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Fecha: December, 2017
Leer la vida
Guillermo Balbona 11-12-2017 | 1:20 | 0

La librería 
The Bookshop (La librería) 2017 115 min. España.
Dirección: Isabel Coixet. Guion: Coixet (Novela: Penelope Fitzgerald).
Música: Alfonso de Vilallonga.Fotografía: Jean-Claude Larrieu.
Reparto: Emily Mortimer,  Patricia Clarkson,  Bill Nighy,  Honor Kneafsey,  James Lance, Harvey Bennett,  Michael Fitzgerald,  Jorge Suquet.
Género. Drama  Salas: Peñacastillo. Y Filmoteca (V.O.S.) desde el día 13.

 

Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían leer sólo el título». Las palabras de Virginia Woolf, la habitación propia, el eterno femenino, la libertad de escritura y la lectura pueden enmarcar la atmósfera de esta mirada sutil que se posa sobre la vida como se lee una última página de un  gran libro: con algo de placer consumado y melancolía por lo que definitivamente ha concluido. En ese equilibrio de exaltación de vida y sombra de muerte, de libertad y opresión se mueve esta historia en femenino singular enfrentada a una estructura coral cargada de poder, intolerancia y prejuicios. Isabel Coixet, cuyo cine ha venido mutando con aparente facilidad sin que ello haya perjudicado la esencia de una cineasta de caligrafía personal e intensa sobre la que no cabe andarse con medias tintas, ha abordado tras varios cortos y proyectos documentales una adaptación pulcra, meticulosa y compleja bajo la pátina de sencillo y estético retrato. Esa mezcla de naturalismo e impresionismo, su incursión y diálogo con el paisaje, el de la naturaleza y el humano, y la colisión del deseo y el sueño personal frente a los obstáculos de una comunidad instalada en la superficialidad y las etiquetas sociales y morales, conjuga una delicada y hermosa celebración de la libertad y un elogio de la lectura como viaje, descubrimiento y estancia pasional. La directora de ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ que, en los últimos tiempos, ha realizado proyectos tan dispares como ‘Ayer no termina nunca’ y ‘Nadie quiere la noche’, despliega en ‘La librería’ una lección de sensibilidad encajada en una puesta en escena que acentúa esa simbiosis entre la apariencia y el mundo interior, la libertaria fuerza de la naturaleza y el ruido de la vulgaridad, la complejidad de las emociones y la defensa del buen gusto o el respeto al otro. La estética british de esta adaptación de la obra de Penelope Fitzgerald se filtra con una mirada sobre el mundo que se expande de lo pequeño -el pueblo- a lo universal, los libros y su invitación permanente. En su tono aparentemente comedido y austero late una vibración emocional que recorre las entrañas de este cuento de mujer con libros, de coraje y deseo de ser libre. Es ese juego de contrastes, la red de afinidades y complicidades entre algunos personajes y esa constante sensación de ir posándose sobre las cosas. El lenguaje de ‘La librería’, con su gramática propia, ofrece sugerencias, construye castillos en el aire que pueden sentirse y abre cínicas defensas frente a la amargura y los enemigos de la libertad. Entre libros anda el juego. Entre ‘Crónicas marcianas y ‘Lolita’, entre miradas, silencios, querencias y vínculos. Una película que es una cartografía humana para leer personas y acceder a los capítulos existenciales, conscientes de que nunca terminaremos la lectura. Sugerencia y conmoción como marcapáginas de instantes donde fluye la vida.

