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De cimas y precipicios
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Guillermo Balbona | 10-10-2017 | 07:38

La cordillera

2017 114 min. Argentina. Director y guion: Santiago Mitre.

Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Javier Juliá.

Reparto: Ricardo Darín,  Dolores Fonzi,  Érica Rivas,  Gerardo Romano, Paulina García, Daniel Giménez Cacho,  Elena Anaya, Christian Slater. 

Género: Intriga política | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Ponga un Darín en su película y la pantalla vibrará con intensas promesas. Esta fábula política entre dos aguas, las que separa un guion interesante pero fallido, encuentra su tabla de salvación en la presencia e interpretación –acaso no es lo mismo– de ese monstruo actoral que es la estrella argentina. Las texturas, el tono, las posibles lecturas empiezan a ser diferentes y a tener sus subtextos y dobleces cuando el intérprete asoma o la trama lo presiente. ‘La cordillera’, un cuento político entre montañas y presidentes, cúspides, cimas, ambiciones y sueños, pesadillas y miserias, se vale de Ricardo Darín para agitar una historia que apunta a demasiados sitios sin llegar a alcanzar ninguno. Una cumbre de presidentes latinoamericanos en Chile, en donde se definen las estrategias y alianzas geopolíticas de la región, sirve de escenario para navegar entre la moral política y los demonios personales. El chileno Santiago Mitre, a veces más preocupado por imprimir un sello de superproducción y una atmósfera de intriga metafórica a su guion, nunca encuentra el sitio sugerente donde acomodar ambos tonos. El discurso sobre el poder, el liderazgo, la locura y esa tierra de nadie con trasfondo fantástico no cuaja ni genera empatía. Hay encrucijadas y derivas, simbolismo y presagios. Pero el factor humano solo desprende cierta verdad cuando Darín juega con un personaje envenenado, al encarnar a un presidente argentino, entre matices, ironías e insinuaciones. En ‘La cordillera’ todo va demasiado acelerado y solapado o demasiado lento. Entre parlamentos y giros no deja de ser sorprendente que la historia tenga su mejor baza cuando se vuelve silente y revela esas imágenes de trayectos hacia ninguna parte, metáfora de una enredadera desorientada y del vértigo de la inmensidad, pese a su discutible trabajo de fotografía. Está claro que los juegos políticos de Paolo Sorrentino como ‘Il divo’ y  ‘La juventud’ (con la que tiene alguna conexión en la utilización metafórica del paisaje) o el ejercicio reflexivo de la atractiva ‘House of Cards’ influyen en ‘La cordillera’. Entre lo sombrío y la ensoñación, el drama familiar y el thriller intrigante, el cineasta de ‘El estudiante’ y ‘Paulina’, se desmaya en secuencias clave como las de la hipnosis y el tempo y la medida de los acontecimientos íntimos y colectivos, políticos y familiares falla en sus transiciones. Tan sobrecargada de subliminales matices sobre el azar como dispersa, la ficción logra comenzar su ascenso, con la cima muy lejos, gracias a Darín que sin piolets ni oxígeno es capaz de transparentar el mal de altura que acecha a cada instante.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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