La curiosidad, el mundo cotilla, la intromisión, la otredad, lo ajeno como propio, y viceversa, se suceden en esta enredadera siempre con las cartas boca arriba y las intenciones boca abajo, que se elevan como factores de este rizo nada forzado donde la naturalidad de lo cotidiano es una trampa, un juego, una cómplice búsqueda de un lugar en el mundo. Perturbación, extrañeza, temblor, normalidad y, por tanto, inquietud. Una mirilla para ver el mundo y un espejo donde (re)conocernos.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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