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Sangre de Fargo
Guillermo Balbona 11-12-2017 | 1:19 | 0

Suburbicon 
2017 105 min. Estados Unidos. Dirección: George Clooney.
Guion: Ethan y Joel Coen, George Clooney, Grant Heslov. Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Robert Elswit.
Reparto: Matt Damon,  Julianne Moore,  Óscar Isaac,  Glenn Fleshler,  Noah Jupe, Michael D. Cohen,  Steve Monroe,  Gary Basaraba,  George Todd McLachlan, Carter Hastings.
Género: Noir. Salas: Cinesa y Peñacastillo 

Hay más, mucho más de los Coen que de Clonney en esta comedia negra, entre la sátira, los autohomenajes, la metáfora ácida y el intento de parábola política con Trump al fondo. Los hermanos, aquí sólo guionistas (siempre lo fueron y mejores que en labores de dirección) se ponen a las órdenes del actor y director de ‘Los idus de marzo’. La marea negra arrastra al espectador como el chapapote de una sociedad sucia donde bajo la apariencia de lo impoluto asoma toda la hipocresía, crueldad y vulgaridad posibles. Como casi siempre en los cineastas de ‘Arizona baby’, ‘Suburbicon’ tiene algo de cuento simbólico, de fábula social y juguete diabólico. El proyecto donde Clooney y los Coen, viejos colaboradores, intercambian sus papeles, posee el sello de la casa, rezuma mala leche, engancha por sus resortes mecanizados y cuenta con unas interpretaciones perfectas. El filme responde a un antiguo guión de los hermanos y lo cierto es que esta historia de estafadores y asesinatos, cruzada por un episodio de violencia racial, exuda los tintes sociales de esa obra maestra llamada ‘Fargo’ y, sobre todo, ese arrebato en rojo y negro que fue su excelente ópera prima, ‘Sangre fácil’. Con la fachada de los años cincuenta y el decorado de una ciudad ideal, modelo de sociedad perfecta, el mundo que describe ‘Suburbicon’ tiene el aroma estético de ‘Mad men’, el idílico manto ajardinado y vecinal de ‘Terciopleo azul’ y esa sucesión de cargas de profundidad, entre la mentira , la muerte, la amenaza, el engaño, o la doble cara que componían la sinfonía de la resucitada ‘Twikn Peaks’. Los Coen vuelven a demostrar su querencia por el cartoon que Clooney aplica con una mirada más sobria, pero sin que todo el filme no deje de antojarse una historieta seria de animación con estilete crítico pero apelación constante al divertimento: La normalidad monstruosa, la decencia inmoral, el paso no tan difícil entre la convención y la transgresión, el retrato del inocente/culpable manipulado y manipulador, el fracaso…y, por encima de todo, como el antídoto de supervivencia, el humor teñido de sangre y el noir animado que los Coen introducen en el seno de esa sociedad aséptica, ordenada y limpia en la que late el fascismo. El filme sin llegar a la rotundidad de otras obras de los tres cineastas, y amparados en sus virtudes y defectos, en su complicidad creativa y crítica, destila un atractivo innegable, desde la puesta en escena a la caricatura de muchos de sus personajes, la picaresca de su radiografía estilizada entre la disección y la conmoción, y la posibilidad abierta de que ‘Suburbicon’ se pueda visionar de muy diferentes maneras. Comedia negra, sí pero también juego de intriga, misterio y asesinatos, o historia iniciática de niño (en los Coen siempre hay una infancia física o moral) que descubre la permanente falacia en la que discurrre el universo adulto.

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Desestructurar el cine
Guillermo Balbona 09-12-2017 | 8:55 | 0

Dos padres por desigual   
Daddy’s Home 2 2017 100 min.Estados Unidos.
Dirección: Sean Anders. Guion: Anders, John Morris. Música: Michael Andrews.
Fotografía: Julio Macat. Reparto: Will Ferrell,  Mark Wahlberg,  Linda Cardellini,  Mel Gibson,  John Lithgow, Scarlett Estevez, 
Género: Comedia.  Salas: Cinesa y Peñacastillo.

