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El muñeco de nieve
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Guillermo Balbona | 02-11-2017 | 07:21

Blanca y pura
The Snowman 2017 125 min. Reino Unido. Director: Tomas Alfredson.
Guion: Hossein Amini, Peter Straughan, Søren Sveistrup (Novela: Jo Nesbø). Música: Marco Beltrami.
Fotografía: Dion Beebe.
Reparto: Michael Fassbender,  Rebecca Ferguson,  Charlotte Gainsbourg,  Jonas Karlsson, J.K. Simmons, Val Kilmer,  James D’Arcy,  Chloë Sevigny,  David Dencik, Michael Yates.
Género: Thriller: Salas: Cinesa y Peñacastilllo

 Cabe hablar de decepción cuando un cineasta ha realizado una joyita como  ‘Déjame entrar’ y una cinta tan sólida y sugerente como ‘El topo’ y desciende después al territorio de los lugares comunes y los tópicos. Es lo que ha sucedido con Tomas Alfredson y su nuevo filme, una plana, sinsorga y aburrida producción aferrada a un distanciamiento tan frío como los lugares noruegos que retrata. A priori su incursión en las novelas de Jo Nesbo y su propuesta negra sobre la nieve blanca contaba con los ingredientes necesarios como un reparto atractivo y un relato seductor desde los horrores primarios a la naturaleza del mal. Pero la desafección, los desequilibrios y la falta de luz emocional convierte ‘El muñeco de nieve’ en un vulgar thriller donde cada paso parece telegrafiado de antemano y las dobleces del guion se tornan monótonas, carentes de las sutilezas y elipsis de sus anteriores filmes. Se ha citado como coartada los problemas de producción y su acelerado tiempo de rodaje pero lo cierto es que el filme se diluye en su falta de credibilidad y sus boquetes a la hora de mostrar los saltos en el tiempo y el encaje de las subtramas. El cineasta se ampara en el paisaje, escudrina en esa normalidad blanca y pura para desvelar la corrupción, los abusos y las bajas pasiones pero la estructura es endeble y no soporta tanto fuego en el cuerpo con tan escasa combustión narrativa. Todo discurre por la superficie pero es sólo la mera intriga, sin hondura ni lenguajes cruzados. Lo importante, los subterfugios, lo subliminal, el pasado lacerante, la culpa y la redención apenas encuentran su sitio entre las pistas de la intriga, las huellas sobre la nieve y la agenda del detective alcohólico y frustrado, que responde a un perfil mil veces visto. Pero lo peor es la ausencia de atmósfera. La insinuación de lo malsano, la sombra del mal, las aristas de personajes públicos que pierden su lugar en el mundo, las dobles y triples vidas, los amores errados…apenas se desmayan sobre la acción. Incluso una actor como Michael Fassbender, siempre intenso y muy pegado a la piel de lo que encarna, se le ve desajustado y falto de sintonía. No hay empatía en un filme que posee una intrahistoria desgarradora pero que resulta convencional y domesticado. Sobre la blancura inane y aséptica la sangre se licua en la insustancialidad de unas imágenes que borran los latidos del corazón del mal.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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