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Fecha: October 9, 2017
Reinventar, replicar, reflexionar
Guillermo Balbona 09-10-2017 | 8:40 | 0

Blade Runner 2049

2017 163 min. Estados Unidos.

Director: Denis Villeneuve. Guion: Hampton Fancher, Michael Green.

Música: Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch. Fotografía: Roger Deakins.

Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford,  Ana de Armas,  Jared Leto,  Sylvia Hoeks, Robin Wright, Mackenzie Davis,  Carla Juri,  Lennie James,  Dave Bautista.

Género: Ciencia ficción | Salas: Cinesa, Peñacastillo y Autocine

El reto imposible es cómo acercarse a esta herrumbrosa, grave, poética y ocre reflexión sobre un futuro que ya es pasado, sin comparar o retomar los márgenes de la original. Solo Denis Villeneuve, el cineasta de ‘Incendies’, aceptaría el desafío de sobrellevar semejante peso. Sin duda se jugaba de antemano con las cartas marcadas: su capacidad para generar un ecosistema visual es casi única en el panorama actual. Desde el primer fotograma (un plano majestuoso de un ojo, el cine) de esta ‘2049’ crece con coherencia e hipnotismo un paisaje sin fisuras, un código de barras que, pese a su tono respetuoso y a sus guiños y homenajes al filme de Ridley Scott, despliega todo su vocabulario y su gramática personales. Este ‘Blade Runner’ meditativo, sombrío y melancólico está hecho de desiertos, vertederos, óxido, huesos, ceniza y nieve. El director de ‘La llegada’ agita sin gestos epatantes ni golpes bajos la materia prima de lo trascendente, se desliza con virtuosismo por los límites entre lo artificial y lo natural y, sobre todo, construye un onírico tiempo, un arquitectura de atmósferas y una sucesión de espacios físicos y virtuales que se comunican, intercambian y solapan con extraña soltura. ‘2049’ es una réplica que reinventa, más que reproduce, habitada no solo por una vuelta de tuerca a su aparente historia noir sino por una retorcida vocación de metamorfosear la mirada, incomodar los lugares comunes, volver los pasos para saltar a otra dimensión y edificar en futuro de indicativo una sociedad imperfecta, decadente, defectuosa que vive atrapada entre una uniforme obediencia y una virtualidad que se antoja enormemente fría y vacía. El director canadiense hurga en las entrañas de la distopía y se acerca más al Orwell de ‘1984’ al mostrar el engranaje de un sistema sin versos libres donde subyacen otras formas vigilantes y otras clases sociales pero con idéntica división entre poderosos y esclavos. Que nadie espere un festival mainstream, un carrusel de acción, que la hay, desenfrenada. El cineasta de ‘Prisioneros’, con sobria espectacularidad, un paisajismo monumental y una metáfora continua de tiempos y espacios construye su propio hábitat poético para los verdaderos replicantes: los espectadores saturados de imágenes dispuestos a dejarnos depurar nuestra contaminada mirada. Todo en ‘2049’ es un ‘rosebud’ del ‘Blade Runner’ original, un paraíso perdido, un juego nocturno, donde parece que estamos condenados a repetir nuestros recuerdos. Villeneuve pone poesía finalista, paradójicamente, para que todo siga discurriendo. Frente al cine dominante que en sí mismo es una réplica con fecha de caducidad, esta secuela impostada (en realidad es otro mundo que sueña con el anterior) se postula como el peregrinaje de un centauro del desierto en busca de su propia identidad, la nuestra, la de todos. Unos fluidos invisibles y emocionales cruzan las arterias de la ficción y de nuestra propia melancolía. Honda e inventiva, reflexiva, juega con los silencios y la tensa quietud de un latido enigmático y una amenaza permanente. Una obra donde belleza y holograma, creador y criatura, clonación y originalidad generan una sinfonía a veces sublime, otras evanescente, antes de despertar bajo la nieve.

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No, no
Guillermo Balbona 09-10-2017 | 8:38 | 0

Toc toc

2017 96 min. España. Director y guión Vicente Villanueva.

Música: Antonio Escobar. Fotografía: David Omedes.

Reparto: Paco León,  Rossy de Palma,  Alexandra Jiménez,  Óscar Martínez, Adrián Lastra, Nuria Herrero, Inma Cuevas.

Género: Comedia | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Otro trasvase de la escena a la pantalla como sucede con ‘La llamada’, actualmente en la cartelera. ‘Toc Toc’ es en realidad ‘tic tic’, ese movimiento involuntario y repetitivo alimentado por manías personales, obsesiones y reiteraciones cansinas, aquí llevadas a la caricatura. Coral y teatral la comedia de Vicente Villanueva resulta fallida por presuntuosa. Parte del convencimiento de que con semejante materia prima y un buen intercambio de golpes entre intérpretes la diversión, la chispa y la fricción de la comicidad van a hacer saltar todo por los aires. Pero el epicentro teatral condiciona en exceso el ritmo, puramente verbal y constreñido al diálogo gestual, y las escasas situaciones ubicadas en exteriores –la mayor parte de la acción discurre en la consulta de un psiquiatra- son insuficientes y muy forzadas. Que el empuje gracioso, el gag constante encadenado y la verborrea estén fundamentados en esa reiteración enfermiza de los personajes solo conduce a un cansino e insistente toque que transforma la posible risa en mueca estirada. El cineasta de ‘Nacida para ganar’, que repite con la siempre excelente Alexandra Jiménez, no logra superar la traslación del teatro a la pantalla y el propio filme se convierte en un trastorno obsesivo convulsivo que avanza insistente en busca de un gracejo coral, plural y armonioso de los intérpretes desiguales en saber estar y en la propia defensa de sus personajes, no todos atractivos. El director de ‘Lo contrario al amor’ entra en bucle cuando sus criaturas ya se han presentado y apenas esboza una coreografía que permita exprimir la comicidad, exenta de ese escenario que el decorado casi único de la ficción. No es una obra de cámara pero tampoco una de esas asfixiantes cajas de sorpresas que juegan al escapismo y la confusión, Una vez fijados los personajes y sus trastornos, el equipaje de la comedia es el fluido entre la palabra y la hipérbole del gesto que determina la obra original del humorista francés Laurent Baffie. Falta empatía para que lo friki vaya más allá del sketch o para conjugar lo inusual con el lenguaje corporal (el personaje de Adrián Lastra es el más diáfano en este sentido) de tal modo que la comedia pierde credibilidad y se estanca. Algo así como cuando nos cuentan por segunda vez un chiste fallido o un mismo chiste dos personas diferentes. ‘Toc Toc’ acumula gags como quien revisa un álbum de recuerdos del gran Jerry Lewis, pero uno echa de menos esa densidad invisible que funde el hecho cómico aislado para convertirlo de manera en estado de gracia. Como terapia de grupo quizás no tenga precio pero para alimentar esa filosofía vital que es el humor sirve de insuficiente espejo. Lástima que entre tanto loco suelto falte ese zarandeo de locura que hubiese convertido la comedia en arrebato vital y en cercano reflejo de nosotros mismos.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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