A esta farsa suprafamiliar, grotesca y bufonesca, pero siempre decantada hacia el lado feo, le faltan dos o tres escenas más para convertirse en la peor película del año, o para especular de forma radical con la chirigota superficial y burda de ta modo que podría tomarse como una mirada paródica de los clanes y las familias desestructuradas. Pero ‘Dos padres por desigual’, entre el ridículo, lo zafio y vulgar y la corrección política como escritura dominante pisotea el cine y desprecia al espectador. Por si fuera poco la coartada navideña de fondo le permite exprimir el buenismo más tontorrón, la caricatura bobalicona y su empalagoso tono para llamar a la puerta de los sentimientos más primarios. Ese coro/karoke de criaturas atrapadas en un cine es tan conmovedor que dan ganas de pedir el libro de reclamaciones por falta de autenticidad. Comedia vacacional con hijos más inteligentes que los padres es un buen exponente de cómo algunos actores caen en lo risible y agrandan su curriculum con estas mediocres aportaciones. Wahlberg y Ferrell, «yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos», compiten no tanto en decir naderías, sino en cómo exponer con más claridad la estupidez. Aquí se doblan padres e hijos con la misma facilidad con la que se duplica lo grotesco hasta una declaración de amor navideña que serviría de postal para reivindicar un atentado a la inteligencia. El abuso del slapstick facilón, el histrionismo rampante y la sucesión de vergonzosos gags con un decadente Mel Gibson al frente convierten la comedia en un estruendo de arquetipos, convenciones y lugares comunes. Pueril más que graciosa, reiterativa y previsible, competirá ahora en vulgaridad con el estreno su hermana boba, ‘desmadre de madres’, que amenaza con convertir la cartelera navideña en un estado bélico de absurdos jocosos y dislates sentimentaloides. Ruidosa y aparatosa en ritmo y en acumulación de memeces y gansadas, ‘Dos padres por desigual’ es tan absurdamente paternal que sus gracietas asustan. Salvo algunos gags físicos de enredo con máquinas y confusión o engaño el filme de Sean Anders, al que le va la marcha de las secuelas desde ‘Desmadre de padre’, es una pseudocomedia que degrada el cine y, sin ironía ni mirada crítica, convierte la confrontación generacional en un tratado guasón carente de materia gris.

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Más catenaria que alta velocidad
Guillermo Balbona 07-12-2017 | 10:48 | 0

Asesinato en el Orient Express
Murder on the Orient Express 2017 116 min. EE UU.
Dirección: Kenneth Branagh. Guion: Michael Green (Novela: Agatha Christie).
Música: Patrick Doyle. Fotografía: Haris Zambarloukos.
Reparto: Kenneth Branagh,  Penélope Cruz,  Willem Dafoe,  Judi Dench,  Johnny Depp, Michelle Pfeiffer,  Daisy Ridley.
Género: Intriga.Salas: Cinesa y Peñacastillo.

El traqueteo comercial ha puesto de nuevo sobre la vía una de esas adaptaciones tan prescindibles como insulsas. ¿Alguien esperaba en la estación de la cartelera al Orient Express? Es cierto que no pasa el tiempo por la historia de Agatha Christie y que posee cierto encanto y magnetismo ese halo coral de intriga, enigma y empatía. Pero la apuesta se antoja innecesaria. Incluso los posibles valores de este renovado trayecto se vuelven insuficientes para justificar el viaje: los subrayados de paisaje (incluyendo lo virtual), lo escrupuloso y respetuoso del tono y el equilibrio entre lo escénico, teatral y claustrofóbico de la inmersión en el juego aseado de inocentes y culpables. Kenneth Branagh, que en los últimos tiempos ha pasado de Shakespeare a ‘Jack Ryan’, de ‘Thor’ a ‘La flauta mágica’, echa mano de la vía clásica más que la estrecha pero ello no garantiza ningún itinerario emocional. Todo suena aséptico, de postal y coche cama, resbaladizo, y junto con la acumulación de intérpretes estrellas asemeja la cinta a una lujosa revista de viajes. La intención del actor y director es de tren de Alta Velocidad pero las decisiones del jefe de estación se muestran endebles y caprichosas. No sólo es el protagonismo megalómano y algo irónico de Hercules Poirot, sino que la inclusión de unas gotas de acción se revela incapaz de otorgar personalidad a esta especie de remake, regreso y pasaje ocioso. Hay espectacularidad, sombras de disturbio y mucha pretenciosidad con la cámara. Pero la catenaria de lo inane detiene el ferrocarril del ingenio en demasiadas ocasiones. Preludios, distracciones, mucho material impostado, elegancia afectada y excesos ególatras que no aportan lucidez ni ritmo a ese latido de sospechas, razones e intenciones que componen la cuenta atrás de un viaje con cadáver dentro. Del Orient Express de Sidney Lumet en 1974 al Branagh mas tecnológico, se gana en apariencia pero se pierde en sutilezas. Los retratos e interpretaciones de esta versión resultan desiguales, fríos y distanciados (salvo Michelle Pfeiffer) y cierta atmósfera visual epatante alejan definitivamente el destino exótico y diluye ese vagón señorial que pierde por el camino el equipaje negro de sus pasajeros. Pese a la pátina de trascendencia y al despliegue de medios, el whodunnit (‘¿Quién lo ha hecho?’) el filme no puede evitar el tedio como si todos esperáramos llegar a la estación central y un constante cambio de vía obligara a desviar la atención. No hay descarrilamiento porque la aventura carece de riesgo. Antes de romper el billete uno tiene la sensación de que hace mucho que había llegado a su destino.

