img
Eclipse de móvil
img
Guillermo Balbona | 05-12-2017 | 09:47

Perfectos desconocidos

2017 96 min. España. Dirección: Álex de la Iglesia.
Guion: Jorge Guerricaechevarría.
Fotografía: Ángel Amorós.
Reparto: Belén Rueda,  Eduard Fernández,  Ernesto Alterio,  Juana Acosta,  Eduardo Noriega, Dafne Fernández,  Pepón Nieto.
Género: Comedia. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Entre las apariencias y los secretos, entre la hipocresía y las vidas acotadas que preservan ciertos territorios. Entre lo social y lo íntimo. Entre watshapps y llamadas anda el juego. ‘Perfectos desconocidos’ es una comedia amarga de engranaje casi perfecto, un juguete perverso de siete bandas anchas humunas en permanente cobertura vital. En esta cena a tumba abierta, en este eclipse de móvil (esta vez sí suena justificadamente en las salas) hay una ácida conexión y sintonía que congela sonrisas, propone carcajadas y riza el rizo de lo público y lo privado con inteligentes diálogos y situaciones jocosas. Vuelta de tuerca de un filme italiano de Paolo Genovese, el tándem Alex de la Iglesia/Jorge Guerricaechevarria regresa con esta bomba de relojería de tiempos ajustados, sutiles miradas y un excelente despliegue interpretativo coral entre siete amigos, tres parejas y un hombre, en una cena casera durante una noche de luna de sangre. Los móviles, el artefacto que ha sustituido a los cigarros y el humo en las películas, son el factor desencadenante, el eje vertebrador y agitador que zarandea el estado de las cosas. Vidas secretas, dobles y triples vidas enseñan aquí sus desnudos integrales entre plato y plato, copa y copa y mensajes inoportunos. El cineasta de ‘Acción mutante’ sacrifica su universo visual más reconocible a cambio de volcarse en una dramedia rotunda de ritmo incisivo y contagioso. Una obra de cámara sin tregua que arranca en lo previsible y prosigue en el desconcierto, siempre con el tono adecuado y una brillante coreografía que elude la teatralidad, burla lo inamovible y, sin apenas exteriores (una calle, el cielo de la noche, un taxi…), logra insertarse en el subgénero de ‘reencuentro de amigos’ (de Kasdan a Branagh) en un ejercicio de catarsis tan divertido unas veces como amargo otras. Un juego de la verdad entre pantallas, tonos y equívocos con el poderoso influjo de un vodevil que transparenta todo el talento de una dirección de actores descomunal. El cineasta bilbaíno se contiene, deja a un lado la desmesura barroca de muchos de sus filmes como en el tramo final de ‘El bar’, su anterior título, y se vuelca en los demonios interiores y las máscaras de ese baile entre lo aparente y lo oculto donde se deslizan pasiones, obsesiones y siempre suena un móvil inoportuno. Esta cita coral, a modo de sexo mentiras y teléfonos, conjuga con destreza la sencillez, el toque fantástico –siempre al borde de lo epatante pero medido y sujeto–, y la tensión. Un ágape emocional 2.0 que sangra por los cuatro costados la superficialidad de un tiempo asentado en el cinismo de las convenciones.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

Otros Blogs de Autor