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Trampa y estiramiento
Guillermo Balbona 07-12-2017 | 10:45 | 0

Saw 8 
Jigsaw 2017 91 min. Estados Unidos.
Dirección: Michael Spierig,  Peter Spierig,  The Spierig Brothers.
Guion: Josh Stolberg, Pete Goldfinger. Música: Charlie Clouser. Fotografía: Ben Nott.
Reparto: Matt Passmore,  Callum Keith Rennie,  Clé Bennett,  Hannah Emily Anderson, Laura Vandervoort,  Tobin Bell,  Brittany Allen.
Género: Terror. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

De tanto estrangulamiento argumental el diálogo entre el sadismo y el terror lúdico de la saga ‘Saw’ ha descendido hace ya tiempo a la parodia y el retorcimiento un tanto irrisorio. La fórmula personas atrapadas, desconocidas entre sí, sometidas a una especie de juego de rol terminal de reglas intrigantes se ha convertido en un relato cansino pero igual de efectista. Lo cierto es que entre adeptos entregados a la causa y ese aire de reto que posee implícitamente ampliar la franquicia, los asuntos de Jigsaw alcanzan ya su octava entrega entre sangrientas venganzas e ingeniosas vueltas de tuercas físicas y morales. Esta vez los hermanos Michael y Peter Spierig, responsables de la séptima entrega, se afanan en prolongar esta especie de feria de los horrores y la tortura que envuelve sin remedio a una serie de personajes inmersos en sus particulares  y obsesivos mundos domésticos. En esta ocasión los cineastas, autores ‘Los no muertos’, optan por combinar la receta de los diferentes CSI tan en boga, como trama paralela y circundante del tradicional encierro. Sus criaturas deben afrontar, como en el resto de la saga, su ‘sanfermín’ sangriento privado y competitivo para salvar su vidas o condenar las de los demás. A ‘Saw 8’ le falta ritmo, potencia narrativa para enganchar más allá de los ingenios mecánicos y los sudokus  de thriller y gore que acompañan cada paso de los protagonistas. La enredadera de culpables, huellas e hipótesis de laboratorio es de manual y nunca acaba de soltar esa física y química engarzada en el horror vacui de un viaje hacia la muerte al que nunca se le exprime todo su verdadero jugo existencial. ‘Saw’ ha sido siempre más un juguete diabólico que un verdadero resorte para hacer saltar las entrañas del miedo y el vértigo de lo desconocido. Reboot, autoremake simplón o mera prótesis, esta nueva entrega carece de personajes carismáticos y explota la vía del truco, del engaño hasta engañarse a sí misma. Hay más repetición de lo previsible que reiteración del suspense. Entre la comicidad y el patetismo, la extremidad y lo extremo, la casquería tramposa de ‘Saw pide’ a gritos un boca a boca que la redima o le dé la extremaución. Por supuesto la traca final es manufactura de trampa y pirueta para que el juego de apariencias alcance el éxtasis. Y, sin embargo nada evita la sensación de lo innecesario de esta resurrección de la saga ni el rebuscado tedio letal que envuelve a la pesadilla.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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